Ramon Loo
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    Algo para aprender...

    viernes, diciembre 5, 2008, 09:38 EST [General]

    He aprendido... que cuando estás  enamorado, se nota... 

    He aprendido... que una persona diciéndome, "Me alegraste el  día"... alegra mi día. 

    He aprendido... que siempre puedo orar por alguien, cuando no  tengo otro modo de ayudarlo. 

    He aprendido... que no importa que tan serio requiera la vida  que seas, todos necesitamos un amigo con el que podamos reir a carcajadas. 

    He aprendido... que algunas veces, todo lo que una persona  necesita, es una mano que sostener y un corazón que entender. 

    He aprendido... que la vida es como una espiral. Mientras más  se acerca al final, más rápido camina. 

    He aprendido... que el dinero no compra la clase. 

    He aprendido... que esas pequeñas cosas que pasan diariamente,  son las que hacen la vida espectacular. 

    He aprendido... que debajo del duro escudo de las personas, hay  alguien que quiere ser apreciado y amado. 

    He aprendido... que Dios no hizo todo en un solo día... que me  hace pensar que yo puedo? 

    He aprendido... que ignorar lo hecho... no cambia los hechos. 

    He aprendido... que es el amor, no el tiempo... el que cura  todas las heridas. 

    He aprendido... que cada persona a la que conoces, merece ser  obsequiada con una sonrisa. 

    He aprendido... que nadie es perfecto... hasta que te enamoras  de alguien. 

    He aprendido... que las oportunidades nunca se pierden, alguien  más tomara aquella que tu dejaste pasar. 

    He aprendido... que uno debe decir palabras suaves y tiernas,  porque más adelante puedes tener que tragártelas. 

    He aprendido... que una sonrisa, es la manera más barata de  lucir mucho mejor... 

    He aprendido... que no puedo elegir cómo me siento, pero puedo  elegir que hago con respecto a eso. 

    He aprendido... que todos quieren estar en la cima de la  montaña, pero que toda la felicidad y experiencias agradables, suceden mientras  se escala hacia ella. 

    He aprendido ... que estamos rodeados de muy buenas amistades,  que hay que cultivarlas y nunca dejarlas morir!!! 

    LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO! 

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    Adviento: tiempo fuerte de reflexion

    viernes, diciembre 5, 2008, 09:33 EST [General]

     

     

    Adviento.  Tiempo de preparación a la venida del ¡Rey de Reyes, Señor de Señores!

    La palabra Adviento significa: advenimiento, venida o llegada. Todas las lecturas bíblicas nos preparan para las Fiestas de Navidad. Pero, para una verdadera Navidad Cristiana, no una navidad superficial, basada en jolgorios, bebentinas, francachelas, desarreglos, en fin, toda clase de consumismo, hedonismo y materialismo que ya el mundo nos ha acostumbrado a vivir.

    Aunque no se sabe con certeza la fecha del nacimiento del hijo de Dios...Esta debe de ser una Navidad en que se recuerde al verdadero  motivo de esta gran fiesta: Jesús de Nazaret.

    ¡Es increíble, que el mundo celebre un cumpleaños sin pensar en el invitado principal! Ya hasta los adornos que se venden parecen para una fiesta pagana: duendes, gnomos, trineos, figuras de santa claus, árboles, etc.

    Nosotros los cristianos debemos luchar cada vez más para que nuestras experiencias de fe permanezcan en nuestros hogares: Los padres cristianos somos los responsables de la educación en la fe de nuestros hijos. Porque si no: "Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la Tierra? (Lc 18,8)

    Debemos enseñar a nuestros niños, el origen de esta gran celebración: La primera venida de Jesús al mundo como Redentor de los hombres, así como de Su segunda  venida en la "no sabréis cuando vendrá, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; velad, no sea que venga inesperadamente y les encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Velad!" (Mc 13, 33-37)

    El Señor nos está pidiendo hoy también a nosotros que estemos alertas. No podemos seguir huyendo de nuestros principios, viviendo la "vida loca". Es hora de detenernos a pensar: ¿Hacía donde nos dirigimos? ¿Qué es lo que estamos persiguiendo? ¿A qué se debe tanta angustia? ¿Qué está pasando con la educación de nuestros hijos? ¿Qué está pasando con nuestras familias? ¿Dónde están las familias que se dicen ser cristianas? ¿Dónde está la disciplina en la crianza de los hijos? ¿Por qué han abandonado la guardia?

    Adviento: Tiempo de Reflexión; Tiempo de Conversión. Vamos a aprovechar esta nueva oportunidad que nos brinda hoy el Señor para conocer Su Grandeza.

    Vamos a pedir en este tiempo que las familias dejen su apatía y conformismo y se vuelvan mensajeros de la Buena Noticia del Evangelio para otras familias.  Que se conviertan en agentes para la transformación de la sociedad. Es un trabajo arduo el de la familia, pero es el trabajo que más beneficio produce para a la felicidad de todos los miembros de esas mismas familias.

    Vamos a aprovechar este tiempo para compartir como familia, con los más necesitados. Vamos a ser solidarios, con los más pobres del Señor; vamos a ser más austeros, y sacrificar lujos, las fiestas, los trajes y vivir junto a los que no tienen en este tiempo a veces ni lo más necesario. Jesús eligió la pobreza. Dejemos tanto consumismo y tanto materialismo y vivamos este Adviento como preparación a Su Venida Gloriosa. El, que sigue viniendo cada día a nuestra vida, y no somos capaces de verlo ni encontrarnos con El. Vamos a hacer partícipes de esto a nuestros hijos. Amén!

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    El Silencio de Dios

    viernes, noviembre 9, 2007, 12:36 EST [General]

     

     

    El Silencio de Dios

     

    El Silencio de Dios

    Queridos amigos:

    Es con una profunda emoción que me encuentro ante ustedes para adorar juntos al Señor a través de la meditación en su Palabra.

