madres orgullosas
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    A QUE EDAD DEBEMOS PERMITIR NOVIOS A LAS HIJAS

    jueves, marzo 27, 2008, 11:24 [General]
    Publicado Por: mery

    Ser Adolescente

    El muchacho camina hacia la edad adulta a travez de sus impulsosm sus contradicciones, sus errores e inesiciones. Es lo que se suele llamar adolescencia. La adolescencia es el período que va después de la infancia y que se extiende hasta la edad adulta. En los chicos suele ir desde los catorce hasta los veinte años y en las chicas desde los doce a los dieciocho años.
    Es un período crítico, voluble, turbado al cual padres y adolescentes temen. Los padres porque ignoran las reacciones del hijo en ese período y cómo acercarse a él sin que se rebote y el propio adolescente porque teme el descontrol.

    Para los padres es difícil entender que los hijos crecen y pueden pensar y actuar por sí mismos y para los "pequeños rebeldes" llamados adolescentes la madurez se les sube a menudo a la cabeza.
    Todos los que formáis parte de mi generación seguro que recordáis vuestra propia adolescencia, con esos cambios de carácter inexplicables, esas sensaciones corporales que se escapaban a nuestra comprensión y esas ganas de comerse el mundo y todo aquello que estaba prohibido. Nuestros primeros pitillos, nuestro primer contacto con el alcohol y las drogas, nuestro primer beso y nuestra primera decepción en el amor.

    El adolescente se lanza de forma impetuosa a buscar experiencias porque cree ya ser mayor y suficientemente inteligente para salvar todos los obstáculos que se le atraviesen en su camino hacia la consecución de sus objetivos. Pero a menudo parece que todo sale mal y además sólo puede confiar en los amigos porque los padres parece que dejaron de comprenderle.

    El equilibrio se ha roto, los padres dejaron de protegerle y tiene que afrontarse con diferentes retos en la vida que le conducirán al mundo adulto. A menudo en este camino tropiezan con otros adolescentes cuyos vínculos familiares no sean demasiado fuertes, cuyos padres han dejado de preocuparse por ellos, o simplemente que sufrían algún trastorno conductual. Nuestro adolescente es todavía frágil y antes escuchará a uno de los suyos que a vosotros, sus padres. Con esta suposición quiero llegar a un tema muy común dentro del grupo llamado Adolescentes y me refiero a "la delincuencia juvenil".

    Llamamos Delincuente a "aquella persona joven que ha sido procesada y se la ha encontrado culpable de una ofensa que se calificaría como delito si la hubiera cometido un adulto". Los delitos más comunes son aquellos que atentan contra la propiedad y de violencia personal.
    Hay diferentes teorías que explicarían la delincuencia entre los jóvenes, entre ellas está el contacto con otros modelos delictivos, valoraciones entre sus compañeros de ser una persona que se arriesga, que busca estímulos excitantes o que es el más fuerte.

    El pronóstico de los delincuentes es bastante malo porque a menudo estos sujetos viven en barrios marginales y si no son sacados de ese entorno es muy difícil por no decir imposible que abandonen la delincuencia.
    Cuando se trata de trastornos de conducta la mejor terapia es la conductual, modificación de conducta, a la vez que trabajaremos con su entorno inmediato para lograr el cambio de actitud.

    Los adolescentes necesitan al igual que los niños de una vida familiar segura, de un entorno adecuado donde poder encontrar la estabilidad que les conducirá hacia la madurez. Desorientados por sus contradicciones internas, buscan con afán un afecto y dirección donde poder comprender qué les está pasando. El mundo se le aparece bruscamente y así es como él lo explora, sin orden ni concierto, sin inicio lógico; el tiempo pasa pronto y tiene mucho que absorber. Su propio "yo" le deja perplejo y busca en agrupaciones, en valores espirituales,.. comprensión. Se quiere al amigo, se le admira, se confía en él y hasta se le imita.

