raquelcoutoantelo
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    En el fondo. Capítulo 36

    sábado, mayo 23, 2009, 08:17 EST [General]

    Capítulo 36. ¿Qué dices que dijiste?

    “Pues a mi no me parece bien” dijo Alberto al escuchar el plan de Ramón, los otros se miraron entre si, lo dijo en serio, como si no lo viese claro. Ramón levantó la vista y lo miró tratando de averiguar los motivos por los que no le parecía bien, pero Alberto desvió la mirada. No le dio importancia y tanto a Paco como a Andrés les parecía bien el plan así que decidieron seguir adelante. Paco, lejos de tener alguna objeción estaba dando saltos de alegría, no le prestaba mentirle a Sandra pero era un mal menor comparado con un número indefinido de días a su lado. Para Andrés tener entretenida a Alicia no le iba a suponer mucho esfuerzo, pensaba que había perdido su encanto, que ya no había chispa entre ellos, pero ya se le ocurriría algo, si había que explotar lo de los cuernos pues lo haría pero Alicia volvía a caer o el dejaba de ser quien era.

    Alberto se levantó y marchó, fue a dar una vuelta, con amigos como aquellos quien necesitaba enemigos. Si, muy bien, Paco con Sandra, Andrés con Alicia y Ramón marchaba para el hotel para que tuviesen más sitio en el piso de Andrés, así quedaba el de carabina con el detective salido y la alegre divorciada y con la parejita de osos amorosos. Pues no estaba dispuesto a consentirlo. Y lo que más rabia le daba era que Ramón no se diese cuenta, que no pensase en el ni un segundo y lo que todavía lo ponía peor es que pensó primero en Paco.

    - ¿Se puede saber que te pasa? – dijo Ramón detrás de él.

     “¿Qué qué me pasa?” dijo Alberto enfurruñado, y Ramón lo miró con la cara que le ponía a los ligues cuando se les ponían de luna.

    - No me mires así que bien sabes de que te hablo – dijo Alberto indignado.

    Ramón abrió los ojos como platos, se centró un momento porque de verdad le estaba pareciendo una escena de celos de querida de la noche anterior.

    - ¿Pero es que no lo sabes? pues no esperes que te lo cuente yo, vete pensándolo – y echó a andar ligero dejando atrás a Ramón.

    Atrás y con la boca abierta.

    - Pues va listo, no tengo yo más en que pensar que en las paranoias de este – y volvió para su casa.

    Alberto siguió caminando un buen trozo, por supuesto ni se fijó por donde andaba, y se perdió, estaba claro que se iba a perder. Pero afortunadamente tenía móvil para llamar para que lo fuesen a buscar, porque el nombre de la calle de la casa de Andrés tampoco si se le ocurriese aprenderlo. Mientras esperaba a que Ramón llegase, y sería por la vergüenza de verse en esa situación, pensó en el plan desde otro punto de vista. Lo vio como un plan, de los de siempre, de los que tantas veces habían puesto en marcha. Y olvidó el tema de Paco, al final el había jugado el papel más importante, había conseguido infiltrarse con éxito dentro de nuestro grupo y nosotras no sospechábamos de él, cosa que no le extrañaba, porque era tan pardillo que nadie podía ponerle mala fe a lo que hacía. Sonrió, al final sonrió. Lo pensó desde el punto de vista del dinero y lo vio claro, no tenía mujer pero tampoco tenía trabajo que hacer, sólo dinero que cobrar.

    Ramón dio un frenazo cuando lo vio, estaba sentado en un portal y desde la calle casi ni se le veía la cabeza, pensó que había marchado y ni iba a parar.

    - Oyes, que adelante con el plan – dijo Alberto nada más entrar en el coche.

    - Pues me alegro de que pienses así, porque lo tenemos que poner en marcha hoy – dijo Ramón.

    - ¿Hoy? – preguntó Alberto sorprendido.

    - Sí, Paco llamó a Sandra para bajar a tomar algo y ella le dijo que Xiana y Salvador estaban haciendo filloas en la calle – dijo Ramón

    - Ah – dijo Alberto sin comprender.

    Ramón puso la radio y siguió conduciendo como si nada.

    - ¿Pero es que no me vas a decir que es eso de “hacer filloas en la calle”? ¿Que es, la contraseña del plan? ¿De que me estás hablando? ¿Es que ya no cuento para nada? – dijo Alberto histérico.

