marianoestrada
http://mipagina.univision.com/marianoestrada

    Historias de la Plaza de Matalera. Mariano Estrada

    martes, septiembre 29, 2009, 06:19 EST [General]

     

    Historias de la Plaza de Matalera

     

    La alfombra verde que veis en el suelo, no es de césped plantado o sembrado por la mano del hombre, sino de hierba natural. Como la de Hyde Park, vamos (aunque esto no lo sé, sólo lo supongo). Eso sí, en menor extensión y un tanto más descuidada. La verdad es que cuando fue tomada la foto necesitaba un buen corte. Eso, o que alguien metiera las ovejas, las vacas... Lástima que no ande ya por el barrio el burro de Benito, aquel que llevó a mis hijos a un callejón sin salida.

    Lo que pasa es que si lo pastan las ovejas queda lleno de "caganachas", si lo pastan las vacas queda lleno de "bostas". Si lo pastan los burros queda lleno de "cagajones". Sólo cuando jugábamos al balópié, el centro quedaba como si hubiera pasado por allí el caballo de Atila.

    Al final acababa corriéndonos a gorrazos la señora María, "La Mormuela", que vivía justo enfrente, en el lado Este de la Plaza (A la derecha según se mira la foto)

    Un abrazo
    Mariano



    Lo curioso es que cuando nevaba, la plaza se transformaba en un gran manto blanco (Un poeta diría en un gran manto de armiño. Estaréis de acuerdo, ¿no?). Por entonces, y hablo de muchos años atrás, hubo algunas nevadas importantes, tal vez debiera decir morrocotudas ¿Eh, Tere? Yo recuerdo que, en varias ocasiones, la nieve tapó completamente las puertas de las casas cuyas fachadas daban al oeste, como la de la Mormuela, vamos, la de la señora María, a la derecha de la foto. Y fue precisamente en esa casa donde a mi tío Manuel, pastor y soltero, se le ocurrió la idea feliz de hacer un arco de triunfo. Es decir, en vez de quitar la nieve por lo sencillo, como hacía todo quisque, decidió hacer un "buraco" (así se refería él a los agujeros) para poder entrar a la casa. Qué romántico ¿no? Por cierto, un arco de triunfo cuyas dovelas inconsistentes se le cayeron después en el cuello, en uno de sus tránsitos innecesarios y para regocijo de todos. (Él decía que le había caído en el pescuezo, y aun en el pezuesco). Tránsitos innecesarios, como digo, pero de intencionalidad muy presumida, ya que entonces vivía allí Evelia, moza de buen ver y hermana de Baldomero... ¿Os acordáis? Sí, hombre, sí, el de Donadillo, el que luego se haría guardia civil.

    Pues bien, el tal Baldomero, antes de enfundarse el tricorno de la Benemérita, como hizo tiempo después,  me enseñó a mí a apagar bien los cigarros, cosa que hubieran tenido que enseñarle oportunamente a Nerón. Desde luego, él presumía de tener una técnica infalible para ese menester, que consistía en hundirlos en una bosta de vaca, a ser posible recién salida del horno.

    - Ya lo creo que sí -me recalcó, al ver que yo arrugaba un poco el hocico- Y si no hay bostas cercanas, puedes apagarlos en la propia. Total, sólo tienes que bajarte los pantalones y hacer purrún-pún-pún, o sea dejar que todo discurra con la naturalidad con la que cagan los animales. ¿O te crees que ellos piensan en la caída libre de los cuerpos? Eso sí, luego te pasas una berza, porque una cosa no quita para la otra. Pero la pava ya la dejas hincada en la almohadilla, por si las moscas, y ya no hay fuego que valga ni Cristo que lo fundó. ¿Comprendes, chaval?
    - Sí
    - Pues aprieta el culo y dale al pedal

    Este Baldomero tenía unas cosas ciertamente curiosas. Por ejemplo, en un momento dado se dio cuenta de que yo le miraba con interés y él pensó que sabía perfectamente el motivo:
    -Quieres saber por qué enciendo un cigarro con otro, ¿no? -preguntó retóricamente, mientras apagaba la colilla del anterior en el correspondiente mojoncito de caca- Pues, mira, majo, "el que ahorra una cerilla cuando puede, tiene una cerilla cuando quiere".

    - ¿Eso te dijo, Mariano? ¿De verdad?
    - Que se mueran mis padres
    - Claro, como ya no viven
    - Pues entonces que me caiga muerto ahora mismo...

    De Evelia hace tiempo que no sé nada de nada, de Baldomero, tampoco. La Mormuela murió, naturalmente. De ella puedo decir que al final andaba a gatas, la pobre, por la Plaza de Matalera
    -¿Cómo que a gatas?
    - Pues a gatas, chaval, como los gatos, como los niños pequeños... ¿Cómo quieres que te lo diga?

    Lo cierto es que salía a la Plaza, que estaba con la hierba pelada por nuestros continuos pateos futbolísticos, y se ponía a gatear en redondo, como si estuviera trillando en la era.
    Daba pena, la mujer, con lo enérgica que había sido en la vida y los paseos que había dado hasta el Nabal, esa finca con árboles y pozo que ahora es de Geli, el de las ovejas, vamos, el que ha dejado hace poco las ovejas en beneficio de las abejas de Isidro, su hermano menor.

    - Sidra, venga usted aquí.

