Un par de amigos enamorados, Juan Carlos, mi cardiólogo y su novia Claudia, también cardióloga, me han hecho recapacitar sobre el sentido de libertad. Pocas veces he visto una pareja amarse de la manera que ellos lo hacen. Son un par de tórtolos, que aprovechan el tiempo, a veces en forma improvisada, para hacer deportes acuáticos, conocer lugares exóticos, comer deliciosamente, bailar y reír.
Libertad es una palabra que siempre me ha cautivado con sólo pronunciarla. Acordarme de mis amigos me hizo querer escribir sobre este vocablo, pero con relación al amor.
Ciertas personas usan el término libertad sólo para exigir derechos, pero pocas veces para dar, entregarse y expresar vida y amor.
Por ejemplo, es esgrimido por los enamorados egoístas cuando exigen: "yo quiero tener libertad". Esos seres utilitarios jamás podrán decir: "tú tienes libertad". Sin darse cuenta construyen una prisión para ellos, para su confundido amor y para la relación con otra persona.
Sentirse atrapado por dar amor o amistad es degradante. Tampoco uno debe creerse cautivo por el amor recibido. Amar no es una prisión. Amar es libertad.
No tener libertad es morir un poco. Cuando se logra, el amor es más limpio y decente. Cuando un ser le quita la libertad a otro, coarta el pensamiento, la independencia como persona y arrebata la felicidad. Cuando se tiene libertad se ve la vida sin miedo y se puede amar sinceramente.
Todos los seres humanos buscamos amar con seguridad y placidez, pero debemos atesorar ese amor o amistad, concientes de que es para ser libres, rompiendo las cadenas que apresan el corazón y que engañosamente dejan vislumbrar un pequeño halo de felicidad. Liberarse permite avizorar el paraíso lleno de luz que está frente a los ojos.
¿Cómo se siente usted amigo lector? ¿Tiene libertad? ¿O usted mismo se ha atrapado en un limbo de falsas ilusiones? ¿Ha construido una prisión de amor sin darse cuenta? Si es así, le aconsejo redimirse y empezar a vivir a plenitud cada día.
Mi padre me regaló de cumpleaños, hace mucho tiempo, un proverbio sánscrito copiado a máquina por él, el cual siempre tengo frente a mi cuando escribo. Un fragmento dice:"Cuidad este día porque es vida, la verdadera vida de la vida..."
Todos deberíamos aplicarlo. No hay que dejar escapar de las manos la felicidad y la libertad. Nadie puede impedir que uno viva lo que ambiciona vivir. No hay que dejar que ciertos sueños truncados impongan un sinsabor a la vida. Con frecuencia desperdiciamos mucha energía y momentos bonitos, por alcanzar esos sueños y en preparar nuestras metas, olvidando que hay algo más importante que necesita el espíritu y es vivir intensamente el presente.
No es tan difícil. Por ejemplo, se puede estar contento haciendo cosas triviales: detener el tiempo en un parque o en una playa, mirando al horizonte; jugar a ver figuras en las nubes; respirar el aire y agradecer al Señor por permitírnoslo; sacarle jugo a una fruta y beberse el líquido como si fuera el néctar de los dioses; leerse un buen libro o tomarse una copa de vino; pintar un cuadro; escribir un ensayo; bailar; escuchar una canción que inspire lo que sea: ternura o nostalgia; comer ricamente y hasta opíparamente; dar y recibir amor y cariño.
El mañana traerá otras cosas nuevas, pero por ahora sólo es palpable ese relámpago que es cada segundo y cada minuto de la vida presente, ese día a día, que no hay que dejarlo evaporar o escapar, porque es lo más apreciable.
Estas elucubraciones me han hecho reflexionar sobre qué debo hacer. Buscaré mi equilibrio. Voy a aprovechar el tiempo desde el mismo instante en que abro los ojos en el amanecer hasta cuando ponga de nuevo mi cabeza sobre la almohada. Seguiré el ejemplo de mi cardiólogo Juan Carlos y de su novia Claudia.
Agradeceré cada día a Dios haberme dejado vivir un presente cristalino, aunque hayan acontecido, entremezclados, fracasos y triunfos, felicidades y tristezas.
Y disculpen si me entrometí en asuntos personales de ustedes.
Me prepuse ver el amanecer, una madrugada de este invierno boreal para interpretar a mi manera ese espectáculo cotidiano que para muchos pasa desapercibido, como la vida misma. Me senté en la arena, en una playa en la costa atlántica, a esperar que saliera el sol con la paciencia que se aprende con los años.