    Ramón apagó la radio y lo miró con el mirar ese de helar la sangre para que callase de una vez antes de que le hiciese tener la sensación aquella de amante de la noche anterior que le había hecho sentir hacía unas horas. Alberto lo entendió, no le hizo falta explicación ni aclaración alguna. Quedó calladito y mirando al frente como un niño bueno.

    - Por lo que dijo Paco, Sandra y Alicia están en el piso de Xiana, Andrés no está muy convencido de entrarle a Alicia con lo que de momento de las alondras se ocupará sólo Paco, y tú y yo tenemos que encargarnos de Xiana y de Salva, bueno yo de Xiana – dijo Ramón.

    - ¿Cómo que tú de Xiana? ¿Qué me estás contando, que me tengo que enrollar con el gay? – dijo Alberto volviendo al tono histérico - ¿y Andrés qué? ¿de rositas, agarra la pasta y punto?

    Ramón respiró profundamente.

    - Efectivamente Alberto, Andrés agarra la pasta, digo yo que si montamos esto es para robarles la pasta, alguien la tendrá que agarrar – dijo serio.

    - ¿Pero ya los tienen? – dijo Alberto emocionado - ¿ya los sacaron? ¿cuándo?

    - Pues no lo sé, sospechamos que sí, ya sabes lo rara que es la tipa esa – dijo Ramón.

    - ¿Quién, Xiana? – dijo Alberto despistado.

    - ¿Pero tú que tienes? ¿hay poco oxígeno para ti en Coruña o qué? – dijo Ramón de mal humor – Sandra, la que habló con Paco, la que le contó que los otros dos estaban haciendo filloas en la calle.

    - Vuelta a lo de las filloas en la calle ¿pero qué clase de metáfora es esa? – dijo Alberto.

    - ¡Qué metáfora ni que ocho cuartos! que montaron un chiringuito en la calle porque no daban subido al piso las mesas que sacaron del fondo y no las querían dejar solas en la calle, eso fue lo que le dijo Sandra a Paco, literalmente, ¿lo pillas? – dijo Ramón gritando.

    - ¿Y para que rayos quiere Xiana dos mesas, en su casa no le caben? – dijo Alberto.

    Ramón lo miró, paró en doble fila, apagó el coche, respiró profundamente y dijo muy tranquilo:

    - Tú vas a venir con nosotros y vas a hacer lo que te digamos y punto.

    Alberto lo miró sin comprender, pero muy consciente, “si hombre, que me voy a enrollar yo con el tal Salva, a la mínima que pueda me escaqueo y que monte este un trío si quiere” decía para sí mirando de reojo a Ramón, mientras arrancaba el coche.

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    En el fondo. Capítulo 35

    domingo, mayo 17, 2009, 05:31 EST [General]

    Capítulo 35. Perdid@s.

    Si la cara de los que se enfrentan por primera vez a la zona cero era de asombro, la de la gente que veía el bosque por primera vez era indescriptible. Imagino que la sensación es como cuando acabas de morir y descubres que puedes atravesar paredes o como cuando Neo jugaba con el espejo de metal líquido; esa sensación de cambiar de mundo, o dicho con más propiedad, de tener un pie en otro mundo.

    - ¿Pero que demonios? – dijo Ramón sin fuerzas para terminar la frase.

    El sol de la tarde casi no podía pasar entre las ramas de aquellos inmensos árboles. El tenía la excusa de ser novato en la materia yo no, y aun así cometí el mismo error que comete todo el mundo delante de aquel espectáculo, porque ese es el único nombre que le puede hacer justicia, espectáculo, de espectacular.

    - ¿Vamos? – pregunté desafiante.

    - ¿A dónde? – preguntó escandalizado.

    Cuando le dije que a dentro del bosque me miró con cara de niño asustado, una cara adorable, demasiada tentación para no caer en ella. Sin dejarle mucha alternativa comencé a adentrarme en la espesura. El miró hacia atrás, estudiando las alternativas, hasta me pareció ver como daba la vuelta, pero no. Volvió a mirarme y caminó indeciso hacia mi. Yo estaba segura, no sé muy bien porque, nunca me había metido sola en el bosque, ni recordaba la última vez que caminé entre los gigantes verdes, desde luego ni eran tan gigantes ni tantos como tenía delante en aquel momento; pero la debilidad de Ramón me hizo más fuerte, como un parásito que se alimenta de su anfitrión.

