Introducción general o temática se llama meta-física, porque va más allá de lo físico o sensible en cuanto tal, hacia el interior del orden puramente inteligible de la realidad ("meta", significa más allá). "Ciencia" es conocimiento por causas y, por lo tanto, cierto, universal innecesario. Es un conocimiento en el cual conocemos el porque, porque hemos conocido la causa, no una causa accidental o fortuita, sino una causa necesaria.
Desarrollo Metafísica: La Ciencia Del Ente En Cuanto Ente: Si la metafísica es ciencia del ente, lo que hemos de estudiar en la metafísica, es la causa del ente. Para ser más precisa la definición de la metafísica, podemos decir que es la ciencia de los principios de la causa del ente en cuanto ente. Pero, si los principios y la causa del ente en cuanto ente han de ser, por ello, los más universales, podemos decir que, en metafísica, estudiamos los más actos, últimos y universales principios o causas de todas las cosas. Es por esto que la metafísica es llamada "filosofía primera": el conjunto de la realidad cae bajo su mira. La metafísica estudia tanto la totalidad como la unidad de todas las cosas. ¿Por qué la totalidad?, porque "el hecho de ser" afecta absolutamente a todas las cosas. ¿Por qué la única cosa que se encuentra fuera del ser? "el no-ser!: nada está fuera del alcance de la metafísica. ¿Y por qué la unidad?. Porque todas las cosas tienen en común, lo que hace de todas ellas una, es el ser. Las cosas diferentes en muchos aspectos, una cosa son exactamente la misma: en que son, existen. Puesto que el Ser es lo que todas las cosas son, y la hace a todas ella una, estudiamos la unidad de todos los seres. Esta es la visión metafísica: por ello es el más alto saber natural. Esto lo convierte en el más difícil de los conocimientos naturales, no por ser complicados, sino por ser el más comprensivo y el más profundo
Objeto De La Metafísica Conviene hacer aquí una distinción, que nos será de utilidad, entre el objeto formal y el objeto material de la metafísica. El segundo es un sujeto-materia (todas las cosas), y el primero es el aspecto de este objeto material, considerado por la metafísica; a saber, el aspecto del ser; tal es el punto de vista metafísico, como distinto del de cualquier otra ciencia. La metafísica es la ciencia que estudia la totalidad de las cosas bajo el aspecto y desde el punto de vista del ser: ¿Qué es esto?, ¿De qué está hecho?, ¿Para qué es?, ¿Qué es lo que lo ha hecho llegar a hacer?. Es útil tener presente cuando los niños alcanzan el uso de razón, siempre muestran una inclinación metafísica, porque formulan preguntas sobre el Ser de las cosas: ¿Qué es esto, para qué es?...La primera tendencia del Ser Humano es la de buscar el Ser de las cosas, porque el objeto natural de la inteligencia es el Ser. Esta es la razón por la cual la metafísica es la ciencia natural del hombre, la ciencia humana, la más congénita a la inteligencia. También es ésta la razón por la cual, si la metafísica es rechazada, olvidada o despreciada, algo necesariamente debe fallar en alguna parte: en la moral, en las costumbres, en el acercamiento a la vida...El Catecismo de la doctrina está repleto de metafísica desde el principio hasta el fin. Nuestra religión cristiana nos da la explicación última de cualquier cosa que concierna al propósito de la vida humana, a Dios y a la moralidad. Todo ello se halla exhaustivamente explicado por ella, ya que es eminentemente metafísica. La simplicidad y profundidad de la fe cristiana (sobrenatural) es acompañada por la simplicidad y profundidad de la metafísica (natural). El Ente Es Analógico El término "ente" es aplicado a todas las realidades, pero en el mismo sentido y en parte en un sentido diferente. Este niño es un ente, esta mesa es un ente, Dios es un ente. ¿Quiere esto decir que el niño, la mesa y Dios son exactamente lo mismo? Evidentemente no: son muy diferentes el uno del otro; pero es cierto que cada uno de ellos es un ente. Esto es muy revelador. El "ser" conviene a numerosas realidades parcialmente en un mismo sentido, porque todas ellas son entes y, parcialmente, en un sentido diferente, porque el ser de la mesa es completamente distinto del ser del niño, el ser de una buena acción es completamente diferente del ser de una mala acción. Esta característica del ente es llamada la analogía del ente. Cuando una palabra es aplicada a muchas cosas siempre con el mismo sentido, se llama unívoca. Por ejemplo, cuando decimos que Pedro es un hombre y Juan es un hombre, estamos usando la palabra "hombre" exactamente en el mismo sentido: la "humanidad" de Pedro es la misma que la "humanidad" de Juan; difieren éstos en sus características individuales, pero en lo que concierne a su humanidad son idénticos. Si un término, por otra parte, tiene a veces un significado y otras veces uno completamente distinto, se denomina equívoco:: así, por ejemplo, "tabla" puede significar una pieza de madera o la tabla de materias de un libro. Ahora bien, existen palabras que no son ni unívocas ni equívocas, porque, cuando son aplicadas, lo son parcialmente en el mismo sentido, y parcialmente, en sentido diferente. No pueden ser llamadas equívocas, pues su significado es similar. Pero tampoco pueden llamarse unívocas, ya que su sentido cambia en cierto modo. Por ejemplo, el término "alegre" puede convenir a una sonrisa, aun pensamiento, a un paisaje, a un color, pero, en parte, en el mismo sentido y, en parte, en sentidos distintos. Este tipo de términos es llamado "analógico", a partir del término griego que significa "proporción": los sujetos a los cuales conviene son iguales entre sí, pero sólo de forma proporcionada: La "alegría" del paisaje es al paisaje lo que la "alegría"" de la sonrisa es a la sonrisa; pero no son idénticas. Y el "ente" es el más analógico de todos los términos. En particular, predicamos el ser de dos tipos de ente, dos tipos de realidades en los cuales podemos clasificar a los entes ¿Cuáles son, entonces, las clasificaciones últimas o categorías de los entes? Como ya hemos observado, lo primero que advertimos cuando contemplamos la realidad es el cambio; y después que no hay cambio sin algo que cambie. El cambio no puede existir solo y por sí mismo: es algo que no cambia, inherente y perteneciente a la cosa. Denominamos a lo que cambia el accidente y a lo que permanece a través del cambio sustancia. Los accidentes no existen en sí mismos: aquello que soporta los accidentes es la sustancia. Es ésta, así, la clasificación última del ente: podemos decir que el ente es o sustancia o accidente. Y cuando predicamos el "ser" de ambos, ¿lo hacemos acaso en idéntico sentido en los dos casos? No, porque el ser de sustancia es un ser en sí y por sí, mientras que el ser del accidentes es un ser de la sustancia o en la sustancia. Es en parte el mismo y en parte distinto, pues la sustancia es "en sí" y el accidente es "en la sustancia". Ambos existen, pero de modo diferente. Es aquí donde mejor se percibe la analogía del ente.
El Principio De No-Contradicción El principio supremo de la metafísica es el principio de no-contradicción. Recordemos: es imposible que algo sea y no sea en el mismo sentido y en el mismo sujeto. Recordemos también las dos operaciones del intelecto: 1) la operación de forjar un concepto; 2) la operación de afirmar o negar: juzgar o ajustar la propia mente a la realidad. En la primera operación, la mente forma la noción del ente, sin la cual ninguna otra cosa puede ser concebida (todos nuestros conceptos implican el concepto de ente). Es ésta la primera moción que nos viene a la mente, y, ya que la metafísica es la ciencia del ente, es, por ello, la tendencia más natural de la inteligencia. No es que, en realidad, podamos recordar cuándo formamos nuestro primer concepto. Pero somos capaces de reconstruir este proceso: podemos descubrir que la primera idea era el "ente" contemplando todos nuestros conceptos, y reconociendo que todos hemos accedido a ellos después de haber accedido a la noción de ente; ella es parte de nuestra humanidad. No hay aquí diferencia alguna de educación, cultura, talento o sexo: un ser humano se dirige natural y espontáneamente hacia la noción de ente desde el momento mismo en que empieza a conocer. Es éste, pues, en núcleo más profundo del ser humano: la búsqueda del sentido de la existencia. Si la primera noción es el "ser", la segunda debe ser el "no-ser". No es tampoco que podamos recordarla sino, de nuevo, que podamos reconstruirla: diciendo "ser", nada es excluido, lo cual significa que la segunda idea, después del ser, debe ser la "nada" o "no ser". Y la tercera idea debe ser la división, pues confrontando ser y no ser; los dividimos: ser no es no-ser. Nos elevamos aquí a la segunda operación de la mente juntamente con la noción de división, realizamos el primer juicio, que es el principio de no contradicción (ser no es no-ser). "Noción" es "operación primera", y "juicio" es "operación segunda". En este punto, hemos de hacer la capitalobservación de que la contradicción es imposible porque la realidad es así, no porque ésta sea nuestra manera de pensar: la contradicción es imposible, no por ser impensable, sino porque no puede tener lugar en la realidad (la filosofía moderna, sin embargo, sitúa a menudo el pensamiento por encima del ser). El principio de no-contradicción es un juicio evidente, basado en la noción misma de ser. No es un mero axioma de pensamiento sino arraigado y fundamentado en el ser. Este principio es auto evidente para todos. Se eleva en la inteligencia de modo natural como un efecto de la verdad misma, de la verdad de las cosas mismas, a partir del conocimiento experimental de los términos del juicio. Estos términos son "ser" y "no-ser", y tenemos un conocimiento experimental o empírico (sensible) de ellos. Y partiendo de esta experiencia inmediata, vemos la verdad de las cosas, y el efecto de ello es el principio de no-contradicción. Este principio es auto evidente para todos, porque estos dos términos (ser y no-ser) son naturalmente conocidos por todo el mundo. Es el primer de toda demostración o prueba, porque surge de las primerísimas nociones que llegan a nuestra mente, y, por lo tanto, no puede ser demostrado por otro principio que sea más evidente. No es nada parecido a una hipótesis, porque una hipótesis es sólo un tipo de tentativa de principio necesitada de comprobación; pero este éste principio es la primera certeza natural de la mente humana. Y como tal es asumido por todas las ciencias. El marxismo, siguiendo la dialéctica hegeliana , ha negado el principio de no-contradicción, pero no es la única filosofía que lo ha hecho: Aristóteles, ya en su época, cuatro siglos antes de Cristo, refutó a aquellos que lo atacaban. ¿Podemos nosotros probar la verdad de este principio contra esas filosofías?. Acabamos de decir que no puede ser probado, pues es precisamente el principio de toda prueba, de toda demostración. Lo que sí se puede hacer es mostrar el absurdo de negarlo, sencillamente afirmando su opuesto: "una cosa puede ser ella misma y ser otra en el mismo sentido"; "yo puedo ser yo mismo y otro al mismo tiempo"...El marxismo dice que no hay ser: sólo hay un proceso de devenir. Esto se debe al ateísmo intrínseco de esta filosofía que empieza por negar a Dios, porque Dios es "el ser que no puede cambiar".
