El Ultimo Dalai Lama
NASSAU, Bahamas-Su verdadero nombre es Tentsin Gyatso, nació en el Tíbet oriental, cerca de Jyekundo, en un hogar campesino. Al cumplir los cuatro años "fue descubierto" por los lamas enviados desde Lhasa y fue reconocido como la decimocuarta reencarnación de Buda. Fue ungido y entronizado como "dios viviente" en 1940 y se le dio el título de Dalai Lama, que significa soberano religioso y temporal. Tanto en el Tíbet como en Nepal, sus habitantes practican una religión derivada del budismo, llamada precisamente lamaísmo; y en el primer país (hoy borrado del mapa por la invasión de la China comunista), gran parte de su población masculina se destina a la vida monacal a tal extremo que sus principales ciudades, como Lhasa (Lugar de Dios), están construidas alrededor de monasterios.
El Dalai Lama, en la creencia esencial de su fe, nunca muere; su cadáver es consumido por el fuego de una hoguera, pero su alma vuelve a encarnar en cualquier niño tibetano. Siete sabios designados por el Gran Consejo, y confirmados por un oráculo, deben buscar en todo el país al "nuevo Buda viviente". Una profunda tradición teológica en la que creen los pobladores de esta nación enclavada en las cumbres del Himalaya y que los chinos invasores también han tratado de borrar de las consciencias de estas gentes.
En 1950, las tropas comunistas de la China roja invadieron al Tíbet, con la consigna de "absorber" totalmente al pequeño Estado e incorporar su territorio al chino; pero la resistencia ha sido como se esperaba de un pueblo que proviene de los mongoles, guerreros indómitos del corazón de Asia. El Dalai Lama se negó a reconocer a los invasores y tuvo que exiliarse en la vecina India, donde reside desde entonces. Su trabajo ha sido constante y extenuante, viajando por todo el mundo, haciendo amigos para la causa libertadora del Tíbet y exigiendo, en medio de un discurso de paz, el retiro de las tropas maoístas. Sin embargo, la indiferencia, el interés fugaz y el ambiente glacial es lo que ha encontrado en sus interlocutores, sino discursos vacíos, "palabras huecas"... y la solidaridad no ha aparecido por ninguna parte, a pesar de que las Naciones Unidas votaron una moción de censura contra el atropello chino.
La política de la China continental en el Tíbet tiene tres vértices: 1) la represión por parte del ejército; 2) la transculturación, que significa eliminar poco a poco la cultura tibetana e imponer la comunista; y 3) la depuración social, acabando con la etnia tibetana o mongólica, y que la raza china quede en supremacía. Otros aspectos que los invasores han practicado, ha sido la desaparición de los líderes religiosos, la ocupación de los monasterios y la creación de campos de concentración llenos de opositores al gobierno de facto implantado por Beijing.
La última guerra librada por el Tíbet por su independencia, fue en 1959, ganada brutalmente por los chinos; desde entonces, las revueltas de la población y las manifestaciones políticas y religiosas, han continuado incansablemente en este país que más bien parece absorbido y condenado a la desaparición. La solución no parece vislumbrarse siquiera ante tan poderoso enemigo y eso es causa de frustración en quienes aman la libertad de las naciones.


