La voz que está callada y que tu buscas, está en las letras que escribió tu alma. En la caricia, que nos da la calma, y en la tibieza de la noche oscura. Tu aliento con mi aliento confundía mientras mi cuerpo, como el agua te abrazaba, y mis potencia como la mar te daba en oleajes perpetuos hasta el día. Al sorprendernos los trinos matutinos en la penumbra de la nueva madrugada, en una nube de sábanas y almohadas tu piel junto a mi piel, abrió caminos. Así nuestros besos se quedaron, en la pausa sin pausa del destino, y al entornar los ojos lentamente, me adormecí, para soñar contigo. Si mis besos te fueron conocidos y sentiste entumecer hasta mi alcoba, habrá sido tu desdén dulce señora la que tal parecer te ha producido. Pues sea desde la tierra hasta el Olimpo, el camino de tu boca, es mi destino.