1- Tu presencia es un regalo para el mundo. 2- Eres una persona única en un millón. 3- Tu vida puede ser como tú quieras que sea. 4- Vive cada día con intensidad. 5- Cuenta tus alegrías, no tus desdichas. 6- Lucharás contra la adversidad que se te presente. 7- Dentro de ti hay infinitas respuestas. 8- Comprende, ten coraje, sé fuerte. 9- No te impongas límites. 10- Hay tantos sueños que esperan ser realizados! 11- Las decisiones son tan importantes para librarlas al azar. 12- Lucha por tu ideal, tu sueño, tu premio. 13- No hay nada tan desgastante como las preocupaciones. 14- Mientras más carguemos con un problema, más pesado se hace. 15- No te tomes las cosas con tanta seriedad. 16- Vive una vida de serenidad, no de lamentos. 17- Recuerda que un poco de amor recorre largos caminos. 18- Recuerda que mucho... es para siempre. 19- Recuerda que la amistad es una sabia inversión. 20- Los tesoros de la vida son personas... unidas. 21- Nunca es tarde. 22- Transforma lo cotidiano en extraordinario. 23- Ten salud, esperanza y felicidad. 24- Pídele un deseo a una estrella.
Y jamás olvides.....ni siquiera por un día...
¡Cual especial eres!.
CUANDO MIRES LAS ESTRELLAS ACUERDATE DE QUE EN CADA UNA DE ELLAS HAY UN ABRAZO PARA TI
En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él.
- ¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con maní?, preguntó el niño. - Cincuenta centavos, respondió la mesera.
El niño sacó su mano del bolsillo y examinó un número de monedas.
- ¿Cuánto cuesta un helado solo?, volvió a preguntar.
Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poquito impaciente.
- Treinta y cinco centavos, dijo ella con brusquedad.
El niño volvió a contar las monedas.
- Quiero el helado sólo, dijo.
La mesera trajo el helado, puso la cuenta en la mesa y se fue.
El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue.
Cuando la mesera volvió, empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio.
Allá, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos... Su propina.
El padre, lleno de cólera y tratando con brusquedad al niño, dijo: - Así que esa era la razón de saber lo que gano. Vete a dormir y no me molestes, muchacho aprovechado.
Había caído la noche. El padre meditó sobre lo sucedido y se sintió culpable. Tal vez su hijo quería comprar algo. Para descargar su conciencia dolida, se asomó al cuarto de su hijo. Con voz baja preguntó al pequeño :
- ¿Duermes, hijo?
- Dime papá- respondió entre sueños.
- Aquí tienes el dinero que me pediste - respondió el padre.
- Gracias, papá- contesto el pequeño. Y metiendo su mano bajo la almohada, sacó unos billetes.
- ¡Ahora ya completé, papá! Tengo 200 pesos. ¿Podrías venderme una hora de tu tiempo?