Halloween
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    ¿Se te suben los muertos?

    miércoles, octubre 15, 2008, 06:41 EST [General]
    Publicado Por: Halloween

     

     Ya no quiero tomar pastillas, quiero dormir como todo el mundo por lo menos una vez más, sin que los muertos me visiten, sin que se acuesten conmigo, a mi lado... sobre mi. Estoy harto de sentir cómo poco a poco pierdo el control de mi cuerpo cuando ellos me visitan de noche.

    Antes yo no era así y maldigo aquella noche en que me senté junto a la fogata con mis vecinos a contar historias de ultratumba. Éramos niños jugando con fuego y yo terminé por quemarme, por consumirme cada noche en el mundo de los que ya se fueron, pero que duermen conmigo.

    Comíamos salchichas ensartadas en ramas de árbol, cuando uno de ellos comenzó a narrar que su abuelo, recién fallecido, lo visitaba de noche. Pensé que usaría la trillada historia de que le jalaban los pies o que se le aparecía por el pasillo cuando se levantaba al baño. Si embargo me sorprendió cuando dijo "se acuesta sobre mi".

    Es una sensación, según describió, que te paraliza el cuerpo por completo. Estás dormido y de pronto es como si te llenaran el cuerpo de anestesia, te quieres mover pero no puedes, quieres correr, pero las piernas no te responden; intentas gritar, pero tu boca no se mueve... quieres cerrar los ojos, pero éstos solo se quedan abiertos y ven cómo el muerto entra en tu cuarto, camina hacia ti y se mete en tu cuerpo.

    Todos quedamos en silencio por unos minutos, hacía mucho frío y de pronto, de la nada, alguien dijo "a eso se le llama que se te sube el muerto". Hasta entonces a mi jamás me había pasado, pero luego de esa noche, comenzaron a suceder cosas extrañas.

    Primero comencé a sentirme acompañado en casa cuando realmente no había nadie, ni mis padres ni mis hermanos. Bastaba con que estuviera en mi recámara, para que de pronto viera pasar a alguien por el pasillo y aunque corriera para ver de quién se trababa, nunca encontré a nadie.

    Poco a poco mis noches se volvieron intranquilas, la sombra de los árboles que se filtraba por la ventana, tomaba formas, siempre de rostros, era como si alguien me espiara permanentemente desde afuera, esperando que me venciera el sueño para poder entrar.

    Un día en la cena se habló de la anciana que vendía fruta todas las mañanas. La habían encontrado muerta una mañana, muchos dicen que se quedó dormida en la calle y se congeló. Mi hermano relató todo lo que se decía en el barrio sobre ella y cuando me fui a mi recámara no pude dejar de pensar en ella.

    Cerraba los ojos y se me aparecía por todas partes, miraba a la puerta y su sonrisa estaba sobre la pintura. De pronto miré a la ventana y ahí estaba su figura plasmada sobre la cortina.

    Quise levantarme y salir corriendo, pero mi cuerpo no respondió. Cerré los ojos una vez más implorando que fuera un sueño, pero de pronto todos mis músculos se contrajeron, intenté gritar pero solo pude soltar un murmullo... ya era tarde, la anciana estaba recostada junto a mi... sobre mi... dentro de mi.

    Es entonces cuando comienza la verdadera batalla, el muerto intenta volver a la vida tomando tu cuerpo y tú luchas para no dejarlo entrar. El enfrentamiento dura apenas unos minutos, aunque el esfuerzo te agota como si fueran horas.

    Dentro de tu desesperación quieres saltar, quieres lanzar aunque sea un aullido para que alguien venga y te mueva, te haga reaccionar y expulsar a ese ser que se niega a salir. Pero ellos son hábiles y lo primero que toman es tu lengua, la enfrían con sus dedos sin vida y la anudan en tu garganta; succionan la fuerza de tus músculos y poco a poco te paralizan.

    Sin embargo les cuesta trabajo dominar tus extremidades, pies y manos quedan fuera de su control, así que cuando logras mover por lo menos un dedo, les rompes la puerta de acceso y deben marcharse para no quedar atrapados en el limbo, para no quedarse en el puente entre la vida y la muerte.

    Ya no quiero tomar pastillas para dormir, porque éstas lo único que hacen es sacarme de mi, pero no sé si es peor, porque puedo ver a todos los que intentan quedarse con mi cuerpo cada noche. Soy un espectador de las luchas que libra mi organismo en la oscuridad.



    Hasta ahora siempre he logrado tumbar a los que se me suben, pero cada vez me cuesta más trabajo. Esta noche, cuando duermas, ¿podrías pensar en algunos muertos para que te visiten, se te suban y me quites este peso de encima?

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