    Los padres tendrán que mostrarse seguros para afrontar ese período perturbador, deberán incrementar las normas y orden y sobre todo, tendrán que fomentar el acercamiento afectivo hacia su hijo adolescente porque en ese vínculo es donde equilibrar

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    como tratar a las hijas adolescentes

    miércoles, febrero 27, 2008, 10:51 [General]
    Publicado Por: mery

    Mucho menos frecuentes, los cambios conductuales y del estado de ánimo graduales pueden ser signo de un trastorno psiquiátrico más grave. Aunque son trastornos infrecuentes, la esquizofrenia y la depresión maníaca pueden comenzar en la adolescencia. El aislamiento extremo puede ser un signo de esquizofrenia, aunque pueden existir otras explicaciones para el mismo. Los padres preocupados con estas posibilidades deben ponerse en contacto con su médico de cabecera.

    Cómo afrontar la adolescencia.

    Aunque la adolescencia puede ser percibido como una época difícil, el proceso de maduración que implica puede dar lugar a cambios positivos en la persona que faciliten la superación de los problemas del pasado.

    La preocupación de los padres se suele asociar con los períodos de incertidumbre, confusión e infelicidad experimentados por los adolescentes. Pero, a pesar de todo esto, es importante no olvidar que, aunque pueden venir tiempos difíciles, la mayoría de los adolescentes no desarrollará problemas graves.

    La mayoría de las dificultades en la adolescencia, por tanto, no son ni graves ni duraderas, aunque esto es de poco consuelo para aquellos que tienen que afrontarlas. Los padres pueden llegar a sentir que han fallado. Sin embargo, aunque pueda decirse cualquier cosa en el calor del momento, los padres todavía juegan un papel crucial en la vida de sus hijos.

    Una de sus tareas es la de suministrar una base segura para que sus hijos vuelvan. Para que esto ocurra, los padres tienen que estar de acuerdo entre sí sobre como están manejando las cosas y apoyarse el uno al otro. Generalmente es muy perjudicial cuando un padre se alía con su hijo contra el otro padre.

    El siguiente requerimiento son reglas. Aunque los adolescentes crezcan rápidamente, los padres todavía son sus mantenedores y es razonable que sean ellos quienes decidan cuales son las reglas del juego, aunque algunas de estas puedan ser negociadas. A pesar de que los adolescentes puedan protestar, unas reglas sensibles pueden ser la base para la seguridad y pueden realmente reducir las discusiones. Las normas deben ser claras de forma que todo el mundo pueda saber en qué situación se encuentra, y deben ser aplicadas con justicia y de forma consistente. Las reglas también deben ser razonables y menos restrictivas según el adolescente madura y se hace más responsable. Los padres necesitan diferenciar que es importante y qué no lo es, ya que no pueden existir reglas para todo. Mientras que algunas cosas no serán negociables, debería existir un margen para la discusión en otras. Las sanciones o castigos del tipo de no poder salir o quedarse sin paga funcionarán mejor si son establecidas con anterioridad a la infracción, y no deberá nunca amenazarse con las mismas si no se van a llevar a cabo.

    Otra tarea para los adultos es el ser una fuente de consejo, simpatía y confort. Los chicos sólo acudirán a sus padres si saben que éstos no los avasallarán, sermonearán o criticarán. Escucharlos es lo fundamental.

    Finalmente, los padres no deberían esperar que sus hijos se lo agradecieran - hasta que ellos no tengan hijos probablemente no se darán cuenta de lo agotadora que resulta la tarea de educarlos.

    Introducción.

    Tanto los adolescentes como sus familias pueden percibir los años que comprende la adolescencia como una época tormentosa y emocionalmente agresiva plagada de frecuentes enfrentamientos entre unos y otros. Sin embargo, estudios recientes han puesto de manifiesto que a la mayoría de los adolescentes realmente les gustan sus padres y que creen que se llevan bien con ellos. Entonces, ¿por qué consideramos la adolescencia como una época difícil? Lo cierto es que en la adolescencia se produce un rápido desarrollo físico así como profundos cambios emocionales que, aunque pueden ser excitantes, no obstante también pueden resultar confusos e incómodos tanto para el adolescente como para sus padres. En este folleto usted encontrará información sobre estos cambios, sobre los problemas que los mismos pueden generar y sobre algunas formas de afrontar ambos.

    Los cambios de la adolescencia.