    La que habla ahora es la señora Felisa, la madre de "Sidra", o sea de Isidro. Y la madre de Geli, de Juan, de Antonio, de Fernando, de Gladis, de Elsa, de Carmina. Porque antes, las madres de Muelas eran casi gallegas en esto de darle hijos al cielo. Y si no que se lo pregunten a Leonor, la mujer del cabrero, hombre llamado Jesús que no es que anduviera sobre las aguas, es que un día se empeñó en que tenía 24 años y un hijo de 22, que no deja de ser un milagro. O una intrepidez, por lo menos.
    - Que sí, hombre, que sí, veinticuatro.
    - Ya, y tienes un hijo de veintidós...
    - Eso mismo
    El hijo al que se refería se llamaba Suso, pero también Amancio
    - Amancio, baja...
    Pero Amancio, que se había subido a la parra, se negaba a bajar porque su padre le esperaba en el suelo con el cinturón en la mano. "No, que me pegas con la hebilla"

    - Sidra, he dicho que venga usted aquí -volvió a sonar la voz de la señora Felisa-

    En el nabal que ahora es de Geli, un día hubo guindas auténticas, de las agrias, de las de hacer aguardiente. No cerezas, guindas ¿Sabéis lo que os digo, no? Pues eso. Y uvas de San Juan. No peras de San Juan, uvas. Y manzanas y peras y una parra de uvas de las otras, y un moral de moras blancas, y cerezas y castañas y trigo y centeno y alguna vez algarrobas ¿Y nabos? También nabos ¿No te he dicho ya que era un nabal, coño? ¡Coño, un nabal! Ah, y una caseta y una noria para regar y algunas veces un burro con orejeras para darle vueltas al mundo por donde asomaban los cangilones ¿El burro de Benito? ¡Qué dices, hombre, pues no tenía que llover para que el de Benito naciera...El burro de allí, el del nabal, supongo que el burro de la Mormuela y, en todo caso, el de su difunto marido, Ti Odoro... Y ahora que lo pienso mejor ¿se llamaba Ti Odoro el difunto marido de la Mormuela? Yo creo que ti. Ya, pero se llamaba también Odoro?

    He aquí el suspense. La revelación se hará el próximo día ¿Se llamaba Odoro el difunto marido de la Mormuela? ¿Llevaba un "ti" delante o le llamaban señor? Porque en Muelas, queridos amigos, le llamaban señor a todo el mundo. Con sus excepciones, claro. Véase el caso de Severiana ¿Sería Odoro una de ellas? Ya veis que el suspense se acentúa, tanto que ahora es suspensé...No faltéis a los toros, que habrá cornada. Y cornada de Luton, muy cerca de London, en las mismísimas narices de Sherlock Holmes. ¿No oís como dobla el Big Ben? ¿Por quién será?

    Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

    Blog paisajes.blogcindario.com

    Poemas recreados: groups.google.com/group/paisajes-literar...

     

    3.7 (1 votos)

    Pensamientos que surgen al andar. Mariano Estrada

    miércoles, septiembre 16, 2009, 08:03 EST [General]

     

    Pensamientos que surgen al andar

     

    Dijo Borges que la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado, pero yo iba a salir a caminar en el más rabioso presente y me lo ha impedido la lluvia. Tate, me he dicho, esta lluvia no sucede ahora, luego no puede mojarme. Y entonces recordé a Berkeley que decía algo así como que las cosas no tenían existencia real o natural distinta de la de ser percibidas por el entendimiento. O sea que eran sólo ideas en nuestra mente.  ¿Ideas? -le replicó un viejo amigo- Pues cuídate de apartarte cuando pase una idea con forma de autobús, porque puedes salir arrollado, pisoteado y perceptiblemente muerto.

    Entonces extendí el brazo hacia el espacio exterior y sentí en mi propia carne que la lluvia mojaba, de manera que recogí humildemente la extremidad y le di preferencia al autobús.

    Hasta aquí, nada raro. Lo realmente raro es que llueva en Villajoyosa. Tan raro es que, si lloviera, la lluvia no sería lluvia, sino ilusión, espejismo o milagro. Y yo en los milagros no creo, francamente. O sea que opté por caminar.

    Cosa que hice así: encendí el ordenador y me introduje en caminos ya explorados, secos y reconocibles, en los que el barro es una carne andariega y la lluvia es un cúmulo de pensamientos que, en efecto, sucedieron todos en el pasado. Con ellos os dejo.

     

    Un abrazo

     

    Pensamientos que surgen al andar

     

    A veces, el camino es un silencio necesario sobre el que caen los pensamientos y las ausencias o, simplemente, la monotonía de los pasos. Así, el camino no sólo se hace al andar, sino que se marca y se remarca bajo las plantas de los pies, que en realidad son las gomas de unas botas camperas cuyas puntas se clavan en tus ojos al ritmo de una música pausada y recurrente y con principio de interrogación ¿Qué hago yo aquí? ¿Quién es yo, qué es aquí? ¿Por qué me gusta este yo y este aquí? ¿Por qué me atrae más la realidad natural que la transformada? ¿Por qué no me ilusionan los actuales derroteros de la sociedad ni tampoco los inmediatos, si son como todo está previsto? Si amo tanto la vida ¿por qué tengo que buscarme refugios? ¿Por qué hay siempre alguien que se aprovecha del dolor de los otros? ¿Cómo ser feliz sin un acuerdo íntimo con tu corazón y también con la realidad en la que vives? ¿Es suficiente lo posible? ¿Debo enfrentarme a lo que no me gusta, para cambiarlo, o hacerme un nido en la higuera? Y si hago un nido en la higuera ¿debo instalar en él un tirador de chinitas? Y si eso no vale de nada ¿adónde iré con los huevos que haya estado incubando, ya que son excesivos para el hígado de un ruiseñor y no sólo de pan vive el hombre?

