Estoy enamorado de cuánto crece al aire libre, de los hombres que viven entre el ganado, o de los que paladean el bosque o el océano, de los constructores de barcos y de los timoneles, de los hacheros y de los jinetes, podría comer y dormir con ellos semana tras semana.
Lo más común, vulgar, próximo y simple, eso soy Yo,
Yo, buscando mi oportunidad, brindándome para recibir amplia recompensa, engalanándome para entregar mi ser al primero que haya de tomarlo, sin pedir al cielo que descienda cuando yo lo deseo, esparciéndolo libremente para siempre.
Estos son en verdad los pensamientos de todos los hombres en todas las épocas y naciones, no son originales míos, si no son tuyos tanto como míos, nada o casi nada son, si no son el enigma y la solución del enigma, nada son.
Esta es la hierba que crece dondequiera que haya tierra y agua, este es el aire común que baña el globo.
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¡quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?
Cuanto yo señale como mío, Debes tú señalarlo como tuyo, Porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es mas que cieno y podredumbre, no me puedo para a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos; y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto. Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como de da la gana.
¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?
Después de escudriñar en los estratos, después de consultar a los sabios, de analizar y precisar y de calcular atentamente, he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.
Soy fuerte y sano.
Por mi fluyen sin cesar todas las cosas del universo. Todo se ha escrito para mi. y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.
Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero, y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan. Las leyes elementales no piden perdón. Y, después de todo, no soy mas orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.
Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante. Si nadie me ve, no me importa, y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve, el mas grande de todos los mundos: Yo. Si llego a mi destino ahora mismo, lo aceptaré con alegría, y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito y me río de lo que tu llamas disolución por que conozco la amplitud del tiempo.
un cosmos, el hijo de Manhattan, turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo y procreando, no es un sentimental, no mira desde arriba a los hombres y mujeres ni se aparta de ellos, no es más púdico que impúdico
¡Quitad los cerrojos de las puertas! ¡Quitad las puertas mismas de sus quicios! Quien degrada a otro me degrada a mí, y todo lo que hace o dice vuelve a la postre a mí.
La inspiración mana y mana de mí, me recorren la corriente y el índice.
Pronuncio la contraseña primordial, doy la señal de la democracia, nada aceptaré, ¡lo juro!, si los demás no pueden tener su equivalente en iguales condiciones.
Voces desde hace largo tiempo enmudecidas me recorren, voces de interminables generaciones de cautivos y de esclavos, voces de enfermos y desahuciados, de ladrones y de enanos, voces de ciclos de gestación y de crecimiento, y de los hilos que conectan las estrellas, y de los úteros y de la savia paterna, y de los derechos de los pisoteados, de los deformes, vulgares, simples, tontos, desdeñados, niebla en el aire, escarabajos que empujan bolitas de estiércol.
Voces prohibidas me recorren, voces de sexo y lujuria, veladas voces cuyo velo aparto, voces indecentes por mí purificadas y transfiguradas.
No me tapo la boca con la mano, trato con igual delicadeza a los intestinos que a la cabeza y el corazón, la cópula no es para mí más grosera que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos, y cada parte, cada pizca de mí es un milagro.
Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco o me toca, el aroma de estas axilas es más hermoso que una plegaria, esta cabeza más que los templos, las biblias y todos los credos.