Capítulo 47. Adrenalina.
- Xiana ¿qué haces en el suelo? vas a agarrar un resfriado, tápate – dijo Sandra con voz dulce.
La vi como en un sueño, no queriendo despertar, cansada y con la espalda destrozada. Ella me acercó la manta del sofá y me tapó, o eso me pareció que hacía, yo luchaba con los ojos para que no se cerrasen pero la verdad es que sin mucho entusiasmo, y sin mucho éxito.
- Xiana, despierta – dijo de nuevo Sandra a mi lado.
Y desperté tan ancha como era yo, sin muchas ganas y con una alegría soterrada por encontrar de nuevo a Sandra, tan bien, tan tranquila y sobre todo tan viva. Ella me miraba de un modo extraño como queriendo decir algo sin poder, no hacía más que mirar la manta que me había puesto encima y detrás de mi. Cuando se cansó de que no le entendiese las señas me agarró la cara con las manos y me dio la vuelta para que viese detrás de mí a Paco, Alberto, Andrés, Alicia y como no a Salva partiéndose de la risa. Me tapé rápido y aguanté la vergüenza como pude y fui andando hacia mi habitación toda digna y sin decir ni una palabra. Me vestí aunque por mucho que lo intenté no daba quitado la sensación de desnudo que me había dejado despertar delante de tanta gente. Y por fin salí a dar la cara, seguía notando las miradas de broma, claro que bien podía ser percepción mía.
- ¿No estaba Ramón contigo? – dijo Andrés.
Ni me acordaba de él, ya estaba convirtiendo en una costumbre lo de dejarme tirarme mientras estaba inconsciente, era como el príncipe azul de revés, en lugar de venirme a despertar aprovechaba que dormía para huir, era una revisión interesante de los clásicos, penosa, nunca hay un príncipe Caspian cuando hace falta.
- Pensé que estaría aquí, se ve que consiguió lo que quería y ya no le haces falta – dijo sin compasión.
Y no sé si se refería al revolcón o a las escrituras o a las dos cosas, el caso es que el muy desgraciado tenía razón.
- ¿No te dijo a dónde iba? – preguntó Alberto.
- Pues no, no me lo dijo – respondí por fin - ¿y vosotros que hacéis aquí? ¿No estabais desaparecidos?
- ¿Desaparecidos? – preguntó Sandra alarmada.
- Sí, te llamé mil veces y no respondías, no sabía donde estabas, ni Salva tampoco – dije.
Sandra miró a Paco con ojos enfadados, cosa que disipó todas las dudas sobre su implicación en lo que fuese que estaba ocurriendo. Paco se encogió de hombros, y Alicia parecía disfrutar con el enfrentamiento de los osos amorosos, miraba con ojos cómplices a Andrés y lo agarró por el brazo no fuese a escapársele ¿ves? eso tenía que aprenderlo porque a mi se me escapaban siempre. Salva me miró como no queriendo que lo metiese en el fregado, como si no fuese con él, y comenzamos una discusión de “yo no dije, dijiste tal, fuiste tú, que iba a ser” a la que se apuntó todo el mundo y que nos llevó un buen pedazo y que no tenía traza de terminar si de repente no hubiésemos escuchado un golpe tremendo en la puerta y pasos firmes que venían hacia nosotros.
Di la vuelta esperanzada, pensando que era Ramón que había vuelto; el resto miró por ver quien era e incluso hubo quien echó la mano al tobillo o a la axila, sabe dios buscando qué.
No era Ramón, era Carlos que entró histérico, tipo hulk, todo descamisado.
- ¿Dónde está el dinero? – dijo gritando, como si nos estuviese atracando.
Andrés agarró la mano de Alicia y la soltó de su brazo, se puso delante de ella y después delante de todos haciendo de escudo humano y le plantó cara a Carlos. Que no era muy difícil, porque en cuanto vio que había tanta gente mirándolo se asustó, disimuló, pero se le notó en la cara y en las veces que miraba hacia atrás, imagino que temiendo que entrase alguien y lo pillase por sorpresa. De cualquier manera Andrés cumplió con su papel de machomán delante de Alicia, que era la única que le prestaba atención. Sandra, Salva y yo aprovechamos para decirnos cuatro cosas por lo bajo, lo típico: yo no sabía, yo no quería, bueno y que más da, tanto da, ¿que hacemos con este? ¿que sabéis? ¿y el dinero?
Carlos repitió varias veces que quería el dinero, que su suegro le había dicho que los teníamos nosotros y que los quería. Andrés ayudado de Alberto trataron de convencerlo con estrategias de negociación baratas, teniendo siempre claro que Carlos no empuñaba arma alguna ni metía miedo. De cualquier modo consiguieron calmarlo y convencerlo de que el dinero seguía en el fondo, yo eché una sonrisa irónica cuando escuché semejante cosa y Carlos vino hacia nosotros.
- ¿Sabes donde está? – preguntó.
Le dije que no, y era cierto, pero que sabía que lo tenían ellos, no sabía donde, pero que lo tenían seguro, segurísimo. Me miraron mal todos, incluidos Sandra y Salva.
- Que sí, que el dinero lo llevaron ellos – repetí.
Sandra miró suspicaz a Paco de nuevo y otra vez aquella mirada en Alicia. Que sí, que me calentó la moral.
- No, si la idea fue de Ramón, y de esos dos – dije señalando a Andrés y a Alberto.
Sandra respiró aliviada y aún más Paco.
- Nosotros no tenemos nada – se apuró a decir Andrés.
- No, no – corroboró Alberto.
- Pero sabéis donde están – dije.
Me miraron asesinándome.
- ¿Es eso verdad? ¿Lo sabéis? – preguntó el histérico.
Andrés miraba a Alicia pidiéndole que interviniese, que hiciese algo, pero ella, como buena niña rica consentida, esperaba a él se lo solucionase y no dio ni pío.
- Bueno, y si lo sabemos ¿que? ¿que te tenemos que contar a ti? Ni a vosotros – dijo Andrés mirándonos con desprecio.
Social networking