raquelcoutoantelo
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    En el fondo. Capítulo 4.

    domingo, octubre 12, 2008, 03:07 EST [General]

    Capítulo 4. El error de Paco (Primera parte)

    Para Andrés aquel lunes 4 de Julio es difícil de olvidar, llegó al trabajo como todos los días, es decir, tarde, mal y arrastro. Su jefe lo llamó al despacho, eso tampoco le extrañó, siempre hacía algo mal, no porque fuese un inútil, sino porque no estaba motivado; o dicho de otra forma, sus motivaciones no venían del sitio adecuado.

    El jefe, tranquilo, como era el, con esa parsimonia que dan los años de profesión y ver de todo.

    -    Deja el arma y la placa encima de la mesa y vete, no te quiero ver más – dijo.

    Y Andrés soltó el último chiste dentro de la comisaría, “¿y no tendría que ser primero la placa?”. Lo dijo insinuando que el Comisario le tenía miedo; pero el comisario no lo hacía por miedo, lo hacía por precaución, años de profesión y e ver de todo le decían que con una placa poco se podía hacer pero con una pistola...

    Después salió tan contento del despacho, diciendo que había dimitido, y no, lo habían echado. Muy discretamente, claro. El Comisario lo hizo porque el padre de Andrés era amigo suyo y los de asuntos internos se estaban acercando mucho. Él ya lo sabía, desde el principio, había salido al padre, sólo que no tenía su picardía. El padre de Andrés tenía la virtud de saber cuando era flexible esa delgada línea que separa el bien del mal. Andrés no, el era fino como una vaca haciendo encaje de Camariñas.

    Para el padre de Andrés fue una desgracia, por la vergüenza pública, en las partidas del sábado y en el fútbol del domingo como la cosa se pusiese algo tensa iba a salir el tema, y de hecho salía cada vez que había que minar la moral del contrario. Pero en el fondo sintió alivio, sólo dios sabe cuantos “jamones” le tuvo que  regalar al Comisario en la corta carrera de su hijo.

    Para Andrés también fue una liberación, y tanto, tenía pensado seguir con lo que estaba sólo que ahorrándose los sermones de su padre, de su jefe y de los pesados de asuntos internos. Se le olvidó el pequeño detalle de que a la gente con la que negociaba sólo les interesaba por ser policía. Caía de cajón, pero Andrés no tenía tiempo para pensar... ni cerebro.

    Por suerte para él, tenía ese encanto de vendedor de coches de segunda mano que tanto gusta a los hombres y consiguió mantener el contacto con sus compañeros de academia, Paco, Alberto y Ramón. De ética andaban más o menos como Andrés; pero tenían un poco más de vergüenza y algo más de miedo, no sólo se habían metido en la policía por vocación, también porque querían un empleo estable del que fuese difícil echarlos. Este último argumento ya nos da una pista de su eficiencia.

    Y así fue como sacó la licencia de investigador privado y puso un despacho en su piso, sin pedir autorización a la comunidad de propietarios, ni placa en la puerta; pero haber, hay un despacho en su piso, la vecina de enfrente bien que lo dice, “¡entra cada uno!” pero quien le va a hacer caso a una pobre mujer a la que todo el mundo conoce como “la emisora” del vecindario. Le va muy bien, de cuando en vez lleva algún susto; pero tener el único Jaguar último modelo de la ciudad lo compensa más que de sobra.

    El cliente más importante de Andrés, o por lo menos el que más trabajo le daba era el alcalde, dios los cría y ellos se juntan, aunque en favor de Andrés hay que decir que fue un cliente heredado de su padre. No pagaba mal el alcalde y además era un hombre agradecido, bueno, para ser más exacta debería decir que era vengativo y rencoroso si no le hacías lo que te encargaba, por eso, y siguiendo por única vez en su vida el consejo de su padre, Andrés hace todo lo que le manda.