Importancia de la metafísica para la teologíaComo hemos visto, la metafísica es indispensable no sólo para la teología natural, sino también para la teología sobrenatural, porque sólo una filosofía de la realidad, del ser, es capaz de admitir científicamente la verdad de la fe tal como es, es decir, como una realidad sobrenatural. En otras palabras, la fe es una realidad sobrenatural: por tanto, solamente una filosofía que se ocupa de la realidad puede aceptar científicamente la fe y hacerse teología. Es en realidad de ser, del acto de ser, del ser de las cosas, donde, en cierto modo, hallamos un suelo común, un punto de encuentro en todas las cosas como una participación. Dios es la plenitud de ser; las cosas toman parte del ser. La filosofía recibe la fe e, iluminada por la fe, se desarrolla convirtiéndose en teología, la cual es la más profunda comprensión de la revelación. ¿Qué es la fe? , dos cosas: lo que Dios revela, y nuestro acto de creer en ello. Y, ¿Qué es la teología?, la mejor comprensión por nuestra parte de lo que Dios nos ha revelado. ¿Cómo podemos comprender mejor las cosas que Dios nos ha revelado? Entre otros medios, con la ayuda de la metafísica. ¿Por qué? Porque la metafísica se dirige de forma ultimísima a lo divino como tal: es la base común de los hombres con lo divino. Esta es la razón común de los hombres con lo divino. Esta es la razón común de los hombres con lo divino. Esta es la razón por la cual, como dijimos, el catecismo de la doctrina cristiana está repleto de metafísica: la mayor parte de las cuestiones tratadas por éste poseen implicaciones metafísicas. El proceso de la teología arranca de la fe, pero la filosofía es el instrumento de la teología, y, muy particularmente lo es la metafísica del ser, que no es una metafísica del "pensamiento " o de la "idea". La metafísica del ser abastece a la teología de las nociones básicas necesarias para comprender el contenido de la revelación en la medida en que esto es posible para la mente humana: nociones como sustancia, accidente, causalidad, subsistencia, naturaleza, persona, etc.
Conclusión En su obra Metafísica, Aristóteles intentó definir el "ser". Quizá sea ésta su principal aportación a la historia de la filosofía griega y occidental en general. En el texto siguiente, Emile Bréhier profundiza en la concepción aristotélica de tal aspecto, estableciendo su relación con la anterior dialéctica platónica. Fragmento de Historia de la filosofía. De Emile Bréhier. Volumen I: primera parte, capítulo IV, 3. La metafísica de Aristóteles ocupa el lugar que ha quedado vacío al rechazar la dialéctica platónica. Es «la ciencia del ser en tanto que es ser, o de los principios y causas del ser y de sus atributos esenciales». Plantea un problema muy concreto: ¿qué es lo que hace que un ser sea lo que es? ¿qué es lo que hace que un caballo sea un caballo, que una estatua sea una estatua, que una cama sea una cama? Se trata de saber el sentido que tiene la palabra ser en la definición que enuncia la esencia de un ser. Así la Metafísica resulta ser, en gran parte, un tratado de la definición: el problema de la definición, que Platón creyó resolver mediante la dialéctica, no está, en realidad ni al alcance de la dialéctica, que juzga simplemente el valor de las definiciones formuladas, ni al de la ciencia demostrativa, que las usa como principios, sino de una ciencia nueva y todavía desconocida, la filosofía primera o ciencia deseada, que se ocupa del ser en tanto que ser. Seguramente la palabra ser tiene otros sentidos distintos del que adquiere en la definición; puede servir para designar el atributo esencial o lo propio (el hombre es capaz de reír), o incluso el accidente (el hombres es blanco), pudiendo ser tomado éste, por lo demás, en una de las nueve categorías; pero el ser de lo propio, como el del accidente, supone el ser de una sustancia; y, si se puede hablar también del ser de una cualidad y preguntarse qué es, esto sucede porque hay antes una sustancia; todos esos sentidos del ser son derivados del primero. El objeto primitivo y esencial de la metafísica consiste, pues, en determinar la naturaleza del ser en su sentido primitivo; pero se extiende a todos los sentidos derivados, ya que éstos se refieren al sentido primitivo. Por eso la metafísica tiene que empezar estableciendo axiomas, ya que sin ellos no se podría hablar del ser en ningún sentido: no se puede afirmar y negar a la vez; no se puede decir que una misma cosa es y no es; no se puede decir que un mismo atributo pertenece y no pertenece a un mismo sujeto al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. La negación de estos principios es equivalente a la tesis de Protágoras en el Teeteto, cuando declaraba verdadero todo lo que le parecía tal. El establecimiento de estos principios indemostrables no podría ser, por lo demás, una demostración positiva, sino una refutación de los que los niegan: refutación completamente dialéctica, consistente en hacer ver al adversario que, aunque parece que los niega, en realidad, los acepta. El hecho de que no haya término medio entre la negación y la afirmación es una condición del pensamiento; decir lo contrario es decir que lo que es no es y que lo que no es; es negar que exista lo verdadero y lo falso. La refutación consiste también en mostrar la insuficiencia de los ejemplos que ofrece el adversario en apoyo de su tesis; de modo especial, la variación de las impresiones sensibles, a tenor de las circunstancias, no le aporta ninguna prueba; porque si el vino, dulce para un hombre sano, le resulta amargo al enfermo, desde el momento mismo en que le parece amargo, no le parece dulce. La propia impresión sensible verifica el axioma. Por lo demás, la tarea de la metafísica es nueva. No se trata ya de llegar por descomposición a los elementos componentes de los seres, como hacen los físicos, ni de elevarse mediante una dialéctica regresiva hasta una realidad suprema, objeto de una intuición intelectual, como en Platón, sino de determinar por generalización los caracteres comunes de toda realidad. La metafísica no es tampoco la ciencia del Bien o causa final ni la de la causa motriz, ya que Bien y causa motriz dejan fuera cosas inmóviles como los seres matemáticos, sino la ciencia mucho más general de la quididad, la cual no deja nada fuera de ella. La metafísica no estudia una a una ni colectivamente todas las sustancias, sino lo que hay de común en todas; pero una vez más; lo que hay de común no son elementos concretos, como el fuego o el agua, sino que cada una tiene una quididad que permite clasificarla en un género y determinarla por una diferencia. Desde esta perspectiva, no hay que hacer ninguna distinción entre las sustancias sensibles y las no sensibles, ni tampoco entre las corruptibles y las incorruptibles; el terreno de la metafísica no está limitado a la categoría de cosas no-sensibles e incorruptibles, sino que es mucho más extenso. Sin embargo, el metafísico, al estudiar el ser en tanto que ser, no debe tener la ilusión de haber alcanzado el género supremo. Ese es el error de los platónicos y de los pitagóricos, que al hablar como de un género supremo del ser (o de lo uno, que viene a ser lo mismo, ya que se puede decir uno de todo aquello de lo que se dice es) determinan a continuación todas las clases por el método de división, mediante diferencias del ser: error lógico, ya que es una regla lógica que la diferencia (por ejemplo, bípedo) no debe contener en su noción el género (animal) del cual es diferencia, mientras que de cada pretendida diferencia del ser, se puede decir que es. El ser, atributo universal, no es pues en modo alguno el género cuyas especies serían los otros seres. Los primeros géneros son las categorías, y el ser, como lo uno, está por encima de ellas y es común a todas. Para hacer de lo uno o del ser el género y, por consiguiente, el generador de toda realidad, la dialéctica platónica tomaba como punto de partida no ya el ser, sino las parejas de opuestos: ser y no-ser, uno y múltiple, finito e infinito, mediante cuya mezcla engendraba todas las formas de la realidad. La metafísica cierra también esta salida a la dialéctica: los opuestos no son principios primitivos, sino maneras de ser de las sustancias. Una cosa es sustancia antes de ser finita o infinita; ahora bien, la sustancia, es decir, un hombre o un caballo, «no tiene contrario». Por tanto, ese primer principio no puede ser el punto de partida de una dialéctica. La ciencia de los opuestos no es más que una parte subordinada de la metafísica; más adelante veremos que conserva un inmenso papel como principio de la física. Si el ser no es género supremo ni término de una pareja de opuestos, resulta que no es más que un predicado; y las únicas realidades de las que es predicado, cuando se toma en sentido primitivo, son las realidades individuales; por ejemplo, Sócrates o este caballo. Tales realidades son las que estudia la metafísica, no como particulares, sino en cuanto que son algo. Pero ¿no hay en ello una dificultad grave?; esas cosas sensibles, móviles, perecederas, ¿son realmente algo?; ¿es posible la ciencia de otra forma que no sea alcanzando su modelo inteligible y fijo? De aquí el famoso dilema: o un objeto es objeto de ciencia, en cuyo caso es universal y, por tanto, irreal, o bien es real y, por tanto, sensible sin necesidad de ser verdadero, o sea, sin sujeción a la ciencia, porque no hay «ciencia más que de lo universal». Esto fue lo que llevó a Platón a superponer a las realidades del devenir -objetos de opinión- las realidades estables de las ideas -objetos de ciencia-, salida que le está vedada a Aristóteles, una de cuyas principales preocupaciones consiste entonces en mostrar los elementos estables y permanentes implicados en el seno del devenir mismo. Opinión Personal La metafísica ha recibido en el siglo XX severas críticas. Las principales son las que provienen del positivismo lógico, para quien la metafísica es un discurso sin significado porque sus enunciados son afirmaciones acerca de los cuales nunca se podrá tener una experiencia. No obstante, debemos decir que los temas concernientes a la metafísica no fueron dejados a un lado en el siglo XX, sino, por el contrario, las distintas corrientes de pensamiento se ven remitidas a ellos con la necesidad de formular maneras alternativas en su tratamiento. Fuente: Bréhier, Emile. Historia de la filosofía (2 Vols.). Traducción de Juan Antonio Pérez Millán y Mª Dolores Morán. Madrid. Editorial Tecnos, 1988.
Alineándonos con el Plan Divino de la Tierra Por Amorah Quan Yin
Como maestra de una escuela de misterio, trabajo mucho con las dispensaciones y las activaciones que llegan continuamente hacia la Tierra desde dimensiones superiores. Esas dispensaciones nos alcanzan en diversas formas. Olas de energía se mueven a través de nuestra atmósfera y hacia nuestras psiques, estimulándonos para sentir más profundamente, para recibir gracia en nuestras vidas, o para recordarnos quienes somos. A través de los rayos del sol, son enviadas codificaciones para ayudarnos a permanecer en la dirección correcta con el propósito de nuestra vida y con el Plan Divino de la tierra. Una fuente mayor de activación planetaria en este momento es la banda de fotones. La Tierra se ha estado moviendo firmemente más profundo hacia esta banda de fotones durante varios años. Esta banda de fotones se define específicamente como un rayo extensivo de antipartículas codificadas de luz, moviéndose alrededor y a través de la Tierra, proveniente de orígenes desconocidos. Hablando espiritualmente, esta es el "Gran Despertador". Este rayo, que es lo suficientemente ancho como para contener nuestro sistema solar completo, va a rodear y a llenar este planeta con su luz fotónica durante 2000 años. La banda fotónica es como un Pilar de Luz gigante que llega desde el Gran Sol Central. En ciclos de 13,000 años, nuestro planeta pasa 11,000 años fuera de la banda fotónica y 2000 años dentro. El tiempo dentro de esta banda está marcado por un despertar planetario y por cambio en todos los niveles. La última vez que estuvimos en la banda fotónica, la Atlántida alcanzó su cumbre espiritual y después cayó cuando la Tierra dejó la banda fotónica hace 11,000 años.