    En el mundo de la Biblia el momento del culto no era exactamente como lo que solemos tener nosotros, para nosotros es un momento privilegiado el de la palabra. En el mundo bíblico el momento del culto es el momento privilegiado del silencio. La adoración se puede hacer naturalmente en el canto, en la palabra, "en el escuchar". Pero para poder escuchar se requiere el silencio. Y en muchos pueblos del mundo, en particular en el pueblo de Israel, cuando llegaba el momento de adorar, el silencio tenía una parte muy importante.
    Así pues, si quisiéramos volver a un espíritu de adoración primordialmente bíblico, tendríamos que tener ahora un momento de silencio.


    Habituados como estamos al ruido; en el mundo en que vivimos, el silencio absoluto ya no existe, nuestra civilización es, con mucho,  la más ruidosa de la historia y se produce un fenómeno ambivalente; es la enorme necesidad que tenemos del silencio y  a la vez la enorme dificultad que tenemos para producirlo e incluso para soportarlo. Hay muchos de nosotros que estamos muy propensos a desarrollar una especie de naturaleza segunda, tan habituados al sonido que ya no podamos enfrentarnos al silencio. I-pods, telefonos celulares...así vivimos...con una necesidad de "sonido continuo". Es difícil  "encontrarse uno mismo " con el silencio, porque en silencio a uno no le queda más remedio que enfrentarse consigo mismo, lo cual es para muchos insoportable.


    El silencio a veces lo recibimos gratamente... yo aprecio el silencio muchísimo, me encanta, lo necesito. El que mi profesión me obligue a estar continuamente hablando y escuchando hace que mi único descanso sea el silencio. Es decir, el silencio lo recibimos a veces gratamente, pero no siempre ya que lo recibimos muy mal cuando  viene de otra persona.  « ¡Por qué no me habla! ¿Qué le habré hecho?»   Las guerras del silencio son muy comunes en prácticamente todas las parejas. Más o menos graves, más o menos largos, más o menos cortos..., pero es un arma tan fácil de utilizar, que naturalmente nadie se priva de hacerlo... y ahí estamos,frustados,molestos en la llamada "guerra del silencio".


    Y nuestro primer movimiento, aunque  vale la pena decir que tenemos muchos tipos de silencios que son positivos, nuestro primer movimiento es interpretar el silencio siempre negativamente. Porque, es cierto, si las palabras pueden ser hirientes, los silencios pueden serlo tanto o más.
    Nuestros silencios nos hacen mal  y es que nuestros silencios son como nosotros puesto que somos nosotros quiénes los producimos... pequeños, frágiles, incómodos y ambiguos.  Ah! cuanto daño hacen en ocasiones "los silencios". Por esa razón es que, cuando se presenta, no soportamos el silencio de Dios...  aunque, este tipo de silencio, no sea de la misma naturaleza que el nuestro. Te invito a que reflexiones y me digas si no a veces preferimos  los gritos, los reproches y las quejas porque "inconscientemente" nos resultan más soportables que el silencio. Pero los reproches y las quejas no son más que la parte visible del iceberg... y lo que no se ve, lo que queda oculto es el sufrimiento, la decepción, la frustración, la susceptibilidad, el amor mal vivido.
    Rompemos el silencio para dar expresión a nuestra agresividad. "Me avasallas o me ignoras, me pones atención o no me haces caso... ya no me quieres, no te importo, me pides demasiado, me fatigas, no cuentas conmigo, no me pides nada."  Después viene un silencio aún más cruel que las palabras, y estas palabras no son más que el eco de nuestras propias contradicciones, producidas porque quizá en vez de guardar silencio en el momento oportuno, dijimos lo que no debíamos; o en vez de atrevernos a hablar guardamos silencio, nos callamos...Nos callamos y nos encerramos en un silencio agresivo, dañino, hecho de recelos, de temores, de orgullo herido, de resentimiento y de sufrimiento.
    Por eso en nuestra vida de cada día el sufrimiento del otro siempre o casi siempre lo interpretamos mal; y esta vivencia que es tan profunda y que es tan sorda, que todos tenemos en algún momento de nuestras vidas, es la que proyectamos ante el silencio de Dios. Y  es de esa  misma manera que nos cuesta entender en ocasiones lo que las sagradas escrituras llaman "la ira de Dios"... porque si hablásemos de lo que es "nuestra ira, nuestro enojo, nuestro enfurecimiento"  tendríamos muy poco  por lo cual  estar orgullosos... desafortunadamente somos seres tan "finitos', tan cortisimos de mente, de criterio"  que pensamos que nuestra ira es similar a "la ira de Dios" y  no... No entendemos  sencillamente porque fabricamos "esta ira" a la imagen de la nuestra... y adivinen que?...el silencio de Dios no lo entendemos, porque lo creemos similar al nuestro...

    La Biblia nos dice en Eclesiastés 3: 7 que «hay un tiempo para hablar y hay un tiempo para callar». Esto  lo verificamos continuamente en nuestra vida... y pobres de nosotros cuando no sabemos respetar el tiempo de callar o el tiempo para hablar porque por lo regular terminamos pagamos las consecuencias. 
    En lo particular  creo firmemente y sin vacilación, en que también para Dios «hay un tiempo para hablar y hay un tiempo para callar»...Si mis amigos, Dios se da a sí mismo un tiempo de hablar y un tiempo de callar... y su silencio lo entendemos, la mayoría de las veces, mucho peor que sus palabras. Sin embargo, Dios parece valorar su silencio de un modo diferente.
    Tomemos un caso claro en la Biblia registrado en Lucas 1. Israel llevaba pidiendo varios siglos la venida del Mesías; en todos los servicios del templo, en todas las oraciones privadas, en todos los servicios de la sinagoga, las oraciones culminaban con la petición del regreso del Mesías. Y Dios guardaba silencio... y lo hizo por muchísimos años.
    Israel reconoce que no ha habido voz profética, que Dios no ha hablado a su pueblo a través de ningún profeta desde el regreso del exilio, y según ellos, esto perdura hoy; según nosotros, por lo menos hasta la venida de Juan. Nadie había pretendido en esa época que Dios hubiera dado algún mensaje. Dios guardaba realmente silencio.