Al rayar el alba vi surgir la luz. Mis ojos no podían congelar en el tiempo el resplandor del astro sol, que en fragmentos de segundos modificó mi retina, pero extrañamente también alteró, para bien, mi pensamiento. Surgió una imagen multicolor, placentera y feliz. En mi mente comencé a ver figuras y a escuchar voces plenas de risas y canciones, en donde mis tres hijos, Carolina, Felipe y Michelle, danzaban en un juego infantil en la arena. No sé por qué, pero en estos tiempos de fiestas familiares, añoro con más intensidad el hogar que perdí por un divorcio.
La familia es la esencia de la sociedad y sin la unión de ésta, la sociedad se resquebraja. Me pregunté ¿cuál es el papel de los hijos en una separación matrimonial? ¿Cuánto valen ellos para nosotros?
Ese amanecer me hizo entender que los hijos nacen como el sol para iluminar la vida. Y entiéndase por hijos: nietos, sobrinos y ahijados (los propios y los ganados por el azar de la existencia).
En medio de mis meditaciones recordé un símbolo inverso. Meses atrás, cuando atravesaba el extenso puente sobre el Lago Pontchartrain, en Mississippi, contemplando el atardecer, vi cómo el círculo deslumbrante del sol se sumergía en el mar a una velocidad fácilmente perceptible por los ojos. A medida que iba descendiendo, su color pasó de un amarillo intenso, a un anaranjado, hasta llegar a casi rojo. Cuando la luz tocó el horizonte, un ilusorio resplandor me hizo creer que el agua apagaba la luminosidad. En ese instante en que advertí que el sol se ocultaba vertiginosamente, reflexioné que así se extinguen las relaciones y el fugaz paso de los hijos por la vida. Tan efímero como un atardecer.
Ese bello crepúsculo: el sol despidiendo al día, los brillos sobre el mar y algunos peces voladores que trataban de cazar su último alimento de la jornada, convirtieron el panorama en un espectáculo maravilloso de la naturaleza, pero irónicamente también significó para mi la tristeza de lo perdido. Fue una discordancia entre la felicidad y el abatimiento, que me hizo renegar sobre la dureza del divorcio.
He aprendido en esas dos experiencias, el amanecer y el atardecer (un regalo del Señor tan perfecto y cálido) que las relaciones y los hijos nacen como el sol en la mañana y se van de tu vida como la noche llega, pero a pesar de esta realidad humana, hay que seguir luchando por los hijos porque son sangre de tu sangre, vida de tu vida.
Un consejo para quienes están comenzando a ser padres: cada segundo, cada minuto, hay que enlazarse con los hijos. Desde que la madre los tiene en el vientre, pasando por sus primeras palabras, sus primeros pasos, su primer día escolar, el accidente en la bicicleta, su decepción amorosa, su graduación, su matrimonio, su felicidad y su dolor. Y más aún en el divorcio.
¡Sin pérdida de tiempo aprovecharé cada instante que pueda de mi vida al lado de los míos! Al terminar de escribir este artículo saldré presuroso a verme con mis hijos, que son mi familia, porque ellos necesitan de un abrazo caluroso y yo estoy hambriento de cariño.
Esta acción la repetiré sin cansancio. Será mi principal propósito en año nuevo. ¡Felicidades y triunfos para todos!
Ser inmigrante indocumentado en Estados Unidos se convirtió en una pesadilla, especialmente para hispanos, vistos como enemigos.
En ciertos sectores de la sociedad estadounidense nos temen porque creen que venimos a quitarles trabajo, cultura y tierra.
Es tanta la preocupación de algunos norteamericanos, que en muchas ciudades los alcaldes han autorizado a policías a ejercer funciones de inmigración y con sólo una infracción de tránsito, detienen sin miramientos a los indocumentados con la amenaza de deportarlos, aunque hayan vivido aquí 20 años y tengan hijos nacidos en Estados Unidos.
Grupos racistas se adueñaron de un poder odioso, persiguiendo a todos los que tengan "color café" y parezcan mexicanos. No importa su origen, porque los gringos, por lo general, creen que todos venimos de México.
A veces los entiendo por desconfiar de los inmigrantes. Algunos abusamos de la condición de mártires subdesarrollados y llegamos a Estados Unidos creyendo tener derechos de salud, educación y protección social e imponiendo la cultura, las costumbres subvertidas y la conducta sin ley, para hacer lo que se nos venga en gana.