    De su relación con el alcalde Andrés sacó muchos contactos, de los buenos, de los de pasta, acabó haciendo trabajos para el Ayuntamiento en general, era como el bedel del lado oscuro, sabía todo de todos y todas; eso, a la larga, era mejor que un plan de pensiones. El alcalde con la vejez se fue tranquilizando, la tranquilidad que da la fortuna amasada, claro está; pero su relax no hizo un agujero en las finanzas de Andrés, el sitio lo ocupó el concejal de urbanismo, que cada vez tenía más trabajo el pobre porque iba quedando con menos terreno y eso que iban absorbiendo cada vez más Ayuntamientos limítrofes. Andrés, en este campo era multifuncional: buscaba nuevos terrenos, echaba a las viejas de los inmuebles interesantes, lo típico de esta concejalía.

    Con todo se fueron haciendo amigos, ya iba a cenar a su casa los viernes y todo; aunque esta etapa sólo duró hasta que le rompió el corazón a su hija, Alicia. La verdad es que para él Alicia sólo fue un rollo de fin de semana; pero el concejal se puso tan nervioso al pensar que su hija del alma se pudiese quedar embarazada de aquel individuo al que tendría que dar la mitad de su herencia que tiró de  cheque, le puso los ceros que sabía que le iban a gustar a Andrés y zanjó la cuestión. Andrés cogió el cheque con todo el disimulo del que pudo echar mano para que no se le notase que ya pasaba de la chica gratis y lo agradecido que estaba porque sabía de sobra que el concejal iba a utilizar el resguardo del cheque para restregárselo a Alicia y así convencerla de que no era trigo limpio. Joder, se la sacaba de delante y encima le inflaba la cuenta corriente de ceros. Al concejal le iba a pesar un par de años después, cuando Alicia se casó con Carlos, el abogado, ¡hala! le está bien por clasista.

    Aunque Andrés no volvió a casa del concejal seguían cenando juntos los viernes, más desde que el concejal se divorció; otro cheque para Andrés, porque tuvo que medio seducir a Carmen, la mujer del concejal, que aunque no lo consiguió, en las fotos parecía que sí, y al juez fue lo que le valió. Carmen nunca se lo perdonó, y lamentó la de veces que había cocinado para el en aquellos viernes familiares.

    En una de esas cenas el concejal trajo a un amigo, el director de la Caja Universal. No fue casual que el concejal lo invitase, llevaban años haciendo negocios juntos, él no, su hija, sin que ella lo supiese, por supuesto. Pero esta vez le había pedido alguien de confianza.

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    En el fondo. Capítulo 3.

    lunes, octubre 6, 2008, 06:35 EST [General]

    Capítulo 3. Dicen.

    -    Dicen – dije.

    Y lo dije para que quedase claro que era una leyenda, que después andan estos turistas aficionados estorbando por el medio, y los que no, los hay que andar salvando de ahogar porque se han enganchado en una puerta allá en el fondo.

    -    Pues parece factible – dijo Paco.
    -    Sí, podría ser cierta – añadió Alberto.

    Lo sabía, es que les encantan estas chorradas, estoy por ir a un banco a pedir dinero para poner un bareto de estos y contar historias, los iba a tener bien entretenidos. Habían tomado cuatro cervezas en lo que conté lo del tesoro, y eso que estaban muy atentos.

    Ramón tenía cara de que él lo sabía contar mejor, ¡si hombre! si no sabía ni la mitad de los datos, todo imprecisiones; pero criticar es muy fácil. Y se hizo un silencio, no tanto incómodo sino ligeramente tenso y como había terminado mi consumición y visto que el tema de la leyenda no daba para más y que Ramón estaba de no, pensé en marchar.

    -    ¿No marcharás ya? – dijo Ramón.
    -    Sí, eso pretendía – dije.

    Me agarró la mano y me volví a sentar, no lo podía creer ¡que fácil soy!

    -    A ver Xiana, si lo del tesoro fuese cierto, ¿crees que habría manera de llegar hasta el? – preguntó Ramón.
    -    Hombre con el equipo preciso, mucho tiempo y sabiendo abrir una cámara acorazada de máxima seguridad, sí – dije.

    Admito que mi tono era despectivo tirando a muy despectivo, pero tampoco era para que se pusiese así:

    -    De verdad Xiana, acabo de recordar porque te dejé – dijo él desesperado.

