Los caminos de Aguablanca, como metáfora de la felicidad
Para Patricia, que este año ha estado un mes en Muelas y le ha sabido a poco.
El objetivo
Aguablanca es el poso que queda en la memoria después de andar los caminos de este mundo, los avatares de esta vida. Aguablanca es el impulso del corazón más allá de los estragos de la convivencia y del tiempo. Aguablanca es la simbiosis del hombre y del paisaje, la afirmación del hombre como paisaje y su necesaria comunión con la oferente y oprimida naturaleza. Aguablanca es la perpetua fe en el camino, la perpetua fuente, la perpetua emancipación. Aguablanca es un espacio de eternidad, un fuego inextinguible, una huella que no se borrará mientras el hombre siga siendo un anhelo, una inquietud, una añoranza, una celebración, una búsqueda, una creencia, un aleteo fallido y renovado, simultáneamente posible e imposible. Aguablanca es un hombre que mira hacia la luz por las rendijas de sus íntimas insatisfacciones, de sus persistentes y numerosas penalidades.
Queridos amigos:
La felicidad es un concepto (hay quien lo llama cáscara vacía, si se separa de su contenido original, que es el metafísico) sobre el que los filósofos, parlanchines e incluso algunos científicos, no se cansan de debatir, pero nadie ha podido demostrar que la felicidad sea algo que exista realmente. Lo que sí está claro que existe es el camino, variado y múltiple, por el que los humanos salimos repetidamente a buscarla. Porque, eso sí, el empeño de la felicidad lo tenemos todos muy dentro.
Pues bien, en cierta forma, la fuente de Aguablanca es una metáfora de la felicidad, ya veremos porqué. Y, en todo caso, en el camino hacia ella uno puede sentirse felizmente dichoso. Quien lo probó, lo sabe.
Un abrazo
Aguablanca: la conquista y sus alrededores
Los caminos se borran y desaparecen. Y entonces es inútil buscarlos, porque puede que no hayan existido jamás. Hay que hacerlos con nuevas andaduras, como Machado, verso a verso. De pronto, el camino se encuentra con el agua, en la que finalmente se diluye ¿Es verdad que es blanca? Las piedras sí, son blancas. La tierra es blanca. El agua es incolora, pero tiene la blancura de la apariencia. Le queda bien el contraste. Y el nombre ¿De dónde viene? No sé, sé que va hacia el arroyo, donde es negra. En el arroyo es negra la vida, y ahí no hay apariencia que valga. Negra de dolor, negra de muerte. A menudo no hay ni escapatoria. Aquí se borra el camino, nada más, pero queda íntegro el monte. Y los montes hay que merecerlos despacio. Esto lo supe en Benasque: Cregüeña, Batisielles, Salvaguarda, la Renclusa... "Anda como viejo y llegarás como joven". También lo supe aquí, en estos viejos montes carballeses, donde los caminos hay que hacerlos, como corzos de juventud, saltando los brezales encumbrados, enaltecidos, y las pedrizas empinadas y desparejas.
El día va quemando quilates de claridad y yo echo un ojo a esta tarde densa y presurosa que se inclina hacia el ocaso con una devoción excesiva ¿Tendrá un amante escondido? ¿Un galán de noche apostado en las cascadas de la sombra, donde suele ir el gran jefe no sabemos a qué? ¿Un Adonis ciego, un Orfeo que toca la dulzaina con la intensidad de los cupones extraordinarios de la Once? ¿Y no puede esperar este muchacho a que clave yo mi pica y mi bandera en los orígenes altísimos de esta fuente blanca, llamada también eternidad, principio, impulso, diosa, efervescencia y alimento? No, no puede. LLame usted a otra puerta, humano pretencioso, liquen amarillo, protuberancia insignificante de las pedrizas, mendigo de limosnas imposibles, que en realidad son regalos de la mañana. Vete, pordiosero, yesca menesterosa, antes de que tengas que tragarte sin remedio los despojos de la celebración, que para ti son rayos de luna. Abismo, perdición, misa negra, hierofante, cuerno de la cabra. Lobo.