    Zacarías, un sacerdote ya anciano, y su esposa Elizabet, llevaban toda la vida, ¿cuántos años, 20, 30, 40...? Pidiendo a Dios un hijo. Y Dios no había respondido  a sus oraciones. Ahora, cuando el texto bíblico nos lo presenta, Zacarías y Elizabet  ya no piden nada, porque Zacarías está convencido de que su oración no será  escuchada. Ellos guardan silencio, porque ahora... ¡para qué pedir?!... ya es demasiado tarde, ellos son ya demasiado viejos!

    Y así como ellos, nosotros casi siempre pensamos lo mismo...si Dios no nos da lo que pedimos enseguida, es que no nos escucha... y eso también creía Zacarías.
    Los invito a que lo lean en Lucas 1: 5 en adelante... El relato dice qué, sin embargo, llega un ángel...Zacarías está celebrando, ofreciendo el incienso, es decir, representando la oración de todo el pueblo, reunido afuera, en ese momento de silencio en ese momento principal del culto. La multitud está orando a la hora del incienso  dice versículo 10. El versículo 11 menciona que a Zacarías se le aparece un ángel del Señor a la derecha del altar del incienso, porque la derecha siempre es el lado favorable... y Zacarías se preocupa al verle y le sobrecoge un gran temor, pero el ángel le dice: «Zacarías no temas, porque tu oración ha sido oída». Imagínate lo que habrá pensado Zacarías..."Llevo 20, 30, 40 años pidiendo a Dios un hijo, y ¿eso quiere decir que mi oración ha sido oída?"...Si mi amigo, Dios puede guardar silencio 20, 30, 40 años y ¿eso quiere decir que mi oración ha sido oída? la respuesta es un contundente !Si!
    «Tu mujer, Elizabet, te dará un hijo y le llamarás Juan». ¿Por qué entonces tanto tiempo de silencio? Ah!  es que Dios prefiere actuar en vez de  explicar. El ángel no le explicará a Zacarías por qué ha habido tanto tiempo de silencio, sólo le dirá: «Bien, ahora tu mujer va a darte un hijo». Con eso, le está demostrando que no responder no significa no escuchar.
    ¡Que importante!... No responder no significa no escuchar.... Porque en realidad si pensamos un poquito, solo guardando silencio es cuando tenemos la posibilidad de escuchar correctamente... Sólo quien guarda silencio puede escuchar al otro. ¡Cuántas veces nuestras conversaciones son monólogos paralelos en los que uno no escucha al otro?!
    El ángel dice que, aunque Dios no ha respondido en 20, 30, 40 o a lo mejor más años, eso quiere decir que su oración ha sido escuchada... Y ahora el Señor le dice: pero mira, tú no lo creías así, ni lo creías así antes, ni lo crees ahora, que Dios te estaba escuchando. Pues bien, yo quiero que comprendas lo que significa para Dios guardar silencio... Es por eso, cómo lo narra la palabra del Señor, que por haber desconfiado Zacarías tiene que afrontar las consecuencias...El Ángel le dijo, parafraseando el texto, Ahora tú guardarás silencio también. Tienes que comprender el silencio de Dios. Comprenderás lo que es para Dios no poder hablar de la manera en que esperabas... «Vas a estar mudo nueve meses, hasta que nazca el niño, (versículo 20)... quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras.» Y las únicas palabras que el Ángel le ha dicho es: «Tu oración ha sido escuchada, tendrás un hijo».
    Yo pienso que, como Zacarías, cuántos de nosotros también  hemos interpretado el silencio de Dios como un "No me escucha"!!! ...cuando en realidad, se trata sencillamente de  "una no  respuesta a mi manera".

    Porque no hablar no es no amar, sino amar en silencio. Callar, no es sinónimo siempre de indiferencia, de hostilidad o de ausencia. Callar, a veces, es simplemente para escuchar mejor.
    Mientras el ángel habla a Zacarías, el pueblo ora. La oración se alarga, el tiempo se alarga, porque el sacerdote no sale y el pueblo soporta mas ese silencio. Estarás de acuerdo que nosotros soportamos mal el silencio hasta en nuestras reuniones de oración. No sé cuantos de ustedes han estado en una reunión de oración, en la que estas con los hermanos orando y que, en algún momento, cae un silencio y nadie ora  y en vez de simplemente adorar en ese espíritu y escuchar a Dios que habla. ¡Qué incomodidad se nota, se palpa y se siente en el ambiente!... y hay gente que es capaz de comenzar a orar en medio de "ese silencio" que de repente apareció, no porque necesitan comunicarse con Dios, sino para romper ese silencio.... y  todo porque sencillamente  no soportamos que  se prolongue...  Y así está el pueblo de Israel afuera, esperando a que Zacarías salga y difícilmente soportando el silencio... Cuando sale el sacerdote, el silencio se prolonga más porque él no puede hablar.Se ha quedado mudo tal como se lo dijo el Ángel...

    Si, el silencio molesta... y es que no lo entendemos, nos cuesta esforzarnos siquiera  intentar entenderlo.

