raquelcoutoantelo
http://mipagina.univision.com/raquelcoutoantelo

    Crimen de marca blanca. Capítulo 18

    domingo, enero 17, 2010, 05:38 EST [General]

    Capítulo 18. Ni idea


    - No tiene ni idea – dijo alguien a su lado.

    - ¿Cómo? – pregunté sobresaltada dando la vuelta hacia la voz.

    - No tiene ni idea, tampoco es que tú tuvieses mucha, pero te dabas menos aires. A él le faltó tiempo para apoderarse de tu trabajo cuando apareciste en la lonja, todavía ni habías enfriado – siguió diciendo.

    Miré alrededor, lo miré pidiéndole que bajase el tono, Artai estaba justo delante de nosotros y yo todavía no me había acostumbrado a mi nueva condición.

    - No se entera, no te preocupes, tú tampoco te enterabas mucho – dijo sonriendo.

    Era el sueco, todavía seguía sin tener pinta de sueco y desde luego no hablaba en sueco, o era que de muerta todo se hablaba igual. Señaló a un papel que Artai tenía debajo de las manos.

    - ¿Ves? Te copió lo de los dibujos. No hay cosa que más me fastidie que la gente que copia y por encima va de original. Le dijo a la abogada que los otros también los había hecho él, los copió de los tuyos – seguía diciendo el sueco.

    Yo me había quedado pasmada escuchándolo, sin palabras, era un tipo divertido para estar muerto, bueno en mi estado igual no me podía poner con muchas exigencias. Le pregunté por la otra mujer, por el segundo cadáver, le pregunté si estaba también. Me dijo que no, que no la había visto.

    - Era una mujer muy tranquila, atendía a lo suyo – dijo – habrá ido hacia la luz, tú tampoco la has visto deduzco.

    - No, por eso te lo pregunto – dije.

    - La luz, mujer, te pregunto por la luz esa – dijo divertido.

    Sonreí, a mi también me intrigaba el tema de la luz. Él pensó que yo también la había visto porque tardé bastante en hacer acto de presencia. Le conté mi visita al forense y él que tardó mucho tiempo en ser consciente de su estado y en darse cuenta de que se podía mover libremente por todo el centro, aunque lo asustaba bastante atravesar las puertas de afuera. Lo que tenía claro es que no le gustaba Artai.

    - Me miraba raro cuando estaba en el suelo – dijo.

    Le pregunté si sabía algo de nuestras muertes, si sabía porqué nos había pasado y cómo nos había pasado lo que nos pasó. Me dijo que lo sabía todo. Lo miré mal y el pareció no saber el motivo. ¿Y cual iba a ser? tenía la solución a los crímenes del centro comercial, a los crímenes de marca blanca y el tío estaba tan tranquilo, sonriendo como si nada.

    “Del mío no obviamente, del vuestro. Ella se llamaba Maxo, era muy tranquila, hacía su trabajo, bien, sin grandes alardes, sin involucrarse mucho, sin hacer daño. Yo también, bueno, algún daño más hice, algún despido, alguna restricción salarial, era mi oficio, las subidas están llenas de escalones y los hay que subir si uno quiere llegar a algo, no hay que decir lo que no es. Con esto quiero decir que enemigos comunes no teníamos, estábamos en bandos contrarios por decirlo de alguna manera, ella era de los de a pie y yo de los de arriba, y tú, de ti no supe hasta ayer, así que no sé decirte cual es el motivo. Te puedo contar como pasó, el de ella y el tuyo, claro. El mío no”.

    “El de ella lo tengo un poco borroso porque fue casi inmediatamente después al mío, ella llegó despacio, tranquila y con cara de felicidad; siempre andaba preocupada, pero ayer traía cara de felicidad. Empezó a tomar cosas de las estanterías y después las puso al lado del coche, que no sé si era el suyo, dicen que no; después se tumbó en el suelo y quedó dormida. Tú también venías contenta, pero con cara de cansada, pusiste las cosas en el suelo y te tiraste a dormir. Después descubrieron vuestros cuerpos, vino la policía y todo el rollo”.

    - ¿Y? – pregunté.

    - ¿Y qué? – respondió él.

    Y el tío no sabía nada más, ser fantasma para eso. Me enfadó, pensé que me iba a desvelar la solución de aquel misterio y me contó poco menos que una tontería, una simple tontería.