    Imagino que mi idea era asustarlo para que confesase todo lo que tuviese que confesar, al final era lo que hacían ellos, sólo que en lugar de encerrarlo en una habitación con espejo lo metí en el bosque animado. Y funcionó. La conversación era trivial, “esto es impresionante” “el suelo no parece muy firme” “que puro parece el aire” y sin que pueda determinar en que momento confesó que me había engañado, que Sandra estaba con Paco, retenida aunque ella no era muy consciente porque como estaban los dos con la tontería del enamoramiento había sido muy fácil engañarla. De Salva no me dijo nada, ni falta que hacía el muy desvergonzado andará con el cachimán aquel de los helicópteros. Me contó lo del maletín que buscaban y lo que había hecho con los que me había robado.

    - Pensé que habías dicho que los habías devuelto al fondo – dije.

    - Oficialmente sí, eso es lo que cree la concejala que hice, pero comprenderás que es una lástima tirar tanto dinero allá en el fondo, sobre todo pudiéndola tener a buen recaudo para disfrutar de una vejez tranquila.

    Me debió notar en la cara, en la mía la que tenía el, claro que comprendía, esa era la vejez que tenía planeada para mi, no te fastidia.

    - No me mires así – dijo en serio – no pretendía utilizarte.

    - ¡Ha! – me salió sin pensar.

    - En serio, repartimos el dinero entre los cuatro y ni toqué mi parte – dijo como con afectación.

    - Es que mucho tiempo no tuviste, aún no sé como os dio tiempo a contarlo para repartirlo – dije.

    El sonrió, sincero, me dijo entre risas que no lo habían contado, que lo habían repartido a ojo. Que graciosito el niño. Yo le dije que no iba a volver a bajar, que allí no quedaba nada, y que no me apetecía que me pillasen allí y pensasen que todo el dinero que se suponía que no había allí lo robara yo. Lo que me faltaba, hacer todo el trabajo, quedar sin nada y llevar todas las culpas. El dijo que lo comprendía, que Andrés también andaba algo preocupado por la reacción del concejal cuando se enterase de que faltaban los maletines, pero también dijo que se ocuparía de que fuese lo más tarde posible.

    Cambió el tono de su discurso, empezó a recordarme al primer Ramón que conocí, aquel tío divertido, espontáneo y sincero que te hacía sentir que lo conocías de toda la vida. Sí, vale, me volví a colgar por el. Sería la clorofila. Caí. Ya está. Una no es perfecta. El ensoñamiento del amor hizo que me desorientase más en el bosque y cualquier posibilidad de salir de allí que remotamente pudiese existir en mi cabeza se disipó automáticamente. No lo supe, lo de que estaba perdida, yo seguí andando en la nube de magia que me envolvía desde que entré en las tiendas centrales aquella tarde.

    - ¿Sabes? – dijo agarrándome del brazo para que lo mirase – creo que tienes razón.

    Lo miré sorprendido, no porque me diese la razón, que también, sino porque no sabía a que se refería.

    - Pensándolo bien, creo que tienes razón, que no quedó nada allí abajo – dijo mirando alrededor - ¿oyes, sabes hacia donde vamos, no?

    - Si, claro que lo sé – dije fingiendo seguridad, no tenía ni idea, pero me interesaba lo de que tenía razón.

    - Ella piensa que su cómplice metió los planos en uno de los maletines, que se confundió, y ahora mismo, si tengo que elegir entre que te engañes tú y que él se confundió, creo que elijo que él se confundió pero no de la manera que cree la concejala.






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    En el fondo. Capítulo 34.

    sábado, mayo 9, 2009, 07:17 EST [General]

    Capítulo 34. Conspiración.


    - ¿Y ahora qué hacemos? – dijo María.

    - Lo que haya que hacer – dijo Carmen.

    María sabía que Carmen hablaba en serio, que llegaría a donde fuese necesario, aunque no estaba segura de que fuese oportuno que se involucrase de más en la situación, al final tenía motivos personales que podían aumentar la crueldad de la venganza.

    Josefa las miraba en silencio, estaba de acuerdo con sus colegas pero no quería implicarse demasiado en una historia que le tenía pinta de absorber mucho tiempo. Al final era una conspiración y por años de funcionaria sabía que pese a todo el tiempo libre que pudiesen tener, esas cosas se hacían de noche, y también por su amplia experiencia sabía que ella, de noche, tenía mejores cosas que hacer.

    - No lo tomes como algo personal – dijo María.