La banda fotónica contiene codificaciones de memoria de todo lo que hemos experimentado individual y colectivamente. Todos nuestros patrones kármicos están grabados en esta banda y son liberados en el tiempo hacia nosotros, cuando es el momento de que transformemos estos patrones. La banda de fotones también contiene todas las codificaciones necesarias para trascender esos karmas y para evolucionar espiritualmente. Podrían decir que el Plan Divino desde el Gran Sol Central de Todo Lo Que Es, es impulsado hacia nosotros a través de esta banda de fotones. Y cada vez que entramos a este durante 2,000 años se nos ofrece nuestro siguiente nivel de avance. Si nos resistimos a crecer y a liberar el pasado, experimentamos caos. Emocional, mental, física y espiritualmente experimentamos una gran expansión, apertura, curación y despertar si nos alineamos con el Plan Divino. Si no lo hacemos, sobreviene un gran estrés o incluso enfermedad y muerte.
Con el fin de alinearnos con el Plan Divino para la Tierra y para su gente, algunas veces necesitamos liberar aspectos kármicos específicos y alinearnos con principios superiores y formas de vida. Esos principios son aspectos de moralidad superior. Si, es tiempo ahora para el siguiente nivel de madurez en todos nuestros caminos; tiempo de refinamiento espiritual y de una humildad más profunda. Y se siente maravilloso y nos proporciona un mayor auto respeto y auto confianza cuando vamos más allá de nuestra evolución previa hacia una conciencia aún más iluminada. Viviendo como si fuéramos un Ser Crístico, o un Maestro Ascendido, ¡AHORA tenemos la forma más rápida de convertirnos en eso! Cuando estés en confusión, tentación o duda, solo detente y pregúntate a ti mismo, "¿Qué haría en este momento Buda, Jesús, Quan Yin o la Madre María?" Entonces simplemente elige eso como tu siguiente paso. Comencemos a cocrear armoniosamente con nuestra Tierra y con todas las personas, para asegurar que el restablecimiento de la Alineación Divina y de la conciencia de Ascensión sea tan graciosa, fácil y sin dolor como sea posible. Estoy incluyendo aquí tres áreas claves de importancia que me han dado los Maestros Ascendidos y los Elohim para asistirnos en este proceso de despertar y de alineación con el Plan Divino de la Tierra.
La primera es vivir en unidad dentro de la diversidad. Con el fin de abrazar verdaderamente la unidad dentro de la diversidad, se requiere respeto hacia el libre albedrío de todos, independientemente de si estás de acuerdo con ellos o no. En el camino espiritual se te pide que asumas el papel de vivir como un ejemplo de la Humanidad Divina. En otras palabras, que ayudes a crear un nuevo mundo que esté basado en la Paz, la Justicia, el Amor, la Verdad y la Unidad, debes practicar abrazar esas cualidades en tu vida AHORA. Pero, aún dentro de la Nueva Era, existe todavía mucho elitismo. Un grupo piensa que ellos están bien y que todos los demás están mal. Algunas personas que no creen en la necesidad de un guru, juzgan a quien lo cree como errado por regalarle su poder y estar atrasados. Algunos discípulos de gurus juzgan a aquellos que no eligen este camino como carentes de devoción y menos entregados espiritualmente.
Un buen ejemplo del separatismo espiritual llegó en una carta que recibí de un lector de mis libros. La carta afirmaba que toda la comunicación y las canalizaciones de Seres de Luz dimensionalmente superiores está mal y nos está retrasando (a la raza humana.) Esta persona pretendía que la única forma en que la raza humana podía verdaderamente volverse Maestros y tener la esperanza de la ascensión, era dejando a un lado a dichos seres auto agrandados como San Germain, Jesús el Cristo, Quan Yin, Ra y la lista continuaba. El grupo de esta persona estaba afirmando básicamente tener todas las respuestas y todos los que no estuvieran de acuerdo con ellos estaban mal. Me entristecí inicialmente, e incluso estaba un poco desencajada, por el nivel de juicio y separatismo que sentí que se presentaba con el disfraz de supremacía espiritual. Pero me di cuenta de que tenía que dejar a un lado cualquier juicio o supremacía que tuviera sobre lo que se había dicho. Entonces reconocí que estaba de acuerdo con muchas de sus enseñanzas. Sé que la necesidad de discernimiento acerca de los Seres con quienes nos alineamos y de quienes recibimos guía, es crucial. Y estoy de acuerdo con la declaración del grupo de que todos somos soberanos y estamos conectados directamente con la Fuente. Pero aún, los ángeles y los guías que ya están en el nivel al que aspiramos, nos han brindado siempre su ayuda para mostrarnos como elevar nuestra propia conciencia. En otras palabras, ellos establecen un ejemplo para nosotros; tal y como nosotros establecemos ejemplos entre nosotros mientras aprendemos y crecemos. Si la autora de la carta y su grupo han elegido un camino que elimina a estos Seres de Luz y guías, solo puedo asumir que es debido a que es el camino correcto para ellos. No desearía cambiarlos o juzgarlos de ninguna forma. Desearía que todos los buscadores en el Camino de la Verdad y de la iluminación y ascensión, respetaran las diferencias con los demás y abrazaran el amoroso principio de la "Unidad dentro de la Diversidad".
Nadie necesita realmente estar bien, probando que otros están mal. Podemos simplemente elegir amar y apreciar las diversas caras de Dios/Diosa en cada humano y en cada camino. Podemos incluso aprender a celebrar nuestra singularidad y a reconocer la belleza en un Plan Divino que se permite el lujo de tan diversas y vastas formas de expresión individual y soberana, en lugar de aspirar a "Una forma única". Cualquier maestro o camino que promulgue ser el mejor, o el único camino verdadero, es del que debemos alejarnos para caminar en otra dirección.
Justo después del Y2K el Maestro Kuthumi vino a mí durante una meditación, para hablar sobre la liberación de la necesidad de castigar a aquellos que han hecho mal o de que sufran por lo que han hecho. Kuthumi dijo que hay un estancamiento, en dispensaciones específicas que pueden otorgar a la Tierra Seres de Luz de dimensiones superiores, como la Gracia. Esto es debido específicamente a que "la vasta mayoría de los seres humanos todavía desean la humillación y el castigo" sobre aquellos que perciben que los han dañado, específicamente los gobiernos. Esto está creando actualmente un plan futuro de exposición pública, humillación, términos de prisión, aún la sentencia de muerte para muchos oficiales gubernamentales. Kuthumi dijo que la mayoría de las personas desean tanto esto para esos oficiales, que no desean aceptar una ascensión planetaria o incluso una dispensación de Gracia, que pudiera elevar la conciencia más allá de la necesidad de la corrupción continua en la Tierra, mucho menos el castigo. Bajo las leyes kármicas, una vez que una persona ha trascendido el potencial de repetir un comportamiento kármico negativo, todo es perdonado y no se requiere un pago negativo.
Lo que pueden hacer es examinar sus propios pensamientos y actitudes. Aún el apego más sutil a la necesidad de disculpas de parte de aquellos que los han dañado en alguna forma, debe ser liberado ahora, tenemos que dejar ir el pasado completamente y perdonar. Y ciertamente, actitudes hacia la corrupción aún más brutal, deben ser ahora traídas hacia la alineación con los principios espirituales del perdón y de la voluntad de darle la bienvenida a la Gracia, en lugar del caos.
En el camino a la Maestría, existe un punto en el que ustedes deben ir más allá del perdón, con el fin de moverse hacia delante. Se les pide trascender toda culpa y orar por aquellos que los han dañado. Oren para que ellos aprendan, crezcan y trasciendan el potencial de dañar a otros con cuanta Gracia, Facilidad y Amor sea posible. Existe incluso un momento en el que las oraciones pueden hacer que el enemigo que percibimos o el abusador, tenga un despertar repentino hacia la Alineación Divina, para no tener que experimentar el pago kármico de vivir el dolor que les han causado a ustedes o a otros. Trascender la necesidad de este pago, disculpa o incluso el que alguien admita que ha cometido un error, es ahora crucial para nosotros como individuos y como raza humana colectiva, con el fin de alinearnos con el Plan Divino. Es muy fácil justificar honradamente estas viejas actitudes. ¿Pero nos sirve esto?
La tercer área en la que las creencias y las actitudes de los humanos han detenido ciertas dispensaciones planetarias de Gracia y curación, conciernen a la voluntad de conocer la Verdad total si se brinda la oportunidad. La ley planetaria requiere de que exista una vasta mayoría de humanos deseando recibir cierta ayuda de dimensiones superiores y la información, con el fin de que nos sea dada por los arcángeles, ángeles, Elohim y los Maestros Ascendidos. A principios del 2000, todavía tenemos escasamente un cincuenta por ciento de la población humana de la Tierra deseando siquiera conocer "toda la Verdad" si se nos da la oportunidad. Solo un pequeño porcentaje de humanos busca actualmente la Verdad activamente. Pero la voluntad de conocer la Verdad es todo lo que se necesitará para que se nos entreguen ciertas revelaciones y dispensaciones a la raza humana entera.
La verdad relativa consiste en los detalles de nuestras vidas, las interacciones y los eventos. Siempre está cambiando en relación con las circunstancias y el tiempo. La Verdad Divina es inmutable. La Verdad Divina incluye comprensiones tales como: el amor es eterno; todos y todas las cosas son sagrados más allá de su utilidad o sus acciones; cada pensamiento, palabra, acción o sentimiento afecta a toda la existencia. Para mucha de nuestra familia humana, es atemorizante pensar que la comprensión superior puede romper el status quo. Para desear conocer la Verdad Divina, uno debe de estar dispuesto a liberar cualquier creencia religiosa o espiritual que sea falsa o limitante. Uno debe estar listo para cuestionar cada creencia, sin importar cuan apreciada sea o cuanto tiempo tengamos con ella. Uno debe desear verse a sí mismo como un creador de su propia realidad y tomar responsabilidad por ese poder creativo. Para desear conocer la Verdad Divina, uno debe estar listo para liberar todo juicio, culpa, martirio, victimes, abuso, necesidad de tener la razón, la necesidad del pensamiento competitivo de ser mas o menos que y todos los apegos. Este es todavía un riesgo muy grande para muchos, aunque es finalmente el camino de la libertad.