    - Comprende que no sabía que os iban a matar ¿cómo iba a saber más detalles? os vi, tengo gente que trabaja para mi para no preocuparme de los detalles – dijo tan ancho.

    Pero en realidad me pareció que me estaba dosificando la información, había una calma tensa en sus palabras, en su mirada; a lo mejor era la mirada de muerto, no tenía experiencia en el tema.

    - ¿A que hora morí yo? – pregunté.

    “A última hora, casi cerrando, entraste, le dijiste al de seguridad que venías a hacer algunas comprobaciones; después bajaste al aparcamiento y quedaste allí hasta que cerró el centro, hasta que se apagaron las luces y quedó sólo el de seguridad del turno nocturno. Le dijiste que ibas a quedar un poco más y que necesitabas entrar en el hiper, te dejó el candado abierto para que pudieses salir cuando acabases.

    0 (0 votos)

    Crimen de marca blanca. Capítulo 17

    sábado, enero 9, 2010, 09:24 EST [General]

    Capítulo 17. Ya no siendo


    La de forense es una profesión bien extraña, dicen que son los únicos médicos que lo saben todo, demasiado tarde eso sí. No me trató mal, con algo de frialdad, o profesionalidad, no sé a mi la Y en el pecho me dio grimilla, y ver trozos de mi hígado en un bote también, del pulmón, del riñón. Después me cosió, con unas puntadas muy separadas, que menos mal que no tenía que volver a andar que me salía todo por el pedio de ellas. Por fin, la bolsa negra y la cremallera cerrada.

    Suspiré. Yo no, mi cadáver. El médico metió todos los botes en una caja con una etiqueta y las dejó en una mesa vacía que tenía a su lado. Apagó la cámara y sacó los guantes. Llamó por teléfono y al poco rato entró una mujer a por la caja. Dudé. No sabía si quedar con mi cuerpo o ir con mis restos. Fui práctica y seguí a mis restos, mi cuerpo era fuerte y ya poco le quedaba antes de la incineración, esperaba. La mujer paseaba con mi caja tan alegremente, como si llevase una pizza acabada de salir del horno. Entró en una especie de laboratorio. Abrió la caja y más gente trabajando. Tampoco le dieron demasiada importancia, casi ni desviaron la vista de lo que estaban haciendo para ver que lo que les había dejado la mujer. Esperé. Esperé un poco más. Y un poco más, Y para estar en lo que se puede llamar a la vida eterna y tener todo el tiempo del mundo me pareció esperar de más, que ya parecía que los que tenían vida eterna eran ellos. Marché.

    Quería ir a mi casa ¿que pasaría con ella? ¿y con mis cosas? Cualquiera podía revolver ahora en los cajones en los que guardo las fotos que no quería que viese nadie, aquellas agendas viejas donde anotaba los días en los que me pasaban cosas interesantes con hombres interesantes, los días de regla y la frecuencia con la que lavaba los vaqueros. Ahora tanto daba, no, en realidad a mi no me daba igual; pero ya nadie podía echarme nada en cara ni usarlo en mi contra, ni reírse de mí. Pero no di llegado. Acabé en el centro comercial de nuevo. No me extraño, dicen que los muertos, la muerta en este caso, tiene como punto de referencia el lugar donde muere. Vaya, eso si que era interesante. La muerta de la curva está en la curva, el hombre del saco en el saco y yo en el centro comercial. Si eso era así, no había muerto en casa como sospechaba, había muerto en el centro. ¿Entonces como había pasado todo? Era bien más difícil de encajar que lo de me habían matado en mi casa.


    En la zona de carga casi ni se notaba la tiza de mi silueta, borrada por el arrastre de los palets y el ir y venir de la gente del almacén. Era curioso, que me invadiese una sensación de alivio en aquel lugar, me tumbé en el suelo y viendo pasar las carretillas por encima de mi sentí paz. No cerré los ojos, tenía miedo de que apareciese la luz blanca y no verla. No apareció y cuando lo de contar carros se volvió monótono me levanté y fui a buscar a Artai. Él parecía ser mi otro punto de paz. Curioso también, porque también seguía siendo mi principal sospechoso. O no. Tenía la certeza de que ocultaba algo aunque no estaba segura de que fuesen las tres muertes.