    Zacarías, se marcha, ha terminado su servicio, la vida sigue y él tiene que aprender ahora a vivir en silencio.
    Elizabet también se calla, más aún, se esconde. Se esconde cinco meses, ante un marido que no habla, y ante la sorpresa entre vergonzosa, gozosa, extraña de sentirse embarazada a su edad. Elizabet se esconde.
    Y hay un silencio que se prolonga en esta familia, hasta un momento esperado, en que el grito de un niño al nacer, rompe el silencio. Así como a veces los silencios de Dios se rompen de la manera más imprevista...entonces Zacarías cuando empieza a hablar después de tanto tiempo de escuchar a Dios..¿Saben cuales son sus primeras palabras? Pues palabras de alabanza a Dios, palabras de gratitud... porque quien ha sabido escuchar, sabe apreciar.
    Y este niño que ha nacido después de un largo silencio divino y humano, este niño será criado en un ambiente de silencio también, como nos dice el texto: «en el desierto»...«y el niño  se fortalecía en espíritu, y estuvo en lugares desiertos, hasta el día de su manifestación a Israel.»

    Hemos visto el silencio de Dios para su pueblo, el silencio de Zacarías y ahora vamos a ver el silencio de Juan en el desierto, el desierto que es la escuela de la reflexión. Ahí donde el silencio es la escuela del pensamiento. Una escuela en la que sólo los hombres y mujeres superiores se aventuran a entrar. En nuestra civilización  que es tan superficial, hay que rellenar todo, el silencio no se aguanta, hay que poner aunque sea  música de fondo... Pero Dios prefiere el silencio de fondo... En el desierto Juan guardará más o menos silencio 30 años...y Dios también. 
    «En el año decimoquinto imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea y su hermano Felipe tetrarca de Iturea... fue palabra de Dios a Juan» (Lc. 3:1).
    «Fue palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto» (Lc. 3:2). La palabra de Dios, interpela a Juan, allí donde él la puede escuchar mejor y donde Juan se convertiría en el eco de Dios, en el portavoz de Dios. Y Dios va a llenar el silencio de aquellas soledades con un mensaje que Israel estaba esperando siglos. Preparará el camino al que ha de venir. Preparará el camino a aquel que va a cambiar la historia. Y lo hará, dice el texto bíblico: «con el espíritu y el poder de Elías» (Lc. 1:17). ¿Por qué de Elías?..Elías, aquel gran hombre de Dios, también habituado al desierto y al silencio.
    Juan hablará durante muy poco tiempo. Es probable que la predicación de Juan el Bautista no durase ni un año. Sabemos que Juan Bautista solo era seis meses mayor que Jesús. Cuando Jesús tiene 30 años, se decide también a ir al desierto pero es bautizado antes por su primo Juan. Al poco tiempo el rey Herodes se encargará de silenciar la voz del Bautista.
    ¡Y qué diferencia!, queridos amigos, entre un silencio asumido o escogido, que es el silencio de Juan en el desierto, al silencio impuesto en la prisión; un silencio muy distinto (Lc. 3:19 y 20).
    El hombre encargado de preparar la vía, el camino al Mesías, «con el espíritu y el poder de Elías», silenciado por un hombre débil y vicioso, y dos mujeres probablemente bellas, pero crueles. ¿Cómo Dios puede soportar esto?, ¿cómo puede soportar Dios que alguien...? ¡De los nacidos de mujer no ha habido ninguno mayor que el Bautista!...y que este hombre se pudra en la cárcel?...
    Volvemos ahora al silencio de Dios e incluso al silencio de Jesús. 
    Revisemos al capítulo 7 de Lucas... Un silencio inquietante que desconcierta no sé sí  a Juan, pero como mínimo a sus discípulos. «Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas las cosas...Juan estaba en la cárcel. Y Juan llamó a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús a preguntarle: "¿Eres tú el que había de venir o esperaremos a otro?"» (Lc. 7:18 y 19). En otras palabras,¿Eres tú el que yo tenía que presentar o me he equivocado?, porque tú has dicho que venías a proclamar libertad a los cautivos, y yo estoy en la cárcel. Y tú sabes cuán inocentemente estoy. ¿Por qué no me sacas?, ¿por qué no respondes?, ¿por qué guardas silencio?
    El hombre con el espíritu de Elías, encerrado en la prisión, ante los cientos de preguntas escandalizadas de sus seguidores y el escandaloso silencio de Dios.

    Es muy  interesante  la predicación de Elías en el Antiguo Testamento, concretamente la que se registra en 1ª Reyes 18...es impresionante la manera en la que Elías se dirigía a Dios y con qué términos lo designaba. Podemos leer cómo siente su misión y cómo ve a Dios: «He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos, porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derrumbado tus altares, han matado a espada a tus profetas, sólo yo he quedado y me buscan para quitarme la vida» (1ª R. 19:10).