    Ha, ha, ha... que iba a ser por mis contestaciones ingeniosas, haaaa, haaa, y no sería por la rubia aquella de metro noventa... y no sería por eso... iba a ser sí.

    Lo notó, o eso me pareció porque le cambió la cara de chulo a corderito. Si hombre, que me va a echar la culpa a mí.

    -    ¿Y que haces? – preguntó Paco.

    Lo dijo así sin más, yo que sabía que me lo decía a mí. Me lo aclaró Ramón con una mirada de revés, estaba de un sensible el tío. Total, que le conté que no hacía nada, que estaba en el paro. Ramón seguía mirándome mal. Este sabía más de lo que parecía, también lo noté; pero no iba  confesar allí delante de un policía a que me dedicaba, de buen rollo sí, pero con cuidado.

    Vale, a vosotr@s si que os lo puedo contar, además ahora ya tanto da. Yo soy recuperadora, es un oficio nuevo que nació después del maremoto. La gente marchó así a toda prisa y después conforme se fueron asentando en sus nuevos hogares se dieron cuenta de que habían olvidado pequeñas cosas, esas pequeñas cosas que siempre se extravían en las mudanzas y que cuando te das cuenta de que no las tienes se te hace un agujerito en el corazón: el álbm de la primera comunión, la corbata de la suerte, etc.

    Y vosotros diréis ¿y para eso tanto misterio? El caso es que, como decirlo, esta era la tapadera; o mejor dicho, la excusa, porque encargos, encargos de estos sí que teníamos, pocos, muy pocos, alguno de vez en cuando. Después teníamos otro tipo de encargos, un poco más interesados, lo típico, el joyero que cobró del seguro una indemnización por no sé cuantos anillos de platino que tenía en el mostrador y que después le da la morriña y quiere contratarnos para que bajemos a recuperarlos, sin contárselo a los del seguro, claro. Y también estaban los otros encargos, aquellos de la gente que no era exactamente la propietaria de las cosas que teníamos que recuperar, vamos que sabían que la cuñada del abuelo de la tía de menganito tenía en el colchón “algo” que te pedían que lo recuperases, para devolvérselo eso sí, claro que con tanta cosa y tanta historia igual no los daban encontrado, pero mejor que lo tuviese un conocido...

    Yo no hacía muchas preguntas, ninguna para ser exactas y normalmente tampoco conseguía recuperar todo lo que me encargaban, eso les decía, anda que las modistas no quedaban siempre con un trozo de tela cuando les encargaban un vestido, pues las tradiciones las hay que mantener y punto.

    No tenía miedo, es decir, había una especie de vacío legal entre la ley de recuperación de tesoros marítimos y la de propiedad privada, porque aún no habían llegado a un acuerdo sobre si el terreno que inundó el maremoto era marítimo o todavía seguía siendo propiedad privada. Mi teoría era que si el mar devuelve lo que no es suyo, y seguía ocupando todo aquel espacio, es que era del mar, y como ya dije antes, punto. De cualquier manera lo que hacíamos no estaba muy bien visto, a la gente le molestaba mucho eso de que otro cogiese lo que era suyo. Decían que nos estábamos haciendo ricas a su costa, pero como no nos daban pillado se aguantaban y cuando les interesaba nos hacían algún encargo.

    A rica no iba a llegar, todo lo más conseguía cosas para cambiar en las tiendas centrales, a veces podía conseguir comida para todo el mes o equipos de última generación, ya sabéis; radares, prospectores, equipos de inmersión, lo típico.

    -    Yo tenía entendido que hacías otras cosas, o eso dice tu ficha – dice Alberto.

    ¿Mi ficha? Dios ¿tenía yo de eso?

    -    Paco y Alberto también son del gremio – dice Ramón con mucha sorna.

    Joder, vaya puntería, de cualquier manera no había problema, salvo que confesase no tenían nada, nada de nada; ellos sabían a que me dedicaba ¿y que? si no me pillaban con las manos en la masa no tenían nada que hacer; sí, podían hacer un encargo trampa de esos o conseguir que algún cliente se fuese de la lengua, si la espabilación les diese para tanto. Lo que es la espabilación les dio para poner una patrulla nocturna pero no les gusta mucho mojarse y nunca nos pillan.