- Nos va a pillar la noche aquí arriba, Isidro, es mejor dejarlo para otra vez. Además, la lluvia lo ha mojado todo ¿Cómo andar por las piedras, si están llenas de líquenes resbaladizos?
Sólo un empuje más, Antonio, hasta llegar al nacimiento ¿No ves que lo tenemos ahí al lado?
Ser o no ser. La montaña es un imán para las piernas, su campo de atracción, su imperativo ciego. Bien lo sabe Mahoma, el pragmático. Los pulmones se ensanchan, el corazón palpita y brinca, la mente se imbuye de fijaciones que tienen forma de meta. O de fuente. O de ofuscación. Quinientos metros tan sólo. Sopla, viento. Corazón, resopla. Prolonga, tiempo, la tarde, detén la oscuridad, no traigas la noche... Arribar, ir hacia arriba, "andar, andar y no llegar al lugar". Eso es el rodezno del molino, el giro de la noria, nada que ver con la montaña. La fuente está ahí, a un tiro de piedra ¿De qué piedra, de esta piedra que pisas de forma ya incesante? Pisar la piedra, pasar la piedra, tal vez pasar por la piedra. Antonio se ha quedado allí abajo. "Aquí te espero, comiendo un huevo". Correr sobre la piedra. Esto es más exacto, pero da lo mismo. Ya no puedo ni llego ni corro ni consumo. Vicente ¿vas por agua? No, que hay ranas. Me ha salido rana. Tanto trabajar para morir en la esquina. Soy un sapo henchido que derrama sobre las piedras de la tarde una anatomía convulsa. Se me va, la tarde se me va. Aguanta, corazón, sube, sube, que llegas...
He llegado. La fuente es un murmullo perfecto de la naturaleza. Aunque yo me he vuelto ciego, como Borges, en la ciudad de Buenos Aires. Los aires que hay aquí arriba ¿Dónde está la fuente? Pero no, Isidro ¿desde cuándo es visible la música? Los matorrales son altos y frondosos. Y la fuente está allí, riendo, cantando una sonata de Schubert, o un capricho de Malher. Alta fidelidad, sonidos claros. Ciega ¿Dónde estáis, señora? Doy tres vueltas al mundo, o a su ombligo invisible, el útero entrañable de esta enorme montaña que, poco a poco, va ganando en dureza y en altura hasta que de pronto se convierte en un León provincia, que tiene su Vizcodillo de en****dura y su Teleno de congelación, aposentado en una alfombra de nieve ¿De qué se ríe esta china que tengo a mis espaldas y solamente me excede en cien millones de litros a 1,8 de densidad?
Finalmente, consciente de mi tamaño y de mi esfuerzo, me siento en una piedra con musgo y el agua me aparece en el salón, donde se expande y se relaja, poniendo los pies en el tresillo. Pero no es ahí, sino en el alma, donde siento el esplendor de la belleza. Dejo que ella me impregne hasta los tuétanos, que ahora están mojados de felicidad ¿Soy feliz? Pregunto. Y algo me responde: no sé, no sé.... Y yo miro a la tarde, que ha incorporado a sus ausencias un puntito de sombra, pero nada me hace sospechar, en este dulce momento, las leches que voy a darme bajando. Sin embargo, hoy sabré de veras lo que es la maceración de la carne. Más aún, hoy sabré de veras que, usada como corresponde, la espalda puede ser un tambor: no sé si el de hojalata ¿Lo has oído, Antonio? ¡Menuda hostia! Pero Antonio está lejos. Hoy sabré con exactitud, incluso con holgura, lo que es meter la pata hasta las ingles. "He llegado hasta el fondo" ¿Hasta el fondo? ¡Qué iluso! Aparte de desbarrar, y acaso de forma irrespetuosa, ¿por qué te cuelga entonces la pierna? Oquedades intestinales de las pedrizas. Trampas ineludibles. Agujeros negros. Deslizamiento hacia el rojo: sol rojo, culo rojo, espalda completamente morada. Por último, aunque esto es más difícil de creer, hoy sabré también lo que es salir ileso de la experiencia.
