Cómo podría describirles Montreal sin hacer de esta entrada una guía turística. El viejo Montreal, que es el centro histórico de la ciudad, es una mezcla entre París, Barcelona y San Francisco. Espero que hayan visto alguna de esas tres ciudades, aunque sea en televisión, porque si no vamos mal.
La ciudad es pequeña y la gente camina por las calles, como a mí me gusta. No es tan difícil hacer una ciudad con buen gusto, con parques bonitos, casas de ladrillo, todo bien organizado y hecho a conciencia. Debería llevarme un par de arquitectos e ingenieros a Miami. La ciudad me recuerda a París por su cultura. En cada esquina del barrio antiguo hay un museo, un edificio histórico. El centro está repleto de pequeños cafés con sus diminutas sillas, la gente se sienta a observar el paisaje. Obviamente me recuerda a París por la influencia francesa en la ciudad. La Rue de la Commune es esplendida para correr, montar bicicleta, pasear con tu pareja, hacer un picnic con tu familia. Si seguimos caminado llegamos a la calle Saint-Paul, la más vieja de Montreal. A orillas del río Saint-Laurent y con la Torre del reloj de fondo es el lugar perfecto para prometer amor eterno, es uno de los lugares más románticos que he visto. La famosa plaza Jacques-Cartier, lugar perfecto para tomarse un café, sentarse en un banco a leer un libro o disfrutar de una deliciosa comida francesa en uno de sus tantos restaurantes. Al fondo, el famoso ayuntamiento. Más abajo el mercado Bonsecours, ahora alberga algunas de las boutiques más caras de la ciudad. Por su puesto la imponente Basílica de Notre-Dame.
A Barcelona y San Francisco me recuerda por la mezcla que existe entre sus habitantes. Por una lado es una ciudad muy liberal (es una de las capitales gay del mundo), una ciudad muy bohemia y por otro lado hay otro tipo de gente que es muy sofisticada (no que se contradigan, pero el contraste llama la atención). Mujeres muy bien vestidas, con colores oscuros, faldas ajustadas, botas altas, vestimentas muy europeas. Hombres también muy elegantes, todos con sus ipods. En fin, ni que fuera yo ahora crítico de moda.
Es una ciudad fascinante, la gente es extremadamente educada, no hay casi ruido en las calles, nadie grita, hasta los turistas se comportan bien. Una ciudad con clase. No tiene nada que envidiarle a Nueva York, ni que digamos a Los Angeles, ni hablar del Bayside en Miami. Cada lugar tiene sus formas y estilos, yo me quedo con el de Montreal.
Saludos, Joaquin.
La perspectiva y opiniones expresadas en esta página son exclusivamente las de Joaquin Duro y no reflejan las de Miller Brewing Company. No hay ningún endosado o afiliación implicada entre Miller Brewing Company y la entidad aquí mencionada.

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