UN PUEBLO VALEROSO.
Juan Manuel Salazar Pimentel.
juanmsalazarp@gmail.com
Pudo haberse retraído, apartarse deliberadamente del ejercicio de sus derechos políticos, cuando atónito vio caer los primeros muertos a manos de los agentes policíacos municipales y estatales, que contra indefensos inocentes descargaron fusiles y ametralladoras.[1]
Cantar retirada habría sido lo más natural al saber de los primeros desaparecidos y de los muchos torturados. Para qué seguir adelante luego de atestiguar el encarcelamiento también injusto de cientos de hombres y mujeres que -al igual que los ultimados, los torturados y los desaparecidos- habían cometido el tremendo error de creerse libres para oponerse a los excesos del gobernador de aquel tiempo.
Nadie habría podido hacerles jamás ningún reproche, si en vez de seguir defendiendo sus derechos se hubiesen replegado, cuando con el uso de maquinaria pesada les destruyeron sus casas para luego quemar lo que de ellas quedó.
Sucedió hace mucho años, cincuenta más o menos, aquí en Baja California. Pero en aquellos tiempos el Pueblo no se doblegó ni se rindió; estaba resuelto a luchar por su libertad y por el libre ejercicio de sus derechos. Frente a sí tuvo, no sólo la fuerza material del Estado, que se usó despiadadamente en su agravio, también padeció la impunidad más completa, cuando los órganos gubernamentales que debían someterse a la ley, se envilecieron poniéndose al servicio del gobernante, para dejar sin castigo todos los abusos y para castigar sin derecho a tantos inocentes.
Muchos, muchos mártires hay de aquellos días, a los que aún se les debe justo reconocimiento.
De aquellos episodios de heroísmo es posible extraer la fuerza que hoy se necesita para sobreponerse al aquelarre perverso que tanto espanta a la población.
La delincuencia es un azote que se ha desplegado incontenible y afecta cada vez más el hacer diario de la gente, de la industria, del comercio, de la academia y de todas las actividades productivas. Motivos habrá que le han permitido pertrecharse sin obstáculos y extender su presencia por todos los rumbos, pues casi no hay colonia o fraccionamiento en donde no se haya localizado una madriguera, una guarida criminal o una muestra de su hacer destructivo.
Pero, por más pertrechado que se encuentre, por más violento que pueda ser y por más extendido que sea su alcance, no pasa de ser un ente en si mismo incapaz de igualar ni superar la fuerza legítima del Estado, cuando éste, apoyado en la ley, se entregue sin reservas al servicio de su pueblo.
Hace cincuenta años, el Pueblo de Baja California fue capaz de enfrentar la fuerza de su propio gobierno, que es la más poderosa que puede existir en un país. Para oponerse entonces a los arrebatos del gobierno, sólo contó a su favor con la razón y el derecho, y cuando fue necesario sacrificó su libertad y hasta ofrendó la vida.
Si este Pueblo valeroso de Baja California tuvo el ímpetu y el valor para oponerse, resistir y vencer a la fuerza autoritaria del poder público que subvirtiendo el orden legal aniquiló la paz pública y acabó con la fortuna y la vida de tantos, hoy el Pueblo de nuevo será capaz de oponerse y vencer, a través de los órganos del Estado mismo, a toda acción criminal que tienda a arrebatarnos nuestro derecho de ser libres y de vivir en paz. Es este el camino posible de andar, porque no puede haber Estado sin pueblo, ni pueblo que pueda encontrar refugio lejos del Estado. ©
[1] Véanse: "Democracia dirigida con ametralladoras. Baja California: 1958-1960", Primera Edición. Carlos Ortega G. 1961. También los periódicos "El Heraldo de Baja California", "Baja California. Diario Independiente al Servicio del Pueblo", "Noticias. Diario de la Mañana. El periódico de la vida bajacaliforniana", en sus ediciones de noviembre de 1958 a diciembre de 1961. Consúltese, asimismo, el periódico San Diego Union de San Diego Ca., edición del 4 de enero de 1959, entre otros.

Social networking