Hoy es un día para recordar a las personas que quisimos y queremos y ya no están con nosotros. Dentro de ese recuerdo general, que pasa por abuelos, tíos, primos, amigos... yo recuerdo especialmente a mis padres y a mi hermano. Ellos se fueron, cada uno en su circunstancia y a su hora, pero yo los sigo llevando en el corazón. Y puedo decir que ahí están vivos. Porque, si se trata de recordar, uno no se instala en el hecho frío de la muerte, sino en las innumerables situaciones vividas con ellos. Situaciones que, vistas desde ahora, están hechas tan sólo de momentos felices. Tan felices que a uno le hacen llorar.
Sin embargo, yo quiero ofrecerles hoy una sonrisa larga y alegre, por más que vaya anegada por las lágrimas.
Éste es el poema que le da el título al libro "Vientos de soledad". Fue Accésit en el Premio de la Poesía Festa D'Elx, en 1984. O sea que debí escribirlo a principios de los 80. Tiene un magnífico pps de Mar, y éste sí es reciente: menos de dos años. Podéis verlo en esta página de Google, donde están por orden alfabético:
"Vientos de soledad" es un libro que tiene más poemas de los que yo recordaba. Es posible que haya tenido vida por su cuenta en estos años de oscuridad y mazmorra
-¿Vida por su cuenta? ¡Ya! ¿Y no será que un consumado nocherniego le iba añadiendo poemas al desgaire: uno hoy, otro mañana, otro el mes que viene?
-Pudo ser así, sin duda, pero hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo.
-Sí recordarás, no obstante, que te timaron a cuenta de este libro
-Claro, los grandes amores no se olvidan jamás
-Y que no te devolvieron ni la portada, que era de tu amigo Ginés
-Ginés Lloret, es cierto, que fue alumno de mi amigo Piqueras
-Todo libro tiene su historia, éste tuvo un aborto
-Un aborto que fue muy doloroso para mí
-¿Por qué no lo publicaste después?
-¿El aborto?
-Si fueras inteligente, como crees, verías que esta pregunta no tiene gracia ninguna
-Pues mira, ya que tenía que pagar la publicación, no quería pagarla dos veces. Además, cuando quise darme cuenta ya había escrito otro libro y a éste se le había pasado el arroz ¿Comprendes, inteligencia pura? Pero no es el único libro que he puesto a hibernar en el cajón de los poco afortunados "por reconocida inutilidad de la lógica"
-Pues no deja de ser una pena, ya que el libro tiene poemas muy dignos. Algo clasicotes, eso también es verdad.
-¿Es que un soneto puede ser otra cosa que clásico?
-Depende, si lo escribe un bilbaíno, sí.
-Ya, y mejor si lo escribe un mastuerzo. Por favor, ¿cómo puedo librarme de este zoilo que me acompaña a todas partes y que a todo me replica?
Coda:
A pesar de la conversación precedente, el soneto que les voy a dejar es completamente serio. Serio y de amor. Pero no me extrañaría nada que los lectores lo tomaran a chirigota. Después de todo, el hombre que siempre va conmigo (no confundir con el que siempre iba con Machado, que era mucho más respetable), se ha empeñado en crear un clima lo suficientemente adverso. O sea que los lectores debieran tomarse una pócima para cambiar de sabor.
-Glup, glup, glup...
Ahora sí, ahora ya podemos crear un ambiente propicio y amoroso...Se abre el telón y aparece un hombre completamente desnudo ¿Completamente? Bueno, sólo lleva en la frente (¿o en el pecho?) un dramático amasijo de interrogantes.
Un abrazo
¿A quién le pediré que me sostenga?
¿A quién le pediré que me sostenga si tú, que eres amor, me das de lado? ¿Adónde habrá otro hielo más helado? ¿Adónde más silencio en tanta lengua?
¿Por qué he de ser molino sin molienda, latir de corazón no traspasado? ¿Por qué si soy farol voy apagado y no ha de haber un rayo que me encienda?
Mi boca es oración, mi cuerpo ofrenda, ¿y no ha de haber puñal mal afilado ni mano temblorosa que lo hienda?
¿A quién le pediré que me sostenga si no es a ti, amor, que me has cegado y me has dejado solo con la venda?
No puede negarse que el poema que hoy os dejo pertenece al libro "Vientos de soledad". Digamos que se saca por la pinta.
Me despierta el aire,
me despierta el viento,
todas las mañanas
y a cada momento...
Pero nadie piense que esto era entonces (hablamos de1984) solamente una verdad lírica u onírica, sino que se trataba de una verdad auténtica, real, corporal, física, química, somática. Ya sé, ya sé, redundo y desbarro y desvarío, pero es que me interesa enfatizar. Porque sí, porque me despertaba el aire a cualquier hora y no sabía qué hacer... Bueno, a veces me ponía a escribir un poema que versaba casi siempre sobre la soledad: la soledad de los niños, la soledad de los hombres, la soledad de las piedras. Sí, también la soledad de las piedras, Lo que pasa es que llegaba a la conclusión de que las piedras no estaban solas, y menos si se comparaban conmigo:
Que no están solas las piedras
por su razón de calladas.
La soledad es un hombre
que se hace piedra en el alma.
En fin, fueron tiempos muy duros, muy difíciles, en los que uno no encontraba postura ni acomodo, sino sólo una soledad muy extraña que venía a lomos del viento y me causaba un profundo dolor:
Que duele andar con el tronco
de viento en viento, llorando,
Llevar el agua en los ojos,
morir de sed en los labios.
Dolor que no remediaba en nada aquella canción archifamosa de Bob Dylan, que decía precisamente que la respuesta estaba en el viento ¿Dónde, dónde? Me preguntaba yo. Y alguien contestaba por mí: más allá, muchacho, más allá...
De manera que me fue bastante fácil encontrar un título para el poema.