Capítulo 10. Sin glamour pero con corazón.
Él trató de disimular haciendo que dormía, a buenas horas mangas verdes, si fuese un poco listo habría cerrado los ojos en el momento en que nos vio salir del local porque lo que es escuchar iba a poder escuchar igual. Pero no paso por vez, di un par de golpes en la puerta para que se diese por aludido y aunque se resistió acabó por abrir la ventanilla.
- Hola Xiana ¿qué tal? – dijo haciendo que espabilaba, como si acabase de despertar.
Le dije que bajase del coche, que teníamos que hablar con él. Bajó, con reticencias, pero bajó. Nos dijo que no sabía más que lo que les había contado yo y lo que suponía que ya habíamos escuchado en el Venus. No se lo creímos del todo, por lo menos yo, Salva quedó convencido cuando le dijo que aquello era lo que le había contado Andrés. Salva bien sabía que Andrés sólo contaba lo que era estrictamente necesario y a ser posible sólo lo que a él le convenía, sobre todo que omitía todo lo que pudiese perjudicar a los demás. Yo no sabía si Paco se hacía el tonto o si realmente era tan inocente como parecía, después de todo era el único al que podía excluir oficialmente de la categoría de cerdo, así que bien merecía un poco e confianza de mi parte.
Cuando llegamos al portal de Sandra, Paco dudó si subir, sabía que no era mi casa y auque parecía que había buen rollo con Salva el portal tenía bastante mala pinta. Pero no le dimos tiempo a huir. Entramos con nuestra llave porque Sandra todavía estaría en el sofá, el programa Ni glamour ni corazón duraba unas cinco o seis horas. Salva fue a la cocina y Paco y yo entramos en la sala. Efectivamente Sandra estaba atenta a la pantalla, desvió un momento la mirada hacia nosotros mientras anunciaban los politonos; pero la voz en off anunciando los contenidos de la siguiente hora la volvió a cautivar.
Paco quedó de pie unos segundos y después se sentó de repente; sí, fue en aquel momento cuando volvió a sentir la sensación de mareo de la primera vez que tuvo el mar bajo los pies. Salva llegó con unas patatas fritas y con unas galletas y como hipnotizados quedamos mirando el programa, sin hablar... bueno Paco miraba a Sandra.
En el plató estaban todos los colaboradores y todas las colaboradoras; Aría Canciño, que era nuestra favorita, había conseguido una entrevista en exclusiva con la Marquesa de Ripipí. La marquesa no era muy dada a entrevistas ni a los platós y aquella entrevista era un bombazo. La repentina cancelación de la boda del hijo de la marquesa había desatado los rumores de una infidelidad por parte de la prometida y posterior enfado de la marquesa. Aquella noche nos iban a aclarar todas las posibles dudas, iban a disipar todos los rumores, iban a poner las cartas sobre la mesa. La Marquesa de Ripipí lo contaba todo.
Antes de dar paso a la entrevista hacían el debate previo de siempre donde Aría Canciño iba dando pequeñas pinceladas de lo que se nos venía encima y el resto trataba de dar sus argumentos a favor de uno o de otra. Sandra y yo estábamos a favor de la prometida, lo de la infidelidad era una trampa de la marquesa, segurísimo. Salva decía que lo que pasaba era que la marquesa se olió el pastel y decidió tomar cartas en el asunto antes de que quedase con la mitad de su fortuna, que era porque en el fondo pensaba igual que Salva, pero no quería llevarle la contraria a Sandra, no fuese que lo odiase.
El relportero gráfico Artur Salmos aseguró que había unas fotos de la infiel circulando por las redacciones de las principales revistas del país. Aría Canciño dijo que la marquesa había hablado abiertamente sobre el tema de las fotos y que le había dicho que ella no sabía de su existencia. Artur dijo que eso era lo que le convenía decir porque no quería que su hijo quedase como un engañado. Charo Fermín dijo que ella era amiga personal de Rosalía, que así se llamaba la prometida del hijo de la marquesa y que era una chica muy seria, con sus masters y un trabajo en un consejo de administración y que estaba enamoradísima del hijo de la marquesa. Vismi González sugirió que igual el tarambaina era el heredero, y también aseguró que había unas fotos circulando por las principales redacciones de las principales revistas del mundo rosa del país y parte del extranjero.
Ahí fue donde el presentador paró el debate y dio paso a la entrevista. Y la verdad es que fue una gran decepción. Sí que habló de la cancelación de la boda, dijo que eso era cosa de los contrayentes y que ella no era quien para opinar, y eso que Aría le hizo la pregunta de mil y una maneras; incluso Paco dijo que con gente así en los interrogatorios no se les escapaba nadie. De lo que sí habló fue de la supuesta trampa a su nuera. Ella dijo que jamás de los jamases le haría eso a nadie, que la quería como a una hija y que era una chica buenísima, muy trabajadora de una familia muy buena. Sandra y yo nos mirábamos leyéndonos el pensamiento: la marquesa era de un falso... Cuando le preguntó por la conducta disipada de su hijo y ahí trató de justificarlo diciendo que hacía lo que hacían los chicos de su edad, que era muy joven, que quería vivir la vida. Se delató, no quería que su hijo se casase, que no, que se le notaba bien. Aría insistió en el tema de las fotos, y ella aseguró que no había tales fotos, que lo aseguraba.
Después de la entrevista el debate fue de lo más encendido, en la tele y en casa. Yo noté que la marquesa había pagado por retirar las fotos de su hijo y también había pagado para difundir las de Rosalía. Sandra estaba segura de esto último, pero decía que de existir las fotos de su hijo no le importaría que se publicasen porque ella era así como muy liberal y además favorecía a la causa del “no matrimonio”. Paco decía que la nuera lo había preparado todo para deshacerse del marquesito después de la boda, pero que por algún motivo extraño se le habían adelantado las cosas. Salva decía que la tal Rosalía era una lurpia de cuidado con ganas de ser famosa y que le daba igual casarse que no con tal de salir en la tele, que ya había escuchado que le habían ofrecido un programa en ese canal en el que le pagaban a las guapas por figurar. Paco ya se había metido en el grupo y hablaba con total libertad, sin el nerviosismo de los primeros momentos.
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