    Sólo quedo yo y me quieren hacer callar clama Elías... Él llama a Dios, Jehová de los ejércitos, esta expresión, se podría traducir Jehová de la armada celeste, Jehová de los elementos naturales... a este Dios se le veía siempre en el viento, en el huracán, en el terremoto, en el temblor, en el fuego, así es como lo veía Elías. Si amigos, Elías había visto hablar a Dios en esas formas. 
    En el capitulo 18 y en el 19 de 1a Reyes tenemos el episodio en el que Elías ora ante el altar de Dios, al lado de los profetas de Baal que oran ante el altar de Baal. Y dice: «Respóndeme Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo, que Tú Jehová eres Dios... Entonces cayó fuego de Jehová y consumió el holocausto, la leña...» Dios había hablado en el fuego.
    El país vivía una sequía atroz: «Y aconteció estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías...» (1ª R. 18:45 y 46). Elías había visto actuar a Dios, en ese viento huracanado que aportan las nubes y la tormenta.Pero ahora  Elías necesita aprender que Dios no habla siempre fuerte. No habla siempre en terremoto, en fuego, sino que a veces Dios puede callar. Y todos conocen el episodio siguiente: la huida a Horeb capitulo 19, te invito a que lo leas en casa. Elías huye por miedo de  la reina Jezabel, miedo de el rey  Acab y se esconde en una cueva. Podemos leer a partir del versículo 9, allí en Horeb, en el Monte de Dios, después de haber caminado cuarenta días, cuarenta noches, de internarse en un desierto, después de un silencio prolongado de cuarenta días seguidos.
    «Se metió en una cueva, donde pasó la noche y vino palabra de Dios, Él cual le dijo: "¿Qué haces aquí Elías?". Él respondió: "He sentido un vivo celo por Jehová"... A lo que EL ETERNO respondió "Sal fuera ponte en el monte delante de Jehová"...» (1ª R. 19:9-11). Ponte en actitud de oración, para encontrar a Dios, «ponte delante de Jehová». Eso es lo que hacemos cada vez que vamos a la Iglesia o cada vez que oramos, ponernos ante Dios.
    «...Y he aquí, Jehová que pasaba. Un grande y poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová...» ¡Pero, qué curioso! Dios le está dando una lección rectificando sus esquemas mentales. «...Pero Jehová no estaba en el viento...» (1ª Reyes 19:11). ¡Cómo es posible! Hay vientos destructores en los que Dios no está...y Dios no miente!  Hay vientos destructores que derrumban los árboles y tiran las piedras en los que Dios no está... Como dice Elena de White: «Tenemos aún muchas lecciones que aprender y muchas más que desaprender». y esto es lo que está haciendo Dios con Elías.
    «...Y tras el viento hubo un terremoto, pero Jehová no estaba en el terremoto...» (1ª R. 19:11). Hay terremotos espantosos en los que gritamos, ¡cómo es posible que haya este terremoto! Pues bien, la Biblia nos dice muy claramente que hay terremotos en los que Dios no está.  Porque quiero decirles que pedirle cuentas a Dios por ciertos terremotos es blasfemo, porque Dios no está en el terremoto. Y si esto nos cuesta encajarlo en nuestros esquemas....porque  nuestros esquemas, nuestros paradigmas son  falsos, solo la Biblia es  verdadera. "En el terremoto no estaba Dios"..; si, existen terremotos que no tienen nada que ver con Dios.
    «...Y tras el terremoto un fuego, pero Jehová no estaba en el fuego...» (1ª R. 19:12). Hay incendios en los que Dios no tiene nada que ver. Hay volcanes en los que Dios no tiene nada que ver directamente, en el daño que puedan hacer naturalmente. La Biblia dice que Dios no estaba en el fuego. Es decir, pedir a veces fuego del cielo para resolver mis problemas, es a veces pedir un fuego que no viene necesariamente de Dios. Recuerden a los discípulos cuando pidieron: «"¿Quieres que pidamos fuego del cielo para que destruya a aquella aldea?"...y se referían una aldea de samaritanos que no había albergado a Jesús... Ustedes saben que respondió Cristo Jesús?  "No sabéis de qué espíritu estáis animados. Yo he venido a salvar, no a destruir. Yo no estoy en el fuego"».
    «...Y tras el fuego un silbo apacible y delicado...»
    (1ª R. 19:12). ¡Ah, esto qué bonito es en el texto hebreo! Un silbo tan pequeño que para escucharlo, ¿qué hay que hacer?... ¿Qué hay que hacer para escuchar el silbo delicado y apacible...? ¡Callarse! Es decir, a Dios sólo se le puede oír guardando silencio.
    Elías tiene que aprender que, el que no escuche la voz de Dios como el quiere, no es que Dios no escuche. El que Dios se calle no quiere decir que no esté ahí. Porque normalmente  Dios no está ni en los terremotos, ni en los fuegos, ni en los vientos, está en los silencios. Y es a ti y a mi a los que nos  toca interpretar ese silencio, entenderlo y escucharlo. Prestar atención, porque si prestamos atención es posible que escuchemos el silbo apacible y delicado... Porque también  Dios se revela en el silencio.
    Elías tiene que aprender que el Dios de la armada celeste, El Jehová de los Ejércitos, prefiere ser el Dios desarmado y prefiere utilizar los elementos para salvar no para destruir. Cuando los elementos destruyen es que Dios no está en los elementos normalmente, a no ser que Dios esté haciendo su extraña obra.
    Por eso, muy poco después al mismo Elías se le va a mostrar que los elementos... Él ETERNO sólo  quisiera usarlos para salvar. En 2ª de Reyes 2: 11, veremos que Elías será llevado al cielo en un torbellino que es la misma palabra, o la misma raíz  en el hebreo original, que el terremoto de viento en un carro de fuego. Es decir, cuando Dios usa el viento y el torbellino y el fuego es para salvar. Pero en los fuegos, los terremotos y los vientos desoladores, Dios no esta en ellos...si no, el "Gran Enemigo" que pretende confundirnos... 