     

    Y las respuestas no pasan el tamiz de la superficialidad, sino que quedan atrapadas en un punto reflejo del subconsciente, donde están los parapetos de  la ignorancia, las almenas del miedo a la verdad, a las verdades, el vértigo que emerge de esa pretendida  profundidad en la que suele estar el vacío sobre el que flotan, incontestadas, las preguntas. Hasta que un día inescrutable e indeterminado, hoy, ayer, mañana, siempre, alguien acaba por decir: ¿quién era? Y le responde una máscara de gravedad: "Le llamaban Manuel, nació en España". 

     

    Y ahí queda el misterio, en el interior de una conciencia acorazada que no logró convertirse en granada rompedora, porque no horadó la tierra para dar contestación a las preguntas, limitándose a viajar como abarrote de la sociedad en un tren atestado de mercancías. Menos mal que también iban gallegos. "Coca-cola, hay coca-cola" ¿Dónde estamos, señor? En Medina del Campo ¿Y cuándo estaremos en Madrid? Antes de la Expo de Sevilla, a altas horas de la velocidad, del traqueteo, del alto jazmín en la alta noche ¿La alta velocidad implica una mayor confusión con el  tocino que la que ha tenido hasta ahora? Con el unto, más bien, con la manteca ¿Y usted cómo se llama? "Me llamo barro aunque Miguel me llame"  ¿Y quién es usted en realidad? Yo soy yo, pero también mi circunstancia, que es mi fe, que es mi padre y mi madre, que es el frío y la noche, que eres tú, que es mi mujer, que son mis amigos y mis hijos, mis discípulos y mis maestros, el barrio, los vecinos, la sociedad, los libros.

     

    ¿Carne, espiritualidad, historia? ¿Carne de grasientas  hamburgueserías, espiritualidad de los estímulos etílicos, historia de los derrumbamientos humanos? Adiós, señor, yo me llamo insistencia. No creo en el descrédito, ni en la maldad intrínseca y absoluta, ni en la absoluta corrupción, ni siquiera en los ánimos caídos ¿Y en los caídos por Dios y por España? ¿Qué caídos son ésos, señor? España no tuvo caídos, sino tumbados. Caer no es tumbar. Yo me caigo de bruces, involuntariamente, tú te tumbas a la bartola con todas las premisas de la voluntad. O matas al del quinto o jodes al del sexto. Los unos a los otros. Los otros a los unos. Todos fueron tumbados, metidos en la tumba ¿Por qué? Por el raro sentido de las guerras,  por la ausencia palmaria de generosidad, por el  orgullo desmedido y la oprobiosa intolerancia, por la absoluta falta de miras, por la codicia, por la incomprensión patética de los hombres, no de todos los hombres, claro, sólo de unos pocos, los que mandan, los que disponen, los que se obsesionan con el honor y con la patria, los que dominan, los que obran de mala fe y  los que tienen el pensamiento retorcido. A los muertos los cambiaron de valle. Del vivo de las lágrimas al yerto de los tumbados. No una tumba, muchas tumbas. No un valle, muchos valles. Pero yo me llamo insistencia, como dije. Y de todos los valles, Valle-Inclán. Y de todas las guerras, el perdón.

     

    Por eso estoy aquí, invocando la niñez, donde persisten las ninfas de los arroyos y de los bosques y de la libertad. Llamando a las puertas del pasado para ser presente y futuro, para ser alma y paisaje, para ser roble y camino. "Como tú, piedra pequeña", que antes fuiste una roca en un monte que se resquebrajó y ahora eres un grano diminuto y puñetero que se ha colado en mi bota de correcaminos ¡Pi-Pi! Pipí, no: caca. Me siento mal, muy mal, pero me siento a fin de cuentas y me descalzo y me percato de que, durante unos leves segundos, se incrementará el paro en España. O al menos el acervo de las paridas. La intimidad nos permite ser banales sin que sea necesaria una disculpa. Aunque es peor ser frívolos o poderosos o soberbios o aniquiladores. La intimidad tiene los límites diluidos, depende de la conciencia de cada uno, es decir, del soporte. La intimidad es el soporte de las personas.  Vaya, ahora me incorporo y carraspeo, tal vez para ocultar esta vergüenza de sacar a la luz mis naderías y banalidades. Aunque, no sé, en momentos de relajación y de abandono, acaso vengan bien para evitar que se nos cuelen las venganzas y los odios y,  en general,  los pensamientos que encierren prepotencias o injusticias o amarguras.

     

    Ya de pie, levanto la cabeza, tomo un soplo de aire, miro hacia el punto de destino y pienso, desde el metódico descarte de la duda, que la distancia entre la dicha y el dolor es una recta muy corta, tan corta como la que existe entre el odio y el amor,  tan corta como la que media entre la seriedad y la risa. Más corta aún que la existente entre ciudades unidas por el Ave, Iglesias unidas por el Ave, ejércitos unidos por el Ave. Ave, Fénix, ¿acaso te refieres a César? ¿Qué César, Vallejo? Al César, Bruto. No, Gounod, me estoy refiriendo a María, soy Schubert...

     

    Fragmento del libro "Aguablanca, caminos de ida y vuelta"

     

    Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

    Blog paisajes.blogcindario.com

    Poemas recreados: groups.google.com/group/paisajes-literar...

    0 (0 votos)

    Soledad de soledades. Mariano Estrada

    sábado, septiembre 12, 2009, 12:56 EST [General]

     

    Soledad de soledades

     

    -Este poema, del que siempre he pensado que jamás vería la luz, ha dormido durante 25 años en la soledad de un cajón, tal vez de varios cajones

    -¿Podrías decir por qué?

    -Por largo

    -Los tienes casi infinitos y no por eso los has dejado de publicar. Por ejemplo, Tragedia de un avaro. Por ejemplo, el  Homenaje a Toledo. Por ejemplo, Benidorm, fantasía urbanizada.

