Tú estabas con el cuerpo desnudo,
bañado de rocío y un clavel sobre tu pecho.
Yo estaba con mi paleta de colores,
y un pincel erecto que divagaba trazos.
Nos juntamos sobre el lienzo roto,
y posamos juntos sobre el bosque herido.
Tú me regalaste la saliva dulce.
Yo regué la miel sobre tu muslo abierto.


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