Tú... Mi amante consentido de tus noches fui sirena, el que mojaba mis venas con sus besos de cupido el que ahora en mis olvidos reluces como diadema.
Tú ... El adonis tan perfecto erguido y siempre sereno, el solitario velero que en mi puerto descansó, el faro que iluminó mis eternas soledades, mis olas fueron verdades con cuantiosas caracolas, en este mar de pasión, que navegaba muy sola.
Tú... El atrevido corsario espía de mis silencios, el romántico incansable que movía los trapecios con caricias en caudales envolvías mis tormentos.
A tí, desde mis recuerdos de delirios comunales, te observo desde cristales que se pierden extinguidos; a tí te envío querido... besos de castos corceles, y pregunto a mis supiros:
Cuando miro ecuánime la pradera sin Luna esta tarde de Noviembre que tanto repele, tu ausencia me viene cual susurro sin fortuna. ¡Como duele!
Si camino por el mar con mi rostro paciente los recuerdos se aglomeran trivial en su vuele, nace rápido un suspiro amargo y transparente. ¡Como duele!
Ya te acercas Navidad con tu hiel y fiel embrujo, colorida reinarás entre blancos claveles... desde mi universo el alma se muere y la empujo. ¡Como duele!
Y quisiera ser Golondrina que a la deriva... naufraga en un islote de amor que la consuele, y sentirme otra vez más mujer, sentirme viva. ¡Como duele!
Estar lejana del ocaso pardo, que me huele, ausente y pasionaria de tu vana amargura, abrazada a una falsa vestidura... ¡Duele!