Siete veces he despreciado mi alma
La primera, cuando la vi sumisa
pudiendo alcanzar la altura.
la segunda, cuando la vi cojeando ante el cojo.
la tercera, cuando le fue dado escoger entre
lo fácil y lo difícil y escogió lo fácil.
la cuarta, cuando cometió un error y se consoló
al saber que otros también lo habían cometido.
la quinta, cuando por debilidad soportó desgracias
y atribuyó su paciencia a la fuerza.
la sexta, cuando despreció la fealdad de un rostro
y no supo que era una de sus propias máscaras.
la séptima, cuando entonó un canto de alabanza
y lo juzgó una virtud.
K. Gibrán

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