    Pero volvamos a  Juan Bautista, al que Dios espera que realice su misión con el espíritu de Elías... si recuerdas, nos quedamos en que Juan está en la cárcel. Pero, no ha caído fuego del cielo para destruir a los soldados de Herodes que lo llevaban a la cárcel. No ha habido un terremoto para abrir las puertas de la cárcel, como ocurrió para Pablo y Silas, no ha habido un vendaval que ha abierto las puertas de la cárcel como para liberar a Pedro...Juan Bautista está esperando aún que Dios intervenga, quizá en el fuego, quizá en el viento, quizá en el terremoto, para sacarlo de la cárcel; y si no lo piensa él, por lo menos sus discípulos si piensan así.
    Pero ahí está el silencio de Dios. ¿Por qué calla cuando más lo necesitamos? ¿Por qué no me habla como yo quiero que me hable? ¿Por qué no me dice lo que yo quiero que me diga? A este silencio se añade el enigmático silencio de Cristo. Cristo responde a los discípulos del Bautista y les dice algo enormemente curioso...Recordemos que estos hombres  vinieron y le preguntaron: « ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?» (Lc. 7:20). Porque, entre lineas, lo que los discípulos de Juan o quizás el  "Bautista" mismo pensaba era: ...ya veo que no estás en el fuego, porque no has echado fuego para los soldados de Herodes, no estás en el terremoto, no estás en el viento, no has abierto la cárcel para mí. Entonces es que ¿tú existes o no existes?, ¿eres tú verdadero o no eres verdadero?, ¿eres tú nuestro Mesías o no?, ¿eres tú en quien tengo que confiar o esperaré en otra cosa?...Y en esa misma hora Jesús no les responde.  El Evangelio solo dice: «En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas y de espíritus malos y a muchos ciegos les dio la vista. Y les respondió, les dijo: Id y haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, a los pobres es anunciado el evangelio, y bienaventurado aquel que no halle tropiezo en mí"» (Lc. 7:21,22). Te das cuenta? las respuestas de Jesús siempre  desconciertan, sabes porque? porque son respuestas inteligentes...porque nos hacen reflexionar.
    En aquel momento difícil Jesús no responde a la pregunta que le hacen. «¿Eres tú o esperaremos a otro?». Él no responde ni sí ni no, dice otra cosa... Dice: observad y oíd. «Id y haced saber a Juan lo que habéis visto y oído». A vosotros les toca el interpretar la realidad. ¿Qué ven? los que ven  son  ciegos que han recobrado la vista....  y Jesucristo no dice en ninguno de los casos que él los ha sanado, ni que Dios los ha sanado. Pero si  muestra que Dios es compasivo... Dios sigue compadeciéndose del que sufre. 
    ¿Cómo encontrar sentido al silencio de Dios? Esto no es una pregunta teórica, no es una pregunta teológica, es una pregunta existencial, porque yo en mi vida pido a veces cosas, clamo a Dios y creo que no me habla... Si yo en lo particular hay veces que escucho su voz... pero a veces me parece no "escuchar" más que  silencio... ahora lo que me toca tratar de entender es que Dios no tiene necesidad de auto justificarse. Es curioso pero rara vez explica su silencio,  EL simplemente actúa. En esa ocasión, cuando los discípulos de Juan le preguntan «¿Eres tú o esperaremos a otro?» el hijo de Dios tampoco explico su silencio, simplemente  siguió actuando. Se contentará con decir después a los que quedan allí cuando  los discípulos del Bautista  ya se hayan ido: ¡Qué gran hombre Juan Bautista!, entre los nacidos de mujer no hay ninguno hombre como él, ¡qué gran hombre!
    ¿Cómo puede Dios considerar a Juan Bautista un gran hombre y dejarlo en la cárcel? Pues sí, es posible. Cómo puede Dios, que es un Dios justo, saber que este hombre está allí porque un rey ha perdido la cabeza por dos mujeres, ¿cómo es posible que Dios no haga nada o no haga lo que yo quisiera que hiciera?
    Me gusta la definición que nos da Lucas de Juan Bautista como «el mayor de los nacidos de mujer»....Jesucristo no se justifica ante aquellos que lo cuestionan...no justifica su misión  porque  EL no da testimonio de sí mismo...Jesús les dirá: «Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno, digo esto para que vosotros seáis salvos. Él era antorcha que ardía y alumbraba, y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz» (Jn. 5:33-35).
    ¡Que bonita definición!; enigmática también como muchas palabras de Jesús. Cuando el define al Bautista como una antorcha que ardía y alumbraba. Es decir, Juan Bautista no era solo "una voz que clamaba en el desierto»; si no mas bien un resplandor. Juan Bautista era  "menos micrófono y mas lámpara"... Que lección, en particular para mi...No busquemos sonido amigos, sino luz.  Esa luz que solo podemos encontrar en La Santa Biblia... porque no se trata de oír, sino de ver. No se trata de sentir, sino de comprender... Se trata de discernir...

    Y es que  no todos nuestros silencios son iguales. Si hiciésemos una lista sobre qué pueden expresar nuestros silencios humanos, creo que llenaríamos una lista bastante rica y compleja... Tenemos silencios de indiferencia, uno pasa al lado del otro sin saludarle... silencio de indiferencia!... Hay silencios que son bofetadas metafóricas, porque quizás no le doy una bofetada "corporal" porque quedaría en mal lugar, pero podría pasarme muy de largo y  "dársela"  olímpicamente con mi silencio.

    Hay silencios de desprecio, de rencor, de ira, de perplejidad...pero alguna vez  ¿han vivido  un silencio de emoción? Expresiones como «Me he quedado mudo de asombro.» sin duda alguna a veces las hemos expresado... Todos  hemos vivido silencios de emoción, de asombro, de admiración, de pena, de escucha, de espera...entonces ¿Por qué no aceptar que los silencios de Dios también sean plurales? ¿Por qué Dios no puede vivir silencios de pena, silencios de escucha?... ¿Con qué derecho le privo a Dios del derecho al silencio de escucha... al silencio de espera, al silencio de emoción, diríamos incluso, al silencio de pena?
    Los silencios sólo podemos evaluarlos en relación con el contexto, con las palabras. Yo puedo interpretar el silencio como el  de mi esposa en el contexto de una discusión que acabamos de vivir... a veces no necesito interpretar mucho para entenderlo. El silencio de Dios también tendríamos que interpretarlo en el marco de lo que Él nos ha dicho, y no en el vacío de mi impresión subjetiva. Yo tengo que escucharlo, tengo que interpretarlo, en el contexto en el que se me da... y eso es lo que Jesús hace con los discípulos del Bautista, "pues muy bien, decid al Bautista lo que veis". ¿Es que Dios ya no ama? No, porque hay enfermos que son sanados. ¿Es que Dios ya no está por la justicia? No, porque el evangelio sigue siendo predicado... entonces  tenemos que interpretar ese silencio, no en contra de la justicia ni del amor, porque la justicia y el amor siguen en acción.

