Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sà mismo. Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar. Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito repitiendo todos los dÃas los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no se atreve a cambiar el color de su vestimenta o bien no conversa con quien no conoce. Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente estas que regresan el brillo a los ojos y restauran los corazones destrozados. Muere lentamente quien no gira el volante cuando esta infeliz con su trabajo, o su amor, quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida, huir de los consejos sensatos... ¡Vive hoy! ¡Arriesga hoy! ¡Hazlo hoy! ¡No te dejes morir lentamente!
El corazón de una mujer es como una rosa, una flor muy delicada, pero con tierra buena y superficie dura, crecerá, tendrá los colores más brillantes, dará flores muy fragantes. La mujer, es igual. Si se trata con cariño, se alimenta con palabras de bondad cuando las necesita, mostrará toda la belleza que encierra. Aunque sea ignorada, despreciada siempre, aunque no lo sepas, seguirá dando el corazón lleno de amor, cada dÃa mostrará nuevos capullos, aunque la maltrates. Entre la rosa y la mujer no hay mucha diferencia, las dos son muy suaves. Si quieres que tu rosa, perdure eternamente, háblale, ella entiende. VisÃtala todas las veces que tengas unos minutos. Ella no te pide mucho, muy poca atención. Cuando quieras ver la rosa, pura, limpia, de suave aroma, sólo mira desde tu ventana. Si no está, la has perdido para siempre por haberla abandonado, por completo. Te llevará mucho tiempo poder cultivar otra rosa, con tanta belleza, que a pesar de las espinas en sus ramas jamás te hirió.