    -    Que tontos sois, que no hay nada, coño – dije.
    -    Bueno, eso pronto lo vamos a saber porque...

    Empezó a decir Paco, pero de repente dio un bote en la silla  como si alguien le diese una patada contundente para hacerlo callar. Eché una mirada rápida a ver si pillaba alguna señal; pero no ví nada, aunque fue de agradecer porque el tema del tesoro terminó ahí. Y también terminó ahí la tarde, ellos acabaron su consumición y se ofrecieron a llevarme a casa.

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    En el fondo. Capítulo 2.

    domingo, septiembre 28, 2008, 01:17 EST [General]

    Capítulo 2. El tesoro

    Se había confirmado la llegada del maremoto para Marzo según todas las previsiones de los expertos. El epicentro esta vez no estaba en Becerreá, bien que lo habían dicho en las noticias, el alcalde lo había vendido como un logro, el tercer punto del programa electoral “ser, por fin, el epicentro de un seísmo”, que visto lo visto no se puede asegurar con rotundidad que no fuese así.

    También coincidía en el tiempo que el ciclo económico repuntaba y ya se podían sacar los fondos en negro que se habían acumulado en las cajas fuertes privadas de las grandes entidades bancarias desde la implantación del euro, porque antes no los podían sacar sin levantar sospechas. No es que me guste hablar; pero si decían que estaban en crisis no podían andar por ahí gastando como locos, no es que al resto de los mortales nos importase, es que Hacienda igual sospechaba algo, que al final era quien importaba de verdad. En definitiva, que las arcas de los bancos, en las de verdad, en las que hay dinero en fajos de cien no en anotaciones contables; en esas había dinero a montones; pero montones de montones y aún rebosaban montones. Y en la ciudad la que se llevaba la palma, mejor dicho, los montones, era la Caja Universal, como su propio nombre indica es universal y omnipresente.

    La mayor caja de seguridad de la Caja Universal estaba en la central, pero en la central del centro, del centro de la ciudad no del centro de negocios complejo supermoderno ultrainnovador. ¿Quién iba a sospechar que teniendo el centro operativo en el Polígono Industrial guardaban el dinero en el centro de la ciudad? Pero así era, y era para no levantar sospechas y para evitar que les robasen, porque en el centro, donde estaba la central era casi imposible aparcar algo lo suficientemente potente como para poder hacer algo lo suficientemente perjudicial. Vale, algún atraco si que hubo, como en todas, pero pese a lo que había dicho la prensa, la entidad y las compañías de seguros, nunca se llevaron más que unos pocos miles de euros, pero pocos.

    Al hacerse firme la amenaza del maremoto se puso en marcha el plan de evacuación, era un plan que habían elaborado los expertos municipales asesorados por especialistas norteamericanos, de Hawaii, eran los del PTWC (Pacific Tsunami Warning Center) que tenían mucha experiencia en maremotos. No, no es que viniesen ni nada. Lo que en realidad pasó fue que en el Ayuntamiento pasaron olímpicamente de los informes de los expertos del Instituto Sismográfico, anda que iba haber aquí un maremoto, que viniesen unas olas grandes y volviesen a tirar el balaustre del paseo marítimo vale, ya casi pasaba todos los inviernos y venía muy bien para volver a contratar a esas empresas que casualmente eran las mismas de todas las veces, tampoco es que esté diciendo que el Ayuntamiento mandase a propósito las olas para mantener empresas amigas que no tienen inconveniente en inflar las facturas; pero es una casualidad digna de mención. El caso es que el Instituto Sismográfico insistió y tanto dio la paliza que se vieron obligados a hacerle caso, no por convencimiento, sino porque los muy  guasones del Instituto recurrieron a la prensa y el pánico colectivo hizo que la presión ciudadana apretase al Ayuntamiento. Total que para acallar los rumores no se les ocurrió mejor cosa que dar una rueda de prensa y decir lo previsto y estudiado que estaba el tema y que tenían todo-todo-y-todo supermegacontrolado.

