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    NACEN COMO EL SOL Y SE VAN COMO LA NOCHE

    miércoles, mayo 28, 2008, 09:15 EST [General]

     

    Por Raúl Benoit

     

    Me prepuse ver el amanecer, una madrugada de este invierno boreal para interpretar a mi manera ese espectáculo cotidiano que para muchos pasa desapercibido, como la vida misma. Me senté en la arena, en una playa en la costa atlántica, a esperar que saliera el sol con la paciencia que se aprende con los años.

     

    Al rayar el alba vi surgir  la luz. Mis ojos no podían congelar en el tiempo el resplandor del astro sol, que en fragmentos de segundos modificó mi retina, pero extrañamente también alteró, para bien, mi pensamiento. Surgió una imagen multicolor, placentera y feliz. En mi mente comencé a ver figuras y a escuchar voces plenas de risas y canciones, en donde mis tres hijos, Carolina, Felipe y Michelle, danzaban en un juego infantil en la arena. No sé por qué, pero en estos tiempos de fiestas familiares, añoro con más intensidad el hogar que perdí por un divorcio.

     

    La familia es la esencia de la sociedad y sin la unión de ésta, la sociedad se resquebraja. Me pregunté ¿cuál es el papel de los hijos en una separación matrimonial? ¿Cuánto valen ellos para nosotros?

     

    Ese amanecer me hizo entender que los hijos nacen como el sol para iluminar la vida. Y entiéndase por hijos: nietos, sobrinos y ahijados (los propios y los ganados por el azar de la existencia).

     

    En medio de mis meditaciones recordé un símbolo inverso. Meses atrás, cuando atravesaba el extenso puente sobre el Lago Pontchartrain, en Mississippi, contemplando el atardecer, vi cómo el círculo deslumbrante del sol se sumergía en el mar a una velocidad fácilmente perceptible por los ojos. A medida que iba descendiendo, su color pasó de un amarillo intenso, a un anaranjado, hasta llegar a casi rojo. Cuando la luz tocó el horizonte, un ilusorio resplandor me hizo creer que el agua apagaba la luminosidad. En ese instante en que advertí que el sol se ocultaba vertiginosamente, reflexioné que así se extinguen las relaciones y el fugaz paso de los hijos por la vida. Tan efímero como un atardecer.

     

    Ese bello crepúsculo: el sol despidiendo al día, los brillos sobre el mar y algunos peces voladores que trataban de cazar su último alimento de la jornada, convirtieron el panorama en un espectáculo maravilloso de la naturaleza, pero irónicamente también significó para mi la tristeza de lo perdido. Fue una discordancia entre la felicidad y el abatimiento, que me hizo renegar sobre la dureza del divorcio.

     

    He aprendido en esas dos experiencias, el amanecer y el atardecer (un regalo del Señor tan perfecto y cálido) que las relaciones y los hijos nacen como el sol en la mañana y se van de tu vida como la noche llega, pero a pesar de esta realidad humana, hay que seguir luchando por los hijos porque son sangre de tu sangre, vida de tu vida.

     

    Un consejo para quienes están comenzando a ser padres: cada segundo, cada minuto, hay que enlazarse con los hijos.  Desde que la madre los tiene en el vientre, pasando por sus primeras palabras, sus primeros pasos, su primer día escolar, el accidente en la bicicleta, su decepción amorosa, su graduación, su matrimonio, su felicidad y su dolor. Y más aún en el divorcio.

     

    ¡Sin pérdida de tiempo aprovecharé cada instante que pueda de mi vida al lado de los míos! Al terminar de escribir este artículo saldré presuroso a verme con mis hijos, que son mi familia, porque ellos necesitan de un abrazo caluroso y yo estoy hambriento de cariño.

     

    Esta acción la repetiré sin cansancio. Será mi principal propósito en año nuevo. ¡Felicidades y triunfos para todos!

     

    4.5 (3 Votos)

    Raúl:
    Me gusto mucho su blog referente a los hijos, su divorcio.
    En cuanto a los hijos es muy cierto lo que usted dice, la vida se nos escapa de las manos muy fugazmente que si no aprovechamos el tiempo que Dios nos regala, verdaderamente veremos pasar la vida desapercibida como la rutina diaria.
    Al igual que usted yo soy divorciada, con dos hijos varones (12 y 4 años) y por pequeñeces e inmadures de ambos no pudimos conservar nuestro matrimonio. Aunque de nada sirve si solamente uno es el que quiere perseverar, guardar y aferrarse a un hogar por el bienestar de nuestros hijos.
    Aunque la vida nos de duros reveses debemos de continuar hacia adelante por el amor incondicional que le tenemos a nuestros hijos independientemente si nos agradecen o no. Con cada experiencia negativa debemos de ver lo positivo, que si una piedra se nos pone en el camino; debemos de tomar ventaja de esa piedra porque a la larga nos puede servir para crecer y madurar.
    Dios bendiga a cada uno de sus hijos y a usted le continue abriendo las puertas de los cielos y derrame en su vida muchas bendiciones como también éxitos y logros tanto a corto como a largo plazo.
    Yvonne:)

    Yvonne
    agosto 06, 2008
    03:02 EST

    teneis razon ,hay que aprovechar cuando son puequeños pero se van o peor estan pero no estas ,sus vidas van rapidas no como antes se van y casi nolo vistes,yo era la 3ª y me quede hay separada de los demas nuestros padres se separaron el haya en miami y yo con mi madre en españa mi hermano se fue para ya y mi hermana hay con los suyos ,total toda la vida anhelando formar parte de algun sitio, y despues de 6 hijos y 4 nietos no tienes fuerza por competir yo miro a 2 nietos todas las noches y los beso y acaricio y cuando no estan ,dios que vacio, te vas adormir,pero se van y tu no los llegas si estas bien y puedes aprovecha cada instante ,despues se van y tu estas pero no estas, asi aprendes a vivir de otras cosas y de lo quete den los demas y no puedes esperar mucho ,pues todos estan igual ,vaya un consejo a veces sonrio y todo pero cada vez menos que dios te bendiga y disfruta con cariño de los tuyos

    lapradera1
    octubre 06, 2008
    11:30 EST

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