    Carmen ni le prestó atención, dio un golpe con la mano en la ventana, dejando claro que por supuesto que lo tomaba como algo personal, era algo personal. Su ex la había tomado con ella, disfrutaba cada jugada que le hacía y hasta aquel momento había ganado siempre, pero había llegado el momento de pararle los pies, y si no lo hacía la Ley lo haría ella. No sabía muy bien como, pero ya encontraría la manera y quedó pensando con la mirada perdida en la balconada de enfrente.

    María caminaba nerviosa de un lado a otro.
    - Igual es una tontería, pero... – dijo Josefa.

    - ¿Pero? – dijo María emocionada.

    - Pero igual no hay maremoto ni nada – dijo Josefa.

    - Claro, e igual si que lo hay – dijo Carmen saliendo del trance.

    - Ya – dijo Josefa.

    Carmen bien sabía que era una posibilidad pero todo parecía indicar que sí, y tenían que estar preparadas, en cuanto se firmasen las expropiaciones sería demasiado tarde para actuar.

    - Tiene que haber algo que no estamos viendo – dijo María.

    - Yo paso, que queden con todo, dame igual, voy a dedicarme a vivir la vida y dejar de preocuparme, cuando la gente proteste por las malas condiciones de los colegios ya me darán el presupuesto que me corresponde – dijo con resignación.

    - Si, o ya te echarán la culpa de todo lo malo, pedirán tu dimisión y adiós a tu carrera política – dijo Carmen.

    Josefa vio por primera vez en toda la mañana la necesidad de implicarse en el negocio.

    - Vale, está bien, pues si estas tenemos, se van a enterar – dijo Josefa – lo primero que tenemos que averiguar es quien va a dar el aval para las indemnizaciones, ahí es donde va a estar el negocio.

    - ¿Aval? – preguntó María - ¿pero hace falta?

    - Claro que hace falta – confirmó Carmen, aunque no tenía ni idea de lo que estaba diciendo.

    Antes de bajar para el café se juntaron las tres frente a la ventana y miraron la Plaza con un sentimiento de morriña, con un echar de menos, con un fue bonito mientras duró; y trataron de imaginarla llena de agua o destruida por las olas y les salió un suspiro desencantado. En el café urdieron el plan de espionaje, hablarían con Noelia la de Administración, ella podía hablar con Arguimiro de los bedeles, que conocía a... y así tejieron una red que más parecía encaje de Camariñas de lo fino que palillaron. El objetivo de la red era tener acceso a todo lo que se firmase, a todo lo que firmase el concejal de urbanismo, dentro y fuera del Ayuntamiento, dentro y fuera de la legalidad, dentro y fuera de donde quisiese dios que se firmase lo que quisiesen firmar.

    Como buena obra de arte el valor de la red aumentó con el paso del tiempo, juntaron tanta información, que tuvieron que alquilar un piso como centro de operaciones porque el volumen de papeles de los despachos empezaba a levantar sospechas. Y como buena obra de arte, con el tiempo, les dio una alegría. Por fin saltó la liebre. La Caja Universal puso el aval para las indemnizaciones y cruzando fechas y nombres y claves, encontraron una serie de fax y correos electrónicos y notas que establecían una relación directa entre el concejal de urbanismo y el director de la Caja Universal. Había tres vías de actuación, la oficial, que era la del aval, la oficiosa que era la de la concesión de las obras de Little Venice a la constructora del director de la Caja y la ilegal, directamente a esta vía le vamos a llamar así. La concesión de las obras tenía un doble sentido, del ayuntamiento a la Caja para agradecer el aval y del director al concejal para agradecer lo de la obra. En definitiva, quedaban todos muy agradecidos. Habían decidido que la mejor forma de canalizar toda esa cantidad de dinero en negro era dejándolos abandonados en el fondo, en la caja de seguridad, era prácticamente infranqueable, el seguro cubriría la pérdida por lo que para la Caja no tenía coste alguno, y el concejal sólo tendría que esperar un par de años, que le venía bien porque le daba tiempo a crear las empresas fantasma que necesitaba para canalizar los millones que iba a cobrar.

    Y después estaba la vía de escape, la que Carmen, María y Josefa necesitaban. Las escrituras que habían entregado todas aquellas personas que habían aceptado las indemnizaciones y las permutas para los traslados de evacuación de la zona cero, aquellas que le daban el ayuntamiento la propiedad de toda la zona cero, las que tenían que proteger con su vida, aquellas que a cambio de unos escasos cinco millones de euros el cómplice de las tres concejalas y traidor al concejal de urbanismo había escondido entre los maletines de los millones de euros que iban a quedar sellados por el agua salada del maremoto.

