* Rosy *
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    Cuento - El Ruisenor y la rosa

    miércoles, diciembre 31, 1969, 06:00 [General]

     

    Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -murmuró el Estudiante-; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja.

    El Ruiseñor le estaba escuchando desde su nido en la encina, y lo miraba a través de las hojas; al oír esto último, se sintió asombrado.

    -¡Ni una sola rosa roja en todo el jardín! -repitió el Estudiante con sus ojos llenos de lágrimas-. ¡Ay, es que la felicidad depende hasta de cosas tan pequeñas! Ya he estudiado todo lo que los sabios han escrito, conozco los secretos de la filosofía y sin embargo, soy desdichado por no tener una rosa roja.

    -Por fin tenemos aquí a un enamorado auténtico -se dijo el ruiseñor-. He estado cantándole noche tras noche, aunque no lo conozco; y noche tras noche le he contado su historia a las estrellas; y por fin lo veo ahora. Su cabello es oscuro como la flor del jacinto, y sus labios son tan rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha hecho palidecer su rostro hasta dejarlo del color del marfil, y la tristeza ya le puso su marca en la frente.

    -El Príncipe da el baile mañana por la noche -seguía quejándose el Estudiante-, y allí estará mi amada. Si le llevo una rosa roja bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja la estrecharé entre mis brazos, y ella apoyará su cabeza sobre mi hombro, y apoyará su mano en la mía. Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, tendré que sentarme solo, y ella pasará bailando delante mío, sin siquiera mirarme y se me romperá el corazón.

    -Este sí que es un auténtico enamorado verdadero -seguía pensando el Ruiseñor-. Yo canto y él sufre; lo que para mí es alegría, para él es dolor. No cabe duda que el amor es una cosa admirable, más preciosa que las esmeraldas y más rara que los ópalos blancos. Ni con perlas ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende en los mercados. No se puede adquirir en el comercio ni pesar en las balanzas del oro.

    -Los músicos estarán sentados en su estrado -decía el Estudiante-, y harán surgir la música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle.

    Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar amargamente.

    -¿Por qué está llorando? -preguntó una lagartija verde que pasaba frente a él con la cola al aire.

    -¿Sí, por qué? -murmuraba una margarita a su vecina, con voz dulce y tenue.

    -Está llorando por una rosa roja -explicó el Ruiseñor.

    -¿Por una rosa roja? -exclamaron las otras en coro. ¡Qué ridiculez!

    La lagartija, que era un poco cínica, se puso a reír a carcajadas. Sólo el Ruiseñor comprendía el secreto de la pena del Estudiante y, posado silenciosamente en la encina, meditaba sobre el misterio del amor.

    Por último, desplegó sus alas oscuras y se elevó en el aire. Cruzó como una sombra a través de la avenida, y como una sombra se deslizó por el jardín.

    En medio del prado había un magnífico rosal, y el Ruiseñor voló hasta posársele en una de sus ramas.

    -Necesito una rosa roja -le dijo. Dámela y yo te cantaré mi canción más dulce.

    Pero el rosal negó sacudiendo su ramaje.

    -Mis rosas son blancas -le contestó-, como la espuma del mar y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve donde mi hermana que crece al lado del viejo reloj de sol, y puede ser que ella te proporcione la flor que necesitas.

    El Ruiseñor voló hacia el gran rosal que crecía junto al viejo reloj de sol.

    -Dame una rosa roja -le dijo-, y te cantaré mi canción más dulce.

    Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.

    -Mis rosas son amarillas -contestó-, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar, y más amarillas que el Narciso que florece en el prado. Pero anda a ver a mi hermano, que crece al pie de la ventana del Estudiante, y quizás él pueda darte la flor que necesitas.

    El Ruiseñor voló entonces hasta el viejo rosal que crecía al pie de la ventana del Estudiante.

    -Dame una rosa roja -le dijo-, y yo te cantaré mi canción más dulce.

    Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.

    -Rojas son, en efecto, mis rosas -contestó-; tan rojas como las patas de las palomas, y más rojas que los abanicos de coral que relumbran en las cavernas del océano. Pero el invierno heló mis venas, y la escarcha marchitó mis capullos, y la tormenta rompió mis ramas y durante todo este año no tendré rosas rojas.

    -Una rosa roja es todo lo que necesito -exclamó el Ruiseñor-; ¡sólo una rosa roja! ¿No hay manera alguna de que la pueda obtener?

    -Hay una manera -contestó el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtela.

    -Dímela -repuso el Rui señor-. Yo no me asustaré.

    -Si quieres una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que construirla con tu música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu corazón. Debes cantar con tu pecho apoyado sobre una de mis espinas. Debes cantar toda la noche, hasta que la espina atraviese tu corazón y la sangre de tu vida fluirá en mis venas y se hará mía.

    -La propia muerte es un precio muy alto por una rosa roja -murmuró el Ruiseñor-, y la vida es dulce para todos. Es agradable detenerse en el bosque verde y ver al sol viajando en su carroza de oro y a la luna en su carroza de perlas. Es muy dulce el aroma del espino, y también son dulces las campanillas azules que crecen en el valle y los brezos que florecen en el collado. Sin embargo, el Amor es mejor que la vida, y, por último, ¿qué es el corazón de un ruiseñor comparado con el corazón de un hombre enamorado?

    Y, desplegando sus alas oscuras, el ruiseñor se elevó en el aire, cruzó por el jardín como una sombra, y como una sombra se deslizó a través de la avenida.

    El Estudiante seguía echado en la hierba, como lo había dejado; y las lágrimas no se secaban en sus anchos ojos.

    -¡Alégrate! -le gritó el Ruiseñor-. ¡Siéntete dichoso, porque tendrás tu rosa roja! Yo la construiré con mi música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que pido en cambio, es que seas un verdadero amante, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, por muy sabia que ésta sea, y es más poderoso que la Fuerza, por muy fuerte que ella sea. Las alas del Amor son llamas de mil tonalidades, y su cuerpo es del color del fuego. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como la mirra silvestre.

    El Estudiante levantó la vista de la hierba y escuchó, pero no comprendió lo que decía el Ruiseñor, porque él sólo podía entender lo que estaba escrito en los libros.

    En cambio, la encina comprendió y se puso a balancear muy tristemente, porque sentía un hondo cariño por el pequeño Ruiseñor que había construido el nido en sus ramajes.

    -Cántame, por favor, una última canción -le susurró la encina-, porque voy a sentirme muy sola cuando te hayas ido.

    Y el Ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que cae de una jarra de plata.

    Cuando terminó la canción del Ruiseñor, se levantó el Estudiante y sacó del bolsillo un cuadernito y un lápiz.

    -He de admitir que ese pájaro tiene estilo -se dijo a sí mismo caminando por la alameda-, eso no puede negarse; pero ¿acaso siente lo que canta? Temo que no, debe ser como tantos artistas, puro estilo y nada de sinceridad. Jamás se sacrificaría por alguien, piensa solamente en música y ya se sabe que el arte es egoísta. Sin embargo, debo reconocer que su voz da notas muy bellas. ¡Lástima que no signifiquen nada, o que no signifiquen nada importante para nadie!

    Luego entró en su alcoba, y, echándose sobre su cama, comenzó de nuevo a pensar en su amor. Después de unos momentos se quedó dormido.

    Cuando la luna alumbró en los cielos, el Ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho sobre la mayor de las espinas. Toda la noche estuvo cantando con el pecho contra la espina, y la luna fría y cristalina se inclinó para escuchar. Toda la noche estuvo cantando así apoyado, y la espina se hundía más y más en su carne y la sangre de su vida se derramaba en el rosal.