    Estaba en uno de los despachos vacíos del último piso, tenía un ordenador, una impresora, teléfono, fax y un montón de papeles en la mesa. Di la vuelta para ver la pantalla, miré el día en el calendario, era el día siguiente al de mi muerte, el día siguiente al que pasó todo. ¿Cómo era posible que tuviese un despacho tan asentado en tan poco tiempo? Me senté frente a él y me quedé mirándolo un buen pedazo. No hacía nada, sólo miraba la pantalla, tenía un fondo de un lago en otoño. De repente el teléfono. Me sobresalté. Di un golpe en la mesa. El me miró sorprendido. A punto estuve de echarme debajo de la mesa para que no me viese, pero me quedé paralizada. Él seguía mirándome y el teléfono sonaba. Yo sonreí. Le dije hola. Y ahí fue donde me di cuenta de que no me miraba a mí, sólo miraba al frente. No me escuchaba ni me veía. Respiré tranquila.

    - ¿Si? – dijo Artai por fin.

    Conocedora de mi inmunidad me levanté y pegué mi oreja a la suya para escuchar.

    - ¿Cómo va? – dijo la voz de hombre del otro lado del hilo.

    - Va – respondió Artai sin mucho ánimo.

    Le contó que no tenía todavía los resultados de mi autopsia, que no tenía más pruebas que en las otras dos muertes y que lo único que lo diferenciaba de ellas era que si se enteraban de que había sido la última persona en verme lo iba a tener complicado.

    - Eso no nos viene muy bien – dijo el hombre.

    - Ya lo sé ¿qué piensas que a mi me va a dar la vida? – respondió el.

    El hombre lo animó a ir a mi casa y averiguar todo lo que supiese de mí, Artai refunfuñó que poco más habría de lo que ya sabían, que tampoco era yo una vida interesante y que como era obvio si no sabía quien eran los otros dos cadáveres como había manifestado en muchas ocasiones tampoco tendría relación con ellos.

    - Hombre, trabajar trabajaba para la misma empresa – dijo el hombre del teléfono.

    Curioso, la segunda víctima también trabajaba para el Centro, deduje.



    0 (0 votos)

    Crimen de marca blanca. Capítulo 16

    sábado, enero 2, 2010, 09:32 EST [General]

    Capítulo 16. Y la hora llegó


    Pero mantuve el tipo como pude, como si fuese lo más natural darme la vuelta y verlo estancado en el portal de mi casa. El sonrió con confianza y vino hacia mí. A decir verdad ganaba sin uniforme.

    - ¿Vamos? – dijo señalando al ascensor.

    “Vamos” dije, en el ascensor no hablamos, ni lo miraba a la cara porque me quedaba muy por encima y el ascensor era muy estrecho. De fondo sonaba una canción de esas clásicas del pop a piano, reconocible pero sin sustancia. La temperatura era agradable, y tan relajada quedé que cerré los ojos. Otro gran error para mi lista.

    No tardé en volver a abrir los ojos, o eso me pareció. Fue como una de esas siestas reparadoras de dos minutos que te devuelven la luz a las mejillas y el brillo a los ojos. Más o menos.

    Sin saber como estaba en el suelo del centro comercial, al principio no me había dado cuenta porque nunca había estado en la zona de carga, en la lonja del almacén. A mi alrededor había una marca de tiza blanca y varios artículos a mi lado: unas playeras, un libro para dibujar, un cartón de zumo, un paquete de azúcar y un ventilador. Sí, todo de marca blanca. No pude hacer un croquis porque no daba encontrado mi cuaderno ni era capaz de agarrar nada. En realidad estaba sintiendo un deja vi de esos.

    Volví a mirarme, estaba tumbada de lado con una sonrisa de felicidad y la cara apoyada en los brazos hecha un ovillo. Corrí hacia un camión que estaba fuera y me miré en el espejo, no me ví. Estaba claro, como había dicho Artai en su momento, yo había sido la siguiente. Volví a la escena del crimen. Artai estaba allí, detrás la inspectora, del director y de la abogada. Vistos parecían un cuadro de traidores, todos tenían cara de sospechosos, todas y todos; sí, la inspectora también. Todos y todas.

