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    La esperanza de vida futura en el presente

    domingo, diciembre 23, 2007, 01:57 CET [General]

    Yo vuelvo

    por mis alas.

    !Dejadme volver!

    !Quiero volver!

    !Quiero morirme siendo amanecer!

    !Quiero morirme siendo ayer!

    Yo vuelvo

    por mis alas.

    !Dejadme retornar!

    Quiero morirme siendo manantial.

    Quiero morirme fuera del mar.

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    Qué ve el Alma

    en el "Otro" Mundo

    La muerte no es como muchos se la imaginan. Todos nosotros, en la hora de la muerte, tendremos que ver y vivir mucho para lo que no estamos preparados. La meta de este folleto es de ampliar y hacer más exacto nuestro entendimiento de la inevitable separación con nuestro cuerpo. Para muchos, la muerte es algo parecido a un sueño sin sueños. Uno cierra los ojos, se duerme y no hay nada más - la oscuridad. Sólo que el sueño se termina a la mañana, en cambio la muerte es para siempre. A muchos les espanta lo desconocido: "¿qué pasará conmigo?" Así tratamos de no pensar en la muerte. Pero en el fondo sentimos una vaga ansiedad y una confusa inquietud ante lo inevitable. Cada uno de nosotros tendrá que pasar esta frontera. Sería útil pensar y prepararse.

    Pueden preguntar: "¿En qué pensar y a qué prepararse? No depende de nosotros. Llegará el tiempo - moriremos y eso es todo. Mientras, todavía tenemos tiempo; hay que tomar de la vida todo lo que esta pueda ofrecer: comer, beber, amar, luchar por el poder, el honor y la gloria, ganar dinero, etc. Es preciso no pensar en lo que es difícil y desagradable y en particular no permitirse pensamientos sobre la muerte." Así hace la mayoría.

    Sin embargo, a cada uno de nosotros de tanto en tanto nos surgen otros pensamientos inquietantes: "¿y si no es así? ¿y si la muerte no es el fin y después de la muerte del cuerpo me encontrare inesperadamente en unas condiciones completamente nuevas, conservando la capacidad de ver, oír y sentir?" Y lo más importante: "¿y si nuestro futuro detrás de este umbral, en alguna medida, depende de cómo hemos vivido nuestra vida, de cómo éramos antes de cruzar la frontera de la muerte?"

    De la comparación de numerosos relatos de la gente que pasó la muerte clínica, se dibuja el cuadro siguiente de lo que ve el alma cuando se separa del cuerpo: cuando en el proceso de la muerte el hombre llega al predeterminado final de sus fuerzas, él escucha que el médico lo declara muerto. Luego, él ve a su "doble" - el cuerpo inanimado que yace allí abajo, y cómo los médicos y las enfermeras tratan de volverlo a la vida. Éstas imágenes producen en el hombre un fuerte golpe, ya que por primera vez en su vida él se ve desde afuera. Al mismo tiempo, él descubre que todas sus facultades de ver, oír, pensar, sentir, etc., continúan funcionando normalmente, pero ésta vez, independientemente de la envoltura externa. Encontrándose flotando en el aire, algo más arriba de la gente que está en el cuarto, el hombre trata por instinto de comunicarse: decir algo, tocar a alguien. Pero, pasmado, se da cuenta que está separado de todos: su voz no la oye nadie, su tacto nadie lo percibe. Con todo, lo sorprenden los sentimientos de alivio, paz, y hasta alegría que siente. No está más esa parte de su "yo" que sufría, que exigía algo, que se quejaba de algo. Percibiendo este alivio, el alma del hombre, habitualmente no quiere volver a su cuerpo.

    En la mayoría de los casos de la muerte temporal, bien documentados, después de algunos momentos de observar lo que pasa, el alma vuelve a su cuerpo, y así los conocimientos sobre el otro mundo se interrumpen. Pero a veces ocurre que el alma se mueve más lejos en el mundo espiritual. A ése estado, algunos lo describen como movimiento en un túnel oscuro. Después de esto, algunas almas llegan a un mundo de gran belleza, donde ellas a veces se encuentran con sus parientes antes fallecidos. Otros arriban a un espacio de luz y se encuentran con un ser luminoso que irradia gran amor y comprensión. Unos afirman que se trata del Señor Jesucristo, otros que es un Ángel. Pero todos coinciden en que Él reboza de bondad y misericordia. Algunos, en cambio, caen en unos lugares tenebrosos e "infernales," y volviendo, describen seres repugnantes y crueles que vieron allí.

    A veces el encuentro con el misterioso Ser luminoso es seguido por un "repaso" de la vida, en que el hombre comienza a recordar su pasado y evalúa moralmente todos sus actos. Después de esto, algunos ven un cerco o frontera. Ellos sienten que pasándolo no podrán volver más al mundo físico.