    Quiero darles dos pistas de reflexión que me parecen muy importantes.
    1) Saben? somos mas nosotros mismos en el silencio que en la palabra...a veces somos más auténticos en el callar que en el hablar.
    ¿Por qué? Porque al hablar, siempre nos podemos justificar, al hablar nos disfrazamos, nos camuflajeamos; la palabras son muchas veces no sólo la comunicación, son a veces también la pantalla.  Cuando yo le hablo a otro, siempre hablo mejor o muy a menudo hablo mejor de lo que soy, sin quererlo, sin intentar siquiera camuflajearme...En cambio al callar, nuestra realidad queda reducida a los límites estrictos de sí misma. Por eso, Dios no es menos Dios, cuando no me responde, sino es más Él mismo. Dios no es menos bueno ni menos compasivo cuando se calla... así como yo no soy menos cuando me callo, sino soy más yo mismo.

    2) Mis palabras no me hacen necesariamente "más presente" al otro. Yo no estoy más con el otro cuánto más le hablo, puedo estarlo, pero no necesariamente. Mis palabras también me acaparan, me hacen menos sensible en mi comunicación. Las palabras son también una barrera. La palabra moviliza mi inteligencia, mis recursos, mis recursos de persuasión para lo que yo quiero que el otro entienda de mí, mi deseo de convencer. Pero en mi silencio yo quedo reducido a mí mismo, entonces mi presencia puede ser más profunda y más real.
    Por ejemplo, en lo particular me encanta ver a los bebés... imagínense si me gustan que he tenido tres... me encanta ver el diálogo sobre todo  el de la madre, también del padre, el padre, en general, es menos expresivo porque nuestra civilización cree que el ser «maternal» no es apropiado para un padre. Pero en el diálogo de  la madre con el niño hay cosas que puedes "ver" y que resultan muy interesantes.... muchas veces esos contactos de la madre con el bebe "es silencio puro"... en el que está el rostro de ella apegado con el rostro del niño... y en ese instante, en ese momento se está demasiado cerca  como para hablar... simplemente no  hace faltaporque en "el contacto" uno puede estar tan presente, incluso más que en la palabra.

    Y no necesito hablar solo de esta "relación de silencio"  de la madre con su bebe...piensen en los novios, entre los casados... bueno aunque  eso se ve mucho  mas entre los novios. Hay momentos de silencio profundo, de comunión, en los que la palabra estorba. Uno está más con el otro en "ese silencio" que si dijeras cosas, porque  a veces no sabes decir nada, sencillamente porque "ese momento" no se necesita. Mi palabra, en ese momento me desvirtúa, me aleja del otro. Si yo dijera algo, rompería el encanto. ¿Es así o no es así?
    El silencio puede hacerme más auténtico porque apela a todo mí ser, a todos mis otros recursos, a todas mis otras vías de comunicación que no son la palabra.   Entonces, ¿Con qué derecho  puedo excluir  "los silencios de Dios"...el silencio de la presencia, o el silencio de la autenticidad? No puedo. Si yo creo que Dios es todopoderoso y que es amor y que es justicia, yo tengo que aceptar que los silencios de Dios pueden también expresar su emoción, su amor, su espera, su escucha, su prudencia.
    Al principio de nuestra vida espiritual, de nuestra experiencia cristiana, la voz de Dios nos fascina tanto que creemos que vamos a poder escucharla siempre con la misma intensidad. Es el momento en que Dios nos dice lo esencial... Dios nos habla y a nosotros nos encanta escuchar y lo vemos en tantas cosas; miramos una flor y Dios nos habla...    Es un tiempo maravilloso, muy rico en diálogo, muy rico en escucha...

