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HOY TE VI LLORAR. DE CARMEN LYDIA ROSA.
sbado, agosto 23, 2008, 01:22 CST [General]
Hoy te vi llorar y se me destrozó el corazón no puedo ver a un hombre llorar y menos a ti que fuiste mi adoración. Hoy te vi llorar y te doy la razón te he sido infiel un error que muy caro pagué no se porque lo hice fue un capricho de mujer. Hoy te vi llorar y yo también lloré tus lágrimas eran de sangre las mías eran de hiel yo grito por tu perdón aunque no me vuelvas a querer. Hoy te vi llorar el cielo también lloró sentí en mis manos gotas de dolor he sido mala, injusta, con el que tanto me amó, pero estoy arrepentida de lo cruel de mi traición. Hoy te vi llorar indefenso como un niño, no quieres verme más en tu camino, lloras y estás arrepentido de haberme amado, entiendo corazón solo merezco tu desprecio, es un castigo, y este sufrimiento que me hunde en el abismo. Hoy te vi llorar lágrimas de odio me he dado cuenta que lo he perdido todo espero vuelvas a amar a alguien que te sepa respetar, yo te juro que no volveré a pecar, porque desde hoy, viviré en mi soledad.
LOS ZAPATITOS ROJOS. CUENTO INFANTIL.
martes, agosto 12, 2008, 07:06 CST [General]
Erase una vez que paseaban por las tiendas, Isabela y su madre Angélica. Isabela estaba muy feliz, le gustaba ir a las tiendas con su mamá, porque ella siempre le compraba algo. En eso pasaron por una tienda donde vendían ropa para niños y niñas. Isabela vio desde la vitrina unos zapatos bien bonitos que le gustaron mucho. Eran color rojo y tenían un lacito a los lados. Isabela no se quería salir de la vitrina, miraba y miraba los zapatitos rojos. La madre se le acerco y le dijo, "Te has quedado estancada en esa vitrina Isabela. Vamonos, todavía no termino de hacer mis compras." La niña no se quería ir, le dijo a su mamá que ella quería los zapatos color rojo. "Hija, no puedo comprarte esos zapatitos, será en otra ocasión. Tú no los necesitas. Anda, vamonos." La niña se puso a llorar. Ella quería los zapatitos rojos. "¡Por favor mamá, yo quiero esos zapatos, cómpramelos mamá!" La mamá le dijo con mucho cariño, "Hija, entiende, hoy no puedo comprarte esos zapatos. Pero te prometo que vendremos otra vez la semana que viene, y te comprare esos zapatitos rojos que tanto te gustan." La niña seguía llorando, "¿Pero porque no hoy mamá? Alguien va a pasar por aquí, los va a ver y se los va a llevar, y esos zapatos son míos mamá. ¡Yo los quiero ahora mismo, cómpramelos mamá!" " Hija, tienes que aprender a escucharme, y cuando yo digo no puedo hoy, es porque no puedo. Tú no necesitas esos zapatos por ahora. No he dicho que no te los voy a comprar, pero tienes que ser paciente, la semana que viene te los comprare. Vamonos, deja de llorar, no hay razón para que te pongas triste." Isabela caminaba sin dejar de mirar para la vitrina, donde exhibían aquellos zapatitos rojos que le habían gustado tanto. Al llegar a su casa se puso a contar los días en el almanaque. Faltaban siete días para que su mamá volviera a las tiendas, se le hacia mucho tiempo, pero no importaba, esperaría con calma, porque esos zapatos eran ya de ella. Esa noche casi no pudo dormir. De lo poco que durmió, tuvo un lindo sueño. Se veía con los zapatitos rojos puestos. Se le veían muy bien en sus pies pequeños. Ella los miraba, jugaba con los lacitos que tenían los zapatitos, y bailaba, la música era muy buena y los zapatos rojos muy cómodos para bailar. Estaba muy feliz con sus zapatitos rojos. Cuando estaba bailando, dio una vuelta y muy rápido se cayó. Miro que uno de los zapatos estaba roto y el lacito estaba en el suelo. Comenzó a llorar y a tocar su zapatito rojo. De momento despertó, no era cierto, solo había sido un mal sueño. Llego el sábado, ya