    Cantó primero al nacimiento del Amor en el corazón de los adolescentes. Entonces, en la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo como canción tras canción. Al principio era pálida, como la niebla que flota sobre el río; pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. La rosa que floreció en la rama más alta del rosal era como el reflejo de una rosa en un cáliz de plata, era como el reflejo de una rosa en espejo de agua.

    El rosal le gritó al Ruiseñor para que apretara más su pecho contra la espina.

    -¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor -gritó el rosal-, o el día llegará antes de haber terminado de fabricar la rosa!

    Y el Ruiseñor se apretó más contra la espina, y más y más creció su canto porque ahora cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un joven y de una virgen.

    Y un delicado rubor comenzó a cubrir las hojas de la rosa, como el rubor que cubre las mejillas del novio cuando besa los labios de su prometida.

    Pero la espina no llegaba todavía al corazón del corazón, y el corazón de la rosa permanecía blanco, porque sólo la sangre de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de una rosa.

    Y el rosal le gritó al Ruiseñor para que se apretara más aún contra la espina.

    -¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor -gritó el rosal-, o llegará el día antes de haber terminado de fabricar la rosa!

    Y el Ruiseñor se apretó más aún contra la espina, y la espina al fin le alcanzó el corazón. Un terrible dolor lo traspasó. Más y más amargo era el dolor, y más y más impetuosa se hacía su canción, porque ahora cantaba el Amor sublimado por la muerte, el Amor que no puede aprisionar la tumba.

    Y la rosa del rosal se puso camersí como la rosa del cielo del Oriente. Su corona de pétalos era púrpura como es purpúreo el corazón de un rubí.

    La voz del Ruiseñor ya desmayaba , sus alitas comenzaron a agitarse, y una nube le cayó sobre sus ojos. Su canto desmayaba más y más, y sentía que algo le obstruía la garganta.

    Entonces tuvo una última explosión de música. Al oírla la luna blanca se olvidó del alba y se demoró en el horizonte. Al oírla la rosa roja tembló de éxtasis y abrió sus pétalos al frescor de la mañana. El eco llevó la canción a la caverna de las montañas, y despertó a los pastores dormidos. Luego navegó entre los juncos del río que llevaron el mensaje hasta el mar.

    -¡Mira, mira -gritó el rosal-, la rosa ya está terminada!

    Pero el Ruiseñor no contestó, porque estaba muerto con la espina clavada en su corazón.

    Ya era eso del mediodía cuando despertó el Estudiante; abrió la ventana y miró hacia afuera.

    -¡Caramba, qué maravillosa visión! -exclamó-. ¡Una rosa roja! En mi vida he visto una rosa semejante. Es tan hermosa que estoy seguro que tiene un nombre muy largo en latín.

    Se inclinó por el balcón y la cortó.

    En seguida se caló el sombrero, y con la rosa en la mano, corrió a la casa del profesor.

    La hija del profesor estaba sentada cerca de la puerta, devanando una madeja de seda azul, con su perrito a los pies.

    -Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -exclamó el Estudiante-. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.

    Pero la jovencita frunció el ceño.

    -Me temo que no va a hacer juego con mi vestido nuevo -repuso-, Y, además el sobrino del Chambelán me envió unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las joyas son más caras que las flores.

    -Eres una ingrata incorregible -dijo agriamente el Estudiante, y tiró con ira la rosa al arroyo donde un carro la aplastó al pasar.

    -¿Ingrata? -dijo la muchacha-. Yo te digo que eres un grosero. ¿Qué eres tú, después de todo? Sólo un estudiante, y ni siquiera creo que lleves hebillas de plata en los zapatos, como lo hace el sobrino del Chambelán.

    Y muy altanera se metió en su casa.

     

    -¡Qué cosa más estúpida es el Amor! -se dijo el Estudiante mientras caminaba-. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la Filosofía y al estudio de la Metafísica.

    Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.