    Me consolé pensando en que no había sufrido, en realidad ni me había dado cuenta; pero no me hacía ninguna gracia que me hubiesen matado. Si me ceñía a los hechos el culpable tenía que ser Artai, había vaticinado mi destino y había sido la última persona en verme. Suponía, porque como ya he explicado no me acordaba.

    Me acerqué a él, me pegué a él, lo miré fijamente, quería verle los ojos, mirarlo fijamente y ver a mi asesino. No le llegaba, pero me puse de puntas y me estiré, y estiré y estiré tanto que llegué a su altura. Pero no me sirvió de mucho porque tenía el mirar indiferente de no saber nada. Igual que los otros cuatro sospechosos. Igual que en los otros crímenes, igual quitando que esta vez la muerta era yo.

    - Bueno, en cuanto diga el juez levantamos el cadáver – dijo la inspectora.

    Sin más, sin darle importancia, sentí frío, verme allí tirada y ni una lágrima. Y sería por la placidez con la que descansaba en paz que no sentía rencor. Pero tenía ganas de ir descubriendo de que iba todo aquello y después de reposar un poco, descubrí que tenía la maravillosa oportunidad de seguirlos a todos todas y descubrir de una vez por todas quien era el asesino y porque estaba haciendo lo que estaba haciendo y, sobre todo, que culpa le tenía yo.

    - Artai – dijo África dando la vuelta - ¿cómo lo ves?

    Se encogió de hombros, yo llevaba un vestido que tenía guardado para las ocasiones especiales que nunca había estrenado. Esto viene al caso porque estaba calculando de memoria cuanto tiempo le había llevado a Artai usurpar mi puesto, que la abogada ya lo llamase por su nombre, que dudo yo que supiese el mío. Todavía era de día, todavía podía ser hoy que yo recordase.

    - ¿Qué hay de las notas? – le pregunté a Artai.

    La abogada y el director echaron una ojeada rápida a la inspectora, después asesinaron figuradamente a Artai y, por fin, preguntándole a que notas se refería mientras lo alejaban con disimulo del cordón policial. Artai le dijo que el director había mencionado una nota en aquella última reunión conmigo y que yo le había contado que hubo una nota por cada asesinato y que las quería ver.

    Mentía, claro que mentía. Yo no le había contado nada, mejor dicho, no recordaba haberle contado nada. Seguramente había deducido lo de la nota por cada muerte visto que el director me había preguntado si había otra muerte ya que había recibido una nota en aquella reunión. La abogada le dijo que no sabía de que le estaba hablando y el director se hizo el despistado en el mejor sentido en que se puede hacer, diciéndole que no había nota, que igual se había expresado mal o quien sabe, que igual estaban hablando de otra cosa y los había malinterpretado.

    Artai no quedó convencido, pero no tenía cara de disgusto, tenía cara de malvado; es decir, no decepcionado por no tener las notas y poder resolver todo aquel misterio, sino enfadado por no tener las “notas”.

    Y el juez dio la autorización y me llevaron. El corazón me indicaba que tenía que ir conmigo, acompañarme en aquel tránsito; al final era mi cuerpo, el que tanto me había valido en aquellos años. ¿No me dirían también que había muerto de muerte natural?

    0 (0 votos)

    Crimen de marca blanca. Capítulo 15

    viernes, diciembre 25, 2009, 10:09 EST [General]

    Capítulo 15. África


    - Pues, pues, pues porque tengo prisa – dije sin saber porque me estaba preguntando semejante obviedad.

    ¿A dónde íbamos a ir? A hablar con África, claro. Era obvio. Teníamos que saber a que venía que no me hubiese llamado para decirme que había una nueva nota, que no me la hubiese enseñado, estaba casi segura de que ya la tenía cuando hablamos en la perfumería.

    Claro que echaba a andar de repente, es que no había otra manera de hacerlo, no iba a dar un preaviso de quince días. Artai caminaba a mi lado intentando hacer preguntas, pero no le respondí a ninguna, ninguna que era la misma muchas veces, “¿que es eso de las notas?”. Eran notas, que iban a ser, en la perfumería no había nadie, no estaba África quiero decir; recorrimos toda la planta y ni rastro de ella, subimos a la planta de arriba y tampoco estaba, en la planta baja tampoco y por fin se me ocurrió comprobar si todavía su coche estaba en el aparcamiento.

    - ¿Y por qué no la llamas al teléfono? – dijo Artai en las escaleras mecánicas.