He visto paisanos latinoamericanos, al finalizar una jornada de trabajo, salir con música y cervezas al andén de la casa, poniéndole lo que ellos dicen "sabor al lugar", torturando a los vecinos, quienes comúnmente son gringos, que aunque no los soportan, se aguantan para no ser tildados de racistas.
Pero no todos somos así. La mayoría es gente buena y trabajadora que aporta bastante al desarrollo de los Estados Unidos.
Y hay gringos que lo saben.
Robert Hildreth, de 57 años, se ha enriquecido, en parte, a costa de Latinoamericanos, a través de sus empresas productoras de pulpa de papel e inversiones financieras.
Con una simpatía desbordante y bromeando en exceso, lo que causaría desconfianza a un típico latinoamericano con "malicia indígena", me recibió, junto a Alexis Arán mi productora de televisión y Jorge Vásquez mi camarógrafo, en un cómodo y sobrio apartamento en el centro de Boston, Massachussets, que utiliza como oficina para seguir haciendo dinero. Él es banquero y multimillonario. Es un "vil" capitalista como lo calificarían izquierdistas.
Descubrimos que ayuda, de manera anónima, a paisanos. El 6 de marzo de 2007, 361 indocumentados, particularmente Centroamericanos, fueron arrestados en una fábrica de Boston, que producía chalecos militares para los soldados estadounidenses de la guerra de Irak.
Aunque los detuvieron en Boston, los enviaron a Texas para que los jueces de ese Estado, célebres por no tener compasión, pusieran precios altos a sus fianzas, imposibles de pagar por indocumentados, con la ladina intención de que no salieran de la cárcel y después deportarlos. Robert se enteró y decidió cooperar con más de 200 mil dólares. Aliado con un grupo católico, al cual pertenece, llamado La Vida Inc, contrataron abogados para defenderlos y liberó a 40 de ellos.
No es la primera vez que Robert ayuda inmigrantes indocumentados. Lleva 20 años haciéndolo y ha gastado alrededor de 15 millones de dólares en proveer desde clases de inglés, servicios de salud, hasta estudios universitarios.
¿Por qué este gringo y sus "camaradas" hacen esto? "Porque está en la Biblia", nos responde. Además "los inmigrantes siempre han sido necesarios para Estados Unidos, más ahora que vivimos una época difícil, donde se necesita mano de obra eficiente y capaz, en especial para la agricultura".
¡Qué bueno sería que muchos gringos pensaran igual! Mejor aún, ¡qué bien sería que los inmigrantes latinoamericanos viniéramos más con la intención de respetar las leyes y la cultura, para no ser discriminados, y encontrar amigos como el gringo bueno!
Robert Hildreth, quería ser anónimo y rompimos su regla. Algunos lo atacan, lo ven como un "vil" capitalista que decidió convertirse en un "vil" socialista, buscando provecho soterrado, pero no es cierto, él sólo quiere repartir parte del dinero que lo enriqueció, sin pedir nada a cambio.
(Si es indocumentado en Estados Unidos y necesita ayuda legal -sólo para fianza-, Robert está dispuesto a tenderle una mano. Escríbanme y los conecto con él, pero si es verdad: www.raulbenoit.com).
Raúl Benoit quizás es uno de los periodistas colombianos más controvertidos en la historia de los medios de comunicación de su país. Aunque en la comunidad hispana de Estados Unidos, México y Centroamérica goza de una gran simpatía y credibilidad, su franqueza al transmitir las noticias, lo llevaron a ser señalado como un "vendepatria" en Colombia, donde ciertos colegas le reclamaban que "los trapitos sucios se lavaban en casa"; pero, Raúl Benoit, jamás se dejó amedrentar, ni por esos críticos gratuitos, ni por las amenazas de muerte y los atentados que le hicieron al atreverse a decir toda la verdad.
Ese y muchos temas reveladores son escritos en un polémico libro de Raúl Benoit, boicoteado por algunos medios de la gran prensa colombiana. El título lo dice todo: Prohibido decir toda la Verdad.
Raúl Benoit, es un periodista de 47 años y quien reside en Estados Unidos, donde vivió un exilio de 7 años, obligado por las circunstancias. En 2008 cumple más de tres décadas como reportero profesional. Ejerce el periodismo desde hace 34 años. Es Corresponsal internacional de la cadena Univisión de Estados Unidos y columnista de varios periódicos de ese país y de Latinoamérica.