Temer a la Verdad Divina es temer al Amor Divino. Porque ¿cómo se puede vivir plenamente e incondicionalmente, si nuestro amor está basado en la condición de ver la verdad a través de los ojos de la personalidad del ego?. Temerle a la Verdad Divina es temer a Dios/Diosa/Todo lo Que Es, o a la Fuente Divina. ¿Y cómo podemos esperar curación, felicidad y paz si tememos a la misma fuente de esas energías?. El Amor y la Luz de la Fuente fluyen incesantemente a través de Todo Lo Que Es, todo el tiempo. Si le tememos a la Verdad, simplemente no podemos recibir este Amor y esta Luz dentro de nuestro cuerpo o conciencia. Temerle a la Verdad Divina es temer nuestra propia iluminación y ascensión. Y la lista podría continuar interminablemente.
Como buscadores espirituales, se les pide que estén dispuestos y listos, en cualquier momento, para liberar cualquier rigidez en su pensamiento, que pueda inhibir su nivel de despertar o de ascensión. El Maestro Ascendido Serapis Bey ofrece estas palabras: "Amados Buscadores de la Luz, la Luz es Verdad, y la Verdad es Luz. Estas son inseparables. Y para estar disponibles a la Luz, deben estar disponibles a la Verdad. Y para estar disponibles a la Verdad, deben estar libres de todos los apegos. Porque cualquier cosa a la que se aten, es el bloqueo potencial de su constante proceso de iluminación y Maestría. Si están apegados a una relación que los está deteniendo, y no desean reconocer la Verdad y dejarla ir, se detendrán. Si creen que es malo comer carne y llegan a un punto en donde su cuerpo la necesita para estar sano y receptivo a la Luz, limitarán su propio despertar. Si creen que deben ser capaces de comer cualquier cosa que deseen y transmutar los malos efectos, y llegan a un punto en el que necesitan comer alimentos crudos o rápidos durante un tiempo, para poder transmutar las debilidades genéticas y no lo hacen, entonces no serán capaces de anclar el espíritu en las células enfermas y mutantes. Existe, de hecho, un tiempo y un lugar para casi todo. Y aún su rigidez espiritual justificable, es una rigidez.
No estamos sugiriendo que desafíen radicalmente y deliberadamente sus creencias, o que cambien su dieta o sus relaciones. Estamos simplemente afirmando que su voluntad y su disposición para hacerlo en cualquier momento, determinan su habilidad para ser guiados y alineados con la Verdad Divina. Si creen que están destinados al celibato y el siguiente paso en su sendero es el matrimonio sagrado y la unión tántrica, ¿elegirían detener la acción correcta debido al apego a una idea que cree que es más virtuosa? Como ven, la virtud más grandiosa de todas es la apertura espontánea y la alineación con la Verdad Divina y el Flujo Divino. Y algunos de ustedes han estado empujando contra el viento del cambio, en lugar de abrazar la rendición a la Voluntad Divina y al Flujo Divino que trae la disponibilidad a la Verdad Divina. Y en Verdad, por así decirlo, es realmente experimental y fluida. No puede ponerse fácilmente en frases limpias y ordenadas que llenen los libros y las librerías. Para experimentar la Verdad Divina, deben estar vacíos y disponibles hacia la experiencia de la novedad y el cambio de momento a momento.
Algunos de ustedes han creído que para vivir guiados y estar disponibles a la espontaneidad, no deben hacer compromisos. Este es un pensamiento ingenuo e inmaduro. Ya que, si no estuvieran comprometidos a buscar la Verdad, disiparían mucho tiempo y energía siguiendo caprichos. Existe un momento en el que la conciencia debe experimentar este tipo de irresponsabilidad. Pero una vez que tiene claramente un despertar para saber que existe algo más, y saben que no se detendrán hasta que lo encuentren, el compromiso es esencial. A parte de esto, si están escuchando una verdadera guía superior, no serán guiados a comprometerse a algo o a alguien si no fuera en el camino de la Verdad. Algunos de ustedes necesitan apegarse a una disciplina diaria de meditación que sepan que funciona para ustedes y dejar de disipar su energía corriendo a cada nuevo taller y leyendo cada nuevo libro. Algunos necesitan ampliar sus horizontes más allá de la misma rutina de yoga y meditación que han hecho por años. Algunos necesitan comprometerse en una relación tántrica monógama y sagrada; mientras que otros necesitan ser célibes y limpiarse de sus viejos patrones sexuales de lujuria y seducción.
Como ven, Amados Buscadores, la Luz y la Verdad están siempre en flujo, cambiando y expandiéndose constantemente. Para seguirlas y estar llenos de ellas, deben aprender a reconocer cuándo están en el flujo y cuando están siendo rígidos y apegados. Cuando dejen de preocuparse por sentirse seguros en la previsibilidad, pueden abrazar la previsibilidad superior de despertar hacia la Verdad, los pasos hacia lo que es impredecible. OH, ¡la Paradoja Divina otra vez!
Amorah es fundadora del la Escuela de Misterio Dolphin Star Temple, una contemporarización de la Escuela de Misterio Egipcia. Ella es autora de los libros Pleidian Workbook: Awakening Your Divine Ka, The Pleiadian Tantric Workbook: Awakening Your Divine Ba, Pleiadian Perspectives on Human Evolution. Ella también ofrece sesiones privadas por teléfono o en persona. Contacta: P.O. Box 1581, Mt. Shasta, Ca. 96067; sito web: http://www.amorahquanyin.com ; e-mail pleiades@snowcrest.net
Traducción al español: Claudia Cuesta Nota del traductor: Estas traducciones están registradas en derechos de autor, está prohibido su uso con fines de lucro.
Bienvenido seas a esta reflexión amado ser, y que Dios nos ayude a ambos a sacar lo mejor de estas palabras para que no sean sólo eso, palabras...
En todos estos años, me han sido enseñadas muchas cosas espiritualmente hablando, comprendí otras, leí algunos libros realmente trascendentales y sagrados, escuché enseñanzas de los seres iluminados que vinieron a esta Tierra. A veces con gran esfuerzo para discernir, otras no tanto, pude comprender ese cúmulo de sabias palabras. Las que no entendí, las acepté por la fe.
Lo maravilloso y a la vez caótico de este planeta en que nos ha tocado tomar forma humana, es que de vez en vez, la existencia o vida por la que transcurrimos, se encarga de ponernos situaciones o hechos que nos obligan INELUDIBLEMENTE a ver dónde quedaron todas esas cosas que aprendimos durante el tiempo anterior. Sería algo así como el examen o la prueba que se nos toma en la escuela, luego de que una asignatura fuera explicada por el profesor.
Yo descubro la mayoría de las veces, que pese a haber prestado mucha atención y creer haber entendido, hay una gran distancia de LAS PALABRAS AL HECHO. ¿Y qué es lo que produce esa gran distancia? Esa es la primer pregunta en la que debemos reflexionar.
Podría como últimamente vengo haciendo, mencionarte DICHOS y sus acciones correlativas, porque bueno es ver cuanto distamos en verdad de lo que decimos. Muchas veces esa distancia será nula, y otras, enorme.
Hagamos de cuenta en este pequeño ejercicio, que tú hablas contigo mismo, pero esta vez será así: primero realizas una afirmación, y luego te planteas si es cierta. No todo lo que aquí se dice es literalmente lo que tú piensas, por supuesto, pero reemplaza las palabras por aquellas que vayan de acuerdo a tu forma de sentir y pensar. ¿lo hacemos juntos?
YO AFIRMO
YO PREGUNTO
Yo amo
¿Sé lo que es amar y lo realizo?
Dios es lo más importante en mi vida
¿Le dedico a El todos los instantes de mi vida?
Yo no miento
¿Conozco la Verdad absoluta?
Soy humilde
¿No existe en mí acto del ego alguno?
Yo no engaño
¿Nunca trato de ver las cosas según me conviene?
Vivo el presente
¿Mi mente no anhela nada del pasado ni del futuro?
Estos son sólo pequeños ejemplos mis amados. Cada uno debe hacer su propia lista. A veces, como niños en la escuela, es preferible escribirla, porque cuando uno escribe parecería comprometerse más con lo que uno ha puesto de puño y letra. Las palabras en la mente, son llevadas muchas veces por el viento del olvido.
Lo único importante aquí es ver cómo a veces nos contentamos pensando que hemos llegado a algún sitio y aún vamos a mitad de camino, o creemos haber superado cosas que aún no se nos han presentado con toda la fuerza.
¿Recuerdas aquella reflexión donde hablábamos de la diferencia entre dolor y sufrimiento? Yo puse allí como ejemplo lo que me ocurría con mi madre a punto de ser operada de cáncer en el colon. Ahora, luego de más de un año de esa reflexión, a mi madre nuevamente le acaban de descubrir otro tumor nuevo en el recto. Teniendo ya 76 años, mi mente no se ha quedado en paz, y he sido de nuevo avasallado con el dolor de su posible pérdida, de su sufrimiento, el de mi anciano padre, el mío propio. Veo su miedo y veo mi miedo. Como hablábamos el otro día con una amadísima amiga de este portal, una cosa es comprender lo que la muerte es, y otra es verla de cerca. Nuevamente, del DICHO AL HECHO...hay largo trecho... ¿no es así?
Mi maestro Lakshahara siempre me decía:" uno debe hacerse cargo de las palabras que dice. No puede decir uno las cosas porque sí, o para aparentar algo o por una cuestión de agradar. Toda palabra emanada de la boca, requiere un compromiso que debe cumplirse. De no ser así, se transforma en una mentira"
Por eso, a veces también pedía de niño que el Señor me concediese ser mudo, para no tener que lamentarme de idioteces o mentiras o agravios dichos por mi lengua. Cuando fui creciendo, concebí que lo más maduro sería decir sólo lo necesario o indispensable, y lo estrictamente verdadero. Aunque claro está que lo verdadero para este momento, puede no ser tan certero para el futuro, porque uno no es un ser trascendido, sino alguien que está APRENDIENDO.
Mis amados, esta es la reflexión de la semana. Los invito a poner en el foro todo realmente cuanto puedan sobre la distancia de vuestras palabras a los hechos que deben confirmarlas. También les presento un texto que encontré en la red, sobre estos momentos de la humanidad, y lo que el ser humano debe realizar consecuentemente con la trilogía PENSAMIENTO - PALABRA - ACCIÓN. Aquí está el escrito
Aunque tú creas que es difícil no lo es. Quieres convencerte de que es difícil porque tienes miedo de entrar en un mundo desconocido. En un mundo en el que tú ya no tienes las riendas de tu vida. En un mundo en el que no puedes controlar nada, ningún aspecto de tu vida lo puedes controlar. Te entregas a un Ser Superior. Un Ser Superior, que tú por supuesto no conoces y que te da miedo. Ahora mismo aunque tú creas que quieres entregarte a él, o que ya te has entregado, no es verdad. No es verdad porque no lo conoces, no sabes quien es El. Y no lo sabes porque no quieres. Aunque te hace sufrir enormemente prefieres seguir aferrado a las ideas que tienes de Dios y a la poca seguridad que esas ideas te dan. Esa es la verdad de tu vida y hasta que no tengas el valor suficiente de reconocer esa verdad, no podrás conocerle.
