martes, octubre 7, 2008, 03:33 EST
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General]
El desempleado
Fabricio salió aquella tarde desesperado por haber perdido su empleo. Pensaba que no podría seguir pagando los estudios de su hermanita. Era su peor dia, el jefe lo humillo frente a sus compañeros de trabajo diciendole que no queria verlo jamas en su empresa por haber traicionado la confianza que él con mucho carino le había brindado. Y aquel rostro no lo podia borrar de su aturdida mente.
Llego a casa, no comió y se acosto. Su hermanita pensando que algo malo ocurria con su hermano papá tocó su puerta y le dijo que la cena estaba lista, Fabricio con mucho esfuerzo por no dar a conocer su tristeza le dijo que había cenado con unos compañeros de trabajo y que solo necesitaba dormir. Ella, con un poco de escepticismo dejo de hablarle y decidio comer sola.
Cuando ya todos dormian en casa, el muchacho se levanto y decidio buscar otro empleo a traves de internet, entro a una página de citas y descrubrio a la esposa de un amigo en una página de lesbianas. El problema de su trabajo se le fue a los pies y lo olvidó, asi que lo mas importante ahora era sacarle aprobecho al descubrimiento de la noche. Inmediatamente la llamó por teléfono y le dijo que por cincuenta dólares le arreglaria una cita clandestina con una bella chica lesbiana y muy femenina.
Lorena acepto la oferta sin saver quien la estaba llamando y le deposito la cantidad de dinero en el mismo momento. El chico, segundos después llamo a su amiga Maryeni y le explico lo ocurrido, después de unos minutos de conversación, diciendole porque había pedido el dinero a la mujer, su amiga decidio apoyarlo, sabia que la intencion era Buena: pagar algunos gastos del apartamento.
Llego la siguiente noche, y de ese modo la hora de la cita. Maryeni y Lorena se encontrarían a pocas cuadras de la casa de Fabricio, justo en la estación de servicio que tiene una tienda de comidas rápidas. Lorena era una mujer adulta, de complexion recia y alta estatura, vestia un pantalón azúl y blusa negra para verse menos boluminosa. Su cabello corto y negro hacía contraste con su color de piel blanco y sus ojos negros y llenos de vida. Su cartera blanca hacía un tono perfecto con sus zapatos del mismo color. Llego en su carro Honda año 96 color gris y lentamente bajó. Entro a la tienda donde la esperaba su compañera del momento: Maryeni.
La chica de 22 años estaba sentada en una silla cerca de la puerta principal, había llegado vestida exactamente a como fue descrita por su contratador. Con una pierna sobre la otra lucía despampanante. Su bronceado color de piel era uno de sus principales atractivos con sus antiguas relaciones lesbicas. Estaba con una escotada blusa blanca que parecia una sola pieza con su escarchado collar de estrellas azules que Baja ban desde el cuello y llegaban hasta sus senos. Sus pierna espectaculares salian de una minifalda blanca, sostenida en su delgada cintura con un ostentoso cinturon negro que hacía perfecta convinacion con sus altas botas que brillaban con sus nerviosos mobimientos al rítmo de una canción pop que sonaba en la tienda. La joven miraba a la puerta, esperando la llegado de su pareja, mientras movia la boca tomado el sabor a menta de la goma de mascar, como trantado de disimular los nervios que le ocasionaba esperar a una desconocida y mas aún, sabiendo que la llevaria a la cama esa misma noche, sin conocimiento previo ni galanteo de calentamiento.
Lorena entro sin miedo ni remordimientos, estaba dispuesta a pasar una de sus mejores noches con una esbelta chica que había comprado la noche anterior. Estaba segura que su esposo no sospecharia jamas de su escondida preferencia. Sabia que para sus hijos era la mejor madre y para sus vecinos una mujer ejemplar, aunque su aspecto fuese un poco rústico al compararlo con las mujeres del vecindario. Y ambas se vieron, ambas supieron que eran la mujer de la cita. Ambas se vieron a los ojos y con un beso de amigas se saludaron.
Salieron de la tienda, en la distancia, justo en la tienda que esta del otro lado de la calle, Fabricio vio cuando las mujeres se fueran con destino al sur, en busca de un lugar para dedicarse la una a la otra. Anotó el número de placas por la seguridad de su amiga Maryeni y pidio a Dios por su seguridad, pues con los cincuenta dolares pago unos libros y ropa de su hermanita. Le quedaron tres dolares, y al pasar frente a unos indigentes se los dio como accion de gracias a Dios, mientras le pedia perdon de todo corazón.