    Obviamente no lo tenían, ni sabían por donde empezar, se reunió el Pleno en el Salón de los Tapices, que ya era un mérito, y bajo la consigna de “no salir hasta encontrar una solución” se encerraron por dentro. Claro está que todo funcionario tiene otra consigna que no sólo es una consigna sino que es un principio básico inquebrantable y que se antepone a cualquier otra norma o consigna: “a la hora de salir hay que salir y punto”. Teniendo en cuenta que habían entrado después de la hora del café, a eso de las 13:45 horas y tenían que marchar cada uno para su despacho para dejar todo recogido a las 14:00 horas, pues tuvieron que ser más que ágiles en la confección de la estrategia.

    El gabinete de crisis estaba en crisis propiamente dicha y durante dos minutos se estuvieron mirando unos a otras y otras a unos sin mediar palabra hasta que un desgraciado tuvo la lamentable ocurrencia de decir “ijual deberíamos decir la verdá”.


    -    ¡Mecagoen la disciplina de partido y en la madre que te parió Cabanas, mecagondiós! – dijo el alcalde.

    ¡Es que Cabanas tenía cada cosa! Después, no se sabe muy bien quien, porque después de la arrancada del alcalde cualquiera decía algo y lo cabreaba más, que no tenía mucha importancia pero después los maletines no andaban como deberían y el final de mes estaba muy cerca y las vacaciones también y el chalet en Oleiros tenía sus gastos. Una voz tímida dijo “podemos buscarlo en el google”.

    -    ¿Y eso que coño es? – pregunta el alcalde

    La Concejala de Educación, que era la que sabía de esto abrió de portátil, de internet y de google. Como tampoco era cuestión de pensar de más y como ya quedaban pocos minutos fueron al grano, pusieron maremoto y salió allí lo que no está en los escritos, bueno si que está, de hecho salieron allí todos los escritos, de más. Con urgencia bajaron con el cursor buscando un plan de evacuación de emergencia. El alcalde no lo entendía, tanto gastar en ordenadores de última generación y total había que decírselo todo letra por letra. Hicieron un último intento “plan de evacuación de emergencia maremoto”. Y allí salió, del Centro Pacífico de Tsunamis o algo parecido porque estaba en inglés, y lo único que veían claro era lo de Tsunami que eso si sabían que tenía que ver con lo de los maremotos y lo de que estaba en Hawaii. El alcalde se enfadó y dijo que aquel no era el momento para andar buscando ofertas de viajes. El Concejal de Turismo, que era el que se encargaba de viajar al extranjero para promocionar la ciudad y que supuestamente tenía un título de la Oxford University de inglés y que incluso lo hablaba con acento de Glasgow y todo, se puso delante de la pantalla y fue leyendo a su manera.

    Es de entender que el plan tuviese sólo un folio de extensión pese a que el original tuviese un montón de páginas, es que poner, poner, pusieron sólo lo que estaban casi seguros de entender. Después pensaron que era bien poner la fuente, porque siempre hay que citar las fuentes, pero más que nada para echarle la culpa a alguien, fuese lo que fuese, siempre que fuese malo, claro.

    A la prensa les coló más o menos, porque pensaron que lo que les habían presentado era un resumen claro y conciso de un plan más amplio, y porque la prensa si que sabía que había un PTWC con sede en Hawaii que vigilaba el Océano y que tenían mucha experiencia en evacuación en caso de maremotos e incluso hacían simulacros. La prensa si que lo sabía.

    También es de entender que la cosa no saliese bien de todo, aunque, todo hay que decirlo, para ser como fue no hubo que lamentar grandes pérdidas. Cuando se habló de evacuar, a lo grande, de coger y marchar, a la gente le dio la risa, si hombre que iban coger y dejar los pisos que ni tenían pagados para ir a ningún sitio y perder todo. Otra cosa con la que no había contado el Ayuntamiento, “porque en Hawaii volvían a hacer las chozas y listo” pensó el alcalde. Entonces lo que se hizo fue crear un compromiso de expropiación forzosa, el Ayuntamiento se comprometería a ayudarles en la reconstrucción de las propiedades o facilitar otras de similares características con las ayudas por zona catastrófica que iban a recibir.

