raquelcoutoantelo
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    En el fondo. Capítulo 16

    Saturday, January 3, 2009, 11:52 AM EST [General]

    Capítulo 16. A parte y punto.

    Marcó con pulso firme, las indecisiones de niña rica habían quedado a parte.

    - ¿Que? ¡A ver hombre! Ya pensaste lo que querías – dice Andrés – como te pille tu ex gastándole el teléfono te va a poner firme.

    - Sí, ya pensé lo que quería – dijo Alicia con voz de ultratumba.

    Andrés no respondió, Alicia pudo escuchar como se movía bruscamente, como incorporándose.

    - No esperaba que dieses gritos de emoción al volver a escuchar mi voz, pero tampoco este silencio – dijo Alicia con sorna.

    Después de unos segundos Alicia volvió a hablar, en esta ocasión empleó un tono exigente. Le pidió que le respondiera “de una buena vez” y para no tener práctica le salió bien porque Andrés tartamudeó unas palabras ininteligibles que ella no entendió; pero que les dejaron claro que lo tenía firme y a su merced. Por unos segundos pensó en que sería de su vida si se hubiese puesto firme con él entonces, en lugar de dejar que su padre lo arreglase todo. Pensó en si seguiría siendo tan guapo como  lo recordaba, si aún sentiría aquel bombeo en el corazón cuando lo viese. Pero de nuevo le vino el sabio consejo de Escarlata a la cabeza, “eso más adelante”.

    Le dijo que necesitaba su ayuda para un trabajito, Andrés trató de negarse; pero ella no le hizo caso y hasta que aceptó una cita no paró. Tan pronto como colgó sintió un ataque de pánico, si el concejal se enteraba de que volvía a andar enredado con su hija lo iba a tener muy fastidiado. Pero si ella se iba de la lengua con la mujer del concejal tampoco iba a acabar mucho mejor, lo podía denunciar por perjurio y todos los juicios en los que había testificado en falso quedarían en cuestión y quien sabe si anulados. Sopesando las opciones que tenía se tranquilizó y decidió que actuara correctamente al aceptar la invitación de Alicia. Echó un poco atrás la memoria y se recordó retozando con una joven y excitante Alicia, después de todo la decisión sí que había sido acertada, pensó mientras sonreía entre dientes.

    Habían quedado en una cafetería del Burgo, una que conocían bien de sus tiempos juveniles, Andrés ya estaba en la mesa cuando ella llegó y eso que llegó puntual. Alicia pensó que lo tenía dominado, pero prefirió no confiarse porque ya sabía a donde conducía el exceso de confianza con el galán de medio pelo aquel. Andrés se levantó al ver que se acercaba, lo hizo en señal de respecto, en señal de admiración, y lo hacía en todos los sentidos de la palabra; llevaba allí media hora y miraba con atención a todas las mujeres de más de treinta que entraban por la puerta, echaba cuentas de si había envejecido mal, si había engordado, si había dejado de teñir el pelo, si lo había cortado en plan maruja; pero cuando la vio entrar con aquel desfilar de modelo, aquella presencia e diva, aquel todo, quedó alucinado, de arriba a abajo, entero del todo. ¡Que buena está la hija de su madre! pensó para sus adentros, disimulando todo lo que podía disimular que estaba babeando.

    Alicia no se dio cuenta de lo encantado que estaba Andrés con su presencia y eso que era bastante perceptiva en ese tema, sobre todo desde que encontró su primera cana, se preguntaba continuamente si seguía conservando su atractivo y cuando un hombre la miraba un mínimo ella lo analizaba para saber si lo hacía con admiración o simplemente para no tropezar con ella. En su defensa decía que la mayoría de las veces era con admiración. Pero en este caso estaba demasiado ocupada mirando a Andrés, no, no era tan guapo como lo recordaba, de hecho en un primer vistazo sintió repulsión hacia si misma por haberse acostado desnuda al lado de aquello. Andrés había tenido el envejecimiento, en realidad no habían pasado más que unos pocos años, de los excesos: demasiado alcohol, demasiado tabaco, demasiada fiesta. Pero cuando se sentó en frente a él y la miró con aquellos ojos de galán le encontró un atractivo de George Clooney que aún era peor que el de guapo galán de medio pelo.