    -Ya, pero éste es de un largo sofocante y cansino

    -Entonces, ¿por qué lo publicas ahora?

    -No lo sé

    -Eso no me lo creo

    -Bien, en tu lugar yo tampoco lo haría

    -¿Quieres hablar en serio for once in your bloody life?

    -Dispara

    -¿Te gusta el poema?

    -No

    -¿Por qué?

    -Porque es igual que los chistes excesivamente compuestos, que resultan predecibles y soporíferos

    -¿Y qué hay del contenido?

    -¿Qué quieres saber?

    -Que si estás de acuerdo con lo que dice el poema

    -Con parte sí, pero no con todo

    -¿Y por qué no suprimes o modificas aquello con lo que no estás de acuerdo?

    -Porque eso tergiversaría mi pensamiento de entonces

    -¿Crees que era un pensamiento puro, noble, formado y propio?

    -No, pero era el que era. Hoy tendría muchos matices. O sería parcialmente distinto.

    -¿Lo percibes como un poema falso?

    -No, el poema es auténtico y honesto. Las dudas recaen sobre mí

    -¿El falso eras tú?

    -No, no, por Dios, yo sólo era inexperto, engreído, limitado, radical, apodíctico.

    -¿Y hoy eres perfecto y acabado?

    -Hoy sé algo más que entonces y, por lo tanto, sería más flexible, más elástico. Y también derrocharía más comprensión, más humanidad, más ternura, más misericordia. Incluso en unos tiempos como los que corren. O precisamente por ellos.

    -¿Son peores éstos que los de 1984, que fue el año de Orwell?

    -Desde luego

    -En ese caso, el poema debería agravarse en vez de aligerarse, como sugieres

    -Eso dice la lógica

    -¿Y no es así?

    -La lógica es racional y no detecta el zigzagueo de los sentimientos. Y son los sentimientos los que flexibilizan la razón

    -"Aquí, señor, me he perdido / Así que vuelvo a la fiesta / ¿Qué quiere usted con el huevo / una patata o dos medias?

    -¿Y eras tú el que se quejaba de mi poca seriedad?

    -Sí, era yo, soy yo, y ahora me quejo de que no has contestado a mi pregunta

    -¿Y qué pregunta era ésa, que ya no la recuerdo?

    -Que por qué publicas ahora el poema, si lo has tenido en la sombra durante tantos años y encima no te gusta

    -Pero a eso ya he contestado

    -Ah, ¿sí? ¿Y qué dijiste?

    -Que no lo sé

    -Por lo menos tienes memoria

    -Más que un elefante.

    -Y huevos

    -Los que hagan falta

    -Lo que no sé es si dices la verdad

    -Pues otra verdad no tengo. O sea que debe ser ésta la buena

    -La verdad suele ser múltiple

    -En este caso es única, las otras son meras sospechas.

    -Con ellas me voy a mis asuntos, como Miguel Hernández

    -Y yo a mis soledades, como Antonio Machado

    -Seguiré leyéndote, créeme

    -Y yo a ti, no lo dudes

    -Pareces el eco

    -O la sombra

    -Un eco que traduce

    -O una sombra que habla.

    -Adiós, Madrid

    -Arrivederci, Roma

     

    Mariano Estrada

     

     

    Soledad de soledades

     

    Qué juntos convivimos y qué solos

    buscando por doquier una mirada,

    soñando cada noche una caricia,

    dejando en algún sitio alguna lágrima.

     

    Qué solo está ese joven que milita,

    qué solo está ese hombre que trabaja,

    qué solo está ese niño que percibe

    tan sólo soledad en la crianza.

     

    Qué solo el que se entrega a los honores,

    qué solo el que suspira por la fama,

    qué solo el que se arroja al ascetismo

    incrédulo de andar entre la masa.

     

    Vosotros, que crecéis sólo hacia adentro,

    que vais por soledades meditadas,

    ¿Son esas soledades la respuesta

    o son otra pregunta hacia la nada?

     

    Miradnos a nosotros, infelices,

    esclavos de la sed, pero sin agua,

    pidiendo comprensión sin ofrecerla,

    viviendo por favor y de palabra.

     

    Pidiendo amor a voces angustiosas,

    terriblemente estériles y amargas,

    pues no recibe amor quien no lo tiene

    y no lo tiene el hombre que no ama.

     

    Que amar es darse a otro sin cobrarle

    las cosas que se quieren regaladas:

    el apego, la entrega, la dulzura,

    los abrazos, los besos y las brasas.

     

    Mirad en los negocios, en las calles,

    las barras de los bares y las plazas,

    mirad tras el telón de las iglesias,

    abridnos en canal, mirad las almas.

     

    Miradnos solitarios dondequiera

    con esta soledad invertebrada

    que quiere hacerse sol y está a la sombra,

    que quiere ser al tiempo fuego y agua.

     

    Qué solo está ese hombre que recibe

    aplausos por su gloria momentánea,

    qué solo al contemplar desde el olvido

    la gloria del que está donde él estaba.

     

    Qué triste es encontrar ese vacío

    que no tiene ni puertas ni ventanas,

    ni forma, ni tamaño, ni escalones,

    ni dice dónde empieza y dónde acaba.

     

    Vosotros, los crecidos hacia adentro,

    mirad que estamos solos en las almas.

    Decidnos, ¿es verdad que hay soledades

    que se hacen compañeras si se alcanzan?

     

    ¿Y cómo reprimir la vanagloria?

    ¿Qué hacer del egoísmo y la arrogancia?

    ¿A quién participar los desalientos?

    ¿Con quienes compartir las añoranzas?

     

    Mirad que andamos solos, compañeros,

    dejados del amor, sin esperanza;

    sin meta, sin cariño, sin ternura,

    con odio, con rencor, con destemplanza.

