Cuando nos sentimos heridos, muchas veces tomamos la decisión de cerrar nuestro corazón a nuevas relaciones y afectos, tememos ser lastimados otra vez, y pensamos que si nos mantenemos al margen y no nos involucramos emocionalmente con nadie (sean relaciones de pareja o de amistad) con esto estamos evitando el dolor.
Esta reacción es totalmente normal en el ser humano, todos alguna vez hemos pensado y actuado de esta manera, solo que esto lejos de evitar el sufrimiento lo incrementa.
Al no darnos a las personas, al no abrirles nuestro corazón, estamos actuando como un escudo para el amor, lo estamos rechazando y nos estamos negando la posibilidad de encontrar gente que corresponda a nuestros mismos sentimientos. Nos estamos negando el derecho del amor.
Si concentramos nuestros pensamientos en el daño que nos han hecho, esto también actuará como imán, y atraerá a personas que nos dañen nuevamente.
Cerramos nuestro corazón por defensa propia, pero la única defensa verdadera es la confianza en nosotros mismos.
En la gran chimenea crepitaban las llamas, la tarde se moría detrás de la ventana.
Te he visto en mis ensueños como un blanco fantasma, alto junco ceñido al aire de mi alma.
Te he visto ennoblecido por estrellas lejanas, turbado por la fiebre de mi propia nostalgia.
Sobre la alfombra, quieta, te sueño arrodillada. Te sueño como a un Príncipe de los cuentos de Hadas, como a un vikingo rubio con escudo de plata.
¡Qué bien quererte mucho hasta quedar exhausta! ¡Qué bien sentirme siempre, --¡Dios mío!-- enamorada! Me da miedo el vacío que me queda en el alma, el frío que me hiela cuando el hechizo pasa.
Yo quiero amarte mucho, con un amor sin pausa, con un amor sin término, como los dioses aman, como los astros, como las bestias y las plantas.
Siento celos del leño que acaricia la llama... ¡Igual me abrasaría si tu me acariciaras!.
Cuando los niños aprenden que la felicidad no se encuentra en lo que una persona tiene, si no en lo que esa persona es...
Cuando aprenden que dar y perdonar es más gratificante que quitar y vengarse...
Cuando aprenden que el sufrimiento no se mitiga con autocompasión, sino que se supera con determinación interior y fuerza espiritual...
Cuando aprenden que no puede controlar al mundo a su alrededor, pero que son maestros de sus propias almas...
Cuando aprenden que las relaciones mejoran si valoran más la amistad que el ego, el compromiso que el orgullo, escuchar que aconsejar...
Cuando aprenden a no odiar a una persona cuya diferencia temen, sino a temer ese tipo de odio...
Cuando aprenden que hay placer en la fuerza de motivar a otros, no en la falsa fuerza de humillar...
Cuando aprenden que el elogio de otros es halagador pero sin sentido sino se conjuga con el respeto a si mismos...
Cuando aprenden que el valor de una vida se mide mejor no por los años dedicados a acumular posesiones, sino por los momentos dedicados a dar de sí mismos compartiendo sabiduría, inspirando esperanza, secando lágrimas y conmoviendo corazones...
Cuando aprenden que la belleza de una persona no se ve con los ojos sino con el corazón; y que aunque el tiempo y las penurias pueden destruir nuestra coraza exterior, nos pueden mejorar el carácter y la perspectiva...
Cuando aprenden a abstenerse de juzgar, sabiendo que todas las personas están dotadas de cualidades y defectos, y que la aparición de unas u otros depende de la ayuda ofrecida o el daño inflingido por otros...
Cuando aprenden que a todas las personas se las ha dado el don de tener un yo único y que el propósito de la vida es compartir lo mejor de ese don con el mundo...
Cuando los niños aprenden estos ideales y como practicarlos en el arte del buen vivir... entonces ya no son niños... son una bendición para quienes los conozcan, y valiosos modelos para todo el mundo.
El amor es un grito sublime entre los demàs sentimientos humanos. El amor nos da fuerza, nos agranda el corazòn, nos ensancha la vìa de acceso hacia todos los deseos.
El amor es esa fuerza inagotable de ansias de vivir, que apresuradamente trota desde el aura hasta el alma misma.
El amor es sentir, es decir, gritar, sonreír y llorar a la vez. El amor es el más hermoso color que aún nadie haya podido detallar. El sonido del amor no tiene límites en sus decibeles.
El amor nos hace gigantes, poetas, compositores, escritores principiantes hasta perder la nociòn de la realidad circundante.
El amor nos hace gozar de una temporada de locuras coherentes, de febriles sensaciones, de esperanzas y vivencias que se transmiten en cada beso, en cada abrazo, en cada despedida hasta un después más.
El amor en un te quiero, fluye salpicado de ternura. Todo lo vence con una vehemencia casi inextinguible, con ansias de detener nuestro tiempo.
El amor es amar a la vida, es amar a nuestro amor; es la complacencia casi eterna de reir, de llorar, de pensar, de cantar, de entregar y de usar a toda capacidad el corazón, la piel... los cinco sentidos.
El amor en resumen es un prodigio de mucho más... Se podrá definir de infinitas formas, pero nunca dejará de ser el más sublime sentimiento que nos haga vivir, que nos haga flotar en una gloria imperecedera con su enorme poder...