Hola, Martín: no sé cuál es tu estado civil, pero éste es un divertimento sobre las disoluciones matrimoniales, que es un grupo en el que cada día es más fácil estar.Te dedico este comentario, espero que no te importe.
Un saludo. Mariano Estrada
Separaciones
Diz que las rupturas o disoluciones matrimoniales ya casi alcanzan a tres de cada cuatro.
Vamos a ver cómo explico yo esta cosa tan fácil: si se casan cuatro y se separan tres, queda uno casado, ¿no? Pero uno solo es lo que se dice un soltero, de modo que vamos a hacer sonar la música de otra manera. Lo que quiero decir en realidad es que, de cada cuatro parejas que se casan, se separan tres. O sea, que queda una casada, que son dos. Y dos ya pueden seguir estando casados, si ésa es su santa voluntad, como es obvio.
De lo dicho se pudiera colegir, sin embargo, que una sola pareja casada, o sea, dos personas, va a encontrarse muy sola y aburrirse cantidad en las largas noches de invierno, cuando esto no es así exactamente, por lo que voy a intentar explicarme de otro modo.
La equivalencia real es ésta: de cada cien matrimonios que se contraen, hacen aguas setenta y cinco, que es lo mismo que tres, y se mantienen veinticinco, que es lo mismo que uno. La diferencia estriba en que si uno son dos, veinticinco son cincuenta. Y esto ya empieza a ser otra cosa, porque cincuenta son legión, dan para hacer una guerra a tomatazos y nadie puede decir ya que se aburre.
Este dato me ha llamado mucho la atención porque hace poco más de dos años el porcentaje de disoluciones que yo manejaba en un poema era del sesenta por ciento. Es decir, dos escasos de cada tres. En un bienio ha subido un quince, que es la niña bonita ¿Tal vez la niña bonita de Rajoy?
En unos años más, el setenta y cinco y el cien podrán darse la mano a medio camino, y entonces andaremos en el ochenta y siete y medio. Ya sé que ese medio no se entiende muy bien, porque podría querer decir que una pareja tiene un miembro de cada parte. Ella permanecerá perfectamente casada, como la dejó Fray Luís de León hace ya un rato, y él se irá de culo a la soltería. O al revés. No sé si me explico.
Lo que me preocupa de verdad es lo que puede pasar el día en que el porcentaje de disoluciones pille al porcentaje de matrimonios. Y no porque no quede ninguna pareja en pie, para dar testimonio a las generaciones venideras, sino porque el porcentaje de las rupturas, acostumbrado a crecer, no va a conformarse con la paridad, que será realmente un estancamiento. Y a lo mejor hay que hacer un banco de matrimonios a cuenta, de manera que los porcentajes puedan tomar las rupturas en préstamo ¿Que esto ya es pura fantasía? Bueno, antes tampoco se comprendían los préstamos en moneda corriente. Y ahí estamos, disfrutando de un dinero que no tenemos y pagando en un futuro del que nadie va a saber si vendrá ¿O no puede imaginarse una sociedad en la que las rupturas sean acreedoras de los matrimonios que tengan que venir? ¿Ein, tíos? Es sólo otra forma de las hipotecas.
Coda: antes, todo el mundo sabía lo que eran las separaciones: tú te vas por un lado y yo me voy por otro. Ahora las separaciones vienen a ser las rupturas menos los divorcios. O sea, el pi minus erre al que se refería Gabriel y Galán, poeta extremeño-castellano del que tengo la sospecha de que nos hemos divorciado los solteros, los casados y los que podíamos llamar separatistas.
Queda claro, por tanto, que las separaciones del poema no son las separaciones del artículo, sino las rupturas o disoluciones. Pero entiendo perfectamente que no se me entienda, aunque creo que se me entiende muy bien.
Ayer, mientras llegaba el ascensor, me dijo mi mujer: No puede ser, mi amor, tanto comer, tanto beber... eres algo mayor, ¿has ido ya al doctor?
Y yo dije que sí, que sí, que sí, que sí, que sí, que sí... Y así se complació y me complací.
¿Y qué te recetó? -dijo con ciertos aspavientos- Pero yo no perdí la compostura y respondí:
Cordura, o sea, precaución. Y aparte de unos diez medicamentos, nombró determinados alimentos, que se encierran en dos: el bueno la verdura, el malo el salchichón.
¿Y el feo? Ése, digámoslo en hip-hop:
Pescado sí, chorizo no, tortilla a la francesa, espárragos y col.
No fumes plus, no bebas more, olvida los mariscos que dan colesterol.
Como saben los viejos las grasas y los dulces, lejos. Las tentaciones, fuera...
¿Y la ternera?
¡A la basura! -dijo el cura- tan sólo por comer de la asadura.
Consuélate con te, con te, con te, con te, con te... Convéncete con te, con te, con te, con te, con te...
Mujer, pero a la hora de comer ¿ni un vinito de Rueda?
Ni medio tan siquiera. La dieta es un deber que no puede saltarse a la torera. Ya me tienes a mí aquí, aquí, aquí, aquí, aquí... para apoyarte en lo que fuera o fuese menester.
Adiós doctor, -le dije a mi mujer, mientras dejaba el ascensor- Y, ardiendo de placer, corrí hacia la nevera...
En la nevera había, desde la hora del almuerzo, vino tinto del Bierzo, una cerveza fría, un cava de primera y un espléndido queso de Castuera.
Después un whisky doble logró que me sintiera tan fuerte como un roble.
¿Café, señor? Pues sí, feliz idea.
A cierta edad, doctor, la contención es buena, y su consejo noble. Pero una noche loca ¿a quién le viene mal para endulzar la boca?