habían pasado los siete días y hoy iría con su madre a las tiendas. Esperaba ver sus zapatitos rojos, mamá se los iba a comprar. Estaba muy contenta. Su mamá preparaba el desayuno. Isabela ya se había vestido, se puso unas chancletas, porque quería ponerse sus zapatitos rojos tan pronto su mamá se los comprara. "Mamá vamonos, me prometiste comprarme los zapatos rojos hoy." "Hija, estoy preparando el desayuno. Ya te dije, tienes que ser paciente. Iremos a la tienda, pero no ahora." "Mamá, yo no tengo hambre. No quiero comer, quiero mis zapatitos rojos. Espere siete días mamá." La madre sonrió, "Si, es cierto. Pero tenemos que comer antes de ir a las tiendas. No te preocupes hija, hoy tendrás tus zapatitos rojos." "Esta bien mamá, pero no te tardes mucho." Isabela comió muy de prisa. Quería irse a la tienda pronto para ver sus zapatos rojos. Al fin mamá y ella abandonaron la casa, para irse a las tiendas a comprar. Cuando llegaron a la tienda donde estaban los zapatitos rojos, Isabela corrió para la vitrina. Su cara cambio de alegría a tristeza. Los zapatitos rojos no estaban allí. Miró por toda la vitrina, pero no, los zapatos no estaban en ninguna parte. Comenzó a llorar y le dijo a su mamá, "¡Ves mamá, se llevaron mis zapatos! ¡Tú tienes la culpa! ¡Te dije que me los compraras y no quisiste!" La mamá también se puso triste, le daba mucha pena ver llorar a su hija. "Calmate mi amor, no están en la vitrina, pero deben estar dentro de la tienda. Anda, ven, vamos a preguntarle a una vendedora." Isabela corrió para dentro de la tienda, su mamá le pregunto a la vendedora por los zapatos rojos que la semana pasada estaban en la vitrina. La vendedora le dijo que se los había vendido a un padre, para su hija. Isabela seguía llorando y exclamo, "¡Esos zapatos eran míos! ¡Mi mamá prometió que me los iba a comprar hoy! ¡Yo quiero mis zapatos rojos!" La vendedora les dijo que no tenía más ninguno. Le mostro diferentes clases de zapatos, de muchos colores, menos rojos. Pero Isabela no estaba conforme, ella solo quería los zapatitos rojos. La vendedora quiso ayudarla, pero se dio por vencida, aquella niña se había enamorado de aquellos zapatitos rojos. Salieron madre e hija muy tristes de la tienda. Angélica no sabia que hacer para que su hija dejara de llorar. Le prometió un juguete, Isabela dijo que no. Le prometió un vestido bien bonito, la niña dijo que no. En eso pasaron cerca de ellas una señora y una niña de la misma edad de Isabela. Ella pudo notar que esa niña llevaba puesto los zapatitos rojos que ella quería. "¡Mamá, mamá, esa niña tiene mis zapatitos rojos! ¡Yo los quiero mamá, dile que son míos mamá!" "Hija, no puedo hacer eso. Esos zapatos son de ella y no tuyos. Olvídate por ahora, la vendedora me dijo que pronto vendrán más zapatos, esperemos hija, volverán a poner otros zapatitos rojos en la vitrina, como los que tú quieres." Isabela lloraba con más fuerza. Se acerco a la niña y le dijo, "¡Esos son mis zapatos, tú me los quitaste! ¡Dame mis zapatos rojos, por favor, yo los estuve esperando siete días!" La señora y la niña se miraron asombradas. ¿Por qué lloraba aquella niña? ¿Por qué le quería quitar sus zapatos rojos?" "Hijita, yo le compre esos zapatos rojos a mi hija. Se los compre en un viaje que hice fuera de aquí. No son tus zapatos amor, hay muchos zapatos como este en todas partes que venden calzado." "¡No, no, ese era el único par de zapatos en la vitrina! ¡Yo quiero mis zapatos, son míos! ¡Dame mis zapatos!" Angélica se estaba enojando, le dijo a su hija que no solo hacían un par de zapatos rojos, que muchas niñas podían tener los mismos zapatos. "Deja de llorar hija. Te prometo comprarte tus zapatos rojos cuando los vea de nuevo. No me gusta que seas una niña maleducada. Pide