    Durante la adolescencia, las personas crecen y maduran rápidamente. Estos cambios suelen comenzar a la edad de los once años en las mujeres y sobre los trece en los varones. Los cambios hormonales responsables realmente comienzan años antes y pueden dar lugar a períodos de inquietud y mal humor. Las niñas experimentan estos cambios antes que los niños. Debido a esto, en los primeros tres o cuatro años, ellas parecen madurar mucho más rápido, pero después los varones las alcanzan para, a la edad de 17 años, convertirse ambos en hombres y mujeres jóvenes. Estos jóvenes pueden ser ya físicamente tan grandes como sus padres y serán capaces de tener hijos propios. Todo esto se complica con el hecho de que la capacidad de procrear o concebir hijos puede desarrollarse en los adolescentes al mismo tiempo que su madre la está perdiendo debido a la menopausia. Los buenos tiempos y oportunidades disfrutados por su hijos adolescentes pueden hacer sentirse a sus padres demasiado mayores y cierta envidia.

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    cuidados del bebe

    martes, enero 29, 2008, 11:30 [General]
    Publicado Por: mery


    Imágenes para hi5

    Familia: Es vital hablar y acariciar al bebé

    Ese hábito (junto al de lactancia materna) puede ser esencial para evitar afecciones respiratorias

    La Provincia apunta a “reinstalar la lactancia materna como estrategia de intervención para prevenir afecciones respiratorias”, remarcó la especialista que además es presidenta de la Subcomisión de Lactancia de la Sociedad Argentina de Pediatría Filial Mendoza.

    "Después de la muerte por prematurez y dejando de lado los casos de malformaciones, las infecciones respiratorias infantiles son la causa más común de muerte entre niños de uno a cuatro años”, estableció De Gaetano.

    "Las infecciones respiratorias infantiles aún son un problema sin resolver en Mendoza. Las estadísticas locales indican que la causa de muerte en el recién nacido por infecciones respiratorias ocupa un lugar muy alto, aun cuando los índices de mortalidad infantil han bajado”, expresó la médica Susana de De Gaetano, integrante del Servicio de Neonatología del Hospital Lagomaggiore.

    Hacer hincapié en las beneficios que reporta la leche materna para el recién nacido será el tema de una jornada que se realizará el 7 de agosto para difundir esta práctica un tanto relegada, en el marco de la Semana de la Lactancia Materna. El evento se realizará en el salón Vendimia del Centro de Congresos y Exposiciones. Por la mañana entre las 10 y las 12.45, se abrirá el debate para profesionales y docentes relacionados con la salud; mientras que por la tarde de 14 a 16, se realizará un taller abierto de preguntas destinado a padres, docentes de jardines maternales y personal que tenga contacto con madres y niños pequeños.

    "El 99% de las afecciones más comunes del recién nacido pueden prevenirse si toma leche materna. Diarreas, infecciones respiratorias, desnutrición o accidentes son evitables si el bebé toma exclusivamente leche materna en sus primeros meses de vida. Además fortalece el sistema inmunológico del bebé y crea el vínculo con la madre”, fundamentó De Gaetano.

    En este sentido la especialista enfatizó que “el niño crece en la medida que es acariciado, hablado y mirado, de lo contrario no hay posibilidad de desarrollo mental. El crecimiento y la maduración del niño se produce por la estimulación sensorial que recibe de su entorno”. La lactancia materna junto con el aire puro y la ausencia de humo de cigarrillo previenen en el bebé las afecciones respiratorias. Además enfatizó que en los primeros seis meses de vida, la lactancia –junto con otras medidas como hacer dormir al bebé boca arriba, no fumar y evitar la combustión de leña en el hogar– pueden prevenir la muerte súbita”.

    "Es muy común que las madres adolescentes dejen al bebé sólo tomando la mamadera, esto puede provocarles la muerte por broncoaspiración. En estos casos ni siquiera alcanzan a llegar a un centro de salud”, comentó De Gaetano. Las jornadas están organizadas por la Subcomisión de Lactancia de la Sociedad Argentina de Pediatría Filial Mendoza, por la Fundación Solidaridad y Amor y por la UNCuyo. La asistencia es libre y gratuita, no hay necesidad de inscribirse previamente. El cupo de asistencia es de 100 personas, aclararon desde la organización. Los docentes obtendrán certificado de asistencia.

