A la FIFA el Mundial de Clubes 2007 le salió de maravillas, tanto que el año futbolero se cerró con un duelo entre dos grandes del balompie, Milan de Italia y Boca Juniors de Argentina, mejor imposible.
En el camino habían quedado el Pachuca de México que se olvidó de una sola cosa, hacer goles, el Urawa japonés, que terminó tercero y el sorprendente equipo tunecino Etoile du Sahel. Los organizadores nipones y Blatter y sus muchachos se frotaron las manos, el certamen cerró con una joyita.
Pero más joyita fue el 4-2 del Milan sobre Boca, un Boca que en el primer tiempo hizo bien sus deberes y en el complemento se desesperó al recibir el segundo gol, y por ello pagó caro porque en el bando contrario el brasileño Kaká rindió honor a su estirpe de jugador talentoso y letal, esos que en los momentos picantes se agrandan aun más, los que hacen la diferencia del buen jugador al fuera de serie.
Y si bien el conjunto argentino se podía haber acercado en el marcador, la figura de Kaká, bien secundado por Pirlo, Seedorf e Inzaghi firmaron con sello ganador la definición del certamen japonés, campeón y se acabó la historia.
Así el equipo itálico se convirtió en el que más torneos internacionales ganó en la historia, 18, por eso el triunfo no es casualidad, un grande de Europa liquidó al ´xeneize´ y dejó a su técnico Miguel Angel Russo en la cuerda floja.
Como corolario a esta final, la FIFA le otorgó a Kaká el Premio al Mejor Jugador 2007, por arriba de Messi y Cristiano Ronaldo, cuarto ´garoto´que se lleva semejante premio, herencia futbolera de alto calibre, una sana costumbre que no claudica.
Ganó el Milan, ganó Kaká, ganaron los japoneses, ganó la FIFA, pero por sobre todo, ganó el fútbol del bueno.

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