Raúl Benoit se destaca por un estilo independiente, sincero y claro. Tal vez esa claridad, no sólo en lo visual, sino en la forma de escribir, lo convirtieron en un periodista que se salió del formato tradicional de ciertos sectores de la prensa colombiana, culpados, a veces, de favorecer intereses económicos o políticos.
-Jamás transmití noticias inventadas. Dije lo que los otros medios de comunicación no se atrevían a decir, con la diferencia de que mis noticias las veían mucho más, en todo el mundo de habla hispana-, aclaro Benoit.
-¿Por qué decían que usted era un "vendepatria"?
-Hay muchas razones, desde la envidia, una enfermedad muy nuestra, tal vez por mi influencia noticiosa internacional al dirigirse a una audiencia tan vasta, hasta la desinformación sobre el verdadero trabajo que hago como corresponsal. Muchos de los que criticaban jamás vieron la imparcialidad e independencia de mis historias en televisión-, comentó.
Sin embargo, a Raúl Benoit le han dedicado columnas de opinión, cartas anónimas y hasta presentaciones especiales de periodismo en universidades en Colombia, para "estudiar su estilo y su polémica manera de transmitir noticias".
-Nunca nadie hizo un estudio comparativo de mis informes de televisión con los que hacían los periodistas colombianos. Jamás investigaron si realmente mis historias eran exageradas. Simplemente se comprometieron entre ciertos de ellos a destrozar mi trabajo, con una intención que desconozco. Cuando el narcotráfico asesinó a políticos, jueces o periodistas, o puso bombas donde murieron inocentes, mis informes de televisión registraron lo mismo que mostraron los noticieros colombianos. ¿Tenía que ocultar la verdad para proteger a los narcotraficantes y asesinos o para darle gusto a tres periodistas envidiosos?¿Por qué las noticias que yo transmití las vieron como sensacionalistas? Sospecho que detrás de las críticas contra mí hubo más "mala leche" que razones valederas para acusarme de "antipatriota"-, dice Benoit sin resentimientos, agregando:
-Antipatriotas son los que guardan silencio, encubren la verdad y minimizan la realidad. Los que reciben dinero del narcotráfico o apoyan a los terroristas. Si hubiera sido mentiroso, no tendría el soporte de mi audiencia. Además, no estaría cumpliendo 21 años en Univisión, porque una compañía establecida en un país donde mentir, injuriar o difamar, te lleva a la cárcel, no te toleraría como Corresponsal Investigador del programa más serio y con más alta credibilidad de la televisión hispana: "Aquí y Ahora". En este espacio lo único que he recibido es premios, agradecimientos y felicitaciones de cientos de televidentes de todo el mundo. Jamás me han demandado y nunca he recibido exigencias de rectificación periodística-.
-¿Por qué el título "Prohibido Decir Toda Verdad" para su primer libro?-
-Esa es la razón por la que durante la última década que viví en Colombia, me criticaron. Porque en mi país es prohibido decir toda la verdad. Es una manera de complicidad soterrada y a veces abiertamente descarada-, señaló.
-¿Por qué a través de una carta a sus hijos?
-Así fue concebido el libro hace seis años. Algunos colegas de Univisión, que conocían la carta desde 2001, me recomendaron hacerla pública. Entonces entendí que dar a conocer todos esos hechos, que yo viví, debían ser revelados y terminé la primera etapa del proyecto en el siguiente año. Para la historia colombiana y el periodismo del mundo, deben quedar estos registros. Contar mi experiencia, a través de ese relato a mis hijos, en forma novelada, permitirá a las nuevas generaciones saber lo malo que rodea nuestros países latinoamericanos, donde la corrupción y el encubrimiento, permiten la perpetuación de los malos en el poder, tanto en el gobierno como en el periodismo-.
-¿Cómo logró reunir a estos diversos personajes y entrevistarlos para actualizar los temas de su libro?-
-Fue una labor de muchos años. Inicialmente utilicé los archivos de Univisión para recopilar la historia y después la cronología y pruebas que durante toda mi carrera guardé en archivos personales. Después contacté a los personajes principales y me cité con ellos, uno a uno, en países donde yo no corría peligro. Una vez hice las entrevistas de esos personajes que hicieron parte de mis historias periodísticas, acoplé el pasado con el presente y construí el relato literario. Para hacerlo invertí mi tiempo personal y mis ahorros, en busca de esas entrevistas. Cada elemento de la narración está refrendado por diálogos en video y fotografías, porque, conociendo a dos o tres colegas colombianos, que sospecho se encargarán de vilipendiar mi trabajo, necesitaba esas pruebas auténticas. Por otro lado, es importante dejar para la historia los videos originales de esas entrevistas. Así la historia no puede falsificarse-.