    Llega un momento cuando Dios ya no se comunica conmigo de la misma manera y calla; y yo que estoy tan mal acostumbrado, me irrita, me molesta  "ese" silencio... Ah!,  si lo viviera   como un privilegio, pero no, lo vivo como una frustración... Porque?...bueno porque, cómo la mayoría de ustedes, yo hubiera creído  que Dios me hablaría siempre como yo quiero, a mi manera... y no, me he dado cuenta de que Dios tiene el derecho de expresarse como Él quiere . Porque Dios tiene muchas maneras de hablar y de comunicarse. Y tiene una muy privilegiada, y de hecho así lo hace. El que Dios tenga no solamente el derecho a comunicarse de muchas maneras, es una realidad bíblica revelada... y bueno, no solamente Dios tiene ese derecho sino que Dios es así como lo hace.
    «Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras, en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo» (Heb. 1:1 y 2). Aquí tenemos el método privilegiado el cual utiliza Dios para hablarnos y es  a través de SU Hijo. Es decir, a Cristo lo tenemos presente a través de su Santo Espíritu o en su Santa Palabra. ¡Ay,cómo me gustaría que esos encuentros fuesen el centro de nuestra vida espiritual!...porque Dios nos ha hablado por el Hijo... Ahora Dios también tiene derecho a guardar silencio. Y soy yo, quién debería estar alerta, para comprender y escuchar qué es lo que Él me dice, porque solo callando soy capaz de escuchar el silbo apacible.
    Dios probablemente había guardado silencio cuatrocientos años antes de hablar a su pueblo mediante el Bautista. Dios había guardado silencio durante 20, 30, 40 años ante la petición de Zacarías, pero había estado escuchando su oración. ¿Saben?, el silencio de Dios, valoriza sus palabras.
    Ahora los discípulos de Juan se impacientan porque Juan lleva unos días en la cárcel. Jesús les dice que abran los ojos, que quizás no necesitan tanto oír como ver. Que Dios sigue siempre actuando y que a veces, el mayor testimonio, quizás, el acto más sublime de servicio, de adoración y de comunión profunda con Dios, que pueden vivir Dios y el Bautista, sea ese momento en la que en una fracción de segundo, sea el tiempo que se tome en rodar una cabeza  por el suelo...pero es una cabeza asegurada para vida eterna. Ese momento que puede parecer el momento de  mayor separación, es quizás el momento de la mayor comunión.
    Si queridos Amigos, Dios a veces nos habla en el silencio... en el silencio, incluso en las tinieblas.  Hay un pasaje que me impresiona y es el de la tragedia que Jesús vive en la cruz ante el propio silencio de Dios. Podemos leerlo en Marcos, hay también un grito, en el que Jesús clama: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mc. 15:34). Y Cristo se encuentra, no suficientemente amparado por Dios, no porque Dios esté ausente, ni que no exista...porque nos damos cuenta Jesús está en dialogo con Él cuando exclama «¡Dios mío...» porque en otras palabras lo que Jesús trata de decir es:  Yo te reconozco como Dios mío  y Tú te reconoces como Dios mío también, pero ¿por qué me has dejado?
    Eso es lo que nosotros vivimos cada vez que sufrimos. La ruptura de ¿por qué me has desamparado? o ¿por qué creo yo que me has desamparado? El caso de Jesús probablemente no era el mismo, pero el sufrimiento está probablemente en la misma línea.
    Hay una explicación que solamente he escuchado una vez en mi vida, una explicación sobre eso. ¡Me gustó tanto que la voy a compartir con ustedes! Una explicación en torno a esta párrafo de el Evangelio que dice:. «Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora novena, y a la hora novena Jesús clamó» (Mc. 15:33 y 34). Es después de esas tinieblas que Jesús encuentra el desamparo, ¿por qué?... Como todos saben, la crucifixión realizada por los romanos, y  la Biblia lo dice muy claramente, implicaba que el crucificado quedase despojado de todos sus vestidos. La tradición cristiana, yo creo que con mucho sentido, lo ha hecho muy bien, ha siempre cubierto la desnudez de Jesús con un paño piadoso, y creo que está bien así. Pero la realidad, queridos amigos, por chocante y por irritante, por indignante que sea, la Biblia nos lo dice muy bien que Jesucristo fue despojado de todas sus vestiduras. Y está allí a la vista de una multitud, en la que hay gente que blasfema, gente que le escarnece, que le insulta. En ese momento a nosotros nos parece que Dios no interviene, pero, ¡que ternura! hay en esas tinieblas que desde la hora de la crucifixión hasta la hora de la muerte, rodean la cruz... los evangelistas sí que han comprendido que ahí Dios no estaba ausente, sino que Dios estaba tan cerca que no podía hablar... Esas tinieblas que Dios envía de la hora sexta a la hora nona, son el abrazo protector y cariñoso de un Dios que quiere proteger la desnudez de Jesús. ¡Ah, cuánto más cariñosas que un velo! Porque un velo irritaría las heridas abiertas de Cristo, en el roce con el peso del paño... ¡Que delicadeza hay en estas tinieblas!... con un velo el Padre envuelve el cuerpo herido de su Hijo; porque las tinieblas es lo único capaz de abrazarlo sin hacerle sufrir. Sin hacerle sufrir una pena adicional...
    Sí, a veces Dios no habla, pero prestemos atención y escuchemos, porque a veces está más cerca de lo que esperamos... Dios guarda silencio ahí, en torno a la cruz, no porque está ausente, no porque es insensible, sino de tan presente, tan conmovido,  tan cerca de su hijo...Por eso en el momento de la muerte, es que tiene que abandonarlo y Cristo tiene que ser, en cierto sentido sólo hombre...porque sólo el hombre puede morir, en ese momento el Señor le aparta las tinieblas, es en ese momento, nos dice el texto bíblico, es en el que Jesucristo dice: «¡Dios mío! ¡por qué dejas de ampararme?». Jesucristo ha sentido entonces todo aquello que nos parecía silencio y ausencia...pero  Jesús sabía que era el amparo de Dios...y ahora en ese instante, en ese minuto, en ese segundo, Cristo se hunde en el abismo de la inconsciencia y es cuando  se nota el abandono de Dios... ¡pero tampoco es abandono de Dios!, porque su última palabra es «¡En tus manos encomiendo mi espíritu!».
    ¡Ah! ¡Qué oración!... ¡que oración tan bonita  es  la  que, cuándo no sepamos qué decir, cuando no sepamos dónde está Dios, ni porqué se calla, ni porqué permite... ¡Que oración tan bonita seria decir: ¡en tus manos encomiendo mi espíritu!... Y si «mi espíritu» les parece una palabra demasiado hermosa, porque ni siquiera te sientes tan espiritual, porqué no decir: ¡en tus manos encomiendo mis dudas, en tus manos encomiendo mi miseria, en tus manos encomiendo mi estupidez!...

    Mi oración para ustedes y para mí es que ante el silencio de Dios tengamos cuidado de no blasfemar interpretándolo mal, porque puede que su silencio  para con nosotros esté tan lleno de amor como lo estuvo en el caso de Elías, en el caso de Juan el Bautista, en el caso de Jesús... A esta hora deseo de todo corazón...
    «Que el Señor te bendiga y te guarde,  y que Dios haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia...Dios alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz.  Amen. » (Núm. 6:24-26.)

     

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