¿Has llegado a la fuente, cabezota? -preguntó Antonio
Sí, señor, pero ahora es una caja de música... Tárrega, Granados, Albéniz, patios de la Alhambra, fuentes del Generalife...
¡Eh, eh, Isidro! -atajó Antonio- Te recuerdo que estamos en Muelas de los Caballeros, Zamora, y que esto es una fuente de montaña, no un patio andaluz.
¿Y ello es óbice, Antonio, para que yo tenga Recuerdos de la Alhambra? La fuente estaba oculta en la maleza, yo he cerrado los ojos y me he puesto a sentir. El silencio era hondo, el aire era puro, la libertad era grande, los sentimientos se encauzaban formidablemente en la música...
Y entonces te quedaste al concierto...
Toma, ¿quién rechazaba ese palco de meditación, desde el que yo anulé las cumbres de esta Sierra de la Cabrera que ahora no me es dado cruzar?
¿Para viajar a Granada, que está lejos y al sur?
No, para bañarme en el lago de Truchillas, del que los dioses quisieron que llevara sus aguas al Eria, que las lleva al Duero.
Mira tú por dónde se van a encontrar con las del Fontirín, después de dar un rodeo de padre y muy señor mío.
Sí, mira tú por dónde, cuando aquí son venas de una misma montaña y se dan casi la mano...
Coda:
Para situar un poco al lector
El pueblo
Muelas de los Caballeros, Carballeda, Zamora, noroeste de España. Fantasía de robles y de brezo. Miel. Flor primaveral, gozos de otoño. Sé que no es un pueblo, sino un pálpito, una constante de vida y de memoria, una proyección, una infancia atrapada, una necesidad, casi un vino, casi un opio, casi el amor, casi la pureza. Un paraíso perdido, un punto lejano, un imposible. Muchos derroteros, muchas fuentes, muchos pájaros, un río, una calle, una familia, un exilio, una emigración, un abandono, una fatalidad, una raíz, un hilo de tiempo que te ata, que te estimula, que te libera.
El paraje
"Velilla: montes situados en el norte de La Carballeda, Zamora, comarca cuyo hecho diferencial es un extenso roble y un largo aullido de lobo. Sus cotas más altas se sitúan en la Sierra de La Cabrera, separándola de la comarca leonesa de este mismo nombre. Sus valles, que acompañan a un agua cristalina hacia el río Fontirín (que desemboca en el Negro que desemboca en el Tera que desemboca en el Esla que desemboca en el Duero), están milagrosamente habitados por unos robles hermosos, cuya robustez centenaria brota a veces de la fría apariencia de las pedrizas... Al Noroeste la deslinda Sanabria, comarca de Lago legendario y de consecuente Parque Natural".
Fragmento del libro "Aguablanca: caminos de ida y vuelta"
Caminos, silencios, montañas... Vuelve la crispación.
Le dije a mi amigo Carlos Jiménez que colgaría este texto nuevamente en el Blog. Es del 2006, pero podría ser de ayer mismo. Bastaría adornarlo con unas cuantas addendas, porque corrigendas no necesita ninguna. Desde entonces para acá, han explotado todas las burbujas posibles, tanto financieras como inmobiliarias, y se ha instalado a sus anchas la crisis que negó Zapatero. Se han destapado ingentes casos de corrupción urbanística, se han conocido pelotazos de padre muy señor suyo. Se le han dado enormes cantidades de dinero a la Banca, y ésta, como pago, ha negado el crédito a las empresas y a las familias. Ha subido seis pisos la morosidad, ha subido el paro a más de cuatro millones de personas, nos hemos comido el superávit y nos hemos instalado en el déficit, estamos endeudados hasta las cejas, la seguridad social va camino de comerse a Dios por los pies. Los ayuntamientos (las instituciones en general) no pueden, o no saben, atender a los necesitados, que hay muchos, y le trasladan a Cáritas la papeleta del hambre, convirtiendo en obra de caridad lo que debiera ser empeño de la Justicia.