-¿Cómo logró sentar al ex presidente colombiano Ernesto Samper para que le diera una entrevista sobre un tema tan espinoso como el "Proceso 8.000"?
-Samper y yo dejamos de hablar por más de 11 años. Tal vez nunca fui de su simpatía. En cambio yo tenía un conexión con su hermano Daniel, quien me relacionó con Ernesto. Conseguí verme con él en Panamá. Samper se desahogó y contó secretos desconocidos de ese proceso. Creo que me eligió a mí para romper su silencio sobre el tema, porque yo fui uno de sus más grandes críticos y porque entre todos los periodistas colombianos, fui uno de los que no tuvo intereses políticos ni económicos. Yo no estaba detrás de obtener licitaciones para canales de televisión, ni frecuencias de radio, ni publicidad oficial para programas que no tuve nunca. Yo no quería ser Senador ni Embajador, ni mucho menos Cónsul de Colombia. Tampoco me interesaba ir a sus cocteles o reuniones sociales. Yo fui independiente. Allí radicó la confianza de Samper para darme una extensa entrevista y aclarar parte del "narcoescándalo". Es un bombazo-.
-En su libro denuncia a miembros del Ejército colombiano, que participaron en crímenes de Estado, sin Código Penal. ¿Hay algún interés de la izquierda internacional? ¿Es usted izquierdista?-
-En el mundo entero, cada vez que alguien lucha por los derechos de la gente, las libertades individuales, desde la religiosa hasta la política, lo acusan de servir a la izquierda y al comunismo. Soy pro-humano. Lucho por la justicia social. Defiendo a los desvalidos, siempre y cuando no hagan daño al bien común. Ciertos militares colombianos asesinaron y tomaron la ley por sus propias manos, abanderando el patriotismo. Eso está muy mal. Nadie tiene derecho a matar en nombre de la Patria, sin que antes la persona sea juzgada y sentenciada por una Corte. No estoy a favor de la pena de muerte para castigar ideologías contrarias. Yo fui testigo ocular de cientos de injusticias. Lo que hago en ese capítulo es revelar una realidad de la cual miles de colombianos fueron cómplices por acción u omisión. Mucha gente sabía que los paramilitares estaban multiplicándose, matando, arrasando, humillando, despojando, violando mujeres y robando tierras productivas para sembrar coca y amapola, pero esa gente fue cómplice, porque creía que así derrotaría a la guerrilla comunista. Hoy está demostrado que los paramilitares y también los militares que los apoyaron, los narcotraficantes que se encubrieron en esos grupos y los políticos que los financiaron o los taparon, son tan criminales como los guerrilleros o los que empuñaron un fusil con el falso idealismo de servir a la Patria. Realmente se estaban sirviendo a ellos mismos para garantizar sus intereses económicos y políticos. No más mentiras, por favor. No más complicidad-.
-¿Fue verdad que a usted lo intentaron asesinar en Cali en 2001 o usted se lo inventó para salir de Colombia y vivir mejor?
-Nunca quise salir de Colombia. Los directivos de Univisión, en dos o tres oportunidades ofrecieron sacarme para protegerme y yo me negué, porque estaba convencido de que mi país saldría adelante. Ahora no lo estoy tanto. Sobre el ofrecimiento lo pueden consultar con Univisión. El atentado fue real. Un policía vestido de civil, haciendo un trabajo para los narcotraficantes, que amparaban a los paramilitares del norte del Valle, me disparó sin acertar. Cuando mi escolta respondió, ese sicario lo hirió, dejándolo con una lesión en una pierna. La orden la dieron porque yo conocí el proyecto de toma del poder de ellos, las autodefensas o paramilitares, el cual se reveló hace un año. En 2008 se conoce como el escándalo de la "parapolítica". Esos secretos y los del atentado y de otros tres intentos de matarme están en el libro. Sobre mi interés de "vivir mejor" le puedo responder que yo vivía muy bien y mejor en Colombia, ganaba más dinero que los grandes periodistas. A pesar del peligro que corría, prefería estar en mi tierra-
-¿El atentado fue lo que lo inspiró a escribir el libro?