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    Un secreto para criar hijos felices

    jueves, enero 10, 2008, 11:16 [General]
    Publicado Por: mery

    Un secreto para criar hijos felices

    Cuando Juan y Pedro C. eran pequeños inspiraban lástima a otros niños, porque sus padres los mantenían siempre ocupados: desbrozaban el jardín, hacían mandados y salían a tirar la basura. Al crecer, repartían periódicos o cortaban el césped. A veces, otros padres sacudían la cabeza y señalaban que tanto trabajo y la falta de juego entorpecían a los niños.

    Pero, cuando ambos fueron adultos, alcanzaron una mejor posición económica que sus compañeros de la infancia que habían sido menos industriosos. Ganaban más dinero y obtenían más satisfacción de su trabajo; lograron matrimonios mejor avenidos, y las relaciones con sus hijos eran más profundas; gozaban de una y mejor salud y vivieron más. Sobre todo, fueron más felices; mucho más felices.

    Estos son los notables descubrimientos de un estudio que duró 40 años, iniciado en el decenio de los cincuenta por la Universidad de Harvard, el cual puede ayudarnos a criar hijos más felices. Emprendido como un esfuerzo para comprender la delincuencia juvenil, el estudio siguió la vida de 456 varones adolescentes del centro de la ciudad de Boston, muchos procedentes de hogares empobrecidos o deshechos. Al compararlos cuando alcanzaron la edad madura, destacó un hecho: sin importar su inteligencia, los ingresos familiares, los antecedentes étnicos ni el grado de instrucción, los que habían trabajado de niños, aún en sencillas tareas domésticas, disfrutaban de una existencia más feliz y productiva que quienes no habían trabajado.

    "No es difícil explicarlo", declara George Vaillant, psiquiatra de la Universidad Dartmouth, de Nanover, Nueva Hampshire, que realizó este descubrimiento cuando asistía a la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard. "Los niños que trabajaron en su hogar o comunidad adquirieron capacidad y llegaron a sentirse miembros valiosos de la sociedad. Y como ellos estaban satisfechos consigo mismos, los demás se sentían a gusto con ellos".

    El doctor John Obedzinski, del Centro para Familias y Niños de Corte Madera, California, concuerda en esto. Ha observado que hasta los pequeños de cinco años se benefician al realizar tareas domésticas menores. "Esto les hace sentir que están contribuyendo y que son importantes para la familia", opina Obedzinski.

    Resulta más interesante, empero, el estudio de Vaillant, ya que fue uno de los primeros en observar detalladamente a un grupo de varones durante tan prolongado período. Las entrevistas se repitieron a los 25, 31 y 47 años de edad. Bajo la dirección de Vaillant, un grupo de investigadores, que no sabían anda de la vida de aquellos hombres, compararon las puntuaciones correspondientes a su salud mental con una puntuación asignada a su actividad en la niñez. Se les adjudicaron puntos por empleos de medio tiempo, quehaceres domésticos, actividades o deportes extracurriculares, calificaciones escolares relacionadas con el cociente intelectual (una media del esfuerzo en la escuela) y por la capacidad para afrontar los problemas.

    Fue asombrosamente notable la relación entre lo que los individuos habían hecho de niños y lo que eran de adultos. Los que calificaron más alto en la escala de actividades en la niñez tenían el doble de probabilidades de entablar relaciones cordiales con una gran variedad de personas, cinco veces más probabilidades de obtener buenos sueldos y 16 veces menos probabilidades de quedar significativamente desempleados. Por el contrario, lo que habían trabajado menos en la niñez tuvieron muchas más probabilidades de haber sido arrestados, diez veces más de padecer trastornos psicológicos y tenían seis veces mayor propensión a las enfermedades. Además, los investigadores descubrieron que el cociente intelectual, el grado de escolaridad y la posición económica y social de la familia no influyeron de manera decisiva en el desempeño como adultos.

     

     

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    Un secreto para criar hijos felices

    Cuando Juan y Pedro C. eran pequeños inspiraban lástima a otros niños, porque sus padres los mantenían siempre ocupados: desbrozaban el jardín, hacían mandados y salían a tirar la basura. Al crecer, repartían periódicos o cortaban el césped. A veces, otros padres sacudían la cabeza y señalaban que tanto trabajo y la falta de juego entorpecían a los niños.