    - ¿Cómo que están en la caja de seguridad de la Caja Universal? – preguntó Carmen histérica.


    - Este tío es tonto, pero tonto de remate – dijo Josefa.

    - Estaba contando el dinero, y como todos los maletines son iguales, cuando los vio todos cerrados ya no supo donde estaban los papeles y no se iba a poner a abrirlos, no quería despertar sospechas – dijo María con comprensión.

    - No quería, no quería, inútil, es que en este condenado ayuntamiento son todos una banda de inútiles, es que no se puede contar con nadie, no hay quien haga una cosa a derechas – farfullaba Carmen.

    Era cierto, ellas le habían pagado para que les trajera los papeles, con discreción, pero que se los trajera a ellas, habían conseguido incluso una caja de esas que tienen los grandes empresarios en algunas entidades de dudosa ética, no es que les gustase, pero desde luego era lo más seguro. Era raro que nadie echase en falta las escrituras, todos los contratos estaban firmados y tan sólo les harían falta en caso de reclamación, cosa que no era probable porque a pesar de que nadie pensaba en el maremoto como un hecho con probabilidad real de suceder, todo el mundo se había apurado a marchar, sobre todo desde que corrió el rumor de que los grandes potentados ya loa habían hecho. Total, que no era probable que los de urbanismo se diesen cuenta de la falta de los documentos y en el momento en que Little Venecia comenzase a andar ellas sacarían las escrituras reclamando todo el terreno y obteniendo una cantidad indecente de pasta.

    Este era el punto en el que el debate se recrudecía, María decía que era mejor sacar las escrituras al comienzo de todo, para que les tuviesen que pagar se querían empezar con todo el fregado. Carmen decía que no lo veía claro, si las sacaban al principio igual pasaban de hacer la obra (tengo que decir que ellas no emplearon, por muy ardiente que fuese el debate, palabras como “fregado”, “pasaban”, “pasta”... sólo las empleo yo para resumir todo el tinglado), por lo que sería mejor sacarlas en el medio, cuando las obras estuviesen avanzadas con lo que la única manera de sacar rendimiento a lo que ya se había invertido sería darles dinero por las escrituras. Josefa, que no se alteraba con facilidad, decía que si esperaban a que las obras estuviesen en la mitad, y pedían más dinero que lo que les había costado hacer esa mitad no se lo iban a pagar, por lo que aparecer en el medio de las obras limitaría la cantidad de dinero que podían pedir. El mejor, según Josefa era esperar a que todo estuviese terminado, a punto de inaugurarse, así si no les daban la pasta serían las propietarias legales de Little Venice y por lo tanto estarían más que podridas de dinero, con el futuro asegurado y siendo la envidia de la Jet Set. A esto María le dijo que muy bien, pero que igual se eternizaban en los tribunales e incluso corrían el riesgo de que la justicia mirase por debajo de la venda y les saliese mal la jugada.

    - Da igual, ese torpe metió la pata y ahora no tenemos nada – dijo Carmen decepcionada.

    - Todavía... – iba a decir María.

    - “Todavía” nada – cortó Carmen.

    - Todavía nada no – intervino Josefa – si las escrituras están con el dinero, y sólo nosotras y el torpe sabemos donde están, sólo tenemos que esperar a que saquen todos los maletines y robar el que tenga las escrituras. Ellos no saben que las escrituras están allí, no las buscan, nostras sí.

    - Y como vamos a hacer para rescatar ese maletín en concreto – preguntó Carmen con cierto alivio.

    - Ya lo veremos si todo sale según lo previsto vamos a tener tiempo para pensarlo con calma – el torpe estará callado ¿no?

    - Sí, no le lleva idea el tema, quería el dinero y va a pedir una excedencia para hacer un curso de cine que dice que siempre quiso ser artista o algo así, no vamos a tener problema con él – dijo María.

    - Bien – dijo Carmen.

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    En el fondo. Capítulo 33

    sábado, mayo 2, 2009, 08:18 EST [General]

    Capítulo 33. La historia (Segunda parte).

    - ¿Entonces a que viene lo de robarme el dinero? – dije enfadada cuando ya no aguanté más.

    - El dinero que tu robaste y que pretendías que fuesen para ti sola, y no repartir con nosotros – dijo Ramón con ironía.

    - Claro nosotras hacíamos todo el trabajo...