    Si, esa era una opción, en la que no había caído por cierto, disimulé con un rápido y ágil “no la quiero poner sobre aviso”. Le pasó por vez, supongo, porque no le di tiempo a dudar. Entramos de nuevo en el sótano -2 y, efectivamente su coche no estaba.

    - ¿Y ahora qué? – preguntó Artai - ¿la vas a llamar por fin para ver por donde anda o pateamos toda la ciudad?

    Lo miré de revés y cogí el teléfono para llamarla, no le contestó, claro ¿cómo me iba a contestar? si estaba huyendo. Se lo restregué. Tanto título para nada. Dimos un par de vueltas alrededor y le propuse ir a patear la ciudad, como había sugerido tan insolentemente hacía unos segundos. No puso mala cara del todo, pero dijo que tenía que subir a por sus cosas, la cartera, las llaves del coche y la chaqueta y, claro, dejar el uniforme, ahora que parecía que ya no lo iba a necesitar más. ¿Coche? ¿Qué coche tendría Artai? me preguntaba para mi mientras lo miraba con ojos inquisidores.



    - Se me das o teu permiso – dixo.

    - Si me das tu permiso – dijo.

    - ¿Qué coche tienes? – le pregunté, como acostumbraba, directamente.

    Él sonrió, como acostumbraba también, descubriendo mis pensamientos. Me dijo que tenía uno verde, pero que no me molestase en buscarlo en el aparcamiento porque nunca aparcaba dentro del centro, la gente tenía esa manía de ir dejando los carros de la compra sueltos por ahí al lado de la carrocería de su coche. Me pareció muy conveniente para él, se iba cubriendo las espaldas quedando demasiado al descubierto.

    - Mi coche es ese – dije señalándolo.

    Ni se molestó en mirarlo, ya sabía cual era ¿y cómo no lo iba a saber? él lo sabía todo; pero soltó un, no sé si impertinente o machista, “no me subo a un coche que conduzcas tú ni en broma” entre risas que a mi no me hizo gracia y le respondí con mi simpatía natural diciéndole que fuese a por las llaves y llevase su coche color verde, que yo iba yendo. Y fui yendo, lo dejé allí plantado mirándome, pensando que era demasiado sensible y me ofendía por cualquier cosa, quizás tenía razón, no lo niego; pero no le iba a dejar tomar el control de la situación bajo ninguna circunstancia.

    Lo primero que hice fue ir a mi casa para mirar el contrato que tenía con el centro comercial, tenía que averiguar como se llamaba el bufete donde trabajaba África. Como punto de comienzo me pareció lo más inteligente. El teléfono sonaba en el asiento del copiloto y no había ni un semáforo en rojo para responder, cuando di aparcado tenía tres llamadas perdidas. Una de la inspectora de policía, otra de África y otra de un número desconocido. El orden estaba claro, primero llamé a la inspectora. No me dijo gran cosa, bueno no era gran cosa en ese momento; que habían identificado el primer cadáver, pues vaya cosa, me contó exactamente lo mismo que el confidente de Artai hacía media hora, no se lo dije, le di las gracias con efusividad para ver si en caso de la muerta me enteraba yo antes sin necesidad de los contactos de nadie.

    África no me respondió, era raro, me llamaba pero no respondía, lo mismo no se había ido, lo mismo la habían secuestrado... y el celular sonó de nuevo, era el número desconocido de antes, descolgué, era Artai. Esta muy suave, quería saber dónde estaba, me extrañó que me llamase para averiguarlo, parecía saber todo, ni recordaba haberle dado mi número; pero como hablaba de buen rollo le dije que estaba delante de mi casa, que iba a tardar unos minutos y que le daba tiempo a llegar. Colgué sin esperar su respuesta, dejé el coche en doble fila y me metí entre los coches aparcados. Rebusqué en el bolso las llaves, abrí el portal y caminé hacia el ascensor, al no dar escuchado el batir metálico detrás de mi di la vuelta, y allí estaba plantado Artai, atrancando la puerta que era lo suyo.

    También sabía donde vivía, admito que me asusté, era imposible que le diese tiempo a seguirme, había tenido que subir a buscar las llaves, dejar el uniforme porque puesto no lo llevaba, buscar su coche y sin tener en cuenta el tráfico ni la calle por la que salió, encontrarme. No, definitivamente tenía que saber dónde vivía.

