He dejado decenas de borradores con nuestra historia en ellos.
Pero es que me afecta tanto recordarnos... saber que quizá no hay remedio. Esta amistad ha sido tan difícil, dependiente, me he agotado por quererte tal y como eras, acabaron mis fuerzas. Estos meses han sido los peores de mi historia, empiezo a salir a flote y necesito mas tiempo.
Quizá cuando termine tu recuperación y mi reconstrucción, te hayas olvidado (aún más) de mi... no puedo escribir de esto, es demasiado complejo, doloroso... inútil.
He pensado todo el día en ella, en sus preguntas, en sus cambios, en su nombre. Ya no estoy para ti... te ganaste a pulso mi alejamiento...
Procuro no pensarte, solo alegrarme al saberte feliz con tus sueños cumplidos a un precio altísimo, pero viva. Hay tantas cosas en mi vida que contarte mientras tienes tantas cosas en tu vida por las cuales culparme.
No, no puedo escribir de esto...
PD. Yo siempre he pensado que vale la pena morir por lo que quieres. Tu casi lo haces, pero hoy eres la que siempre quisiste ser y nada me hace mejor que haber vivido para verte lograrlo.
El problema es que me acostumbré a tu cuerpo desnudo.
Lo memoricé; lo hice mil veces de tarea; lo traje a mi cama cuando tu ni siquiera podías imaginarlo.
A últimas fechas, me obsesiona saber qué parte tuya es más mía (a veces pretendo averiguarlo cuando te quedas dormida).
Hay noches en las que sólo, calladito, te acomodo entre mis hombros y pecho para recordarte que eres exacta a la medida de mis huesos, porque no sé como explicarte que es la imagen de tu cuerpo desnudo la que me amarra noche tras noche a tus brazos, no la pura sal de tus ideas.
No, no me malinterpretes no es que no valore tu brutal inteligencia, ni tu fina sensualidad cuando me somete de formas que jamás hubiera pensado. No, es que la luz, la claridad de tu piel cuando la bañan mis manos, me ha dejado inservible para poder pensar en otra mujer.
Pero ya se me pasará... el problema, te digo, es que me acostumbré a tu cuerpo desnudo.