    Me interrumpió aspirando paciencia y siguió con la historia.

    “Como tú bien sabes, el dinero no da la felicidad y a María lo que le da la felicidad es que el concejal no tenga el dinero de la Caja Universal, y sobre todo que el sótano de la Caja Universal no quede libre. Digo yo que lo entiendes – me dijo como si fuese evidente, que iba a entender yo – veo que no, yo también tardé,  que importancia va a tener un sótano en el medio de la zona cero entre otros muchos y que lleva allí abandonado tanto tiempo. Pues la importancia está muy clara, sobre todo cuando anda por medio el concejal de urbanismo ¿no? Y deberías saberlo tu mejor que yo, a los de la zona cero os expropiaron, por la declaración de zona catastrófica y toda esa gaita. La mayoría quedó contenta y satisfecha y ni echan de menos el piso del centro ni el ruido del tráfico ni el camión de la basura a las cinco de la mañana en las calles estrechas. Después, claro está, hay otra gente, como tú, que por llevar la contraria andáis todo el día zona cero para arriba y zona cero para abajo.

    La verdad es que tampoco tenéis tanta importancia en esta historia, que no aceptaseis la indemnización y sigáis viviendo en vuestras casas, aún con el agua y la luz cortadas y aunque el mar rezume  por el alcantarillado; pues ya ves, cosa vuestra. Antes había aquellos poblados marginales y ahora estáis vosotros, aunque la verdad dais menos la lata porque no salís del gueto y valéis de atracción turística. Cuando se cansan de vosotros buscan algo por lo que meteros en la trena, que lo hay, y punto.”

    - ¿Lo del dinero era una excusa para meternos en la trena? – pregunté.

    “¿Estás en prisión? Acabo de decirte que tampoco sois tan importantes, era un paso de tantos, un beneficio añadido, como si tomas una aspirina para el dolor de cabeza y te cura una postura en el dedo gordo, ya me entiendes. O muy mal informada andas o ya sabes que el plazo para devolver las indemnizaciones y reclamar las antiguas pertenencias está a punto de vencer. Igual no, tú no tienes nada que devolver. Como es obvio nadie hizo uso de semejante privilegio, quien se va a querer meter en semejante pozo de escombro. Como también deberías saber, una vez termine ese plazo el ayuntamiento pasa a ser el legítimo y oficial dueño de todo ese terreno. Pasa a manos públicas por así decirlo.”

    - Little Venice – interrumpí.

    - Veo que si estaba informada – dijo.

    - Algo escuché pero pensé que era una de las excentricidades del alcalde o un bulo de esos para reírse de él que circulaban por ahí, como ser es bien posible.

    “Pero aún así eso no es lo más importante de la historia porque la obra se va a hacer de todas todas, el proyecto fue aprobado en el Pleno al poco tiempo de contemplar el pago de las expropiaciones y no sólo por ocurrencia del alcalde, sino por exigencia de los que pusieron los fondos como aval, se ve que no fueron a fondo perdido.

    Te preguntarás que tiene que ver la caja fuerte en todo esto – pues si, eso me estaba preguntando – cuando la Caja Universal aceptó la indemnización multimillonaria, como podrás imaginar, renunció a todo lo que quedó allí, y como también bien sabes, no todo el que renuncia está dispuesto a hacerlo realmente. No les urgió hacerlo antes, o mejor dicho no lo pudieron hacer antes porque tenían que esperar el plazo legal para no tener que dar explicaciones. No contaban con que te llevase tan poco tiempo, la verdad; o  digo yo que no contarían, yo desde luego que no y María tampoco; por eso tuvimos que devolverlo al fondo, por decirlo de alguna manera – me mira entre paternalista y llamándome tonta – para que no se enterase nadie.

    Afortunadamente para mi no le contaste lo del dinero a los otros. Así no se enteró nadie de que el dinero existe de verdad, de que conseguiste sacarlo y de que estuvo en la calle al alcance de cualquiera.”

    - ¿De verdad que la venganza de una concejala de cultura puede ser tan retorcida? Ni siquiera va a recuperar lo que te dio en el cheque, según tú – dije.

    “La cosa no es tan sencilla como lo de robar el dinero, parte del contenido de la caja era la comisión del concejal por la concesión de la obra a la constructora de la Caja Universal. Y lo más importante de todo, como siempre, es un maletín que estaba entre todos aquellos y que tu no sacaste. El maletín contiene determinada información, que al parecer puede cambiar el rumbo de las COSAS” – dijo con misterio.