    Fue la intervención de camarera la que hizo que las admiraciones mutuas se diesen un respiro y que Alicia volviese a escuchar a Escarlata en la oreja diciéndole, “eso para después” y se pusiese al tema.

    Andrés no escuchaba ni palabra de lo que le estaba diciendo, ya había pasado de recordar las tardes de diversión y estaba en lo de imaginar noches de pasión desenfrenada. Y cuando Alicia le preguntó cuando empezaba él respondió que de inmediato. Lo dijo sin saber a que estaba respondiendo, claro y fue después de terminar el café cuando espabiló que le preguntó exactamente lo que quería. Alicia, entonces, lo miró fijamente y sí, por fin, se dio cuenta de la mirada de lascivia de Andrés. Sonrió por dentro, se dijo “te vas a enterar”. Con paciencia le explicó que quería que siguiese a su marido, Carlos, que sospechaba que la estaba engañando y le dio una foto, la dirección del trabajo y algún detalle más.

    Andrés cogió la foto y vio un guapito de cara con pinta de niño bien estirado y que por encima se le hacía muy conocido. Hizo memoria, pero no lo daba situado y como le parecía más entretenido seguir repasando a Alicia prefirió pensar que igual lo había visto con el concejal en alguna ocasión.

    Alicia se despidió de el con frialdad, para fastidiarlo, ahora que sabía que aún conservaba su atractivo se lo iba a hacer pagar bien caro. Andrés la siguió con la mirada mientras salía de la cafetería. ¡Está impoñente! volvió a pensar Andrés.

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    En el fondo. Capítulo 15.

    Saturday, December 27, 2008, 11:19 PM EST [General]

    Capítulo 15. Inteligencia artificial, inteligencia natural.

    ¿Y si sigue siendo inteligente, donde podríamos conseguir una tarjeta? ¿Y si conseguimos una tarjeta valdrá para la antigua central o ya habrán cambiado los códigos?

    - ¡Que si son suficientes! – dijo Ramón bastante alto.
    - ¿Como? – pregunté.
    - ¿Que si te llega el dinero? – dijo Ramón – quedaste en trance, no sé si te parecen muchos o demasiado pocos.

    Le dije que de momento llegaban, de repente me sentí violenta aceptando su dinero y a punto estuve de devolvérselos; pero al dinero le cuesta mucho salir de mi cartera así que me levanté con mis remordimientos y marché. Ramón vino detrás y me preguntó si me pasaba algo, que me notaba muy distante, que si estaba bien y que sentía mucho el gritarme, pero había dormido poco y estaba algo irritado. Yo andaba dándole vueltas a lo de la tarjeta y no percibí su arrepentimiento por lo que no me pude aprovechar de él, no económicamente como con lo del oxígeno, sino emocionalmente Imagino que marchó por su lado, iba demasiado entretenida con lo de la inteligencia artificial.

    Llamé a Sandra para preguntarle cuando era la próxima conferencia en la Caja Universal. Quedó estupefacta, nunca tal pensó que le iba a preguntar. Me dijo, como ya sospechaba, que no tenía ni la más remota ida, pero que podíamos ir a dar una vuelta hasta allí y ya lo mirábamos.

    Alicia miraba a Carlos con recelo, había días que lo notaba despistado y, sobre todo, demasiado interesado en los negocios de su padre. Ella no sabía mucho de las cosas del Ayuntamiento, algo que le contaba su madre; pero los Asuntos Sociales no eran de su interés, no había más que problemas, demasiado estrés. De su padre sabía que no hablaba más que de urbanizaciones, aceras e historias parecidas. Carlos había sido al principio un oasis, pero cada vez estaba más convencida de que aquello que le decían las malas pécoras de sus amigas sobre que andaba con ella por el interés era cierto. Ella, en el fondo, sabía que bien podía ser cierto, siempre había sido muy ambicioso, pero buena gente, o por lo menos guapo.

    En realidad lo había pensado por la mañana, en el desayuno, le iba a poner fin a aquella situación y hablar abiertamente con su marido, haría la pregunta:

    - ¿Qué nos está pasando?