Y luego está ese orgullo que te impide reconocer que no puedes, lo comprendes intelectualmente, pero en el fondo tú te crees que puedes, Por esos intentas ocultar tus debilidades. Te estás ahogando pero no quieres reconocerlo para que los demás no vean que no sabes nadar. Y no se trata de saber nadar, sino de flotar en un mundo desconocido, entregarse, rendirse. Lo lógico sería decir me estoy ahogando, ¡Necesito ayuda! Y sin embargo dices cosas que no importan, que intentan ocultar tu necesidad, tu debilidad, tu humanidad, que es igual que la de todos los demás. Mientras te sigas quedando en la superficie, seguirás dando vueltas y sufriendo. Hasta que no seas capaz de sentir el dolor de tu pobreza, y presentarlo ante ese Ser,
(No lo llames Dios porque tu Dios no es Él), no podrás encontrar la felicidad.
Y luego esta ese tercer factor que es el sentirte culpable. Esos son tus tres refugios, el orgullo, la autocompasión y el entendimiento.
¿Por qué digo que el entendimiento es tu refugio? Porque te sientes seguro en él. Porque aunque creas que es un lío y digas que no entiendes, es algo conocido y seguro.
Te pondré un ejemplo:
Tú vas por un camino que es un círculo. El círculo tiene un borde que lo rodea. Tú tienes que llegar al centro del círculo. Para llegar al centro del circulo tienes que abandonar el borde, que es lo único que conoces porque es visible. Tú no abandonas el borde, y das vueltas al círculo, sufriendo, sufriendo, pero seguro, seguro. En este momento has dado demasiadas vueltas al círculo y sientes que ya no puedes más. Te faltan las fuerzas. Es posible que incluso estés sufriendo tanto que te plantees abandonar el borde del círculo seriamente. Si es así, trataré de decirte algo por si te puede ayudar, pero si lo intentas entender como hasta ahora tratas de entender todo, no lo conseguirás, y seguirás dando vueltas al círculo.
El borde del círculo es tu entendimiento y ha llegado la hora de abandonarlo. Si abandonas el entendimiento, abandonas también la memoria y la voluntad. ¿Qué té queda entonces? NADA, requisito imprescindible para llegar al TODO como dicen San Juan de la Cruz.
Cómo se hace esto. Queriendo, Requisito imprescindible, reconocer tu pobreza. Todo es gratuito, todo es don, TODO, TODO, TODO. Tu por tus propias fuerzas no puedes nada, (ya, ya te lo sabes). Tendrá que experimentarlo como un grito de dolor,¡ no puedo!. De verdad. Si no llegas a la contemplación de esta verdad, no querrás entrar en ese mundo desconocido. Tienes que llegar al límite del sufrimiento, en el que ya no puedas más y tengas que saltar al centro del círculo, Imagínate que el borde del círculo empieza a arder, tendría que saltar, no. Yo creo que tú estás en esa situación. No quieres seguir en el borde.
Para saltar tienes que abandonar el borde, que hemos dicho que es el entendimiento. Si abandonas el entendimiento, tienes que dejar de entender. ¿Sabes lo que significa dejar de entender? ¿Sabes lo que significa andar a ciegas? Parece terrorífico, y puede que lo sea, puede que sientas sobrecogimiento, pero te lo aseguro,
Esa oscuridad no durará mucho.
Te voy a dar ejemplos. En primer lugar deberás dedicar todos los días un tiempo a paralizar el entendimiento. Completamente, paralizarlo. No enjuiciar, no razonar. Es dejar de lado la inteligencia. Todo, Entrar en un mundo desconocido. Te quedas quieto, paralizas el entendimiento. Como si estuvieras muerto, tu mente, la paras. Te vendrán pensamientos, no importa, tú los dejas pasar.
No vas a saber hacerlo, ¿vas a tener la suficiente humildad para reconocerlo? ¿Vas a ser capaz de asumir tu impotencia? Porque eso es lo importante, que perseveres a pesar de que no sepas. En esto no hay métodos.
El único método es reconocer nuestra impotencia, no podemos entrar en la trascendencia. Porque no somos dioses. Somos pobres criaturas, humanas. Pero ese Ser Superior ha querido hacernos participar de su trascendencia, gratuitamente, sin pedir nada a cambio. Sólo un requisito es necesario: quitar los obstáculos, dejarle entrar.
Paralizar el entendimiento no es más que sentarnos al borde de una puerta que se abrirá cuando Él quiera, pero debemos quitar los obstáculos. El obstáculo es el entendimiento. ¿Eres capaz de leer estas palabras, sin intentar entenderlas, como estás acostumbrado hasta ahora? ¿Estás dispuesto a vivir sin entender, sin ver, sin saber, pero amando? ¿Está dispuesto ?
Tendrás que hacer este ejercicio constante todos los días, sin desfallecer, aunque creas que no haces nada (que es lo que vas a sentir). Este es el único camino que existe. No hay otro. Plantéatelo seriamente, no hay otro. El camino de la inteligencia, y de los sentimientos no vale. Porque ese Ser Superior no está ahí. Entonces ¿lo vas a seguir buscando donde no está? ¿Vas a seguir dando vueltas al círculo?
Pero la práctica de paralizar el entendimiento la puedes hacer a lo largo de todo el día. No haciendo juicios. Limitándote a vivir. Pero no a vivir en tu cabeza. A vivir en el mundo. Te pongo ejemplos concretos. Vas por la calle, y paralizas el entendimiento. Te estás duchando y paralizar el entendimiento. Por ejemplo, te echa una bronca el jefe, y vuelves a tu sitio. En vez de dar vueltas, lo tendría que haber hecho así, el jefe es idiota, etc., ¡no! Paralizas el entendimiento, y entras dentro del círculo. Entras en un mundo en que no hay sufrimiento porque no hay pensamientos.
Pero te parecerá raro ese mundo y te sobrecogerá porque es desconocido. No importa persevera, porque eso no durará demasiado. Llegará un momento en que la Luz te inundará y lo entenderás, todo, lo comprenderás todo. Comprenderás que todo está bien,que tú eres precioso y te amarás, y encontrarás el amor. Comprenderás que merece la pena dejarlo todo, para encontrarlo todo.
Mí preciada alma compañera de vida: postrándome ante tu esencia te saludo, y ruego porque el ego no se interponga en tu aprendizaje interior, y porque la Luz verdaderamente ilumine tus pasos.
Hoy intentaremos echar luz al misterio sobre EL ALMA. Pero lo haremos según el discernimiento. Bien sabes que el nombre sagrado Vivekamukti que me fue otorgado por el maestro Lakshahara, significa "quien se libera por el discernimiento" (al menos literalmente). Como esta reflexión es muy extensa, te pido que no la leas en este momento, sino que la imprimas o guardes en tu PC, porque nuestra introducción será un maravilloso diálogo entre dos monjes: Juan y Elredo. Tu verás aquí, en este extracto, una maravillosa relación donde el maestro hace que la la luz de la Verdad aparezca en el interior de su discípulo. Esta obra no está en Internet, y por eso quiero compartirla contigo, pues pertenece al Libro Opúsculos, muy antiguo texto cristiano que también utilizaremos más adelante con variados temas (Cuando Jesús tenía doce años, y otros más).
De antemano te pido disculpas por la extensión del texto, y su filosófica cualidad, cosa que tal vez no te sea tan llevadero como en otras reflexiones. Créeme que este texto es revelador y vale la pesa. Estoy seguro que no te bastará esta semana para analizarlo, pero no todo debe ser ya ¿verdad? Lo leí por primera vez cuando tenía 20 años, y ahora quiero que lo releamos juntos, si así lo consientes.
La finalidad de semejante texto, es que veas como a través del discernimiento podemos diferenciar el raciocinio o razón, del alma en sí.
Yo no quiero imponerte mi sentir. Tú debes ser tu único testigo. He elegido este extracto, porque hay quienes aún discuten entupidamente sobre la necesidad o no de un maestro. Aún no se dan cuenta que el famoso maestro interno y el externo, son dos partes de la misma verdad manifestada. Quien crea sólo en uno o en otro, separadamente, aún está apresado en una tonta dualidad que a nada conduce. Lakshahara me manifestaba que él era la forma densa de lo sutil que vibraba dentro de mí desde siempre y por siempre, y así lo he comprobado, no sólo en esta presente vida. Pero quien hoy es Lakshahara, ha sido otro en otra vida, y tal vez es otro plano de conciencia no habrá distingos entre interior y exterior.
Lo importante que quiero que veas es como un auténtico maestro va llevando a sui amado alumno a través de difíciles conductos, pero jamás le suelta hasta que está listo.
Pero ya basta de introducciones, y veamos qué tienen nuestros amigos para enseñarnos sobre la naturaleza verdadera del ALMA. Allí va:
COMIENZA EL DIALOGO DEL BIENAVENTURADO ELREDO, ABAD DE RIEVAL, SOBRE EL ALMA...
Elredo: -¿Cuál es la causa de tu inesperada venida, mi querido Juan?
Juan: - He leído algunas cosas en los libros de san Agustín que me preocupan en gran manera, por lo que quisiera cerciorarme de lo que piensas tú acerca de cada una de ellas.
Elredo. - Estoy presto... estos, terminado ya el asunto por el cual vinieron, están a punto de marcharse.
Juan. - Desearía saber qué opinas del alma. San Agustín no juzga sobre ella como yo estoy acostumbrado a pensar. Dice que no se mueve de lugar, ni está contenida ni circunscrita á lugares determinados, ya que carece de longitud, latitud y altura.
2. Elredo. - ¿Y qué; ¿acaso piensas tú otra cosa?
Juan. - Totalmente. ¿O es que no siento yo que mi alma está contenida en mi cuerpo? Por consiguiente, siendo mi cuerpo un lugar, no puedo comprender cómo el alma no esté en un lugar, ni se mueva localmente con el cuerpo.
Elredo. - No faltaron varones doctísimos que opinaron que el alma de ningún modo estaba contenida en el cuerpo, antes bien era ella la que contenía al cuerpo, y, manteniéndose en su natural simplicidad, da existencia al cuerpo, sin ser prisionera de él. Por ventura, al cesar el alma de informar al cuerpo, ¿acaso no se descomponen todos los miembros, se pudre la carne, los huesos se secan, y se desmorona todo aquel conjunto de partes?
Juan. - ¿Quién dudará de que mi alma reside en mi cuerpo mientras vivo? '
3. Elredo. - Entonces, ¿qué? Aunque razonablemente pueda decirse que el alma está en el cuerpo, ¿no es por eso necesario que se mueva localmente en el cuerpo o con el cuerpo? Juan. - Así lo entiendo.
Elredo. - La fe cristiana no duda de que el alma ha sido creada a imagen de Dios.
Juan. - Nada hay más cierto.
Elredo. - Su voz es esta: "Yo lleno el cielo y la tierra:' De ahí que aquel gentil que llamaba Dios a Júpiter, considerando más profundamente la naturaleza divina, dijo: "Todas las cosas están llenas de Júpiter:' Si, pues, Dios llena todas las cosas, ¿acaso es como el aire al odre o el agua al grifo?
