La libertad es propia de los seres humanos, es uno de sus derechos naturales, y por eso todas las personas la gozan, aunque ha habido tiempos en los que no todas han podido ejercerla.
En la antigüedad hubo hombres y mujeres sometidos a la potestad de otros hombres que dispusieron de su vida y de su destino. Con su aparición, el cristianismo propuso la igualdad entre los seres humanos, pero fue necesario que pasaran cientos y cientos de años para que ese anhelo triunfara sobre la faz de la Tierra. La dominación de las potencias europeas trajo a la América, apenas descubierta, la fuerza de trabajo de gentes del África, consideradas menos que humanas sólo por su aspecto y su color.
Pero todos, aún las personas que otros consideraron algo menos que humanos, lucharon siempre por alcanzar el libre ejercicio de su libertad. La historia de las naciones del mundo, está plagada de estas batallas.
En el México independiente, han existido muchas cortapisas para la libertad, pues no siempre se ha tenido libertad para sumarse a un sindicato o lo contrario; para profesar la fe religiosa que cada quien quiera; para hacer que los hijos estudien y se formen conforme al credo de sus padres; para afiliarse a un partido político; para asistir a una reunión política; para pensar y expresar lo que se piensa; para votar y elegir a los gobernantes, etc., etc.
Pero en México, el PAN reclutó a millones de mexicanos que conscientemente optaron por el derecho de ser libres; y hubo quienes ciertamente ofrendaron la salud y el bienestar, la libertad y hasta la vida para tener el derecho cierto, concreto y efectivo de elegir a sus candidatos y a sus gobernantes. Se trata de derechos ganados a pulso, cuyo ejercicio hecho a la luz del Sol y ante los ojos de todo mundo, dio prestigio a la lucha más legítima del pueblo por la libertad.
Ya no es posible acusar a la dictadura perfecta del corporativismo priísta, de ser la que restrinja el ejercicio de esa libertad ciudadana; tal parece que han sido los propios ciudadanos quienes han permitido que aquel tesoro forjado con sangre y abundante sufrimiento, se pulverice a favor de innumerables grupos de poder que, pedazo a pedazo, arrebatan a cada uno de sus individuos que los integran, el invaluable derecho de ser libres.
La lucha por el derecho de ser y vivir libres, es una herencia que debe llevarse con acendrado orgullo, y es irrenunciable. Si por haber llegado a las lides políticas durante el panismo reciente, acaso se desconoce cómo se formó ese acervo de civismo, entonces téngase muy presente al dilapidar esa herencia, que su espacio es imposible llenarlo con meras necesidades materiales, con la aspiración o con la oferta de un puesto público, porque tal cosa sería tanto como el abandono del ideal. Para vivir el panismo, se debe honrar la memoria de aquellos que sacrificaron todo cuanto tenían por el Bien de la Patria; para valorar y enaltecer los bienes humanos, principalmente el de la libertad, hay que considerar que a diferencia de su goce que viene por nada, su ejercicio pleno es cosa que jamás se debe postergar.

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