    Pero, cuando ambos fueron adultos, alcanzaron una mejor posición económica que sus compañeros de la infancia que habían sido menos industriosos. Ganaban más dinero y obtenían más satisfacción de su trabajo; lograron matrimonios mejor avenidos, y las relaciones con sus hijos eran más profundas; gozaban de una y mejor salud y vivieron más. Sobre todo, fueron más felices; mucho más felices.

    Estos son los notables descubrimientos de un estudio que duró 40 años, iniciado en el decenio de los cincuenta por la Universidad de Harvard, el cual puede ayudarnos a criar hijos más felices. Emprendido como un esfuerzo para comprender la delincuencia juvenil, el estudio siguió la vida de 456 varones adolescentes del centro de la ciudad de Boston, muchos procedentes de hogares empobrecidos o deshechos. Al compararlos cuando alcanzaron la edad madura, destacó un hecho: sin importar su inteligencia, los ingresos familiares, los antecedentes étnicos ni el grado de instrucción, los que habían trabajado de niños, aún en sencillas tareas domésticas, disfrutaban de una existencia más feliz y productiva que quienes no habían trabajado.

    "No es difícil explicarlo", declara George Vaillant, psiquiatra de la Universidad Dartmouth, de Nanover, Nueva Hampshire, que realizó este descubrimiento cuando asistía a la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard. "Los niños que trabajaron en su hogar o comunidad adquirieron capacidad y llegaron a sentirse miembros valiosos de la sociedad. Y como ellos estaban satisfechos consigo mismos, los demás se sentían a gusto con ellos".

    El doctor John Obedzinski, del Centro para Familias y Niños de Corte Madera, California, concuerda en esto. Ha observado que hasta los pequeños de cinco años se benefician al realizar tareas domésticas menores. "Esto les hace sentir que están contribuyendo y que son importantes para la familia", opina Obedzinski.

    Resulta más interesante, empero, el estudio de Vaillant, ya que fue uno de los primeros en observar detalladamente a un grupo de varones durante tan prolongado período. Las entrevistas se repitieron a los 25, 31 y 47 años de edad. Bajo la dirección de Vaillant, un grupo de investigadores, que no sabían anda de la vida de aquellos hombres, compararon las puntuaciones correspondientes a su salud mental con una puntuación asignada a su actividad en la niñez. Se les adjudicaron puntos por empleos de medio tiempo, quehaceres domésticos, actividades o deportes extracurriculares, calificaciones escolares relacionadas con el cociente intelectual (una media del esfuerzo en la escuela) y por la capacidad para afrontar los problemas.

    Fue asombrosamente notable la relación entre lo que los individuos habían hecho de niños y lo que eran de adultos. Los que calificaron más alto en la escala de actividades en la niñez tenían el doble de probabilidades de entablar relaciones cordiales con una gran variedad de personas, cinco veces más probabilidades de obtener buenos sueldos y 16 veces menos probabilidades de quedar significativamente desempleados. Por el contrario, lo que habían trabajado menos en la niñez tuvieron muchas más probabilidades de haber sido arrestados, diez veces más de padecer trastornos psicológicos y tenían seis veces mayor propensión a las enfermedades. Además, los investigadores descubrieron que el cociente intelectual, el grado de escolaridad y la posición económica y social de la familia no influyeron de manera decisiva en el desempeño como adultos.


    Aquí le damos seis buenos consejos para que tenga en cuenta cuando les pida a sus hijos que realicen alguna tarea:

    1. Comprenda los verdaderos objetivos. El propósito de los quehaceres no es simplemente lograr que se ejecuten las tareas onerosas; ni siquiera se trata de enseñar a los niños "a trabajar". tener relucientes los platos o impecable la alcoba es menos importante que inculcarles responsabilidad, independencia, dignidad, confianza y aptitud, los fundamentos de la salud emocional. Además, cumplir con los quehaceres ayuda al niño a entender que la gente debe cooperar y trabajar para alcanzar metas comunes. Los adultos más capacitados son los que saben cómo se logra esto.