    - Ha, ha, ha – reí despreocupada, pensando que me estaba tomando el pelo.

    - No te rías, tienes que volver a bajar y sacar todos los maletines que dejaste de la otra vez – dijo muy serio.

    - No dejé ninguno, no nos costó ni nada sacarlos todos – dije.

    - Estoy hablando en serio – dijo.

    - ¡Ei! para ya con las amenazas, por cierto ¿dónde está Sandra? Como le hagas algo te enteras ¿escuchas bien? – dije, también muy seria.

    - ¿Sandra? No sé, andará por ahí con Paco, la última vez que la vi fue en la ventana de tu casa, y ahora que lo mencionas tampoco volví a ver a Paco. Paco es muy amoroso igual la convenció para ir de luna de miel – dijo muy sugerente.

    - Que raro – dije – entonces a que venía eso de que “iba a perder más de lo que me podía permitir”.

    - Era una manera de hablar mujer, parece mentira que no me conozcas – dijo restándole importancia.

    - Si que te conozco, si ¿por qué me dejaste tirada en un banco allí delante del zulo ese de los helicópteros plegables? – pregunté.

    - No te dejé tirada en ninguna parte, cuando bailábamos te desmayaste, digo desmayo por ser fino, porque lo que tenías era una moña de cuidado. Te llevé a tu casa, te dejé en tu piso, en tu cama, sola... hasta donde yo sé.

    - Ya – dije mirándolo fijamente para descubrir si mentía.

    El primer instinto fue creerlo, pero me extrañó la tranquilidad con la que escuchó “helicópteros plegables”, sin inmutarse, como si fuese de lo más normal. Además yo no había bebido ni una gota y no me desmayé, o si, pero contra mi voluntad.


    - ¿Dónde está el bosque ese que decías? – preguntó todo natural, como cambiando de tema, tratando de restarle importancia a la historia de mi abandono.

    - Estamos llegando – dije.

    - ¿Cómo puede haber un bosque aquí? – preguntó.

    - Pues lo hay ¿recuerdas los jardines de Méndez Núñez? – respondí preguntando.

    - No me fastidies, eso no es un bosque – dijo con desprecio.

    - No claro, que no; peo por no se sabe muy bien qué, una especie de Nueva Zelanda, un árbol muy alto y lleno de raíces que había en los jardines, le dio por reproducirse, multiplicarse y extenderse. Toda la zona portuaria ahora es un bosque, casi una selva.

    - Porque tu lo digas ¿y no se ve desde Santa Cristina?

    - Si que se ve, pero con la marea llena parece un jardín –dije con misterio.

    - Ya me tarda verlo – dijo incrédulo.

    La verdad es que lo tomamos con mucha calma, de las tiendas centrales al bosque no había más que unos quince minutos con buen paso y sin muchas charcas; pero Ramón no era capaz de andar y hablar a un tiempo, si eran frases pequeñas si, pero cuando agarraba ritmo en el relato paraba y se explicaba todo, como si no fuese capaz de hacer dos cosas a un tiempo o como si con su énfasis quisiese convencerme de que la historia que me contaba era cierta.

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    En el fondo. Capítulo 32

    sábado, abril 25, 2009, 09:02 EST [General]

    Capítulo 32. La historia (Primera parte).

    “El día que recibí la llamada de Andrés – comenzó a decir Ramón – quedé pensando en como sería mi vida si no hubiese marchado cuando marché, y la verdad es que me dio la morriña, después estaba lo del dinero, tampoco me venía mal, claro que estaba harto de escuchar historias de la cantidad de riqueza que quedó enterrada y la verdad es que no pensé que la cosa fuese en serio; paro Paco y Alberto tenían ganas de venir, no conocían la ciudad y lo podíamos pasar bien.”

    Caminábamos despacio saltando de piedra en piedra, la marea todavía no había bajado de todo y hacíamos lo que nos dejaba el mar, en realidad nunca iba por esa zona, no había mucho que ver.

    “Cuando vi lo fácil que fue liarte pensé que me iba a retirar sin mucha complicación y hasta me convencí de que realmente había dinero. Admito que ver la zona cero me impresionó, será la cara que ponemos todos la primera vez, imagino ¿qué bosque dices que hay por aquí? – y siguió hablando sin preocuparse de mi respuesta – los problemas vinieron después, a veces me daba gana de matar a Andrés, pero los amigos son así.