    Y esperaría con paciencia a que el pusiera cara de no saber  de que le estaba hablando, que le dijese que todo eran imaginaciones suyas y que su vida no tendría sentido sin ella. También esperaba que al día siguiente le trajese un ramo de rosas, de las rojas y sin espinas, y que le pidiese perdón por descuidarla, por dar por hechas muchas cosas y que la mimaría como la primera vez. Pero no se atrevió, no fue capaz siquiera de no hablar de otra cosa que no fuese el tiempo. Pero se atreviera o no a hacer la pregunta lo que no iba a permitir era que la desazón le durase ni un segundo más. Y fue allí mientras metía los platos en el lavavajillas donde decidió tomar medias.

    Cuando él se despidió y le dijo que iba al despacho ella fue detrás; pero los tacones de sus peep toes hicieron demasiado ruido y Carlos la pilló en plena faena. Ella dio disimulado bien, le dijo que iba de compras y Carlos no le puso más peros, era lo que hacía siempre. Aquello le mostró claramente a Alicia que lo de seguir a su hombre al trabajo no era lo suyo. Si tenía que elegir entre ir calzada a la última y saber la verdad sobre lo que ella sospechaba de su marido tenía ante sí un dilema de difícil solución; por lo que decidió que lo que tenía que hacer era llamar a aquel antiguo novio suyo que tan buenos momentos le hiciera pasar, que tantos momentos sórdidos le diera para contar a las pécoras de sus amigas. Sí, estaba pensando en llamar a Andrés, en realidad no lo estaba pensando, lo pensó en el momento en el que estaba volviendo a casa para cambiar los tacones por las trainers de cuando jugaba al tenis en el club.

    Lo llamó desde casa, no pudo disimular una cierta emoción adolescente mientras sonaba el pi de la espera. También imaginó una tórrida escena sobre la mesa del despacho resultante del intento de Andrés por consolarla ante la infidelidad de su marido.

    - ¿Qué pasa tío? ¿Andas haciendo vida familiar? – dijo Andrés con confianza.

    Alicia quedó paralizada, sin saber que decir.

    - ¡Oyes! – di Andrés gritando - ¡Eeeehhh!

    El corazón de Alicia latía con fuerza, como la primera vez que había entrado en la habitación de sus padres buscando preservativos.

    - ¡Bah! volvió a confundir el inalámbrico con el mando a distancia, yo cuelgo ¿me oyes? – gritó de nuevo Andrés – anda y que te den.

    Alicia no sabía si matar a su padre o dejarlo vivir para que viese como se divorciaba del abogado que tan bien le había parecido para casarse con ¿cómo le había llamado? “sinvergüenza profesional y gigoló accidental”. Si no fuese tan fina y se estuviese mirando en el espejo del vestíbulo soltaría un taco tipo “será cabrxxx”; pero no, no lo soltó. Su padre seguía hablando con aquel malnacido que había intentado desvirgar a su hija, eso era todo lo que tenía que saber su padre; con el malnacido que había dicho en el juicio de divorcio que su mujer era una cualquiera. Daba igual, como decía Escarlata, de eso ya se ocuparía mañana.

    Cogió de nuevo el teléfono y volvió a marcar.








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    En el fondo. Capítulo 13.

    Saturday, December 13, 2008, 10:48 PM EST [General]

     Capítulo 13. Paz interior.

     
    -    Bienvenida Xiana – dijo Javier Carimbano –es un placer tenerte con nosotros esta noche.

    Me senté, la verdad es que estaba algo nerviosa, el público aplaudía con cariño y el momento de ver en persona a Javier Carimbano fue muy emocionante. A Charo la había conocido unos meses antes en una cena benéfica a la que me había invitado Rosalía Cundíns y en la que me presentó por fin a su marido. No es que tuviese mucha urgencia por conocerlo ni que se me fuese la vida en el tema; pero le había prometido a Sandra una foto del espécimen en cuanto le dije que había conocido a Rosalía.

    A Aría la había conocido en la boda de Cuquita, no me coincidió de sentarme cerca de ella, pero a la hora de la música y las copas de madrugada acabó saludando a todo el mundo, haciendo gala de su genio y simpatía. Más complicada es la relación con Artur y Vismi, no es que me molesten, pero tenerlos detrás todo el día a veces me agota. Nunca llegué al extremo de montarles un número, ni a ellos ni a las que me esperan con el micro en la mano a la salida de casa; pero a veces me da ganas de echar de menos aquellos tiempos en los que podía salir de casa con la legaña y la mala leche.