    2. Empiece pronto. El impulso de "ayudar a mamá" surge casi cuando el niño aprende a caminar. Cualquier pequeño de dos años puede traer y llevar cosas, e inclusive separar la ropa para lavar (cosa que además le permitirá conocer las formas y los colores). El de cuatro o cinco años es capaz de entender instrucciones sencillas y hacer pequeños mandados; también es posible esperar que guarde sus juguetes, recoja la ropa o retire sus platos de la mesa. El niño de siete años puede asumir ciertas responsabilidades familiares. Una buena comisión inicial es la de poner la mesa; pero cualquier tarea fácil que de resultados satisfactores servirá igual.

    Sin embargo, no se debe presionar al niño con tareas que rebasen sus habilidades. Un quehacer nuevo debe constituir un desafío, pero también es preciso que produzca en el pequeño un sentimiento de realización. Si el niño se desalienta, acaso no esté dispuesto a intentar algo otra vez.

    3. Establezca normas realistas. Obviamente, un adulto puede hacer la mayoría de las tareas mejor que un niño. Resístase a la tentación de hacer las cosas usted mismo o de "retocarlas", porque esto afecta la sensación de capacidad y utilidad del pequeño.

    La mejor manera de enseñarles a realizar una tarea consiste en la simple repetición. Muéstreles cómo se hace, realícelo con ellos y, luego, deje que lo hagan solos. Manténgase dispuesto a darles consejo, pero no se apresure a intervenir. Tampoco se interponga si desean hacer algo a su manera. Decirles, por ejemplo: "Yo siempre sacudo antes de usar la aspiradora", sólo les enseña que sus esfuerzos no son meritorios.

    Esto no significa que se debe tolerar la torpeza. Si una tarea no se ejecuta de acuerdo con la capacidad del niño, insita en que la vuelva a hacer, ahora apropiadamente. Establezca un plazo razonable, pero sin reprenderlo. Si la mesa no está lista a la hora de comer, por ejemplo, hágale ver - con firmeza - que los demás están esperando.

    4. No lo soborne. El mejor pago para cualquier tarea es una sonrisa, un abrazo o decirle "¡Gracias!" Otra buena forma de compensación es comentar con alguien que usted se enorgullece del niño, cuando él pueda oírle.

    Al aprender los niños por sí mismos, el planear y completar una tarea ya es una recompensa en sí. Los niños pueden recibir dinero, desde luego, pero no lo convierta en un pago. Pagarles por cumplir con un quehacer que de todas maneras deben realizar, no sólo huele a soborno, sino que también implica que dicho quehacer no tiene ningún valor en sí. El niño al que se le paga por tender la cama puede empezar a pensar que deben pagarle por recoger sus calcetines.

    No obstante, es correcto pagar por un proyecto específico. Un especialista en desarrollo infantil deseaba que pintaran la cerca de su casa, y le pidió a su hija que fijara el precio. Ella calculó el número de horas que duraría su trabajo y ambos se pusieron de acuerdo en el pago. Entre otras lecciones, comentó él, la niña aprendió el valor de sus esfuerzos, y además a realizar una negociación.

    5. Fomente el trabajo "afuera". Desbrozar jardines, cuidar niños y repartir periódicos ayudará a los pequeños a que aprendan a trabajar de acuerdo con las normas de otras personas, y también les inculcará independencia y les ofrecerá más lecciones sobre la responsabilidad.

    6. No exagere. El trabajo es valioso, pero esclavizarse no lo es. El exceso de obligaciones puede estorbar en la educación, en las actividades sociales o en otros aspectos del desarrollo infantil. El doctor Obedzinski cita el caso de una niña de 14 años cuyos padres trabajaban mientras ella se encargaba de los quehaceres domésticos y cuidaba de su hermano menor. "En apariencia, la chica parecía contenta", dice Obedzinski, "pero quien platicara un rato con ella advertía que tenía escasa autoestima y estaba muy deprimida". El niño que soporta una carga pesada puede llegar a considerarse un "esclavo", en vez de creerse miembro de la familia.

    Trabajar - a cualquier edad - es importante; pero no lo es todo. Como lo señala Vaillant, debemos tener el cuidado de mantener el trabajo dentro de una adecuada perspectiva humana

     

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    el orgullo de ser mama

    lunes, enero 7, 2008, 06:07 [General]
    Publicado Por: mery

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