     

    ¿Adónde vamos, hombres, malperdidos,

    esclavos del dinero y de la máquina?

    ¿Adónde vais, amigos, sin preguntas?

    ¿Adónde vamos todos en manada?

     

    Mirad el devenir de vuestros hijos,

    mirándoos vosotros a la cara,

    miraos las pupilas desvaídas,

    inhóspitas, incrédulas, impávidas.

     

    Con cuánta soledad nos recibimos,

    los unos a los otros, entre salvas,

    con bombos y platillos y aspavientos,

    con globos y oropeles y alharacas.

     

    Qué sola está la risa de ese hombre

    que es tanto obligación como semblanza,

    qué sola está la mueca de ese viejo

    que apoya su pasado en la cachava.

     

    Qué sola esa mujer que se reparte

    en hijos y quehaceres de la casa,

    qué sólo ese señor que tiene esposa

    y cargos y dineros y criada.

     

    Con cuánta soledad se acuesta el hombre,

    qué triste y solitario se levanta.

    Y cómo se lacera todo el día

    con esa soledad con la que anda.

     

    Decid, los que apostasteis a estar solos,

    ¿Tenéis la soledad o se os falta?

    Pues puede que le falte a quien la busca

    y venga por sí sola a quien la espanta.

     

    Hablad como si fuerais a moriros

    al hombre que se queda y que os habla.

    ¿Queríais estar solos con los dioses

    o era ser el dios lo que buscabais?

     

    Decid, anacoretas, ¿qué sentido

    se da a vuestra renuncia descarnada?

    ¿De qué le sirve a nadie una renuncia

    si no tiene a un hermano para darla?

     

    Decid a los que andamos en penumbras

    -pues sois adelantados de la causa-

    si es esa soledad que se persigue

    la misma que a nosotros nos amarra.

     

    Si son dos soledades diferentes,

    la una acaso buena, la otra mala;

    si existen soledad y compañía

    totales, antinómicas, aisladas.

     

    Si son un revoltón de cal y arena

    que sólo hacen un cuerpo con el agua,

    o son dos entidades, dos esencias

    de sueño y realidad que no hacen masa.

     

    Qué solo está el poeta y el mendigo,

    qué solo el artesano y el que labra

    los surcos de una tierra pedregosa,

    los versos de un amor que se desmaya.

     

    Qué solo el enseñante que descubre

    el muro donde choca su enseñanza,

    qué solo ese científico que deja

    sus ojos en los átomos que matan.

     

    Que solo está ese hombre al que corroen

    los logros de los hombres con que trata,

    que tiene siempre dardos con venenos

    dispuestos a abatir al que se alza.

     

    Qué solos por envidias y por celos,

    qué solos por rencores y por trampas,

    por ser incomprendidos pos los otros,

    por no reconocernos en las almas.

     

    ¿Por qué la soledad, por qué el vacío,

    por qué la indigestión de la palabra?

    ¿Por qué la indiferencia, por qué el tedio?

    ¿Por qué pasamos hambre en la abundancia?

     

    ¿Adónde está la fe que nos reúne?

    ¿Cuál es la religión que nos separa?

    ¿A qué filosofía naceremos

    si nace antes la ley para matarla?

     

    ¿Tendremos que estar solos y sufriendo

    los vínculos y sellos que nos atan?

    ¿Así son nuestros lazos, como rejas

    de cárceles con celdas separadas?

     

    ¿Tendrá que ser el sueño de los hombres

    por fuerza una caída cotidiana?

    ¿Será una maldición, un fatalismo?

    ¿Habrá en lo de ser hombre alguna estafa?

     

    Buscaos más allá, bebed la copa,

    quitaos el disfraz, sacad la daga,

    clavadla hasta el dolor en esa víscera

    oculta bajo el pecho, pero humana.

     

    Qué triste es esa tarde de visita

    que siempre es tan feliz en la palabra:

    "Volved cuando gustéis", la que se dice.

    "Mejor no volváis nunca", la pensada.

     

    Qué solo estoy, amigo, mientras oigo

    las cosas importantes de que me hablas,

    qué cara de interés cuando me escuchas,

    qué enorme soledad la que me callas.

     

    ¿Por qué no rompo yo con el modelo?

    ¿Por qué no te sublevas y me abrazas?

    ¿Por qué no me sacudo de polillas

    y corres a matar lo que me mata?

     

    ¿Por qué tanto silencio y protocolo?

    ¿Por qué tantos pudores y distancia?

    Mirad que somos muchos y no hay nadie,

    mirad que somos todos para nada.

     

    Qué solo está ese hombre, qué soltero;

    qué sola esa mujer, qué mal casada,

    que solo está ese joven sin pareja,

    qué solo ese donjuán que tiene tantas.

     

    Si grande soledad es la de uno

    y más es la de dos que no se aman,

    aquel que viene ya de soledades

    ¿tendrá más soledad cuando la haya?

     

    Y tanta soledad, ¿es de este tiempo

    o acaso ya es histórica o atávica?

    ¿Será mayor la de hoy que la de otrora?

    ¿Nacimos ya los hombres con la marca?

     

    ¿Por qué estoy solo yo con tanta queja?

    ¿Lo estoy en realidad o es queja falsa?

    ¿Quizás la comprensión sólo se atiene

    a oír, aunque no entiendas, al que habla?

     

    ¿Hablar para sentir que aún estás vivo,

    vivir para soñar que hay esperanza,

    estar para que el otro se convenza

    de que alguien va a enterarse de lo que haga?

     

    ¿Será la realidad así de roma

    y el sueño una quimera así de vana?

    ¿Seremos sólo versos hacia adentro,

    sirviéndonos por fuera de carnada?