    0 (0 votos)

    Crimen de marca blanca. Capítulo 14

    sábado, diciembre 19, 2009, 01:21 EST [General]

    Capítulo 14. El director


    El director estaba en su despacho mirando por la piestra con aire triste. Entramos sin llamar y la verdad es que tuvimos que toser varias veces para que se enterase de que estábamos allí o mejor dicho para que nosotros nos diésemos cuenta de que él sabía que estábamos allí; porque se había dado cuenta de primeras.

    - ¿Qué? ¿Otro más? – dijo el director con resignación.

    No dejaba de ser preocupante la facilidad que habíamos desarrollado a lo largo del día para asimilar el hecho de la muerte, le expliqué que no, que queríamos hablar con él del primero. No se sorprendió cuando Artai le dijo que era un alto ejecutivo de la misma empresa para que el trabajaba. A él no le sorprendió y a mí seguía pareciéndome más que interesante que no lo mencionase porque estaba claro que lo conocía.

    - ¿Y como no se le ocurrió mencionar que lo conocía? – pregunté.

    El director me miró directamente, ofendido, como si le hubiese preguntado con quien se había acostado la noche anterior.

    - Digo yo que es un detalle interesante y retrasó la investigación unas horas ¿conocer a la mujer?

    - No, claro que no – dijo.

    - No, claro que no ¿qué? – preguntó Artai - ¿no le parece un detalle interesante o no conocía a la mujer?

    El director no se extrañó de ver a un reponedor interrogándolo ni preguntó porque lo hacía. Se encogió de hombros y nos repitió que no conocía a la mujer, y que tampoco conocía al hombre, pero que no le extrañaba que fuese un directivo de la cadena, al final si era un complot contra ellos tenía su lógica. Pero lo decía en un tono raro, más con resignación que por deducción.

    - ¿Pasó algo que debamos saber? – pregunté.

    - No, no – dijo él.

    Pero sí que pasaba, no sólo lo percibí yo, Artai también lo notó. Nos miramos.

    - ¿Seguro? – insistí.

    - Bueno, África me dijo que no se lo contase a nadie – medio farfulló.

    Artai me miró, no le hice caso, estaba concentrada pensando en que África sabía muchas más cosas que yo y mucho antes; y no era que me pareciese mal, pero para no darme comba bien pudo haber evitado llamarme que yo estaba tan a gusto en mi casa, y la idea de llamarme había sido suya, bien que lo había dicho el director ¿sería ella una asesina en serie de esas que necesitaban que alguien las detuviese?

    - ¿El qué? – preguntó Artai nervioso.

    - ¿El que qué? – preguntó de vuelta el director.

    - ¿Qué le dijo África que no nos contara? – pregunté sin desconectar de todo con el desvarío sobre la abogada.

    - ¡Ah, eso! – dijo el director como si ya no recordara lo que nos acababa de contar.

    - Sí, eso – recalcó Artai.

    El director se sentó, tranquilo, respiró profundamente, nos miró con ojitos de vaca triste y nos dijo que había recibido otra nota. Artai me preguntó por lo bajo que era eso de “otra nota” y yo lo mandé callar, también por lo bajo. Le pedí que me enseñase la nota, pero dijo que no con la cabeza, después aclaró que no la tenía, que se la había llevado África. Que debía estar haciendo colección para subastarlas después en internet.

    - Bueno, pero recordará lo que ponía la nota por lo menos – dije.

    - Sí, claro que lo recuerdo ¿cómo olvidarlo? – dijo arrastrando las palabras – ponía que me fuese relajando y poniendo cara de felicidad que igual me tocaba pronto.

    - Tanto ponía – dije – las otras eran más cortas.

    - Más o menos – respondió – más o menos.

    Ni más ni menos, fue todo lo que nos dijo, me di por vencida y me levanté, Artai estaba menos vencido pero también se levantó y salimos e su despacho. Eché a andar buscando a la abogada que seguro que andaba por cerca, Artai venía detrás insistiendo en que era aquello de las notas, que por que no se las había mencionado, que qué decían las otras, que cuántas había habido.

    - ¿A dónde vamos? ¿pero porqué echas a andar siempre con ese apuro? – preguntaba intentando seguir mi esquema deductivo.

    0 (0 votos)

Categorías del Blog