    Cuando el regidor mandó sentar al público y la música se detuvo, miré a Javier, el me miraba con su sonrisa irresistible  medio me ponía tontita. Pero no me dio mucho tiempo, volvió a decirme que me daba la bienvenida y que era un placer y que me agradecía mucho el estar allí. La verdad es que fui porque Sandra me mataba si les decía que no, pero bien sabía que me iban a dar caña a más no poder; pero es que a Sandra le daba algo, no paraba de decirme que a mi que más me daba, que no me iban a quitar nada, que era un montón de dinero para limpiar mi imagen donándola a una ong y quedando divinísima. Y después de un mes así todos los días, todas las horas, todos los segundos, que aún estando con su novio me llamaba para insistir en el tema que lo tuve que llamar a ver si la entretenía en condiciones porque ya le valía. Total que estaba cagadita de miedo.

    Lo primero fue poner el vídeo resumen con las novedades de los tres últimos meses, en realidad fue ahí cuando realmente se empezó a hablar de mi, a salir en las fotos, antes me seguían porque aparecí en las fiestas así como de la nada y suscité algo de curiosidad. Creo que ese fue mi gran error, porque me di a notar mucho, porque me di a notar mucho con chicos muy guapos, y porque me di a notar mucho con chicos muy guapos y muy famosos, y porque me di a notar mucho con chicos muy guapos y muy famosos en sitios muy conocidos y frecuentados por muchos famosos que son seguidos por muchos periodistas. Pero no fue buscado, me salió así, una cosa llevó a la otra y al final...

    Lo más duro fue ver como lo metían en la cárcel, nunca pensé tal, Paco tampoco, de hecho fue él quien me llamó para darme la noticia, sin embargo, y mientras lo veía entrando escoltado por la guardia, me sorprendió que me diese pena; porque lo tenía bien merecido. Aría me lo debió notar porque fue le primero que me soltó.

    -    Mientras veíamos las imágenes me fijé en que hubo un  determinado momento en que asomó en tu rostro el fantasma de los remordimientos ¿es realmente así? ¿porque acto seguido desapareció?

    La mejor forma de enfocar aquello era con la verdad, porque sabe dios que más ases tenían en la manga y los prefería tener de buenas que enfrentarme a ellos. Así que les conté todo, todo y todo.

    -    Ramón es un antiguo novio, no hay ningún remordimiento, éramos muy jóvenes cuando salíamos y la verdad es que perdimos el contacto hace tiempo; supe de su detención por un amigo común y lo sentí mucho, porque es muy buena gente.

    Ahí mentí un poco, sabía de sobra que lo de buena gente se limitaba a que en el fondo no cometía delitos de sangre, nunca había agredido a nadie con o sin motivo y que tampoco era cruel ni se aprovechaba de la gente cuando ésta estaba en desventaja; pero ser era un cerdo y siempre lo había sido. Lo que pasa es que en el fondo aún había algo.

    -    Siento verlo en esa situación. Que a mi se me relacione con el delito que se le imputa es secundario y sin fundamento legal que lo sustente.

    Aría sonrió con malicia, Charo cambió de postura y puso mala cara y Vismi se partía. Artur me interrumpió y me dijo que si que había fundamento, de hecho le habían llegado informaciones muy fiables sobre el tema. Yo argumenté que mientras esas informaciones no fuesen estimadas oportunas por un juez no tenían validez legal y eran meras especulaciones. Charo se alteró más.


    Aría me preguntó por el origen de mi fortuna porque en escasos dos años me había hecho un hueco en la high society y sin acostarme, de primeras, con un famoso. Yo le aclaré con gusto que hice unas inversiones acertadas cuando repuntaba la economía del país y que no había sido la única, después me dediqué a disfrutar de mi fortuna, ya que entendía que para eso era el dinero, y sí, para pudrir en un banco no lo tenía. Charo se revolvía.

    -    ¿Y de donde obtuviste el dinero para esas inversiones? – preguntó Charo.