     

    Y aun en el amor, ¿nos fusionamos

    o amamos nuestra imagen proyectada?

    ¿Conforman las dos almas una sola

    o están, estando juntas, separadas?

     

    Qué triste soledad la que se impone

    maneras de vivir para matarla,

    llenándose de labios que no besan,

    cubriéndose de brazos que no abrazan.

     

    Qué negra soledad la que no puede

    vaciar la intimidad de las entrañas,

    matar la sinrazón del pensamiento

    soltar el corazón de las amarras.

     

    A toda intimidad le es necesario

    romper como las olas en las playas

    sacando a las orillas las arenas

    que lamen a las rocas enterradas

     

    Pero hay una pared que se interpone,

    acaso sin peldaños, quizás alta,

    posiblemente llena de alfileres

    que pinchan, que incomodan, que atenazan.

     

    Ahí vivimos todos, frente a ella,

    con penas, con recelos y con ansias;

    a veces ignorándola del todo,

    a veces a dos pasos de tocarla.

     

    Tan solos nos sentimos a su vista

    que siempre le volvemos las espaldas,

    quedando así la duda en los dos lados

    y en este los deseos de aclararla.

     

    Del libro "Vientos de soledad" (1984)

     

    Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

    Blog paisajes.blogcindario.com

    Poemas recreados: groups.google.com/group/paisajes-literar...

     

    3.7 (1 votos)

    Otoño, del esplendor a la soledad. Mariano Estrada

    sábado, septiembre 5, 2009, 02:31 EST [General]

     

    Otoño, del esplendor a la soledad

     

    Los otoños de la Carballeda zamorana siempre me sugieren la palabra esplendor, sin que nada pueda hacer para evitarlo. A su vez, la palabra Esplendor, aposentada en lo concreto, me lleva a una figura inasible en el lejano camino de Galta, Rajastán,  donde Octavio Paz erigió un poema de ruinas y de manchas  y de filología, cuyo nombre es El Mono Gramático y cuya forma es un libro; pero también me transporta, y créanme que ignoro las razones,  al ya lejano Esplendor en la Hierba, título de una película con guión de William Inge que, sin querer, me acerca mucho a Whitman, el maestro,  y éste a la Estatua de la Libertad,  y también a unas hojas rebeldes/revolucionarias que, terca y lentamente, se tiñen de colores otoñales y me llevan  de nuevo al esplendor. Y entonces me pregunto si estoy condenado a repetirme, pero concluyo que no, porque esta vez el otoño no me conduce solamente al lirismo que emana de las hojas esplendorosas de la Carballeda zamorana, con las que mi ombligo se comunica,  sino también a los círculos nietzscheanos del eterno retorno, que otros creen espirales sin término y sin vuelta. Aunque esto no encaja demasiado con los secretos a voces del lenguaje, en cuyos labios, de una forma o de otra,  todo parece que vuelve: uno por sus fueros, otro por donde solía, otro a tus brazos otra vez, algunos a casa por Navidad... De hecho, toda rectificación suele ser una "vuelta a empezar". Y toda insistencia en el error es una "vuelta la burra al trigo". No obstante, el hecho de volver a empezar, que implica seguir una pauta, tener un desarrollo ¿requiere una identidad real con el pasado, con lo pasado, o sugiere solamente un camino de aproximación, concomitante, paralelo? Con respecto al punto inicial, del que se parte, al que se vuelve ¿es realmente el mismo cada vez o es esencialmente otro? La vuelta  a los orígenes, pongamos por caso, es una vuelta simbólica,  porque ¿cómo volver materialmente a la cuna, a la niñez, al útero? En cuanto al regreso al territorio o a la patria... Se vuelve, sí, pero ¿cómo volver al mismo sitio si uno no es el  que fue y la patria es completamente distinta?

    Vuelta. Título que insiste en remitirme a Octavio Paz, apoyando, tal vez, la referida teoría de las espirales, que asegura que no hay repeticiones, sino giros en planos superpuestos...

    Huelga decir que El Mono Gramático y Vuelta quedan en planos superpuestos, a pesar de que no falta quien dice -y Borges no es el único- que, por prolífico que sea un escritor, en realidad no hace otra cosa que escribir el mismo libro durante toda su vida.

    Mariano Estrada

    Fragmento del libro "Aguablanca, caminos de ida y vuelta"

     

    Vientos de otoño

     

    Cuando las hojas, maduras,

    se dan al dios otoñal,

    cuando los vientos le dictan

    al árbol su soledad...

     

    Le busco al alma un refugio

    para ponerla a invernar,

    y de las ramas de un árbol

    le pongo leña al hogar.

     

    Así me paso el otoño,

    oyendo al viento silbar,

    desnudo, como ese árbol

    que me he atrevido a quemar.

     

    El frío dios del otoño

    nos ha azotado a la par:

    a mí con melancolías,

    al árbol con huracán.

     

    Y viendo cómo las ramas

    se acaban de desnudar,

    mi corazón se desnuda

    para ponerse a pensar

     

    ¿Por qué se alejan los sueños

    y queda la soledad?

    ¿Por qué se agostan las hojas?

    ¿Adónde irán a parar?

     

    Entonces miro hacia adentro

    y se me ocurre al mirar

    que el árbol es como el hombre,

    la misma su soledad.

     

    Que el corazón en otoño

    es rama que han de dejar

    las hojas, que son los sueños

    y con el viento se van.

     

    Del libro "Vientos de soledad" (1984)

     

    Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

    Blog paisajes.blogcindario.com

    Poemas recreados: groups.google.com/group/paisajes-literar...

