Wednesday, February 6, 2008, 02:01 PM EST
[General]
El consejo de un amigo
Un hombre bueno y honrado había sido requerido por el Emperador para asumir el gobierno de una región allá en la antigua y milenaria China. Este buen hombre quiso comenzar bien su mandato y decidió pedir consejo a uno de sus mejores amigos.
Varios días después se reunía con su amigo, y al tiempo que se despedía de él le pedía, por favor, un consejo que le sirviera para la nueva etapa que iba a comenzar.
El amigo, conociéndole bien, después de reflexionar un poco le dijo:
- Sobre todo, sé paciente -le recomendó su amigo- y de esa manera no tendrás dificultades en tus funciones. El nuevo gobernador le contestó que no lo olvidaría.
Su amigo le repitió tres veces la misma recomendación y cada vez, el futuro magistrado le prometió seguir su consejo. Pero cuando, por cuarta vez, le hizo la misma advertencia, estalló:
- ¿Crees que soy un imbécil? ¡Ya van cuatro veces que me repites lo mismo!
El amigo simplemente le sonrió, y advirtiéndole de la dificultad que conllevaba el consejo que le había propuesto, le dijo:
- Ya ves que no es fácil ser paciente; lo único que he hecho ha sido repetir mi consejo dos veces más de lo conveniente y ya has montado en cólera -suspiró el amigo.
Wednesday, February 6, 2008, 01:56 PM EST
[General]
Una vez iba caminando un elefante cuando de repente, se dio cuenta de que algo no funcionaba bien. Estaba a punto de perder uno de sus ojos. Lo sentía irse, despegarse de su cuerpo poco a poco. Esto le hacía ponerse nervioso, cada vez más. Al final, como bien había predicho el elefante, el ojo cayó al agua sobre la que caminaba el animal. Cuando esto sucedió, el elefante se puso furioso, y empezó a patalear, buscando su amado ojo. La tierra se revolvió y enturbió toda el agua haciéndola marrón. Allí no había manera de encontrar nada y esto desesperaba más al elefante que ya se temía lo peor. Después de un rato chapoteando alguien le dijo, si quieres encontrarlo quédate quieto un rato. El elefante no lo creyó del todo pero no le quedaba más remedio, así que permaneció tranquilo sobre el agua turbia. Al rato, toda la tierra fue posándose sobre el fondo dejando el agua tan cristalina como al principio, y allí, por fin, pudo el elefante recuperar su querido ojo.
Durante la sesión a más de uno se le ha dicho que se quedara un momento quieto, a ver si así encontraba su ojo perdido.