    -    De una herencia - dije con una tranquilidad pasmosa.

    Ahí Charo ya no aguantó. Apeló a nuestra amistad, las tardes compartidas en casa de Rosalía y me pidió que fuese sincera.

    -    ¿Existió realmente tal herencia? Porque en Hacienda no saben de ella.

    Yo dije que sí existía aunque no había sido una herencia en el sentido estricto de la palabra, que no me gustaba mucho hablar de eso porque provenía de una persona que había obtenido una indemnización del seguro por lo del maremoto y que realmente no había perdido el bien asegurado, y que fue ese bien el que me transmitió una vez falleció. Y no mentía, la Caja Universal no había declarado la pérdida del dinero del tesoro, que la culpa fue suya. También dije que yo sí había declarado ese bien y que Hacienda nuncha me había preguntado de donde lo había sacado, y si no lo hizo sería porque le interesaba más lo que recaudaba que la procedencia lícita o no de mis ingresos. Charo pareció calmarse, como si con mi respuesta consiguiese demostrar sus argumentos y no quedar mal con el programa.

    Pero Vismi tenía más ases en la manga y me preguntó si esa persona había favorecido a más gente con tanta generosidad porque Ramón había alegado en su defensa algo muy parecido. Yo dije que sobre eso no podía decir nada, pero que podía ser porque con el maremoto salió a la luz mucha economía sumergida y había que darle salida.

    -    ¿Y esa persona tan generosa podría tener un algo cargo en una entidad bancaria? – preguntó Vismi con ironía.

    Yo le aclaré entre risas que en mi caso no y que no conocía a ningún alto cargo de entidad bancaria alguna que fuese generoso en ninguna medida. El público aplaudió entre risas. El presentador sonreía encantador.
    -    ¿Y en el caso de Ramón? – insistió Vismi, también sonriendo.

    Volví a decir que no conocía los pormenores del caso. Y era verdad, no conseguía que nadie me contase como de un día para otro había aparecido Ramón detenido acusado del robo del tesoro secreto de la Caja Universal. Es que no me cabía en la cabeza como la Caja llegara a denunciarlo y como Ramón llegó a inculparse, o permitir que lo inculpasen. Ya había perdido el contacto con Alberto y Salva estaba de viaje por el mundo, y desde que había cambiado su residencia para el Caribe sólo hablábamos de sus viajes y de la paz interior. Fue como un pacto tácito, no volvimos a hablar de aquel día. Sandra fue la más discreta de todas, siguió viviendo como siempre y parecía disfrutar más con las aventuras de Salva y con las mías que con el dinero que tenía, era feliz y punto.

    -    ¿Pero hay pruebas de que por aquella época manteníais una relación? – dijo Artur.

    -    Si hay pruebas pronto me llamarán a declarar, de momento no las deben tener tan claras como tú.

    -    También hay pruebas de que te dedicabas a rescatar bienes sumergidos después del maremoto – Artur.

    -    No, no creo que las haya, habrá comentarios como de tanta otra gente y aunque así fuese, el rescate no implica delito alguno.

    -    No veo que nieges tajantemente las acusaciones de mi compañero – dijo Aría – por algo será.

    Y ahí la cosa se puso más cruda, porque yo me puse nerviosa, porque esos se dieron cuenta y porque comenzaron a sacar declaraciones de...

    -    ¿Que pasó?
    -    Nada, ya está, se desmayó, dejadle tomar aire, ya está.
    -    ¿Está muerta?
    -    ¿Pero qué dices, estás tonto?






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    En el fondo. Capítulo 12.

    Monday, December 8, 2008, 07:07 AM EST [General]

    Capítulo 12. En el fondo. Primer intento.

    El agua estaba fría y por mucho empeño que puse en pensar que no había monstruos marinos ni cadáveres con bloques de cemento en los pies, acabé pensándolo. Aún así seguí adelante, mejor dicho, seguí abajo. La escalera se enroscaba hacia la profundidad, pero apareció ante mi un descanso de decoración exquisita que daba entrada a una habitación, una estancia tan espectacular que me pareció digna de atención. Supuse que era la sala de espera de la caja fuerte por ser un salón antiguo, con clase, hecho a medida para que la gente con dinero se sintiese cómoda dejando allí su riqueza de oscura procedencia.

