La FIFA, en entrevista exclusiva, le buscó la lengua a Diego Maradona y este, ni sordo ni dormido no se hizo esperar: "No soy mucho mejor que él. Lo importante es que hubo una votación de la gente y lo dejé segundo. Eso no me lo va a quitar nadie", respondió.
Curiosamente la propia FIFA organizó dicha encuesta vía internet hace un par de años y ciertamente, la misma arrojó a Maradona ganador.
Para Diego ese fue un golpe de gracia, para la FIFA un dolor de cabeza ya que se sabe, le debe mucho al Pelé "Relaciones Públicas" y sus dirigentes habrán pensado en su momento armar la encuesta para confirmar en el trono al "Rey", pero este quedó segundo luego de haber sido promocionado, entre bastidores, como el "Number One".
Y luego de aquella metida de pata la FIFA ahora no tuvo mejor ocurrencia que darle la mecha para el fuego al actual técnico de Argentina, que se lo podrá criticar mucho pero tiene la peculiaridad de no medir las consecuencias de sus declaraciones además de ser un declarado enemigo de la FIFA y su ámbito dirigencial.
Para muchos observadores internacionales, la respuesta de Diego fue una manera de volver a la carga contra Pelé, más allá de una encuesta.
La rivalidad Maradona-Pelé es uno de los pasatiempos preferidos del periodismo deportivo del planeta y del mismísmo ex astro argentino, y cuando le dan la opción, como en la entrevista de la FIFA, le mete mano al tema.
Creo que en el fondo el "Pelusa" disfruta alterar al entorno del "Rey" que muy a pesar de su sonrisa subyugante no le gusta que le toquen el trono ni adentro de casa ni afuera.
Allá ellos, la rivalidad va a seguir porque en definitiva el fútbol que ambos practicaron fue de otro "mundo" y la tendencia es confundirse con la habilidad de uno y otro.
Por supuesto en la elección muchas personas recurren a la faceta personal y en ello Maradona es el elegido de la crítica y los críticos, no importa lo que hizo con un balón, en el análisis cae su carácter rebelde y contestatario, su poca sintonía de ser hombre de "empresa", su pasado de drogas y fiestas, "su gol de la Mano de Dios" (para mí una de las picardías más notables que ví y que sigo sin entender como el árbitro de aquel partido contra Inglaterra nunca vio), sus respuestas dignas de un boxeador irreverente.
Diego es el arrebato, los códigos barriales, los caprichos, el análisis sin preámbulo.
Pelé es la simpatía, la tarjeta de crédito libre de pecados, la presencia pulcra, el personaje idolatrado que siempre sonríe y nunca hiere con sus comentarios. El de la vida privada a la cual no muchos acceden y también es la FIFA y su mundo de miembros exclusivos y nada polémicos.
Usted los elegirá de acuerdo a sus simpatías personales, yo, que vi el final de uno, en el Mundial 1970 y la gloria del otro en el Mundial 1986, le puedo afirmar algo: fueron insustituíbles, únicos, que le dieron al fútbol las notas musicales más armoniosas y extraordinarias que hasta hoy se haya visto en una cancha de fútbol.
Por supuesto que la rivalidad seguirá estando ahí, pero para los que tuvimos la suerte de verlos a ambos, benditos sean.

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