     

     

     

     

    0 (0 votos)

    Los caminos de Aguablanca, como metáfora de la felicidad. Mariano Estrada

    sábado, agosto 29, 2009, 07:17 EST [General]

     

    Los caminos de Aguablanca, como metáfora de la felicidad

     

    Para Patricia, que este año ha estado un mes en Muelas y le ha sabido a poco.

     

     

    El objetivo

     

    Aguablanca es el poso que queda en la memoria después de andar los caminos de este mundo, los avatares de esta vida. Aguablanca es el impulso del corazón más allá de los estragos de la convivencia y del tiempo. Aguablanca  es la simbiosis del hombre y del paisaje, la afirmación del hombre como paisaje y su necesaria comunión con la oferente y oprimida naturaleza. Aguablanca es la perpetua fe en el camino, la perpetua fuente, la perpetua emancipación. Aguablanca es un espacio de eternidad, un fuego inextinguible, una huella que no se borrará mientras el hombre siga siendo un anhelo, una inquietud, una añoranza, una celebración, una búsqueda, una creencia, un aleteo fallido y renovado,  simultáneamente posible e imposible. Aguablanca es un hombre que mira hacia la luz por las rendijas de sus íntimas insatisfacciones, de sus persistentes y numerosas penalidades.

     

     

    Queridos amigos:

     

    La felicidad es un concepto (hay quien lo llama cáscara vacía, si se separa de su contenido original, que es el metafísico) sobre el que los filósofos, parlanchines e incluso algunos científicos, no se cansan de debatir, pero nadie ha podido demostrar que la felicidad sea algo que exista realmente. Lo que sí está claro que existe es el camino, variado y múltiple, por el que los humanos salimos repetidamente a buscarla. Porque, eso sí, el empeño de la felicidad lo tenemos todos muy dentro.

     

    Pues bien, en cierta forma, la fuente de Aguablanca es una metáfora de la felicidad, ya veremos porqué. Y, en todo caso, en el camino hacia ella uno puede sentirse felizmente dichoso. Quien lo probó, lo sabe.

     

    Un abrazo

     

     

    Aguablanca: la conquista y sus alrededores

     

    Los caminos se borran y desaparecen. Y entonces es inútil buscarlos, porque puede que no hayan existido jamás. Hay que hacerlos con nuevas andaduras, como Machado, verso a verso. De pronto, el camino se encuentra con el agua, en la que finalmente se diluye ¿Es verdad que es blanca? Las piedras sí, son blancas. La tierra es blanca. El agua es incolora, pero tiene la blancura de la apariencia. Le queda bien el contraste. Y el nombre ¿De dónde viene? No sé, sé que va hacia el arroyo, donde es negra. En el arroyo es negra la vida, y ahí no hay apariencia que valga. Negra de dolor, negra de muerte. A menudo no hay ni escapatoria. Aquí se borra el camino, nada más, pero queda íntegro el monte. Y los montes hay que merecerlos despacio. Esto lo supe en Benasque: Cregüeña, Batisielles, Salvaguarda, la Renclusa...  "Anda como viejo y llegarás como joven". También lo supe aquí, en estos viejos montes carballeses, donde los caminos hay que hacerlos, como corzos de juventud, saltando los brezales encumbrados, enaltecidos,  y las pedrizas empinadas y desparejas.

     

    El día va quemando quilates de claridad y yo echo un ojo a esta tarde densa y presurosa que se inclina hacia el ocaso con una devoción excesiva ¿Tendrá un amante escondido? ¿Un galán de noche apostado en las cascadas de la sombra, donde suele ir el gran jefe no sabemos a qué? ¿Un Adonis ciego, un Orfeo que toca la dulzaina con la intensidad de los cupones extraordinarios de la Once? ¿Y no puede esperar este muchacho a que clave yo mi pica y mi bandera en los orígenes altísimos de esta fuente blanca, llamada también eternidad, principio, impulso, diosa, efervescencia y alimento? No, no puede. LLame usted a otra puerta, humano pretencioso, liquen amarillo, protuberancia insignificante de las pedrizas, mendigo de limosnas  imposibles, que en realidad son regalos de la mañana. Vete, pordiosero, yesca  menesterosa, antes de que tengas que tragarte sin remedio los despojos de la celebración, que para ti son rayos de luna.  Abismo, perdición, misa negra, hierofante, cuerno de la cabra. Lobo.

    -     Nos va a pillar la noche aquí arriba, Isidro, es mejor dejarlo para otra vez. Además, la lluvia lo ha mojado todo  ¿Cómo andar por las piedras, si están llenas de líquenes resbaladizos?

    Sólo un empuje más, Antonio, hasta llegar al nacimiento ¿No ves que lo tenemos ahí al lado?

     

    Ser o no ser. La montaña es un imán para las piernas, su campo de atracción, su imperativo ciego. Bien lo sabe Mahoma, el pragmático. Los pulmones se ensanchan, el corazón palpita y brinca, la mente se imbuye de fijaciones que tienen forma de meta. O de fuente. O de ofuscación. Quinientos metros tan sólo. Sopla, viento. Corazón, resopla. Prolonga, tiempo, la tarde, detén la oscuridad, no traigas la noche... Arribar, ir hacia arriba, "andar, andar y no llegar al lugar". Eso es el rodezno del molino, el giro de la noria,  nada que ver con la montaña. La fuente está ahí, a un tiro de piedra ¿De qué piedra, de esta piedra que pisas de forma ya incesante?  Pisar la piedra, pasar la piedra, tal vez pasar por la piedra. Antonio se ha quedado allí abajo. "Aquí te espero, comiendo un huevo". Correr sobre la piedra. Esto es más exacto, pero da lo mismo. Ya no puedo ni llego ni corro ni consumo. Vicente ¿vas por agua? No, que hay ranas. Me ha salido rana. Tanto trabajar para morir en la esquina. Soy un sapo henchido que derrama sobre las piedras de la tarde una anatomía convulsa. Se me va, la tarde se me va. Aguanta, corazón, sube, sube, que llegas...