    Contra la pared había una mesa de castaño de patas gruesas y cajones con incrustaciones de marfil, y tuve suerte de dar razonado que la lancha no podía con ella porque de repente empezó a parecerme más interesante que la dichosa leyenda del tesoro. Encajada entre la mesa y la pared había una silla también de madera maciza y sin aparente desperfecto. Por mucho que bajase siempre me asombraba encontrar encontrar una escena como aquella, casi intacta, conservada, esperando, era emocionante, me hacía sentir bienvenida. Nadé por toda la estancia buscando la puerta de la caja; pero desde luego no estaba allí. Ya me estaba oliendo que la leyenda era un fraude. Salí del salón y seguí escaleras abajo.

    Abajo todo era hormigón visto, algún pez vino hacia la luz y me dio un bocado en el pie que casi me deja en el sitio, no por el dolor sino por el susto. No sé cuanto bajé, el indicador de la bombona estaba por la mitad, pero la escalera seguía y no había nada más que escaleras y peces. No quería mirar arriba porque ya me estaba arrepintiendo. Por fin la bajada se fue haciendo más ancha y la escalera terminó en una estancia amplia, recubierta de un metal brillante, acero posiblemente. Di una vuelta alrededor, despacio, esperando encontrar la puerta de la caja, o no encontrarla, quien sabe, a veces es mejor que las leyendas sigan siendo leyendas y evitar la decepción. No la ví, la estancia era circular y continua, no había la rueda que parece un timón que se ve en las películas, tampoco la ruedecita pequeña con números y rayas alrededor. Tuve que hacer la ronda más despacio y más cerca para descubrir donde estaba la puerta, porque tenía que haber una puerta, no podía ser que ahora que estaba allí, ahora que por fin comenzaba a creer en la famosa leyenda, ahora que me habían convencido, no hubiese tal.

    Quité el guante de la mano derecha para ir tocando la superficie, no debía hacerlo, el olor de la piel atraía a los pequeños descendientes de Gastón, nunca supe de nadie que hubiese resultado herido por estos bichos, pero cuando me coincidió de encontrar uno de frente me cagué de miedo en cuanto le ví abrir la boca y me enseñó aquellos dientes afilados. No sé porque lo hacían, porque ni se acercaban para morderme, ni tenían comida alrededor; pero siempre lo hacían cuando me los encontraba de frente, sería como la tinta de los calamares, para espantar. Y si ese era su objetivo lo conseguían sin duda.

    Subí y bajé por la pared varias veces hasta que encontré la unión, estaba justo enfrente de la bajada de las escaleras, no la noté al tocar, fue cuando me alejé y la luz se reflejó en dos colores, el metal tenía los brillos de un lado hacia arriba y del otro hacia abajo. No me explico como no lo ví de primeras. Llegados a ese punto golpeé de un lado y del otro, poca fuerza podía hacer porque la presión era bastante y me costaba moverme, el empeño iba hacia encontrar la manera de abrir la compuerta, si es que la había, también tendría chiste que estuviese dándome de leches contra una simple pared. Miré de un lado a otro de nuevo, por alguna parte tendría que haber un botón, o una palanca, o algo; claro que también quedaba la opción de que se abriese con una llave o mando a distancia, tendría gracia la cosa.


    - Sube. Repito. Sube – gritaba Salva en la oreja – ¡Sube ya!
    - Ya voy, un momento – dije.
    - Un momento no. ¡Sube ya! – ordenó.

    No tuve más remedio que hacerle caso, parecía que lo decía en serio; pero marchaba con cierta sensación e fracaso por no haber conseguido el objetivo y dándole vueltas a la sala de acero, repasando mentalmente toda la estancia. De repente lo ví, lo ví claro, tenía que estar en el pasamanos, en algún sitio. Volví a bajar. El pasamanos era una barra de acero, clavada en la pared con la separación suficiente para que una se pudiese agarrar en condiciones, no había adornos y cuando llegué abajo de todo, al final, y ví que no había nada pensé que sólo se me ocurrían tonterías.

    -    ¡Sube hostia! – gritaba Salva.

    Di vuelta para subir, todo quedó a oscuras, en silencio, en paz.