disculpas a la señora y a la niña. Actúas como si no tuvieras zapatos, y gracias a Dios tienes algunos en la casa." Isabela se disculpo con la señora y la niña, pero seguía enojada. En eso vieron a la vendedora de la tienda que corría hacia ellas. Cargaba una caja de zapatos. Se acerco a ellas y le dijo a la niña, "Hijita, tienes mucha suerte. Me dio pena verte llorar y seguí buscando zapatos, ¿y sabes algo? Encontré un par de zapatos rojos, como los que tú quieres. Aquí están, espero ahora estés contenta y dejes de llorar." Isabela comenzó a reír y a brincar de la alegría. Angélica le dio las gracias a la vendedora y le replico a su hija, "Bueno Isabela, ya tienes tus zapatitos rojos. Espero te queden bien. Busca donde sentarte y tratalos." Se sentaron en un banco que estaba cerca, Isabela se puso sus zapatos rojos. Pero para sorpresa de todos, los zapatos rojos le quedaron grandes. Angélica la miró y exclamo, "Ves hija, no te sirven los zapatitos rojos. Tanto llorar y sufrir por unos zapatos rojos, te enamoraste de algo que no te queda bien. A lo mejor los de la vitrina tampoco eran de tu tamaño. Tienes que aprender a ser paciente y aceptar que no todo lo que uno quiere lo puede tener. Ahora dime, ¿qué vas a hacer? ¿Esperar a que algún día te guste otro par de zapatos y yo te los pueda comprar, o quieres estos, aunque te queden grande?" Isabela, ya más calmada, contestó, "Ya no me gustan mamá, no los quiero. No son tan bonitos como yo creía. Perdóname mamá, no volveré a pedirte algo que no me puedas comprar. Esperare a que me guste otro color de zapatos, seré paciente." Siguieron caminando, pasaron por otra tienda de ropa de niños y niñas. En la vitrina había un vestido bien bonito, era de color amarillo y rojo. Isabela se paró en la vitrina, le gritó a su madre, "¡Mamá, mamá, me gusta mucho ese vestido! ¡Cómpramelo mamá!" La madre la miró muy seria y le dijo, "¿Vas a comenzar hija? ¿Acaso no acabas de prometerme algo?" Isabela siguió caminando junto a su mamá, sonrió y replicó, "Tines razón mamá. No volveré a pedirte algo que no me puedas comprar. Pero espero que hoy, me compres aunque sea un juguete." Autora: Carmen L. Rosa. TRES AÑOS. De Carmen L. Rosa.
lunes, junio 30, 2008, 03:50 CST [General]
Tres años te esperé tres años sin ti no fue fácil esperar sin fin. Ahora soy feliz el tiempo lo dejé ir tres años fue una vida para mi ¿cómo es posible que vengas a juzgarme así? Tu egoismo es parte de ti pero gracias al olvido soy paloma libre canto como pajarito y volver a amar ¡es algo tan bonito! Tres años llorando tres años esperando tres años viendo la nieve caer y las hojas secas correr pero en un verano lo conocí a él me dió su ternura me supo querer y mi corazón volvió a renacer. Tres años que la vida borró no fue algo que quise yo, pero la espera fue larga y más largo fue el dolor todo se termina y entre tú y yo todo acabó ¡entiende por favor! en mi corazón solo quedan cenizas de aquello que creí amor. UNA CARTA PARA PAPÁ. DE CARMEN LYDIA ROSA.
viernes, junio 13, 2008, 01:56 CST [General]
Sammy está triste, desde hace más de cinco días no ve a su papito querido. Su mamá y su hermanita mayor lloran mucho y lo hacen llorar a él también. A Sammy no le gusta ver a su madrecita llorar. Él es un niño muy inteligente, muy educado, muy bueno, solo tiene siete añitos de edad. Sammy tiene muchos amiguitos que viven con su mamá y su papá. Sammy sabía que su papá se había ido de la casa con otra mujer, él escucho la conversación que su mamá había tenido con su abuelita. Su abuelita también estaba muy triste. Por eso esa mañana Sammy decidió escribirle una carta a su papá. Mientras escribía sus ojitos color marrón se le llenaban de lágrimas. La casa se sentía vacía si no estaba su papá en ella.