    No es que la gente no tuviese miedo del maremoto, es que la gente no se fiaba ni un pelo del Ayuntamiento, así que, lógicamente, tuvieron que evacuar por la fuerza dos días antes del terrible acontecimiento. ¡Y lo consiguieron! E incluso acabaron a tiempo de que los primeros evacuados se dedicasen a llamar de todo al Ayuntamiento porque al final ni iba a haber maremoto ni nada; pero sí que lo hubo, retransmitido en directo vía satélite y seguido en directo por miles de millones de espectadores y espectadoras alucinadas que vieron el arenal de Riazor como decían que había sido hace siglos según las fotos simuladas que había en el Paseo de San Pedro cuando se retiró el mar, y después vieron también como el agua cubrió todo cuando volvió y arrasó todo a su paso.

    No es que sólo afectase a la ciudad, algo, algo también afectó al resto de la costa, pero como A Coruña estaba en el mismo epicentro y tiene esa forma de cabeza de tortuga que diría Manuel Rivas, que antes era Manolo, pero ya no, actuó de rompeolas y frenó los efectos sobre el resto. Fue también esta forma la que provocó que cuando las aguas volvieron a lo suyo, la ciudad no volviese a su estado normal sino que hizo de tope, de embalse, por decirlo de alguna manera y el agua quedase a nivel, pero no al de antes sino por encima, de los edificios y de todo.

    E aí comezou, todo quedou asulagado e ca auga chegaron os rumores de que cas presas de última hora ós da Caixa Universal non lle dera tempo a sacar a pasta, que mentras se ve un maremoto en directo hai tempo para todo. E a lenda naciu cando os xornalistas lle preguntaron ó Presidente da Caixa Universal por este rumor el desmentiuno totalmente dicindo que eran falacias e non sei que máis indignidades. Para quen seguimos os programas de corazón sabemos que iso era unha confirmación clarísima dos rumores. Así que baixo a auga no centro da antiga cidade da Coruña, no fondo, está a caixa forte máis grande de Galicia chea de cartos, e moreas de cartos, pero deses cartos que van en feixes, agardando a que alguén baixe e os rescate.

    Y ahí comenzó, todo quedó inundado y con el agua llegaron los rumores de que con las prisas de última hora a los de la Caja Universal no les dio tiempo a sacar la pasta, que mientras se ve un maremoto en directo hay tiempo para todo. Y la leyenda nació cuando los periodistas le preguntaron al Presidente de la Caja Universal por este rumor y lo desmintió tajantemente diciendo que eran falacias y no sé  que más indignidades. Para quienes seguimos los programas del corazón sabemos que eso es una confirmación clarísima de los rumores. Así que, bajo el agua, en el centro de la antigua ciudad de A Coruña, en el fondo, está la caja fuerte más grande de Galicia llena de dinero, y de montones de dinero, pero de ese dinero que va en fajos, esperando a que alguien baje y los rescate.

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    En el fondo. Capítulo 1.

    lunes, septiembre 22, 2008, 03:47 EST [General]

    Preparativos:

    Para contar bien esta historia tengo que comenzar por presentar a la gente que la protagoniza. A ver si lo hago bien:

    Andrés. Andrés, es, es un detective de poca monta, un expolicía, no salió de la policía con deshonra, salió a toda pastilla antes de que la cosa llegase a mayores, y es que el sueldo de funcionario ya bien sabemos que no llega a mucho, claro.

    Carlos. Carlos es abogado, sí, podría ser peor. Estudió para hacerse rico; pero bien sabemos que nadie se ha hecho rico trabajando así que se casó con Alicia.

    Alicia. Alicia es una niña rica, no tan niña en realidad, se casó con Carlos porque se tenía que casar y fue el único, que ella pensó, que se dejaba.

    Paco. Paco, Paquito es policía, sin ex, policía en activo, no aquí, en la capital. Es un caradura y un aprovechado; pero aquí un Paco siempre tendrá algo que hacer.