-El libro fue un proyecto de siempre. Hay relatos escritos hace muchos años como la matanza de Tacueyó, que cuenta un crimen masivo de guerrilleros comunistas, que fue uno de los primeros laboratorios del paramilitarismo colombiano. Siempre he escrito una bitácora de mis viajes periodísticos. Voy dejando notas de mis experiencias. Reunir los relatos no fue difícil. Lo difícil fue transmitirlos a mis hijos, que tendrán que conocer una triste realidad de su país, aunque el libro también trasluce un mensaje de esperanza y reflexión-.
-¿Es un antipatriota?
-Tengo un deber con la verdad. Los periodistas tenemos un deber con la verdad. Si eso es ser "antipatriota", recibo el título con orgullo.
Raúl Benoit, el incansable reportero de televisión, famoso en Colombia por sus grandes y reveladores reportajes, que le dieron la vuelta al mundo a través del noticiero Univisión sobre el conflicto armado colombiano, regresó a su Patria en este mes de mayo, con ocasión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá.
Benoit quien desde el año 2001 vive en Miami y se desempeña como reportero investigador del programa periodístico "Aquí y Ahora" del más importante canal latino de noticias, vino a presentarnos su libro testimonial ,"Prohibido decir toda la verdad".
Este volumen de relatos periodísticos escritos con buena prosa y entremezclados con confesiones y atentados personales, se tiene que constituir para la Fiscalía, para la Procuraduría y para la prensa nacional en un nuevo aporte investigativo que ojalá reabra los grandes expedientes en los que han estado involucrados, pero nunca condenados, diversos gobiernos, Generales, Coroneles, mandos medios y bajos del ejército y de la policía y políticos de todas las regiones y de todos los partidos.
Este, se podría decir es el libro de los grandes secretos del conflicto armado colombiano en el que con lujo de detalles se señalan pactos y compañías no deseadas del país político y del régimen castrense con el narcotráfico y con el paramilitarismo.
Por ello el autor dedica capítulos especiales a la letal alianza de los años 80 cuando gobierno, ejército y MAS (Muerte a Secuestradores) conciben el monstruoso engendro de las autodefensas; cuenta crudamente los primeros asesinatos colectivos y a sangre fría cometidos por el Frente Ricardo Franco hasta los grandes crímenes de lesa humanidad protagonizados por las FARC en los tiempos de Javier Delgado, el monstruo de los Andes; Benoit va hasta Panamá y México para enfrentar las respuestas de Ernesto Samper y de su ministro de Defensa Fernando Botero Zea, controvertiendo sus relaciones pecaminosas con el cartel de Cali y los dineros calientes introducidos en la campaña presidencial de 1994.
Revive el secuestro y asesinato de Alvaro Gómez Hurtado y cuestiona el gran velo que cubre este crimen de Estado. Nos revela los inicios de los angelitos Cuchilla, Chupeta, Varona e Iván Urdinola, los temibles capos del narcotráfico del norte del Valle cuando apenas formaban parte del kinder de los hermanos Rodriguez Orejuela, sus bacanales y sus orgías de sangre.
Para dar una idea de los interesantes episodios que nos trae Raúl Benoit en este libro de guerra y narcotráfico, repasemos algunos de los sugestivos títulos de sus principales capitulos. I: Cuando el destino apremia: despertando de la pesadilla , en el destierro, el reportero novato en la guerra. II: la matanza de Tacueyó, el monstruo de los Andes. III: Malas compañías: armas, cocaína, una mezcla maldita. IV: Condena a muerte sin código penal. Las escuelas del terror. V. Entre Plata o plomo: la trampa, reportero invisible, del túnel a la tumba. VI: Jugadas de ajedrez: colibrí y el ajedrecista, el juego final, jaque mate. VII: El comienzo del fin: Misterioso accidente de un guardaespaldas. Un infierno en un paraíso.
El Epílogo del periodista no puede ser más triste. Bajo el título "Levando anclas", Benoit hace una reminiscencia de los sinsabores que le dejó el ejercicio de la reportería en Colombia: la gran pérdida de sus bienes personales y afectivos.
Luego de 33 años de vida profesional, Raúl Benoit confiesa que aún no han cicatrizado las heridas que le dejaron en su alma y en su cuerpo el divorcio de Nanda, su novia, mujer y compañera de siempre y los 4 atentados de que fuera victima en distintas épocas. Pareciera que al cierre de sus memorias Benoit adujera que lo ha perdido todo por causa de esa enfermiza obstinación que lo invade desde niño : la de ser reportero de guerra sin calcular ni dimensionar los sacrificios que traería para su vida personal. Hoy mientras reside y trabaja en Miami, Benoit apenas se define como un colombiano más, exiliado en los Estados Unidos .