    -    ¿Dónde estás? – gritaba Salva a lo lejos - ¡Sube, coño!

    Podía escuchar las pequeñas corrientes de agua esquivando los caprichos de un arquitecto poco previsor.

    -    ¡Sube de una vez! – dijo Salva perturbando aquel momento de paz – ¡Sube por lo que más quieras! – decía desesperado.

    Su desesperación quebró la paz que estaba sintiendo, despacio, con la linterna me fui abriendo paso.

    -    Voy a bajar, le pasó algo – hablaba Salva desesperado.

    Seguí subiendo, no entendía la desesperación de Salva, pero tampoco me di cuenta de tranquilizarlo.

    -    ¡Coño Sandra, apura con la condenada botella! – decía Salva.

    Ya lo podía ver, desde abajo parecía aún más histérico que en la superficie. Me dio la risa. Salí del agua y me acerqué a la lancha. Ví que Paco venía con urgencia y que Salva lo seguía con la mirada hasta mi, puso una cara de desesperación que no entendí, igual había pasado algo mientras estaba abajo. Me echaron una mano y me sacaron del agua, de nuevo volví a sentir la paz aquella del fondo.

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    En el fondo. Capítulo 11.

    Sunday, November 30, 2008, 04:04 PM EST [General]

    Capítulo 11. Tres son multitud, cuatro son la leche.


    -    ¿Qué Paco? ¿te unes a nosotros? – pregunté en el intermedio.

    Paco me miró sorprendido, Salva me miró asustado y Sandra miró a Paco como si por primera vez se diese cuenta de que estaba allí. Paco no supo que decir, tampoco le di tiempo, respondí a mi propia pregunta diciendo que si y en aquel momento decidí que ya era hora de pasar a la acción.

    -    ¿Qué vamos? – dije.
    -    ¿Ahora? – dijo Paco.
    -    ¿Ahora? – dijo Salva.
    -    ¿Ahora? – dijo Sandra.

    Paco lo decía porque no le daba tiempo a avisar a Ramón, Salva porque no le daba tiempo a ir a por el equipo a su casa y Sandra lo decía porque todavía faltaba la última hora de Ni Glamour ni Corazón.

    -    No, cuando termine – dije señalando a la televisión.

    La verdad es que Sandra respiró aliviada, Salva hizo un ademán de levantarse pero no le dejé, le dije que solo bajaría yo, que él tenía que quedar vigilando arriba con Sandra y con Paco. Incluí a Paco en el plan porque me parecía buena gente, no el tipo de buena gente que se siente agradecida por incluirla en el grupo y no te da una puñalada por la espalda; no, de esa clase de buena gente no, sino de la que es buena pero que hay que tener vigilada por si le da por ser leal a sus amigos. Paco se levantó y fue a mirar por la ventana, en el reflejo ví que tenía el móvil en su mano. Tampoco importaba, si hablaba con Ramón, suponiendo que ya hubiese salido del Venus, no iba a tener mucha energía para venir de madrugada a un fondo submarino.

    Pasada la publicidad el último tiempo del programa deparó pocas sorpresas, una actriz porno y una vieja gloria de la Revista. Podía ser un friki y un cantante de los de antes, un actor porno y una viuda olvidada... Y aún no habían terminados los títulos de crédito cuando los mandé poner en marcha, que para eso me había puesto al mando. Sandra vino sin rechistar, creo que para olvidar, porque a ella lo de la nocturnidad y alevosía nunca le llamó, Paco venía porque venía Sandra y porque en algo había quedado con los otros, o eso sospechaba yo; y Salva por ver si terminaba todo, total poco tenía que perder.

    De camino Paco no hacía más que preguntar donde estábamos, y cada vez ponía voz de más asustado. Era de entender, pero nosotras nos mirábamos y nos reíamos por dentro, era de entender porque la ciudad de noche está completamente a oscuras, en la zona cero quiero decir, la poca luz que hay proviene de las líneas que recuperábamos, que enganchábamos la red eléctrica sin, obviamente, autorización alguna. Aunque nosotras ya casi andábamos sin ver, aquella noche había luna llena. Sí, efectivamente ese era el motivo por el que me había lanzado de aquella manera tan impetuosa a la aventura.