    No todos los que pasaron la muerte temporal experimentaron todas las fases arriba mencionadas. Un porcentaje importante de hombres devueltos a la vida no puede recordar nada de lo que pasó con ellos "allí." Las etapas mencionadas las ponemos en el orden de su relativa frecuencia, comenzando por los más frecuentes y terminando por los más raros. Según los datos del Dr. Ring, aproximadamente una de cada siete personas recuerda su estadía fuera del cuerpo, haber experimentado la visión de la luz y haber hablado con el Ser luminoso.

    Gracias al progreso de la medicina, la reanimación de los muertos es una práctica habitual en muchos hospitales actuales. Anteriormente, casi no se practicaba. Por eso existe alguna diferencia entre los relatos sobre el mundo de ultratumba en la literatura antigua y más tradicional y en la contemporánea. Los libros religiosos más antiguos, relatando las visiones de las almas de los muertos, cuentan lo que vieron en el paraíso o en el infierno y los encuentros en el otro mundo con los Ángeles o los demonios. Éstos relatos se pueden llamar: las descripciones del "lejano cosmos" ya que contienen las imágenes del mundo espiritual alejado de nosotros. Los relatos contemporáneos registrados por los médicos-reanimadores, al contrario, describen las imágenes del "cercano cosmos" - las primeras impresiones del alma apenas salida del cuerpo. Ellas son interesantes ya que complementan a las primeras y nos permiten entender mas plenamente lo que nos espera a cada uno de nosotros. De la posición media se ocupa el relato de K. Ikskul publicada por el Arzobispo Nikon en las "Hojas de la Trinidad" en 1916, bajo el título "Improbable para muchos pero acontecimiento real" y que incluye ambos mundos: el cercano y el lejano. En 1959 el monasterio de la Santísima Trinidad reeditó esta descripción como un folleto separado. Lo citamos aquí abreviado. Este relato cubre los elementos de la literatura más antigua y contemporánea sobre el mundo de ultratumba.

    K. Ikskul era un típico joven intelectual de la Rusia prerevolucionaria. Fue bautizado en su infancia y creció en un medio ortodoxo. Pero como era costumbre entonces entre los intelectuales, consideraba a la religión con indiferencia. A veces concurría a la iglesia, remarcaba las fiestas de Navidad y Pascua y hasta comulgaba una vez al año, pero muchas cosas en la religión ortodoxa las consideraba como anticuadas supersticiones, entre ellas sus enseñanzas sobre la vida después de la muerte. Él estaba seguro de que con la muerte la vida humana terminaba.

    Una vez enfermó de neumonía. Estuvo mucho tiempo enfermo, empeoró y fue internado en un hospital. No creía que se acercaba la muerte, esperaba sanar y seguir con sus ocupaciones habituales. Una mañana, de repente se sintió completamente bien, la tos cesó y la fiebre bajó hasta lo normal. Pensó que por fin mejoraba. Pero para su asombro, los medicos se inquietaron, hasta trajeron oxígeno. Después, - sintió escalofríos y total indiferencia hacia todo lo que le rodeaba. Él relata:

    "Toda mi atención se centró en mí mismo y como en un desdoblamiento... apareció un hombre interno (principal) que sentía una total indiferencia hacia el externo (el cuerpo) y hacia todo que pasaba con él... Era sorprendente ver y oír todo y al mismo tiempo sentirse ajeno a todo. El médico me pregunta, yo escucho, entiendo, pero no contesto; no tengo porqué hablar con él... De repente me sentí arrastrado con terrible fuerza hacia abajo, hacia la tierra. Me agité. "Agonía," dijo el médico. Yo entendía todo, no me asusté. Recordé que leí que la muerte es dolorosa, pero no sentía dolor. Pero sentía pesadez. Me sentía atraído hacia abajo, sentía que algo debe separarse... Hice un esfuerzo para liberarme y de repente me sentí liviano y en paz.

    Lo que sigue lo recuerdo muy claramente. Estoy parado en el medio del cuarto. A mi derecha, en semicírculo, estaban parados los médicos y las enfermeras rodeando la cama. Me extrañé: ¿qué hacen allí si yo estoy aquí? Me acerqué para ver. Sobre la cama estaba acostado yo. Viendo a mi doble, no me asusté; sólo me extrañé. ¿Cómo es posible? Quise tocarme, mi mano pasó a través como en el vacío y tampoco pude tocar a los otros. No sentía el piso. Llamé al médico pero él no reaccionó. Entendí que estaba completamente solo y sentí pánico.

    Miré a mi cuerpo y pensé: ¿habré muerto? Pero esto era difícil de imaginar; yo estaba más vivo que antes, sentía y comprendía todo... Después de un tiempo los médicos se fueron del cuarto. Dos paramédicos hablaban de las peripecias de mi enfermedad y muerte, la enfermera se dirigió al ícono, se persignó, y en voz alta pronunció para mí el habitual deseo: "Que tenga el Reino de los Cielos y la paz eterna." Apenas dijo ella estas palabras, a mi lado aparecieron dos Ángeles. En uno reconocí a mi Ángel de la guarda, al otro no lo conocía. Tomándome de las manos, ellos me llevaron a la calle, directamente a través de la pared. Anochecía, nevaba de una manera muy calma. Yo lo veía pero no percibía el frío ni el cambio de temperatura. Comenzamos a subir rápidamente." Más adelante continuaremos nuestro relato de K. Ikskul.