Juan. - De ningún modo.
Elredo. - ¿Cómo entonces?
Juan. - Cuando de niño disputaba con otros niños, indagando cómo Dios estaba en todas partes, se nos dio esta respuesta: "No localmente, sino potencialmente: ‘‘
4. Elredo. - Yo digo: no sólo potencialmente, sino también esencialmente. No es una cosa su esencia y otra su potencia, para que se crea estar esencialmente en todas partes aquel que de verdad se cree que nunca está localmente. Esto es propio del que pueaa toaas ias cosas. ,r.i aima numana, hecha a imagen de su Creador, en cierto modo obra en su cuerpo lo que Dios en la totalidad de la criatura, y ella, por tanto, llena todo el cuerpo, pero no localmente. Si fuese localmente, se difundiría o extendería, resultando mayor en el todo que en la parte. Siempre, por consiguiente, está en su sumiso cuerpo, si no llenando, sí imitando 0 representando la semejanza del que está en todas las criaturas.
5. Juan. - No me es lícito dudar de Dios que esto sea así, pero no puedo entender, ni de Dios ni del alma, cómo se verifica.
Elredo. - En efecto, adheridos al fundamento de la fe en las cosas que son de Dios, indaguemos del alma, que fue creada a imagen de Dios, cómo se realiza en ella. Quizás, encontrada la. imagen, hallarás más fácilmente a aquel del cual es la misma imagen.
Juan. - Hagámoslo así.
Elredo. - ¿Dudas de que el alma está en el cuerpo?
Juan. - No lo dudo abiertamente, pero no alcanzo a ver cómo no está localmente.
Elredo. - ¿Toda en todo el cuerpo o en alguna parte de él?
6. Juan. - Ciertamente, en todo el cuerpo y en todas sus partes, fuera de los cabellos y las uñas, y si hay algunas otras partes que carecen de sentido, puesto que en éstas no existe indicio de la presencia del alma.
Elredo. - Te engañas, hermano. En el hombre muerto; ¿no crecen las uñas y se producen los cabellos?
Juan. - Me has convencido plenamente.
Elredo. - El alma se encuentra hasta en el dedo m ~ ; . 7. Juan. - De acuerdo.
Elredo. - Pero, ¿toda o alguna parte de ella?
Juan. - No te rías si digo que alguna parte de ella, pues no acierto a comprender otra cosa.
Elredo. - Lejos de mí el reírme, ya que buscamos no lo que se ha de creer, sino lo que se ha de entender. Por tanto, si una parte del alma está en el dedo, si se corta éste, ¿qué será de aquella parte del alma?
Juan. - ¿Por qué no decir del alma lo que del cuerpo, o sea, que ambos han disminuido?
8. Elredo. - ¿Luego, si se cortan los pies o las manos de cualquiera, si se arrancan los ojos, si se cortan las orejas, cuanto más pequeño se haga el cuerpo, tanto el alma será más pequeña? ¿Tendrá menor el alma el mutilado en sus miembros, que el que tiene el cuerpo íntegro?
Juan. - Esto es un absurdo y no cabe en la mente humana. Si alguno es desminuido en sus miembros, siente ciertamente que le faltan muchas cosas a su cuerpo; más, con todo eso, la naturaleza del alma no es otra de la que era, no es lacerada, ni dividida, ni se siente disminuida en algo. °
9. Elredo. - Muy bien, muy agudamente. Ves cómo por la misma razón te convences de que el alma no puede constar de parte alguna, ni ser dividida, ni extenderse localmente, ni alargarse ni encogerse.
Juan. - Veo que en esto trabaja mucho el entendimiento, porque cuando no sabía lo que ignoraba, ahora sé que ignoro lo que es el alma. Por lo mismo, en primer lugar es necesario que me instruyas, para que no parezca que disputo no tanto del alma, cuanto de otra cosa que no sea el alma.
10. Elredo. - Con agrado te diré lo que no es el alma, aunque afirme con temor lo que la misma sea.
Juan. - Sobre todo ello, si te place, estoy dispuesto a escuchar.
Elredo. - El alma no es cuerpo, ni semejanza de cuerpo; no es tierra, ni aire, ni agua, ni fuego, ni algo compuesto de estos cuatro, ni de dos ni de tres de ellos. No es especie o forma corpórea cuya naturaleza podamos ver con los ojos, oír con los oídos, tocar por medio del tacto, percibir con el olfato o discernir por el gusto. ¿Quieres, por tanto, que te insinúe cierta definición del alma?
Juan. - Como quieras; lo acepto como a ti te parezca.
11. Elredo. - Me parece que el alma humana, pues no dudo que sobre ella preguntas, según el estado de la vida presente, es cierta vida racional, mudable por el tiempo, no por el lugar, en su modo inmortal, y que puede ser bienaventurada o desgraciada. En lo que digo ser vida racional, se excluye en ella la vida por la cual viven los árboles y los animales que carecen de razón. Cuando se dice mudable en el tiempo, se demuestra que no es la naturaleza de Dios, la cual no se muda ni en el lugar ni en el tiempo. Al afirmar que es en su modo inmortal, se excluye aquella inmortalidad que, según el Apóstol, es sólo de Dios; que, por lo mismo, se dice que siempre es el mismo y del mismo modo. Lo cual, ciertamente, no debe decirse del alma, que se ve arrastrada por diversos afectos y deseos.
Juan. - Entonces, puede creerse que los espíritus celestes sean movidos por estos afectos, de modo que no sean de esta inmortalidad, o ellos mismos son partícipes?
12. Elredo. - Muy bien has dicho: partícipes. Son en efecto, partícipes de la inmortalidad; esto es, de la inconmutabilidad. Mas no son la misma inmortalidad o inconmutabilidad. Dios es tan inmortal e inconmutable, que es la misma inmortalidad e inconmutabilidad. Por consiguiente, Él mismo, existiendo naturalmente; ellos, participando por gracia.
Juan. - Como ya se ha dicho bastante de estas cosas, procede seguir explanando las que siguen.
Elredo. - Se añade en la misma definición del alma, que puede ser feliz o desgraciada, para que se excluyan los ángeles, que no pueden ser desgraciados, y los demonios, que no pueden ser felices.
Juan. - Dices que el alma es vida, pero quisiera pensar sobre la vida y no puedo.
13. Elredo. - Conozco la razón de esto. Consideras que nada puedes pensar sino por las imágenes de los cuerpos que percibiste por el sentido o fingiste imaginando. Así como pensando en un hombre que viste te propones su imagen impresa en la memoria, así querrías pensar en la vida por su imagen, ni crees que haya alguna substancia que no tenga en la memoria cierta forma. En consecuencia, queriendo concebir la vida, buscas en tu interior su imagen y, como no la encuentras, te turbas. Sin embargo, piensas muchas cosas sin ninguna especie ni imagen corporal, y que son muy superiores a todos los cuerpos. Pensando, por ejemplo, en las virtudes, no ves ninguna imagen de ellas. Cuando, por consiguiente, consideras y recapacitas en tu mente, qué de luz, qué de ciencia, qué de consolación, qué de gracia produce en nuestras mentes la sabiduría, cómo te abrasas, cómo deseas gozar de su participación, excitándote a esto mismo la Sagrada Escritura, que dice: "Anhela la sabiduría y Dios te la dará:' Mayor y más excelente, por tanto, que todo cuerpo, es lo que piensas y deseas sin imagen alguna corporal.
14. Juan. - No obstante, juzgo que, tanto la sabiduría como la justicia, son accidentes, mientras que esta vida de la que hablas, es decir, el alma, afirmas que es substancia. ¿Quién, empero, puede pensar en una substancia sin ninguna forma o especie?
Elredo. - Ahora, dime, te ruego: ¿cómo piensas en la justicia? Juan. - Pienso que la justicia es la virtud por la cual se da a cada uno lo suyo; y, para mí, pienso, aun más, que es justo aquello que debo dar a Dios, al prójimo y a mí mismo. Cuando considero la utilidad y gozo que trae consigo esta adquisición, se me excita y despierta el deseo de poseerla.- ¿Por qué no meditas igualmente de la vida?
Juan. - Lo ignoro.
15. Elredo. - Piensa que la vida es una. cosa movible, que presta incremento, por cierto movimiento, a las cosas insensibles. Esto ocurre en los árboles o en las hierbas, en los que la savia es introducida en la raíz y después se difunde por todas las partes del árbol, dándole cierta vida de su género, para que se fortalezca, crezca, se vista de hojas, se adorne de flores, y se fecundice con frutos.
Juan. - Quisiera saber si esta vida es cuerpo o espíritu, o alguna otra cosa que no sea ni cuerpo ni espíritu.
16. Elredo. De ningún modo diría que es espíritu, sino en sentido apropiado, como el aire, él viento y demás elementos que también se llaman espíritus. Ahora bien, como todos los cuerpos están formados de los cuatro elementos conocidos, así en la naturaleza del árbol aquellos cuatro están moderados por la sabiduría del Creador, de forma que, por la fuerza del aire y del fuego - que son de naturaleza más sutil que los otros dos y más hábiles para hacer como para padecer -, este movimiento interno obra y da vigor en los cuerpos. No juzgo, por tanto, a esta vida o movimiento del todo incorpóreos, si bien administran elementos corpóreos, aunque sutilísimos. Pero así como los mismos elementos por cuya virtud gobierna a los demás, son más allegados al espíritu, así igualmente este movimiento es más sutil que aquel que lo impulsa extrínsecamente. ¿Te bastan estas cosas?
Juan. - De momento es suficiente. '~
17. Elredo. - Ahora pensemos en aquella vida que no sólo engendra este movimiento e incremento del cuerpo, sino también cierto movimiento espontáneo que se une al sentido para el gobierno del cuerpo, como ocurre en todos los animales. Esta vida se manifiesta en el tacto, y por él siente las cosas calientes, frías, duras, blandas, leves, graves, ásperas y suaves. Después siente y percibe innumerables diferencias - de colores, formas, olores, sabores y sonidos -, viendo, oliendo, gustando y apeteciendo los convenientes a su cualidad y rechazando los que le son contrarios. Esta vida alguna vez se aparta de los sentidos por cierto tiempo y sus movimientos los repara como, por ejemplo, con alguna especie de descansos; las imágenes de las cosas que atrae por él, las guarda consigo como en tropel y desparramadas, y todo esto es sueño y sueños. Se ha comprobado muchas veces que esta naturaleza está en el alma de las bestias, por el movimiento y ladrido de los perros que duermen y por el relincho de los caballos. Por el apetito sensitivo es arrastrado a muchas cosas, por placer, por necesidad o por afecto. . . ='
18. . . . Por placer, como en la unión carnal; por necesidad, como en la comida y bebida; por afecto, como en conservar, nutrir, acariciar y proteger a la prole, a cuyo efecto buscadse los escondrijos necesarios, se construyen nidos, se preparan hábilmente los lugares aptos para sus obras. Todas estas cosas, de tal manera se lo graban e imponen, por cierta costumbre del sentido y del afecto, que pasan a la memoria de tal modo que el pajarillo, entre cien nidos iguales, sin confundirse escoge el suyo; y, entre muchos agujeros, la abeja encuentra el suyo propio. Ciertamente, a esta vida la Sagrada Escritura Ie llama "espíritu de vida", que, aunque carezca de razón, en nada se diferencia de la racionaI, que usa y abusa de todas estas cosas no sólo porque puede, sino también porque quiere.