Y encima se ha roto el pacto social. No sólo es que no haya Pacto de Estado, que es lo que algunos reclamamos desde hace tiempo, sino que se ha roto la baraja de las conversaciones para llegar a unos mínimos acuerdos sociales que, de todos modos no iban a valer para nada. O para bien poco. Se va a necesitar mucho más que unos acuerdos. Se va a necesitar un pacto de enorme en****dura. Con mucha comprensión, mucha voluntad y mucha generosidad. Por todas y cada una de las partes.
O sea que los políticos españoles tienen ante sí una gran papeleta. Lo que pasa es que, ellos, la única papeleta que ven es la que se mete por las ranura de las urnas. Son auténticos cazadores de votos y no ven más allá de sus narices. Por su parte, los sindicatos, además de sus propios intereses, sólo defienden a los que ya tienen trabajo, pero no a los que están en el paro o van camino de él. ¿Y qué decir de los empresarios? Pues que han ganado montañas de dinero en estos últimos tiempos ¿A dónde ha ido esa pasta? ¿Y por qué no se conforman ahora con un beneficio menor y arriman el ascua a la sardina del interés general?
Pero de estas cosas ya hemos hablado. Lo que ahora ha aparecido de nuevo ha sido la "crispación", que fue moneda corriente en la legislatura pasada. Y ha vuelto a saltar a la palestra mediática a consecuencia de Gürtel, no creo que haga falta explicar quién es este señor. El PSOE ha atacado como un león herido por las encuestas. El PP se ha defendido como un gato acorralado por las corrupciones. A la señora De la Vega se le ha visto el plumero y ahora sabemos quién manda de verdad en la Fiscalía. Y a la señora Cospedal se le ha escapado la lengua y ha acusado sin pruebas. Trillo contraataca, Blanco replica, Montoro enciende el fuego, Leire le echa leña. Zapatero esconde la mano y pide responsabilidad. Mariano Rajoy le llama inquisidor. Total, un paripé de mucho cuidado que esconde la mediocridad de nuestros políticos, sean del signo que sean. Mediocridad, ignorancia, indiferencia con el sufrimiento de los demás, egoísmo, sectarismo, sentimiento de casta, rey Palomo, ande yo caliente, antes es Dios que todos los santos.
Lo malo es que ellos son Dios y también todos los santos. Los demás somos unos fieles consentidores que, incomprensiblemente, no nos cansamos de meterla por la rendija. La papeleta, digo.
Hoy me he enterado de que algunos alcaldes de ayuntamientos de tercera o cuarta fila ganan casi como el Presidente del Gobierno. Es decir, mucho. O mejor aún, demasiado. Yo sigo pidiendo que los políticos rebajen sus sueldos un 30%. Sólo así podrán empezar a ganar el doble de lo que merecen.
15-08-2009
Un abrazo
Caminos, silencios, montañas...
(Escrito en octubre del 2006)
Queridos amigos:
Es indudable que estamos en una época crispada en la que cada cual se manifiesta de la forma más radical e instintiva posible, sin meditación previa, sin análisis, sin pensamiento propio, sin ningún asomo de crítica, sin deseos de buscar ninguna coincidencia en valores, credos, ideas, aficiones o gustos que pudieran ser compartidos, sin ningún reconocimiento del otro, de lo otro, adhiriéndose ciegamente a opiniones ajenas que a menudo no son más que prolongaciones de líneas editoriales, es decir, posturas apriorísticas e interesadas de medios de comunicación que en realidad son grupos de presión o de apoyo a determinados partidos políticos...
Un tanto cansado de todas estas cosas, me fui a dar un paseo por los alrededores y, al tomar un pequeño camino que conduce a los faldones de una montaña, mi pensamiento se fue inconscientemente a otro paseo de otro día en otro lugar, donde todo era silencio y no empujaba la prisa, donde la calma era proporcional a la belleza del paraje y la mente gozaba del espacio necesario para pensar, los pulmones del aire necesario para respirar y el corazón del impulso necesario para sentir la soledad, la libertad y la grandeza, todo al mismo tiempo.