    Tuvimos que pasar por mi casa para recoger el traje, el agua todavía está más fría de noche y meterse sin neopreno no era muy recomendable, por lo menos yo no lo haría. Conforme bajábamos por la antigua Avenida Finisterre la oscuridad se hacía más patente, y Paco apareció abrazado a Sandra sin pretenderlo, a lo mejor inconscientemente sí que lo pretendía, pero Sandra lo tomó por el lado inocente. Ella de momento lo vio como tal, como a un ser inocente que se estaba iniciando en el mundo de la noche, pero en el de verdad no en ese de luces de neón que confunden.

    La marea estaba alta, llegaba hasta la puerta del Hiltom. Les dije que esperasen allí, tenía que ir a por la lancha, una de esas embarcaciones que teníamos, porque una ordenanza municipal las declaraba ilegales en la zona cero, cada quien tenía su escondite y nadie sabía el del resto, más por precaución, para no irse de la lengua en caso de interrogatorio que por desconfianza. La mía la escondía en el edificio del antiguo Cine París, estaba en el mismo centro y era un edificio pequeño, nadie se acercaba por allí sin lancha, había que nadar un buen trozo y saber por donde, los escombros hacían un suelo más peligroso que las arenas movedizas, sin embargo el edificio aguantaba muy bien las embestidas del mar y tenía pisos superiores donde donde podía guardar las bombonas y alguna cosa más en caso de emergencia.

    La ciudad estaba en silencio, imaginé que estarían pescando; pero de la pesca de verdad, de la de comer, con la luna llena, en verano, la mayoría aprovechaban para eso o para montar fiestas, a los turistas les gustaba la candestinidad y dejaban mucho dinero, aunque tampoco era una cosa sabida, lo que menos les interesaba era que se supiese, no porque se presentase la policía sino porque los establecimientos legales se ponen muy serios cuando se les quita demasiada clientela. No era el caso, con la marea llena poca gente podía ser. De cualquier manera en la zona no había movimiento. Puse a andar la lancha, me preocupó que me quedasen sólo tres bidones de combustible, me había despistado, como la cosa durase mucho aún íbamos a tener que remar.

    Los pillé por sorpresa, a Paco lo salvó estara agarrado del brazo e Sandra, Salva hablaba por el móvil. Paco miraba atrás continuamente, mientras Sandra y Salva subían. Pareció dudar, pero subió. Después, cuando se vio entre los escombros y la sombra de los edificios con las columnas desnudas y los cristales en añicos era el único paisaje le quedó la cara que se nos puso a todas la primera vez que nos enfrentamos a aquel paisaje, entre estremecida y emocionada. Recuerdo que sentí una especie de respeto por aquellos edificios que se negaban a devolverle su sitio al mar, que quedaron allí de pie para que los viésemos, no para que los cambiásemos por unos nuevos, sino para que los quisiésemos con sus defectos.

    El edificio de la Caja Universa era fácil de encontrar, tenía en el tejado una bola del mundo de metal plateado que brillaba con la luna como la de una disco retro. Nos metimos en el interior hasta llegar a las escaleras, paré el motor, Salva bajó de la lancha y la ató al pie, mejor dicho a la pierna, de una figura de un romano de imitación medio en bolas que tenían como supuesta decoración de buen gusto en la sede de la famosa entidad. Bajó Paco y después Sandra que me ayudó con las bombonas de oxígeno. Puse el equipo y empecé a bajar por las escaleras. En las gafas tenía un walkie con el que hablaba con Salva, era raro que pasase algo, pero tampoco quería morir allí. Había traído una bombona a mayores, aunque esperaba no necesitarla. Escuché que Paco le preguntaba a Sandra por la cobertura.


    -    ¿Cobertura? ¿Aquí? – preguntó Sandra, sin darse cuenta de que hablaba con alguien de fuera – no, aquí no hay, no pueden, es la zona cero, no es legal, las operadoras tienen que dejar libre esta zona sino pierden la licencia.

    La voz de Sandra sonaba cada vez con más eco hasta que la dejé de escuchar. La linterna me iba enseñando el famoso sótano de la Caja Universal, contra lo que se pudiese pensar el corazón latía con fuerza, emocionado ¿y si la leyenda resultaba cierta?

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