     

    He llegado. La fuente es un murmullo perfecto de la naturaleza. Aunque yo me he vuelto ciego, como Borges, en la ciudad de Buenos Aires. Los aires que hay aquí arriba  ¿Dónde está la fuente?  Pero no, Isidro ¿desde cuándo es visible la música? Los matorrales son altos y frondosos. Y la fuente está allí, riendo, cantando una sonata de Schubert, o un capricho de Malher. Alta fidelidad, sonidos claros. Ciega ¿Dónde estáis, señora? Doy tres vueltas al mundo, o a su ombligo invisible, el útero entrañable de esta enorme montaña que, poco a poco, va ganando en dureza y en altura hasta que de pronto se convierte en un León provincia, que tiene su Vizcodillo de en****dura y su Teleno de congelación, aposentado en una alfombra de nieve ¿De qué se ríe esta china que tengo a mis espaldas y solamente me excede en cien millones de litros a 1,8 de densidad?

     

    Finalmente, consciente de mi tamaño y de mi esfuerzo, me siento en una piedra con musgo y el agua me aparece en el salón, donde se expande y se relaja,  poniendo los pies en el tresillo. Pero no es ahí, sino en el alma, donde siento el esplendor de la belleza. Dejo que ella me impregne hasta los tuétanos, que ahora están mojados de felicidad ¿Soy feliz? Pregunto. Y algo me responde: no sé, no sé.... Y yo miro a la tarde, que ha incorporado a sus ausencias un puntito de sombra, pero nada me hace sospechar, en este dulce momento,  las leches que voy a darme bajando. Sin embargo,  hoy sabré de veras lo que es la maceración de la carne. Más aún, hoy sabré de veras que, usada como corresponde, la espalda puede ser un tambor: no sé si el de hojalata ¿Lo has oído, Antonio? ¡Menuda hostia! Pero Antonio está lejos. Hoy sabré con exactitud, incluso con holgura,  lo que es meter la pata hasta las ingles. "He llegado hasta el fondo"  ¿Hasta el fondo? ¡Qué iluso! Aparte de desbarrar, y acaso de forma irrespetuosa, ¿por qué te cuelga entonces la pierna? Oquedades intestinales de las pedrizas. Trampas ineludibles. Agujeros negros. Deslizamiento hacia el rojo: sol rojo, culo rojo, espalda completamente morada. Por último, aunque esto es más difícil de creer, hoy sabré también lo que es salir ileso de la experiencia.

    ¿Has llegado a la fuente, cabezota? -preguntó Antonio

    Sí, señor, pero ahora es una caja de música... Tárrega, Granados, Albéniz, patios de la Alhambra, fuentes del Generalife...

    ¡Eh, eh, Isidro! -atajó Antonio- Te recuerdo que estamos en Muelas de los Caballeros, Zamora, y que esto es una fuente de montaña, no un patio andaluz.

    ¿Y ello es óbice, Antonio, para que yo tenga Recuerdos de la Alhambra? La fuente estaba oculta en la maleza, yo he cerrado los ojos y me he puesto a sentir. El silencio era hondo, el aire era puro, la libertad era grande, los sentimientos se encauzaban formidablemente en la música...

    Y entonces te quedaste al concierto...

    Toma, ¿quién rechazaba ese palco de meditación, desde el que yo anulé las cumbres de esta Sierra de la Cabrera que ahora no me es dado cruzar?

    ¿Para viajar a Granada, que está lejos y al sur?

    No, para bañarme en el lago de Truchillas, del que los dioses quisieron que llevara sus aguas al Eria, que las lleva al Duero.

    Mira tú por dónde se van a encontrar con las del Fontirín, después de dar un rodeo de padre y muy señor mío.

    Sí, mira tú por dónde, cuando aquí son venas de una misma montaña y se dan casi la mano...

     

    Coda:

    Para situar un poco al lector

     

    El pueblo

     

    Muelas de los Caballeros, Carballeda, Zamora, noroeste de España. Fantasía de robles y de brezo. Miel. Flor primaveral, gozos de otoño. Sé que no es un pueblo, sino un pálpito, una constante de vida y de memoria, una proyección, una infancia atrapada, una necesidad, casi un vino, casi un opio, casi el amor, casi la pureza. Un paraíso perdido, un punto lejano, un imposible. Muchos derroteros, muchas fuentes, muchos pájaros, un río, una calle, una familia, un exilio, una emigración, un abandono, una fatalidad, una raíz, un hilo de tiempo que te ata, que te estimula, que te libera.

     

    El paraje

     

    "Velilla: montes situados en el  norte de La Carballeda, Zamora, comarca cuyo hecho diferencial es un extenso roble y un largo aullido de lobo. Sus cotas más altas se sitúan en la Sierra de La Cabrera, separándola de la comarca leonesa de este mismo nombre. Sus valles, que acompañan a un agua cristalina hacia el río Fontirín (que desemboca en el Negro que desemboca en el Tera que desemboca en el Esla que desemboca en el Duero), están milagrosamente habitados por unos robles hermosos, cuya robustez centenaria brota a veces de la fría apariencia de las pedrizas... Al Noroeste la deslinda Sanabria, comarca  de Lago legendario y de consecuente Parque Natural".

     

    Fragmento del libro "Aguablanca: caminos de ida y vuelta"

     

    Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

    Blog paisajes.blogcindario.com

    Poemas recreados: groups.google.com/group/paisajes-literar...

     

    0 (0 votos)

Categorías del Blog