      Oscar Wilde

     

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    El Cuento de La rosa roja

    miércoles, diciembre 31, 1969, 06:00 [General]

     

    Caminaba un día por la calle, cuando observé
    como unas nubes oscuras se juntaban en el cielo,
    y vi luego como la lluvia empezó a caer,
    rápidamente busqué refugio, al mismo tiempo que
    la suave lluvia se convertía poco a poco en tormenta.

    Encontré refugio bajo una cornisa, a la entrada
    de una casa, en el momento en que la tormenta
    caía con más fuerza y estruendo.

    Vi entonces una pequeña rosa roja, golpeada y
    encorvada por las grandes gotas de agua que
    constantemente le azotaban; y a pesar de esto
    no se rompía, sino que soportaba con increíble
    resistencia el gran embate de la lluvia y cada
    uno de sus golpes; manifestado en grandes
    y pesadas gotas de agua.

    Me sorprendí al ver como a pesar del viento
    y lluvia, la pequeña rosa roja soportaba el
    gran castigo, sin ceder ni un ápice. En muchos
    momentos, pensé verla caer, derrotada por la
    furia del agua, mas sin embargo, volvía a
    enderezar su ya doblado tallo por la lluvia.

    Al pasar la lluvia, y ver como el sol salía
    de entre las oscuras nubes, noté con asombro
    como la pequeña y frágil rosa roja, estaba aún
    en su lugar, con su tallo erguido hacia el
    cielo, mostrando con orgullo sus bellos pétalos
    rojos, en señal de su victoria ante las fuerzas
    de la misma naturaleza, a la cuál pertenece.

    Esto me hizo reflexionar acerca de mi vida;
    pues al recordar como la indefensa rosa luchaba
    por seguir en pié ante la tempestad, y después
    de observar cuán dura había sido su lucha, me
    recordó las dificultades que había tenido en
    mi vida, y de como muchas veces, había sentido
    que ya no podía más, pero al ver la rosa roja,
    en pié y victoriosa, recordé aquel pasaje de la
    Biblia, donde Jesús nos dice que nosotros
    valemos más que las flores del campo y los
    pajarillos del cielo, y pensé: "Si Jesús dio
    fuerza a esa pequeña rosa roja para pasar la
    tempestad; por qué he yo de temer a las
    adversidades?, pues si Jesús no dejó que esa
    rosa que no ama, no camina y no tiene razón
    soportara la tormenta, cuánto más cuidará de
    mí, hijo de Dios y heredero de la vida eterna?".

    Desde entonces no dejo que nada me asuste,
    atemorice o desanime, y cada vez que siento
    desfallecer; recuerdo aquella pequeña rosa
    roja, la cuál me mostró cuánto valgo y lo duro
    que he de pelear en este mundo, pero también
    recuerdo el amor que me tiene aquel que dio
    fuerza a la rosa, para que pudiera resistir...
    Gracias Jesús! por ayudarme a resistir.

     ( de la red - no dice autor )

     

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    Tres Regalos

    miércoles, diciembre 31, 1969, 06:00 [General]

     

     

    Espero
    no voy a marcharme
    no voy a alejarme
    sin antes decir

    Que lloro
    que sufro al mirarte
    tan cerca en mis manos
    sin poder decir.
    Por que ya creo merecerte
    por que ya logre ponerte
    en mi alma tu mas grande altar.
    Ay pero quiereme.
    Solo basta una sonrisa
    para hacerte tres regalos
    son el cielo, la luna y el mar.
    Yo que sone
    con tener una reina
    que mandara en mis adentros.
    Ya no tengo que buscarla
    por que en ti todo lo encuentro.

    Ya nomas dime que si.
    Solo basta una sonrisa
    para hacerte tres regalos:
    son el cielo, la luna y el mar.