Y tras cenar calamos en un bar de gran ambiente, había mucha marcha, buena gente incluso alguna diosa de carne elemental, ornamental, sublime, fulgurante, escandalosa.
¿Escandalosa, pibe? No pares, sigue, sigue, no pares, sigue, sigue...
Y yo me vi capaz de cualquier cosa: amar, querer... emborracharme de placer y contemplar la rosa.
Tal vez fue el año 52 cuando yo empecé a ir a la escuela. Desde esa perspectiva y, como tantos otros hombres que un día fueron niños, podría decir con Machado: mi infancia son recuerdos de un pueblo de Zamora... En mi caso, no obstante, eso es sólo en parte verdad, ya que una verdad más rotunda exigiría la inclusión de tres pueblos distintos, bien es cierto que todos de Zamora: Justel, Muelas de los Caballeros y Quintanilla. Y aún quedaría en el aire una cuestión que no es en absoluto baladí: la de saber exactamente hasta dónde llegaba entonces la niñez y dónde empezaba la adolescencia. Podía darse el caso, como se dio realmente, de que mi niñez terminara de transcurrir en un pueblo León, y, para más INRI, en un internado de dominicos, donde las niñas no podían entrar y sólo estaban vagamente en los sueños.
De lo que no hay duda ninguna es de que, cuando fui al referido internado, las niñas que habían compartido escuela conmigo, -lo que conllevaba compartir prados y calles y pajares-, ocupaban una parte de mi corta y enternecedora biografía. Y alguna de ellas, incluso, ocupaba una parte de mi corazón, que entonces era un potrillo no sé si salvaje y revolucionario, pero sí al menos juguetón y revoltoso.
Pues bien: como tantos otros, yo fui apartado del mundo femenino durante unos cuantos años, pero, a lo largo de la vida, he conocido a algunas personas que, habiendo jugado largamente de niños, en escuelas y calles y andurriales, continuaron jugando de adolescentes. Claro que, jugando a ciertas edades con fuego, uno puede quemarse con facilidad meridiana. Y algunos de los que jugaron de niños y de adolescentes, lo siguieron haciendo de jóvenes, hasta que un día, casi sin darse cuenta, convirtieron sus vidas en una larga historia de amor.
Ésta que dejo aquí, perteneciente a la familia de las poe-canciones, es una de esas historias. Tal como he dado a entender, me la contaron ayer las lenguas de un sólo filo.
Un abrazo
Mi vida contigo
De niño ya me gustaba tu forma de sonreír, de adolescente te amaba, después te he amado sin fin.
Por lo demás te tenía muy cerca siempre de mí, tan cerca que no sabía que no tenerte es morir.
Pero lo supe: fue un día tras un mal paso que di...
... por el que pude perderte.
Echada casi la suerte, miré hacia atrás y entendí que ausencia vale por muerte, cuando la ausencia es de ti.
Con el amor del que ama y pone el alma en la voz, comprometí estas palabras que el viento no se llevó:
No necesito más vida que la que venga de ti, ni más dios ni más bebida ni más razón de vivir.
Me atengo a todas tus cosas porque me atengo al amor: a las rosas, si son rosas y si es dolor al dolor.
Se nos hicieron las manos caminos de exploración, caminos por los que andamos tras tantos años de amor.
Mariano Estrada, de la serie "Poe-canciones" Paisajes Literarios www.mestrada.net Blog http://paisajes.blogcindario.com
-Hoy me siento naíf, querida Ausentia. -¿Naíf? ¿Y no querrás decir otra cosa? -¿Por ejemplo? -Nostálgico, mimoso, tontorrón, necesitado de caricias y de ternura. -No, no, hoy me siento naíf porque me siento elemental, sencillo y simple. Hoy quiero volver a las hermosas praderas de la inocencia. -No puedes, muchacho. -¿Que no puedo? ¿Por qué motivo? - Porque uno no puede ir donde ya está: tú no has bajado nunca de esa nube blanca. Y, en efecto, eres un ingenuo constitutivo, casi patológico. -¿Pato lógico? ¿Quieres decir tonto sin remedio? Pues hoy me siento más ingenuo que nunca y voy a abrir las puertas del amor para que corran por sus cauces incorruptos mis aguas más limpias. Mírame, soy un sueño puro. Los años no han logrado herirme. Tampoco me han herido los hombres. Conservo la fe que me fue dada en un cofre sin llaves donde están las esencias del pensamiento.
Un abrazo
El amor, el sueño, la fe.
-¿Cuál es el secreto de tus ojos claros? -El amor. -¿Cuál es el secreto de tu amor? -La fe. -¿Cuál es el secreto de tu fe? -El exacto presentimiento de tu existencia. -Es decir, ¿el sueño? -El sueño. -¿Soy como tú me soñabas? -En absoluto. -¿Cómo, pues, me reconociste? -Con tu ayuda. -¿Y qué ha sido de aquel del que procedo? -Se ha ido. -¿Y si vuelve? -No lo reconocerían mis ojos, que son claros de amor, y tú me has ocupado totalmente el sueño y la fe.
El día que se calle el amor habrá un terrible silencio. O acaso empiecen a oírse los tambores sordos del vacío, de la noche recurrente y repetida y ciega, de la jungla inabarcable, la soledad frente a Dios, la nada. Por fortuna, el amor es una savia que se renueva y, mezclada en el barro, siempre habrá una gota que resista los embates de los tiempos secos. Un lágrima, una risa, una mirada...Esas cosas nos salvarán de la química o la muerte.
Tanto el poema como este pequeño texto de la posdata pertenecen al libro "El cielo se hizo de amor" (1986)