    Recibí una llamada de la central, de la de aquí para que me presentara a servicio, me extrañó porque ni Paco ni Alberto la habían recibido y tampoco se había oído nada que mereciese tanta urgencia. Fui, claro que fui, como no iba a ir, me fastidió, estaba de vacaciones, es que no hay manera de desconectar con esta gente. En realidad lo que más me molestaba era que a los otros no los hubiesen llamado ¿qué pasa? ¿que tengo cara de tonto?”

    No me miraba, porque estaba poniendo gesto de que sí, pero él siguió a lo suyo.

    “El comisario me preguntó porque había venido, me extrañó, bien sabía que era de aquí, no le dije la verdad, le dije que hacía tiempo que no veía a la familia y toda la gaita esa. Puso cara de que bueno y me dijo que había alguien que quería hablar conmigo, tan sólo me dijo que tuviese el teléfono operativo y que lo cogiese cuando me llamasen sin falta y sin excusa de ningún tipo.

    No creas que le tengo miedo, cobro por disponibilidad y aunque a veces me hago el sueco, no cuando me dicen claramente que no lo haga, tampoco quiero que me sancionen, uno tiene que comer.”

    Si, claro, este es de los que hablan mucho y después se acobardan en cuanto el jefe sube el tono de la voz, que sí, un revolucionario de cafetería, estaba claro.

    “Al poco tiempo recibí una llamada, era una mujer. Ahí pensé que igual la cosa se ponía interesante, y tenía razón, aunque no de la manera que yo esperaba, en la primera llamada sólo me dijo que se llamaba María y que teníamos que quedar en sitio discreto. Ya me dirás si no era para hacerse ilusiones. Cuando la vi bajé de la parra, no es que esté mal, pero si un poco pasada para mi gusto, ya me entiendes.”

    Y tanto que lo entendía, sinvergüenza, más que sinvergüenza, si había de ser una top model para darle gusto al chico.

    “Lo primero que me plantó era que sabía que estaba metido en lo del tesoro. Como te lo cuento, dijo “en lo del tesoro” como si supiese todo lo que habíamos hablado con Andrés. Lo negué todo, pruebas no había de tener, todo lo más sería que Andrés se fuese de la lengua, cosa que entraba en mis previsiones, la discreción no es una de sus virtudes, para que vamos a decir lo contrario. ¿Y qué, que Andrés se había ido de la lengua? en el tema del tesoro con decir que era por seguirle la corriente, que no creía que fuese cierto y como dices tú, que es un cuento para turistas, pues ya está. Pero la tía no iba por ahí, sabía todo, lo que se dice todo, que habíamos hablado contigo, que tú conocías a Salva, todo tu historial, todo mi historial, nuestro historial – dijo señalándonos, refiriéndose a nuestra relación – con lo que la empecé a tomar en serio.

    Sí, la tomé en serio pero con precaución, sobre todo cuando empezó a contarme una película distinta de la que me había contado Andrés, y aún más cuando la historia de la tal María tenía más sentido que la que me había contado Andrés.”

    Yo ya no sabía donde pisaba, el agua me llegaba a la rodilla pero estaba tan intrigada, por fin iba a saber toda la verdad y nada más que la verdad... o eso o era otro cuento de Ramón para liarme y que volviese a bajar, pero estaba tan interesante...

    “Andrés me había contado que ese concejal colega suyo quería la pasta y poco más, que tenía información cierta de que allí había dinero y que aunque la repartiésemos había para parar un carro. A mi me llegó, quedaban sin responder unas preguntas como la de ¿por qué ahora? y alguna más, pero quien se pone con esas tonterías en esos momentos.

    La tal María era concejala de cultura y me dijo con total franqueza que lo único que le interesaba era vengarse del concejal de urbanismo por dejar su concejalía sin presupuesto; que me conseguiría toda la información que necesitase y que quería que de la manera que fuese el dinero no llegase al concejal, que si había dinero tenía que seguir allí abajo y que si me tenía que pagar lo mismo que la cantidad que encontrase estaba dispuesta a hacerlo.

    No tenía ni idea del dinero que podía haber en la caja fuerte de la Caja Universal pero dudaba que una concejala de cultura pudiese igualar la cifra, ella notó mi desconfianza y me firmó un cheque bastante cuantioso, cheque que ya cobré y que compensa con creces el dinero que sacaste del fondo”.

    Casi lo mato, para que me robó el dinero si ya tenía el cheque, es que era para matarlo.

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