    Guicho Cisneros

     

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    Tres deseos

    miércoles, diciembre 31, 1969, 06:00 [General]

     

     Gloria Estefan

     

     

    Que lindos los arreboles
    Cuando el sol se va poniendo
    Que buenos son los amores
    Cuando que se llevan por dentro
    Ay, se, corazon,
    Ya se van los sinsabores
    A llegan los buenos tiempos
    Ya llegan los buenos tiempos
    Ya se alejan los dolores
    Y se alegra el sentimiento
    Que ya prendio la fiesta
    Que ya se apago el hastio
    Que ya el corazon se alegra
    Porque tengo el amor mio
    Que ya viene el ano nuevo
    La fiesta ya esta caliente
    Concedeme tres deseos
    Estrellita del Oriente
    Que el campo ya esta floreciendo
    Y el trigo ya esta maduro
    Y la flor del ano nuevo
    Ya esta abriendo su capullo
    Que los suenos se vuelvan realidad
    Un futuro de prosperidad
    Que florezca un mundo mejor
    Que haya paz en el corazon

     

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    Cuento de los seres de tres corazones

    miércoles, diciembre 31, 1969, 06:00 [General]

     

    • Érase que se era una niña que nació triste y veía siempre los rincones más tristes y más oscuros, podía ver a los seres por dentro pero sólo a los seres que sufrían. Contra todo pronóstico para Heidi llegó un día que vio a un ser por dentro y vio alegría por primera vez, ese ser era su hermanita recién nacida, que nació alegre. Desde ese día Heidi pudo ver a todos por dentro.
    • Heidi y su hermanita Sabine fueron a pasear por la orilla del mar y en un arranque de travesura Sabine empujó una barca y se subió en ella esperando que Heidi la regañara pero aquel día era lunes y Heidi se había puesto los pendientes de luna llena y estaba llena de luna, así que subió encantada a la barca.
    • Cuando Heidi miraba al agua intentando ver el fondo del mar, sintió algo desconcertante: sintió su pena más intensa que nunca, pero al mismo tiempo sintió alegría, pero una alegría que la desbordaba, y mientras Heidi seguía mirando el fondo del mar vio que por él pasaba un ser triste y alegre a la vez, lleno de mar y de luna como ella, era un ser con tres corazones, uno triste, otro alegre y otro lleno de luna. Ese ser se fue alejando y Heidi volvió a la realidad, y entonces Heidi y Sabine remaron un rato, a veces alegres, a veces tristes pero siempre llenas de luna.
    • Desde aquel día Sabine descubrió la tristeza, pero se alegró porque desde entonces después de estar triste la invadía la alegría, pero llena de luna.
    • Vinieron tiempos difíciles y grandes tormentas de tristeza se abalanzaron sin piedad sobre Sabine y Heidi. A veces la tristeza era tan fuerte que no se podían mover y se quedaban inmóviles durante horas, a veces semanas enteras hasta que salía la luna llena y las llenaba de luna que se iba abriendo paso desde los párpados hasta el ombligo.
    • Entonces ellas aprovechaban para volver al mar y dejar allí lejos la tristeza.
    • Allí llegaban los seres de tres corazones y se la comían, a cambio destilaban corrientes enteras de alegría, ellas se subían en la alegría y volvían a casa.
    • Ocurrió en esta ocasión que ellas habían llevado tanta tristeza, que los seres de tres corazones aparecieron muertos al día siguiente en la orilla, muertos por exceso de tristeza.
    • Ellas nos los vieron porque estuvieron subidas en la alegría y no fueron al mar.
    • Tres años después vinieron corrientes terribles llenas de tristeza, a duras penas Heidi y Sabine intentaron llegar al mar, cuando lo consiguieron y no encontraron a los seres de tres corazones, la dejaron en su corazón, tiritando de pena, todos temieron por sus vidas porque la tristeza les hizo enfermar gravemente, pero al fin se recuperaron y fueron por todo el mundo dejando en cada lugar un poco de tanta tristeza en recuerdo de los seres de tres corazones.

              Elena Pascual

     

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