Juan. - Quisiera saber si a este espíritu le llamas incorpóreo, mortal o inmortal. =i
19. Elredo. - San Jerónimo dice que el alma animal se propaga con el cuerpo y muere con el cuerpo. A su vez, san Gregorio afirma que Dios creó tres espíritus vitales; uno, que no se cubre con carne, como el de los ángeles; otro, que se cubre, pero que no muere con la carne, como el de los hombres; y el tercero, que se cubre con la carne y muere con ella, como el de las bestias. Pero san Agustín, inimitable en la sutileza, usando razones de orden físico, dice que el movimiento y sentido que vemos en los animales procede de una cualidad aérea o ígnea. Pues -afirma-, aunque toda carne lleva evidentemente solidez terrena, con todo tiene en sí algo de aire que es contenido por los pulmones y se difunde desde el corazón por las arterias; y el fuego no sólo tiene en sí una férvida cualidad cuya sede radica en el hígado y en el cerebro, sino que posee además la claridad que lo eleva a lo alto del cerebro, como cielo de su cuerpo, de donde parten los rayos a los ojos, y de cuyo medio, como de su centro, no sólo a los ojos, sino también a los demás sentidos son llevados por los sutiles canales; a los oídos, a las narices y al paladar, para oír, para oler y para gustar. El mismo sentido del tacto, esparcido por todo el cuerpo, dicen que es dirigido por el mismo cerebro mediante la médula cervical, insertada en los huesos con los que está cubierta la espina dorsal, para que, de allí, ciertos delgadísimos hilillos que forman el sentido del tacto se difundan por todos los miembros. . . '~
20. . . . Examinadas estas cosas diligentemente, fácil es advertir cómo aquella alma o espíritu, naciendo con el cuerpo y muriendo con el cuerpo, empero, en el mismo cuerpo no excede a la aérea e ígnea cualidad; en comparación con la tierra y el agua, se dice espíritu "incorpóreo"; pero en comparación con el espíritu racional e incorpóreo, puede decirse "corpóreo". He aquí cuántas cosas hemos dicho de aquella vida que se dice tienen los árboles, cuántas también de aquella por la cual los animales no sólo viven, sino también sienten, y a todo lo que hemos dicho aventaja el conocimiento y cierto raciocinio o discernimiento interior. ¿Quién pensó estas cosas en nosotros, las distinguió o, como se dice, las ordenó? Es grande, es sublime y mucho más excelente de lo que hemos dicho que existe en los animales y en los ' árboles. Ellos no pueden comprender ni distinguir lo que es mejor o lo que es peor, lo que es útil o lo que es inútil. '°
21. Juan. - ¿Acaso los animales y las aves no defienden su vida en cuanto pueden, por la huida, los escondrijos o de otros modos?; ¿no escapan tal vez de la muerte y procuran su salud con la comida y la bebida? Tanta es en ellos la fuerza de la memoria, que parece se asemeja en gran parte al conocimiento y a la razón.
22. Elredo. - No distinguen por ninguna razón de conocimiento, pues opera en ellos la fuerza de sentir, no la de juzgar. Pues, como asegura san Agustín, en los sentidos nos superan muchas bestias; ellas entienden más agudamente en las cosas que usan, bien para el sustento, bien para el placer; se acostumbran a ella de forma que parecen imitar no poco a la razón.
23. Juan. - Veo que toda aquella como imagen de ciencia que admiramos en los animales es la fuerza del sentimiento, no la perspicacia de discernir. Mas, como en lo que demostraste del alma de los brutos ya basta por ahora, torna. el discurso a indagar la naturaleza por la cual previniste estas cosas, es decir, la naturaleza del alma racional, que es propia del hombre.
24. Elredo. - Como te plazca. Si todas las cosas que quedan dichas las guardas grabadas en la memoria, nos ayudarán mucho para que no trabajemos de balde. En primer lugar, como había empezado, pregunto: ¿quién pensó en estas cosas que hemos dicho? ¿Quién distinguió así entre la vida del árbol y la del animal? ¿Quién? Yo, ciertamente. Y ¿quién soy yo? Un hombre, en verdad. He aquí mi cuerpo, provisto de ojos, que lleva consigo la longitud y la altura. Se distingue por los miembros y está hermoseado de partes congruentemente. ¿Es el mismo cuerpo, o alguna parte del mismo o miembro, el que pensó y distinguió tales cosas?
Juan. - Ni el necio lo afirma.
25. Elredo. - Advierto que en mi propio cuerpo existe un movimiento por el cual se verifica todo lo que conduce a su incremento. ¿Acaso este movimiento me sirve para discernir tales cosas? ¿O él puede hacer algo en ello? Juan. - Nada de eso.
Elredo. - Siento, además, que bullen en mi cuerpo sentidos con los cuales se une el movimiento espontáneo para la ordenación del mismo cuerpo. Veo con los ojos, oigo con los oídos, huelo con la nariz, saboreo con el gusto, toco con las manos; pero, Dime, ¿cuál de ellos juzgas que puede hacer estas cosas? ~°
26. Juan. - Siendo los mismos como ciertos instrumentos u órganos del sentido, ¿quién juzgará que deba atribuirse a ellos las cosas que no concedería fácilmente a los mismos sentidos?
Elredo. - Con todo, para que quede más claro lo que hemos dicho, inspeccionemos, hasta donde podamos, estos sentidos. Por ventura, la vista ¿puede sino ver los cuerpos y los colores? El oído ¿puede oír más allá de lo que suena corporalmente? Para que callemos acerca de los demás, ¿qué te parece de éstos?
Juan. - Nada más, sino que las imágenes de estas cosas que se ven o se oyen, se representan e imprimen en la memoria.
27. Elredo. - Según eso, cuando ves algo en lo que quieres
más expresamente pensar, apartada la cosa de los ojos, ¿te ayudará a pensar en ella el ojo?
Juan. - Nada, en efecto. Pues juzgamos de la misma según la imagen de la cosa que vemos.
Elredo. - ¿Qué ocurriría si ignorases lo que es la justicia y oyeras a alguno disputar sobre ella? Y si conocieras por ciertos argumentos lo que la misma es, ¿no podrías pensar en la justicia?
Juan. - Podría, ciertamente.
Elredo. - ¿Acaso el oído te imprimió la imagen de la justicia?
28. Juan. - De ningún modo. Pues en esta meditación nada me ayuda el oído, al contrario, cuando deseo meditar expresa y sutilmente, todos los sentidos corporales me son impedimento, de modo que preferiría el silencio de la noche y cerraría los ojos para que no pudiera distraerme en otra cosa.
Elredo. - Cuando digo que ni el cuerpo pensó, ni cualquier otro miembro del cuerpo, ni el sentido o algún otro instrumento del sentido, yo lo hago - hombre compuesto de alma y cuerpo- y en su conocimiento no necesito de nada de ellos; luego, resta que lo verifique mi alma.
Juan. - Nada más cierto.
29. Elredo. - Esfuérzate cuanto puedas y, desembarazándote de los sentidos carnales, reflexiona en aquello que piensas, penetra lo más profundamente que puedas y mírate a ti mismo pensando. He aquí que, colocado en las tinieblas, cerraste los ojos, te tapaste los oídos, nada huele el olfato, no gusta el paladar, no obra el tacto. Advierte ahora qué sea esto que, dormido todo, piensa, propone y ordena tantas y tantas cosas, trata cuestiones y entre diversas sentencias juzga tan atinadamente. Esto es grande y sublime. Cuando, por tanto, adviertes que tu alma piensa con mucha fuerza, ¿sientes el lugar en que está, el peso que tiene?
Juan. - En absoluto. Y casi entiendo que al alma incorpórea, aunque esté en el cuerpo, no le puedo dar un lugar cierto en el mismo.
30. Elredo. - Ves, por consiguiente, qué simple ha de ser, qué incompuesto, aquello que, careciendo de longitud; latitud y altura, piensa con precisión tantas cosas y tan sublimes, sin instrumento alguno del cuerpo, y juzga entre muchas de ellas.
Juan. - Lo veo y me alegro en gran manera.
Elredo. - Ahora bien. Como el alma existe, vive y piensa, ¿quién dudará que sea substancia?
Juan. - Nadie, en efecto.
31. Elredo. - Siendo substancia que carece de longitud, anchura y altura; y si no es posible designar algún lugar cierto donde está, ni puedes experimentar al que piensa, ni al que subsiste en un lugar de tu cuerpo, ¿negarás que es una substancia incorpórea?
Juan. - De ninguna manera.
Elredo. - Aparta ahora todos los fantasmas de la vista de tu corazón, todas las formas corporales y las imágenes de todas las cosas corporales, y contempla la naturaleza de la misma substancia incorpórea. En primer lugar querría que me respondieras si el alma puede pensar, deliberar, contar, dividir, sin memoria.
Juan. - En modo alguno.
Elredo. - Entonces, ¿puede eso sin la razón?
Juan. - Aquí no hay duda alguna, pues no puede discernir entre lo justo y lo injusto sin la razón.
32. Elredo. - Piensas en tus adentros y, considerándolo diligentemente, ¿podrás acaso sin la voluntad?
Juan. Esto es imposible.
Elredo. - Por consiguiente, estas tres cosas, memoria, entendimiento y voluntad, o son la misma alma, o están ciertamente en ella.
Juan. - Con gusto diría que en el alma.
Elredo. - Y ¿como partes en el todo o como accidentes en el sujeto?
Juan. - Esto último me agrada más.
Elredo. - Si los accidentes del alma son tres, ¿pueden separarse, permaneciendo la substancia del alma?
Juan. - No es necesario, pues existen muchos accidentes inseparables y que jamás pueden separarse de su sujeto. 33. Elredo. - No quiero que preguntes a tus ojos, a tus manos, a tus oídos, sino a la misma razón de la que hablas. ~.Hay algún accidente que no pueda separarse de su sujeto, si no en acto, al menos por el pensamiento?
Juan. - Quizá pueda haber alguno, aunque a mí se me oculta. Elredo. - Atiende finalmente: ¿acaso son lo mismo el sujeto y su accidente, o juzgas que hay algo entre ellos?
Juan. - Sí, y mucho.
Elredo. - ¿Puedes separadamente pensar de cada uno? Juan. - Nada más fácil.
Elredo. - Mira ahora si pensando en el alma puedes del mismo modo distinguir entre el alma y la razón.
Juan. - ¿Por qué no podría?
34. Elredo. - Presta ahora mucha atención: ¿cómo podrás pensar en el alma del hombre sin razón - de ella hablamos, si no bien comenzaras a pensar en ella sin razón, en ese mismo momento dejarías de pensar en el alma del hombre?