    Alberto. Alberto, Alberto es buen chico, algo mujeriego y muy descarado; pero buen chico, policía también; los puse juntos porque cuanto antes pasemos por ellos mejor.

    María. María es excepcional, mujer trabajadora, con tres hijos, ama de su casa... sólo tiene un pequeño defecto, es concejala, no, ese no es el defecto, el defecto es ser Concejala de Cultura... en este ayuntamiento.

    Josefa. Josefa también es concejala y trabajadora, Concejala de Educación nada menos, 45 años y vividora en su tiempo libre. No la juzgo, estoy verde de envidia, espero llegar a sus años y vivir así.

    Carmen. Carmen, Carmen no es que sea excepcional, es una santa, divorciada del condejal de Urbanismo, que ya tiene delito, lo de haberse casado con el, no lo de divorciarse; y también, entre otras cosas, es la madre de Alicia.

    El Ayuntamiento: por la regla de tres de los policías, debería hablar aquí del resto de personal del Ayuntamiento, pero es que son para darles de comer a parte.

    Salva. Ay Salva, Salva es buena gente, hombre; pero tan difícil de explicar...

    Sandra. Sandra es fantástica, tierna, dulce y siempre feliz, optimista por naturaleza y como algún defecto tenía que tener, pues tiene el peor de todos, está enganchada, sí, a los programas de cotilleos ¡¡nada menos!!!

    Ramón. Ramón, Ramón es, es, divino, bueno no nos vamos a engañar, Ramón es ¿guapo? no, ¿noble? no, ¿cariñoso y atento? no; pero es el protagonista y por lo tanto hay que decir que es guapo, noble, cariñoso y atento, porque sí y punto.

    Xiana. Xiana, Xiana se puede describir con una sola palabra D-i-v-i-n-a... pero de verdad de la buena verdadera de todo. Es la protagonista y además, soy yo.

    Y algún otro personaje aparecerá por ahí, pero sólo por exigencias del guión.

    Para leer bien esta historia hay que leerla muy rápido, es complicado ya lo sé; pero piensa que eres Juan Pazos en el Alfaiate contando aquello de "amanuece un nuevo día" a un público entregado.

    Procuraré hacer los capítulos cortos para que te dé tiempo a respirar, de todos modos, si ves que te vas poniendo azul y el punto y a parte no llega vete cogiendo aire.

    Y, por último, la historia llega a algún sitio, bien sé que por las múltiples interrupciones te puede parecer que no, pero te juro sobre la versión en gallego de Sin Chan que si.

    Ahora que ya está todo claro vamos a empezar.

    Capítulo 1. El comienzo.

    Andaba yo dando una vuelta por el Campo Volante, aprovechando que la marea estaba baja, que los chiringuitos estaban muy bien y los turistas, que no hacía más que venir turistas, pues algo pillaría... de trabajo quiero decir, porque es que yo estaba en el paro. Bueno, vale, pillar de lo otro; ya que no me creéis que cobrando por no hacer nada querría hacer algo, tendré que decir la verdad, pero era más interesante lo otro.

    El caso es que andaba yo distraída, mirando para un lado y para el otro, había mucho personal que te lo digo yo, y había familias con niños y perros y gatos, bueno ¡una fiesta!. Total que yo andaba muy distraída mirando para atrás mientras caminaba hacia adelante, es decir, toda retorcida, y cuando fui a poner la cabeza en la misma dirección que las piernas me empotré contra un cuerpazo ¡que cuerpazo madre mía! Era Ramón, seguía tan grande como lo recordaba, grande físicamente quiero decir, no es que fuese la luz que iluminaba mi camino ni nada de eso.

    Yo, al tropezar con él, cuando aún no había mirado hacia arriba para verle la cara y como una estaba en el paro pero tenía su educación pedí perdón, lo normal en estos casos, vamos; y el dijo:

    - ¡Estás borracha Xiana!

