No puedo pasar por alto esta bochornosa actitud de un grupo de aficionados salvajes que domingo tras domingo se empeñan en manchar la imagen de nuestro deporte favorito. Da igual si el problema radica en los clubes, en la prensa, en los jugadores, mucho menos si es un problema social o cultural, la cuestión es que es un cáncer y tenemos que radicarlo. Hoy fue la barra brava de Quilmes en Argentina, pero ayer pudo ser la de Boca Juniors o la de la Inter de Milán en Italia y mañana será la del Barcelona en España, no importa.
Hoy no hubo muertos, por suerte, pero ayer si hubo y mañana seguro los habrá. Una derrota, el descenso a segunda, una mano injusta en el último minuto o un penal que no fue sancionado no justifica la violencia, el terror en la cara de los niños, las piedras lanzadas o el odio al equipo contrario. Abramos los ojos de una vez por todas, no aceptemos que estos delincuentes instalen el terror en las canchas de fútbol. Queremos acabar con este problema lo antes posible, si alguien tiene la solución que hable ya por favor.
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