Una extraña felicitación de Navidad.
Queridos amigos:
¿De qué podemos hablar en estos duros momentos, en los que la economía tiende a la contracción y sociedad a la reflexión y al ajuste?
No sé, podíamos hablar de Sacyr, ese valle hermoso en el que hasta hace poco tiempo pastaban alegremente las vacas. Las vacas sagradas, se comprende. Podíamos hablar de Martinsa-Fadesa, la inmobiliaria que tuvo el privilegio de ser la primera. Ya sabéis que no importa ser el último si se es alguna vez el primero. Ha sido la primera en caer, claro. Pero, antes, seguro que puso a buen recaudo los sabrosos beneficios de sus dirigentes, dejando a los acreedores el reparto equitativo de las migajas.
Podíamos hablar de la banca, ésa que persigue con saña los impagados y luego pide árnica al Gobierno para tapar los agujeros de la especulación. Podíamos hablar de los sueldos obscenos de los banqueros ¿Se pueden ganar 72.000.000 de euros al año y no resquebrajarse las estructuras de la sociedad? ¿Dónde está el dinero generado por la economía financiera cuando ésta dejaba suculentos beneficios? ¿Por qué no corremos a gorrazos a toda esta gente sin escrúpulos ni conciencia? ¿Por qué salimos a socorrerlos en lugar de mandarlos a galeras y tenerlos tres meses a pan y agua para que se enteren bien de qué va la cosa?
Podíamos hablar de los políticos, de los Hunos de Unamuno y de los Otros de Borges, todos ellos a salvo de las crisis negadas, habentes y futuras ¿Cómo se pueden ganar 100 ó 200.000 euros al mes y encima cobrar dietas por movimientos, agitaduras, manducaciones y pernoctaciones? ¿Por qué no se bajan los sueldos a la mitad para hacerse solidarios con los que no tienen ninguno o lo tienen ínfimo o sólo tienen el paro? ¿Por qué no creamos una plataforma para controlar la corrupción, que es pantagruélica, y el dispendio, que es asaz enjundioso? ¿Por qué tanto audi 8 a disposición de tanto mandatario de medio pelo? ¿No es suficiente con un audi 4? ¿Por qué tanto despacho de Madera de Boj y mármoles de Carrara? ¿Por qué van tirando el dinero en fastos y parafernalias de nuevos ricos cuando en realidad tenemos tanta miseria debajo de los manteles?
Podíamos hablar del Rey, pero me da mucha pena distraerle. Está tan extasiado mirando ese cuadro de tres millones de euros que acaban de ponerle en el despacho...
Podíamos hablar de todas estas cosas, digo. Pero de todas estas cosas están rebosantes los periódicos. Y las radios y las televisiones. Y, lo que es peor, las sufridas cabezas de los ciudadanos que, desde el impresionante batacazo de Lehman Brothers, se han desayunado todos los días con las monumentales ****s de los financieros (ésos que para celebrar un rescate se van al bar de la esquina y se gastan 500.000 dólares en copas), y con las mierdecitas calientes de los inmobiliarios que, con el nombre de viviendas hipotecadas, van dejando a la puerta de los acreedores.
¿De qué vamos a hablar, entonces? Pues, mira, no lo sé. En realidad yo empecé a escribir este artículo con la idea de hacer una felicitación de Navidad, pero pensando en los cuatro millones de euros que se ha gastado Gallardón en la iluminación de las calles de Madrid, me he quedado extasiado como el Rey ante la cúpula de Barceló, de la que dicen que recuerda a determinada cueva china. Normal, de China importamos un montón de juguetes. Este año, menos. Muchos menos. Parece que la crisis, aunque cierre algunas fábricas orientales, va a salir por fin al rescate de los niños, que están atiborrados de esa procelosa juguetería navideña que es perjudicial, que es hueca, que es vana.
El Gobierno (y la oposición con todos sus políticos al frente) tendría que hacer un esfuerzo dirigido a los que tienen verdadera necesidad. Nadie debería verse privado de lo básico. Nadie debería pasar una noche al relente. Nadie debería pasar hambre. Por lo demás, y salvados estos extremos, a lo mejor nos viene bien que nos pongan un poco en nuestro sitio, especialmente a aquellos que se han salido excesivamente de madre.
Sería bueno que el frío de la crisis nos dejara en los zapatos un poco de recogimiento y de humildad. Desde ahí se pueden tener muy felices fiestas.
Pues eso: ¡Muy Felices Fiestas!
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Os dejo un extraño poema:
Un perro en la Navidad del 66 ó 67
"Un día triste y con frío,
las navidades pasadas,
oí el lamento de un perro
en el umbral de mi casa.
Abrí la puerta y entró,
porque en la calle nevaba,
y se acostó en un rincón
sobre una alfombra gastada.
Yo lo miré con ternura
y le di pan con palabras.
Él levantó la cabeza
y me miró con el alma.
Así pasó por las horas
mi corazón, sin notarlas.
Después se fue, no sé adónde
ni sé con quién ni sé nada.
Pero dejó en mi recuerdo
la luz de aquella mirada,
agradecida y hermosa,
profundamente cansada"
Tenía yo pocos años,
y la inocencia en la cara.
Nunca han llegado a mi puerta
las navidades tan blancas.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Posdata: este poema ha sido recuperado de la memoria
y rehecho con pretensión de fidelidad. No obstante, han
pasado por él más de 40 años...
http://paisajes.blogcindario.com/2008/12/00310-una-extrana-felicitacion-de-navidad.html
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