Al volver a casa, busqué en el ordenador los pensamientos que había tenido aquel día en aquel largo camino de aquel hermoso lugar, parte de los cuales dejo a continuación por si alguien quiere abandonarse a los placeres de la lectura. No es que sean importantes, es que fluyeron a su antojo de una mente relajada y enteramente libre. Yo sólo les he dado una forma:
Caminos, silencios, montañas...
El silencio volvió a apoderarse del camino. Otra vez los pasos acompasados y monótonos, la ensimismación, la introspección, la actividad desenfrenada de la mente, los pensamientos que vienen, que van, que se amontonan, que juntan el grano con la paja, la verdad con la mentira, que burlan el tiempo y el espacio, que trascienden la realidad, que quiebran la razón y las costumbres, que irrumpen en territorios inexplorados y traspasan murallas imposibles. Que transforman y desmenuzan y desacralizan. Que atraviesan montañas, que saltan valles y ríos......
¿Y ahora descubres que el río no es el río sino una grieta de sangre? ¿Y ahora descubres que las montañas son senos de la mujer/madre-tierra/fecundidad? Ayer profundicé una montaña desnuda y afeitada. Las montañas también tienen afeites, como las mujeres. Los tienen y los sufren y los exhiben. Como adicto a la trigonometría, yo pedía senos. Y me dieron tangentes. La tangencias son igual que los roces. Pero yo necesitaba profundidad. Y me dieron piedras. En realidad, yo era un niño "que iba para piedra nocturna". Mamá, quero senos. "Voglio una donna" Y me dieron montes para andar y merecer y ganar altura y cansancio. Ahí está el bidón de la pulsión, el de las cuestas arriba ¿Cómo se profundiza una montaña? Propulsión a chorro. A mí me empujan motores que funcionan con queroseno. Mamá, quero seno. Mamá, quero tuate. Seno y chocolate. Y me dieron piedras.
En las laderas afeitadas las piedras van hacia arriba, pero también hacia abajo. Sólo hay que mirar al revés. Variar el sentido. Invertir. Meter muchos millones en la prosperidad, léase mercantilismo, léase progreso: "millones al horno". Invertirse. Hacerse maricón. Volver la vista. Hacerse estatua de sal, mirar atrás. La mujeres que hacen el pino son temporalmente invertidas ¿Y si se invierten dos veces? Entonces pueden ser lesbianas. Mi tío Juan me ha dicho que su hija Teremari está muy bien invertida. De pie es un monumento, pero él quiso decir colocada. No, no, chaval, mi hija es de la liga antidroga. No sé qué liga es ésa, pero no es muslim, como la Árabe. La liga árabe es difícil de ver, porque está debajo del burka. Las ligas ya no están en el muslo, como antaño. Ahora son sociedades elásticas. A algunas sociedades les viene grande la liga ¿Qué ocurre, entonces? Que todo cristo las folla.
Las montañas no tienen profundidad, tienen altura. Y base. En las montañas nevadas la base es militar. Área militar. Base por mitad de la altura ¿Triángulo? No, cono. Bien ¿quiere usted una cana? ¿Al aire? No, de barril. Una cana, cono. El cono es un volumen. La cona es otra cosa, pero en gallego. ¿Me está invitando usted a una cerveza? Base. Ácido más base. Sal más agua. Sal de la tierra, sal de la marisma, sal de Santa Pola, sal de aquí, lárgate ya, vete. "Yo te arrojé de mi cuerpo... ". Las montañas con base militar son montañas nevadas. Los montes afeitados no son montes, son piedras. Piedras de Venus. No son metáforas. Son huesos. Axis y coxis. Las piedras de Venus aparecen cuando las mujeres se hacen niñas de pubis. Es decir, se afeitan. ¿Tú te afeitas? "Mi barba tiene tres pelos". El pubis es un entorno atrayente, incluso obsesivo y mortificante. El pubis atrae a las ladillas y a los pitones. El de los ángeles atrajo a Manuel Puig.
