El proceso de vivir es en sí un riesgo, pero todos tenemos que
enfrentarnos a él en diferentes etapas. Para aprender a caminar, un
bebé debe arriesgarse al dolor que producen las caídas. El adolescente
que acaba de sacar la licencia de conducir se enfrenta al mayor riesgo
de su vida como conductor. La pareja que se compromete con los votos
matrimoniales debe enfrentar la posibilidad de que esa unión, la cual
esperan que sea la que les de la mayor felicidad de la vida, pueda ser
también la que traiga los dolores más fuertes. Y el empresario que
intenta afianzarse o ampliar su empresa sabe que también corre riesgo
de sufrir una pérdida sustancial.
Por lo tanto, si existe tal potencial de sufrimiento cuando tratamos de
crecer y alcanzar metas en la vida, ¿por qué lo intentamos?
Una razón es que Dios nos ha bendecido con un impulso interior que nos
lleva a mejorarnos en la vida. Con mucho acierto alguien ha dicho que "
llega el día en que el riesgo de quedarse como un brote es más doloroso
que el riesgo de florecer ". Y sabemos que no podemos recoger rosas sin
correr el riesgo de herirnos con una espina.
Pero cuando la posibilidad de enfrentarnos a las espinas es demasiado
dolorosa, recuerda que cuando Dios te inspira a cortar nuevas rosas,
puedes confiar en que Su fuerza y Su dirección te ayudarán a caminar
entre espinas.
Samuel creyó, y el Señor estaba con él, no dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras. 1Samuel 3:19