Les voy a decir qué me molesta del Fair Play o Juego Limpio del fútbol. El mismo término ha sido estirado de tal manera por los futbolistas que ya no sabemos muy bien lo que significa. En la práctica, esta hipocresÃa del fútbol moderno ha servido para que los más inocentes se sientan orgullosos de su mediocridad y que los más pÃcaros tengan otra forma de engañar al árbitro legalmente.
El fútbol es un deporte donde el contacto entre los jugadores se hace inevitable, incluso el juego duro se utiliza de una forma premeditada para intimidar al contrario. El árbitro tiene la función de interpretar si una falta es merecedora de tarjeta amarilla o roja, pero de partido a partido esa percepción varÃa y el jugador inteligente se aprovecha de ello. El que la FIFA quiera evitar el juego sucio otorgando un premio insignificante puedo llegar a aceptarlo, pero existen otras actitudes relacionadas al Juego Limpio que no tienen sentido.
El Fair Play no es una ley que esté en el reglamento. Si un jugador cae lesionado no es necesario tirar el balón fuera del terreno de juego, tampoco es un regla tener que devolverlo. Ahora llegamos a lo que verdaderamente me molesta del Juego Limpio. Los jugadores más pÃcaros se aprovechan de esta situación para cortar contraataques del contrario, parar el ritmo del rival o simplemente perder tiempo. Ya es frustrante ver a un jugador fingir estar lesionado y al recibir unos mililitros de agua en la rodilla recuperarse milagrosamente. Pero es odioso ver al equipo rival devolver la pelota una vez recuperado el jugador, eso no es Fair Play, eso es ser tonto.
No se puede ser tan hipócrita para querer limpiar el juego sucio del fútbol cuando se permite la actitud más deshonesta de la humanidad, el engaño.
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