    En realidad no dijo esto, es un homenaje a la frase "Estás borracha Sue Ellen", porque me hace mucha gracia y porque me apetecía ponerlo aquí. Lo que de verdad dijo fue:

    - Nada, tranquila, no fue nada, bien vi que ibas distraída. ¡Eh, Xiana! ¡Eres tú! Cuanto tiempo tía, ven a tomar algo con nosotros y hablamos.

    Y fui, por tres motivos fundamentalmente:

    1º. Porque había salido de pesca y había muchas posibilidades de pescar, o mejor dicho de repescar algo.

    2º. Estaba cansada, que ya había andado mucho.

    3º. Era GRATIS.

    Íbamos hacia una mesa en la que había otros dos hombres esperando, como estaba a unos metros y tengo una agilidad mental increíble me dio tiempo a pensar, no es por presumir, es que es así:

    1º. Que suerte encontrarlo de nuevo, después de tanto tiempo, así por casualidad ¡qué fortuna! ¡qué alegría!

    2º. ¿Si ya había visto que iba distraída... como es que no se apartó para no chocar? y en conclusión ¿fue una casualidad que chocásemos?

    Y ya llegamos a la mesa. Sí, no pensé más que dos cosas, es que sólo eran unos metros, tampoco hay que ponerse así. Allí estaban Paco y Alberto, lo supe porque me los presentó, no es que los conociese ni que llevasen el nombre escrito en la cara, non.

    Alberto era guapo, pero de los de verdad, con sonrisa de campeón incluída. Paco no, lo puedo decir más suavemente, pero es así, no era guapo. Lo que sí tenían en común los tres, porque Ramón guapo tampoco era, pero tenía su punto, era un aquel de caraduras y descarados que los hacía muy atractivos. Yo pensaba que había ido a parar a aquella mesa por la casualidad de aparecer por el Campo de Marte; pero no, a medida que transcurría la conversación me fui dando cuenta de que la cosa tenía más fondo.

    Ramón empezó la conversación con un sutil y casual "esta es la escritora" mientras nos sentábamos. Yo, claro, me senté de golpe, no era para menos, no esperaba que leyese la novela y ni mucho menos que se reconociese bajo el nombre del protagonista. Era obvio que me engañaba, no lo soltaría así de pronto ni con aquel recochineo de no hacerlo. Pues estábamos bien, prácticamente le declaraba mi amor eterno entre otras cosas más avergonzantes aún. De todos modos sus amigos no hicieron mucho ademán de querer profundizar en la herida, de hecho después todo fue muy natural y no hubo más menciones al tema literario. Ramón estaba actuando como el típico coruñés haciendo de anfitrión de los típicos madrileños, es así, no hay que hacerle, a mi me gusta el chico pero es así; el caso es que les empezó a explicar todos los tópicos mientras picaban una ración de pulpo a la gallega porque no sé que les da con el pulpo a la gallega, será lo mismo que me da a mi con los rollitos de primavera en el chino, será.

    Y empezando así la cosa era cuestión de tiempo que la conversación pasase en algún momento por la historia del tesoro. Que no es cierta, quiero dejarlo bien claro, pero pasa lo mismo cuando se hunde un barco, ya puede llevar eucaliptos a la celulosa, que una vez hundido siempre tiene una caja fuerte llena de dinero. A ver, yo seguro, seguro tampoco sé si es cierto o no; pero el instinto natural es el de decir que no cuando el otro le está diciendo que sí a unos turistas, para dejarlo quedar mal. Total, que se lo estaba contando mal, mirad, vale que fuese una leyenda; pero había que contarla como era, siendo fieles a la tradición oral, o si no que se esté callado.

    - No fue en el Banco Megainternacional que fue en la Caixa Universal – especifiqué.

    - Si, eso – dijo Ramón casi sin parar de hablar, es decir sin interrumpir el relato de la leyenda del tesoro.

    Pero todo eran imprecisiones en su historia, y lo tenía que interrumpir a cada poco, que aquello era un desastre.

    - Bueno, pues cuéntala tú – dijo Ramón todo enfadado, muy sexy, eso sí, pero enfadado enfadado.

    Y así lo hice, no porque me lo dijese el, sinó porque si hay que contarlo pues se cuenta bien o no se cuenta.

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