    Gracias a nuevas investigaciones en el campo de la reanimación y comparando gran cantidad de relatos de los hombres que pasaron por la muerte clínica, se puede reconstruir un cuadro bastante detallado de lo que experimenta el alma después de su separación del cuerpo. Por supuesto, cada caso tiene características individuales, que faltan en otros. Y esto es naturalmente de esperarse, ya que el alma cuando llega al otro mundo, ella - como un recién nacido - tiene la vista y el oído no totalmente desarrollados. Por eso las primeras impresiones de los hombres que "emergen" en el otro mundo, tienen un carácter sumamente subjetivo. Sin embargo, en su totalidad se crea un cuadro bastante completo aunque no siempre totalmente comprensible.

    Notemos los momentos más relevantes de la experiencia del otro mundo, extraídos de los libros contemporáneos sobre la vida después de la muerte.

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    Vida más allá de la vida

    2008-03-21


     

      Si miramos a nuestro alrededor constatamos que la muerte es la gran señora de todo lo que es creado e histórico, pues todo está sometido a la segunda ley de la termodinámica, la entropía. La vida va gastando su capital energético hasta morir. La vida misma es un gran misterio, aunque se la entienda como la autoorganización de la materia lejos de su equilibrio, es decir, en situación de caos. De dentro del caos irrumpe un orden superior que se autorregula y se reproduce: es la vida. Pero esto no explica la vida, solamente describe el proceso de su aparición. La vida sigue siendo misteriosa, como los mismos biólogos y cosmólogos afirman continuamente.

    Donde hay vida, siempre se da una interacción con la materia, para ganar energía, y se produce una reproducción como forma de autoconservación. No obstante, hay un límite insuperable, la muerte, a pesar de que las formas inferiores de vida puedan mantenerse vivas durante miles y miles de años. Así, por ejemplo, en la piel de un elefante mamut congelado en Siberia hace casi diez mil años, se han encontrado bacterias capaces de ser revivificadas. En campos de sal mineral se han encontrado bacterias fijadas vitalmente hace millones de años, que por lo tanto no murieron y que pueden ser reconducidas a las condiciones normales de vida. Hoy en día es posible someter bacterias a bajísimas temperaturas para, posteriormente, pasados muchos años, reacondicionarlas para la vida. Pero incluso para ellas llegará el momento de la muerte.

    Para el ser humano, la muerte constituye siempre un drama y una angustia. Todo en su ser clama por una vida sin fin, pero no por eso puede detener los mecanismos de la muerte que se aproxima inevitablemente. San Pablo gritaba: «¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?». Y respondía: «Gracias a Dios por Jesucristo nuestro Señor».

    Es sorprendente, pero en esta frase se encuentra la esencia pura del cristianismo. Éste testimonia el hecho mayor de que alguien nos libró de la muerte. En alguien la vida se mostró más fuerte que la muerte e inauguró una sintropía superior. Es el significado principal de la resurrección, como un tipo de vida no amenazada ya por la enfermedad ni por la muerte. Por eso la resurrección no puede ser entendida como reanimación de un cadáver a ejemplo de Lázaro, sino como una revolución dentro de la evolución, como un saltar a un tipo de orden vital no sometido ya a la entropía.

    Con esto se afirma que la vida mortal se transfigura. En el proceso evolutivo la vida alcanzó tal densidad de realización que la muerte ya no consigue penetrar en ella y hacer su obra devastadora. La angustia milenaria desaparece, se sosiega el corazón, cansado de tanto preguntar por el sentido de la vida mortal. En fin, el futuro se anticipa, queda abierto a un desenlace feliz, y apunta hacia una vida más allá de este tipo de vida.

    Lógicamente éste es el discurso cristiano que supone la ruptura de la fe. Los seguidores de Jesús atestiguaron el sepulcro vacío y la manifestación del «novísimo Adán». Tal suceso generó una ilimitada jovialidad y una inagotable fuente de esperanza hasta hoy día. Si Jesús resucitó, nosotros los humanos, sus hermanos y hermanas, hemos sido alcanzados por esta resonancia morfogenética de otro orden y presenciamos anticipadamente un poco del fin bueno de la creación y de la vida.

    Aunque suponga la fe, la creencia en la resurrección constituye un ofrecimiento de sentido para todos los que apuestan por algo que puede ir más allá de esta vida. Por esta razón, la alternativa no es vida o muerte, sino vida o resurrección.

     

     

    Leonardo Boff

     

     

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