"Hola papá, ¿dónde estás? Te extraño mucho. Hoy tengo que ir a la escuela y no te voy a ver como todas las mañanas, porque no estás en la casa. Papá tú me decías que me querías mucho, que yo era tu rey, tu muñeco. Entonces papá, ¿te fuiste porque ya no me quieres? ¿Tampoco quieres a mi mamá y hermanita? Ellas lloran mucho y yo también. Nosotros si te queremos mucho papá. Ya no me besas, no me abrazas, y ya mis maestras no te ven en la escuela. ¿Es mi culpa papá el que te hayas ido y no quieras más a mamá? ¿Me he portado mal? Te prometo papá que si me he portado mal voy a cambiar, para que vuelvas y me lleves a pasear. No sé donde vives, no sé donde estás, pero espero que el cartero te encuentre, para que te de esta carta y sepas que me haces mucha falta, que quiero volver a jugar contigo, besarte, y decirte lo mucho que te quiere mamá, mi hermanita, y mi abuelita. Quizás tú no lo sabes, pero lo sé yo, ellas sufren mucho papá."
"Papá ayer canté en la escuela, todos los papás estaban presentes, menos tú. El martes me dieron las notas, ¿te acuerdas papá que contento te ponías cuando mis notas eran todas A? Me comprabas dulces y yo podía escoger el juguete que más me gustaba. Papá perdóname, está vez no saque todas A. Solo B y alguna C. No sé que me pasó papá, pero te prometo que si vuelves mis calificaciones van a cambiar. Papá todos dicen que me parezco a ti, a mi me gusta parecerme a ti, pero no quiero ser grande, porque no quiero hacerle a mi hijo lo que tú me hiciste a mi. ¡ Como duele papá! Hoy no quiero ir a la escuela, no quiero comer, no quiero salir de mi cuarto, porque no quiero ver sufrir a mi hermana y a mamá. ¿Por qué te fuiste con otra mujer papá? ¿Es más buena que mamá? No lo creo, porque mamá es la más buena del mundo, me besa, me abraza, seca mis lágrimas y me dice que mi otro papá me cuida mucho, ¿y sabes quién es mi otro papá? Jesús, el que está en el cielo. Pero él está muy lejos, ¿así estás tú también papá? Si estás tan lejos, está carta no te llegara. ¿Sabes lo que voy a hacer papá? Está carta la voy a guardar y si algún día vuelves, yo mismo te la voy a entregar. Quiero que sepas por esta carta lo mucho que sufrimos tu ausencia. Papá, me tengo que ir, mamá me llama, tengo que desayunar e irme a la escuela. No tengo hambre, no quiero ir a la escuela. Antes me llevabas tú y desayunábamos todos juntos. ¡ Que soledad papá! ¡Cómo extraño tu cariño! Mamá se enojará si no voy a la escuela. Papá, ¡me siento caliente! ¿Tendré fiebre? Cuando yo tenía fiebre tú no me dejabas ir a la escuela. Me siento enfermo papá, necesito de ti un abrazo, pero no me lleves al doctor. Contigo a mi lado me siento mejor. Pero eso no puede ser. No estás aquí como antes. Adiós papá, tendré que hablar con mamá. Cuando quieras volver, aquí te voy a esperar. Cada día te quiero más, aunque a mi lado no puedas estar. Dime papá, ¿por qué si soy tu sangre, tu rey, tu adoración, me has abandonado por alguien que no te adora como yo? Cuídate papá y vuélveme a querer. Besos míos, de mamá, mi hermana y mi abuelita. Si ves la carta mojada es porque he llorado mucho. Papá, ¿tú también lloras por mi? Te he dibujado un corazón papá, es solamente para ti. Porque mi corazón es tuyo papá. ¿Me das un abrazo aunque sea de lejos papá?
Sammy. |