Juan. - Si quiero pensar en algún alma sabia, ¿no podré pensar separadamente de la misma alma y de su sabiduría?
35. Elredo. - ¿Qué cosa más manifiesta? Pero hay algo más importante. El alma sabia, perdida la sabiduría, puede volverse necia. Por lo mismo pueden pensarse separadamente, porque aunque el alma dejase de ser sabia, no deja de ser alma. Mas no podrás pensar que el alma es el alma si no la reconoces como racional. De ningún modo, pues, aquellas tres cosas han de llamarse accidentes del alma, sin las cuales no puede existir su substancia. No siendo, por tanto, accidentes, resta que sean substancia.
Juan. - Quisiera saber si aquella que es el alma, u otra.
36. Elredo. - No otra. Sin embargo, pueden separarse mutuamente o por el pensamiento. De donde resulta claro que estas tres - memoria, entendimiento y voluntad- son de la. misma substancia. Pues, aunque parezca que cada una tiene su peculiaridad, con todo, nunca pueden obrar separadamente ni mutuamente separarse. Nada hace la memoria sin la razón o sin la voluntad; nada la razón sin la voluntad y sin la memoria; nada la voluntad sin la memoria y sin la razón. Así, por consiguiente, aunque la memoria no sea la razón ni la voluntad, a pesar de todo las tres son una substancia y un alma.
Juan. - Parece que san Agustín opina lo contrario. Dice, en efecto: "Una cosa es el alma y otra la razón. No obstante, en el alma está la razón y el alma es una sola; pero una cosa hace el alma y otra la razón. El alma vive, la razón saborea, y al alma pertenece la vida y a la razón la sabiduría. Y, siendo una sola cosa, el alma sola mira a la vida y la sola razón mira a la sabiduría.
37. Elredo. - Juzgo que se adhiere más que se opone a nuestra opinión y razonamiento esta sentencia del Santo Padre; al decir manifiestamente que el alma y la razón son una misma cosa, quiere decir de hecho que es una la substancia de una y otra. Tampoco juzgo sea contrario al aserto que expuse más arriba; esto es, que una cosa es el alma y otra la razón. Fácilmente puede probarse por la misma semejanza. Atiende, pues, a qué semejanza acude para entender esto de alguna manera. En efecto, ya había anunciado: "Uno es Dios Padre, uno Dios Hijo y uno Dios Espíritu Santo. No tres dioses, sino un solo Dios. Tres en vocablos, uno en la deidad de substancia.. :'
38. ... Y para que esto no pareciera absurdo a los herejes, contra los que disputaba, por aquella criatura que fue criada a imagen de la Trinidad prueba que no había dicho cosas impropias de la Trinidad. A saber, dijo: "Una es el alma y otra la razón. Dos en vocablos, uno en substancia. Una cosa significa para mí el vocablo alma, otra el vocablo razón. Pues de una y la misma substancia - que es el alma y la razón- este vocablo `alma' manifiesta lo que vive, la `razón' lo que discierne:' Y esto es lo que dice: "En el alma está la razón, y una es la razón, pero el alma vive. : . Es decir, en este vocablo que es el alma se manifiesta aquello que vive; la razón saborea, o sea, este vocablo "razón" manifiesta lo que discierne. Mas cuando se asegura que "el alma sola importa la vida y la razón la sabiduría", se entiende de modo que especialmente la vida pertenece al vocablo del alma y al vocablo de la razón atañe la sabiduría, por lo mismo que la razón es perceptible de la sabiduría. Y, con todo, una es la vida de ambas, una es la sabiduría de ambas.
39. Juan. - Todavía bulle en mí lo que te dije acerca de que el alma y la razón no pueden separarse ni por el pensamiento, ni reflexionar sobre la una sin la otra. He aquí, sin embargo, cuánto pensamos separadamente de cada una, y aquello sobre todo que dijo san Agustín: "Una cosa es el alma, otra la razón", asignando a cada una algo que le es propio.
40. Elredo. - De pasada me parece advertiste lo que dijimos: una cosa es, por tanto, pensar del alma, y otra pensar en el alma; una cosa pensar de la razón, y otra pensar la razón. Porque separadamente podemos pensar de las dos, según la diversa significación de los vocablos, no según la identidad de la substancia. De ningún modo podemos pensar en el alma humana sin la razón, esto es, que no tenga razón, así como no puedes pensar en un hombre que no sea racional mortal.
Juan. - Dime, te ruego, ¿acaso la razón que está en mí es otra que la que está en ti?; ¿cada hombre tiene su propia '~ razón? Lo cual me gustaría saber asimismo de la memoria ~' y de la voluntad.
41. Elredo. - Me admiro que hayas querido indagar estas ~, cosas, cuando ves que uno es de agudísima memoria, otro tan olvidadizo, éste de finísimo sentido, aquél tan torpe que apenas goza de razón; y, aun más, tantas y tan contrarias voluntades de los hombres.
Juan. - Aparentas no haber entendido lo que te dije. No juzgué indagar del vicio o virtud de la razón y demás cosas, sino de la naturaleza por la cual el hombre se llama racional. Es decir, si la razón por la cual somos racionales es una para todos, o una para cada uno.
42. Elredo. - Sabía que querías forzarme, pero no lo hagas te lo suplico. El abismo es profundo en demasía, porque aunque haya quizás alguien que lo desenvuelva, apenas se encontrará quien lo entienda. Pues, aunque dijese que una sola es la razón de todos, estarías dispuesto para inferir que una es el alma de todos. Si una para cada uno, quizá no podré explicar cómo una sea la razón por la cual veo que las cosas verdaderas sean preferidas a las falsas, otra por la cual tú contemplas estas mismas cosas. Aquí está por qué san Agustín frenó al joven Adeodato en su búsqueda de esta cuestión, afirmando con referencia al número de almas: "No sé cómo puedo responderte. Si digo que el alma es una, te turbarías, porque en uno es bienaventurada y en otro miserable; tampoco puede ser una al mismo tiempo bienaventurada y miserable. Si aseguro que es una y muchas al mismo tiempo, te reirás, y no encuentro el modo fácil de reprimir tu risa. Si afirmo que solamente son muchas, me reiré yo mismo y no me soportaré menos a mí que a ti. Oye, pues, lo que te garantizo que puedes oír bien de mí. Pero aquello que resulte oneroso para los dos o para uno de los dos, no lo quieras imponer para que no nos oprima.
43. Juan. - ¿Qué significa esto? Parece totalmente querer que el alma sea una o muchas y una. ¿Quién soporta esto?
Elredo. - No te espantes. Ciertamente, en Jerusalén, cuando estaba reunida una gran multitud de creyentes, aunque cada uno de ellos tuviera su alma, se dijo no obstante de la multitud de creyentes que tenían un solo corazón y una sola alma. Así, por consiguiente, si te agrada, salgamos de esta profundidad y quedémonos con la simplicidad de la sentencia; aunque quizá pueda decirse en algún modo que el alma es una por la misma fuerza de la naturaleza racional; de la cual unos usan bien, otros abusan torpemente o son castigados o son remunerados. De cualquier modo que sea esta oscuridad, mantén firmemente lo que se probó más arriba: que el alma es una cosa simple y no está compuesta de partes, que en su substancia no recibe ni admite el más o menos, pues no puede ser dividida o extendida. De donde se deduce que no hay nada en su substancia que no sea ella misma. Por consiguiente, la razón, la memoria, y la voluntad, aunque aparezcan como pluralidad, no son en el alma otra cosa que la misma substancia del alma.
Juan. - Te ruego que no tardes en disputar mas larga y cabalmente de la fuerza y propiedad de estas tres.
44. Elredo. - Pregunto: ¿por qué vamos a cargarnos con una larga disputa, si se puede exponer brevemente lo que quieres? Oye, por tanto, brevemente Se representa a la memoria lo que se ve por los ojos, lo que se oye por los oídos, lo que se capta por el olfato, lo que se toca con las manos, lo que gusta al paladar. De todas estas cosas juzga la razón, consiente la voluntad. ¿Basta esto?
Juan. - De ninguna manera. Hay otras muchas cosas que se encomiendan y se tienen en la memoria, que no le son inducidas por ningún sentido corpóreo, como son las razones de los números, de los pesos, medidas y otras cosas innumerables. De ahí que desee saber qué obra el alma en la carne, qué en los sentidos, qué por los mismos sentidos, qué en sí misma por los sentidos, qué sin ninguna ayuda de los sentidos.
45. Elredo. - Esto es trabajoso en demasía. Con todo, no faltará mi esfuerzo y ojala no falte el fruto. Emplearé las palabras, o el sentido, o unas y otro, de san Agustín, que dice: "El alma, como a cualquiera le es fácil advertir, vivifica esta carne terrena y mortal con su presencia, se reconcentra en un punto y en él permanece, y no deja de dilatarse o contraerse. Hace la distribución de los alimentos uniformemente por los miembros, conserva la congruencia y el modo del cuerpo, no tanto en la belleza, cuanto en el crecer y en el producir." He aquí lo que afirmó aquel varón sapientísimo: "Que opera el alma en la carne o por el cuerpo", añadiendo que esto es común al hombre con los arbustos, puesto que ellos mismos, como veremos y confesaremos, a su manera viven, son guardados, crecen y engendran.
46. Juan. - ¿De modo que dices que estas cosas se han de atribuir al alma racional, siendo así que en ellas el sentido nada hace, y mucho menos la memoria, la razón y la voluntad? ¿No se han de atribuir más bien al movimiento, por el cual los árboles crecen y viven?
Elredo. - ¿Juzgas que hay sentido en algún cuerpo que carezca de este movimiento?
Juan. - No he dicho eso. Pues no puede haber fuerza de sentir, donde no hay fuerza de subsistir.
47. Elredo. - Pasemos ya de los inferiores a los superiores. Se engendra la carne animal en la unión del macho con la hembra. Cuando se hubiere conseguido la concepción, no se dice que en el instante el semen viva, pues no puede sentir nada. Sin embargo, pronto hay en él movimiento, por medio del cual se forma y crece. Así como el semen del árbol se envía naturalmente al seno de la tierra, por el predicho movimiento, es formado, crece y se difunde por las ramas, así igualmente el semen del animal, infundido en el útero de la madre, del mismo modo es formado y crece y se dilata en miembros. Como sea, no decimos que viva como lo afirmamos de los árboles, porque se espera otra vida mejor. La cual, al llegar, no decimos que haya dos vidas o almas, sino una solamente, consistente en doble fuerza: de las cuales, la una está en el movimiento natural que hace que el cuerpo viva y crezca; y la otra en el movimiento espontáneo, que se aplica a los sentidos y por medio del cual hace que también viva y sienta.
Y el escrito continúa por hojas y hojas, pero considero más que bastante para una semana y tal vez para gran parte de la vida. Mi intención no es marearte con muchas palabras, sino que bebas dulces gotas de sabiduría para que gracias al esfuerzo de estos maravillosos seres puedas tu recoger lo sembrado en tal maravillosa charla.