Gonorrea de toros. Sangre de cornada. El río es una grieta de leche. Montaña de penetración. Profundidad. Útero. Los toros acaban siendo afeitados para que los cuernos no arruinen las corridas de los empresarios taurinos, cifradas en moneda corriente, como el agua que no has de beber. Los cuernos de ahora son un patrimonio confuso. No quemado, confuso. Un colosal mixtifori. Antes los llevaban las esposas. Ahora los llevan los carceleros entre sí. Las esposas van sueltas hacia los presos, con la tortilla y el bollo. No obstante, yo persigo la luz de las cavernas y ayer profundicé una montaña desnuda y afeitada. Antes fue un bosque de robles. Pero la tierra se estremeció con las caricias candentes del verano que desembocaron en tormentosos desgarramientos de la carne.
Heme aquí, carne atribulada, monte arriba, piedras arriba, "Peñas Arriba". Hacia la cumbre, hacia el pezón redondeado y trémulo, hacia el solar mortificado de la nieve, que se derrite; del agua, que se filtra; de la fuente, que brota en la ladera para hacerse río de sangre y eternidad, río de flora esplendorosa, río de fertilidades multiplicadas, río de belleza, río de gacelas atardecidas, río de baños ateridos y venturosos, río de molinos y amaneceres blancos y crecidas y sones y cánticos y transparencias.
Flora no afeitada, flora exuberante y floreciente. Río cercano y entrañable, río del alma que arrastra chorros de vida y bardomera hacia un ocaso de mar y corazones lentos, con mareas de vientre y de ternura. Río de sueños y de amor y de espumas evanescentes y populosas. Río de corrientes atropelladas y de truchas escurridizas. Río de barbos y de carrizos, que son barbas de río. Río elemental. Agua sin espasmos de contaminación, agua de abluciones purificadoras, agua de catarsis, borbotón, agua viva, agua constante, agua constantemente viva...
Son tantos los elogios que, a raíz del magnífico pps de Mar, he recibido de este poema, que no tengo más remedio que responder a semejante aclamación popular ¿Cómo? De todas las maneras posibles. Por ejemplo: erigiéndole una estatua en el parque de las aleluyas, más allá del Parnaso. Mandándolo a Roma para que lo bendiga Su Santidad con un hisopo ecuménico. Haciéndolo llegar a la Moncloa para que lo lean los 600 consejeros del Presidente, a ver si lo libran un rato de Gamoneda. Indicándole el camino hacia la Casa Blanca ¿Para que lo lea Obama? No, no, puesto que habría que traducirlo al inglés, y pierde mucho en libras. Me refiero al Real Madrid, que tiene una blancura reciente y es profundamente Cristiano. Lo mandaré también a la ONU para que lo cuelguen en la bóveda de Barceló, a ver si la protege de los aparatosos desprendimientos. Y a la India, para que el Cartero del Rey lo ponga ante los ojos Mahatma Gandhi. No sé, tal vez lo envíe incluso a la Revista Play Boy para que, dados los encantos del poema, lo saquen de conejita en la portada ¿Que ya no editan el Play Boy? ¿Ah, no? ¿Y qué otra cosa es el New York Times?
En fin, que a mí me ha sorprendido mucho esta reacción espontánea de los que, de una forma o de otra, soportan mis arreones en el angosto sendero de la lírica ¿Que por qué me ha sorprendido? Tal vez porque el poema tiene muchos años y la poesía que escribo ahora es un poco diferente. Pero, vamos, la sorpresa ha sido agradable. Ya sabéis lo que opino al respecto: una vez que sale a la luz, el poema ya es de los lectores.
Al autor le cabe la esperanza del aplauso, porque el aplauso es el mayor premio que puede tener un poema. Y "La mitad de la vida" está siendo aplaudido, lo cual es realmente un privilegio, por el que quiero daros las gracias.
Y no me extiendo más, la acequia está seca y es agosto.