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    Oh Terremoto Mental

    sábado, octubre 11, 2008, 05:29 EST [ Ruben Dario]

     
    Oh Terremoto Mental
    Ruben Dario
    ¡Oh, terremoto mental!
     
     
     

    Yo sentí un día en mi cráneo
    como el caer subitáneo
    de una Babel de cristal.
     

    De Pascal miré el abismo,
    y vi lo que pudo ver
    cuando sintió Baudelaire
    el ala del idiotismo.
     

    Hay, no obstante, que ser fuerte;
    pasar todo precipicio
    y ser vencedor del Vicio
    de la Locura y la Muerte.
     
     
     
     
     
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    Ofrenda.

    sábado, octubre 11, 2008, 05:24 EST [ Ruben Dario]

     
    Ofrenda.
    Ruben Dario.
     
     
     
     

    Bandera que aprisiona
    el aliento de Abril,
    corona
    tu torre de marfil
    Cual princesa encantada,
    eres mimada por
    un hada
    de rosado color.
     
     

    Las rosas que tú pises
    tu boca han de envidiar;
    los lises
    tu pureza estelar.

    Carrera de Atalanta
    lleva tu dicha en flor;
    y canta
    tu nombre un ruiseñor.
     
     

    Y si meditabunda
    sientes pena fugaz,
    inunda
    luz celeste tu faz.
     
     

    Ronsard, lira de Galia,
    te daría un rondel,
    Italia
    te brindara al pincel.
    para que la corona
    tuvieses, celestial
    Madona,
    en un lienzo inmortal.
     
     

    Ten al laurel cariño,
    hoy, cuando aspiro a que
    vaya a ornar tu corpiño
    mi rimado bouquet.
     
     
     
     
     
     
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    Naturaleza Muerta.

    sábado, octubre 11, 2008, 05:20 EST [ Ruben Dario]

     
    Naturaleza Muerta.
    Ruben Dario.
     
     

    He visto ayer por una ventana un tiesto lleno de lilas y de rosas pálidas, sobre un trípode. Por fondo tenía uno de esos cortinajes amarillos y opulentos, que hacen pensar en los mantos de los príncipes orientales. Las lilas recién cortadas resaltaban con su lindo color apacible, junto a los pétalos esponjados de las rosas té.
     

    Junto al tiesto, en una copa de laca ordenada con ibis de oro incrustados, incitaban a la gula manzanas frescas, medio coloradas, con la pelusilla de la fruta nueva y la sabrosa carne hinchada que toca el deseo; peras doradas y apetitosas, que daban indicios de ser todas jugo, y como esperando el cuchillo de plata que debía rebanar la pulpa almibarada; y un ramillete de uvas negras, hasta con el polvillo ceniciento de los racimos acabados de arrancar de la viña.
    Acérqueme, vilo de cerca todo. Las lilas y las rosas eran de cera, las manzanas y las peras de mármol pintado, y las uvas de cristal.
     

    ¡Naturaleza muerta!
     
     
     
     
     
     
     
     
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    Marina.

    sábado, octubre 11, 2008, 05:14 EST [ Ruben Dario]

       
    Marina.
    Ruben Dario.
     
     
     
     
     
    Mar armonioso,
    mar maravilloso,
    tu salada fragrancia,
    tus colores y músicas sonoras
    me dan la sensación divina de mi infancia
    en que suaves las horas
    venían en un paso de danza reposada
    a dejarme un ensueño o regalo de hada.
     
     

    Mar armonioso,
    mar maravilloso,
    de arcadas de diamante que se rompen en vuelos
    rítmicos que denuncian algún ímpetu oculto,
    espejo de mis vagas ciudades de los cielos,
    blanco y azul tumulto
    de donde brota un canto
    inextinguible,
    mar paternal, mar santo,
    mi alma siente la influencia de tu alma invisible.
     
     
     

    Velas de los Colones
    y velas de los Vascos,
    hostigadas por odios de ciclones
    ante la hostilidad de los peñascos;
    o galeras de oro,
    velas purpúreas de bajeles
    que saludaron el mugir del toro
    celeste, con Europa sobre el lomo
    que salpicaba la revuelta espuma.
     
     

    ¡Magnífico y sonoro
    se oye en las aguas como
    un tropel de tropeles,
    tropel de los tropeles de tritones!
     
     

    Brazos salen de la onda, suenan vagas canciones,
    brillan piedras preciosas,
    mientras en las revueltas extensiones
    Venus y el Sol hacen nacer mil rosas.
     
     
     
     
     
     
     
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    Marcha Triunfal

    sábado, octubre 11, 2008, 04:59 EST [ Ruben Dario]

     
    Marcha Triunfal
    Ruben Dario.
     
     
     
     

    ¡Ya viene el cortejo!
    ¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.
    La espada se anuncia con vivo reflejo;
    ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.
     
     

    Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
    los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
    la gloria solemne de los estandartes
    llevados por manos robustas de heroicos atletas.
     
     

    Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
    los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
    los cascos que hieren la tierra
    y los timbaleros,
    que el paso acompasan con ritmos marciales.
     
     

    ¡Tal pasan los fieros guerreros
    debajo los arcos triunfales!
    Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
    su canto sonoro,
    su cálido coro,
    que envuelve en un trueno de oro
    la augusta soberbia de los pabellones.
     
     

    Él dice la lucha, la herida venganza,
    las ásperas crines,
    los rudos penachos, la pica, la lanza,
    la sangre que riega de heroicos carmines
    la tierra;
    los negros mastines
    que azuza la muerte, que rige la guerra.
     
     

    Los áureos sonidos
    anuncian el advenimiento
    triunfal de la Gloria;
    dejando el picacho que guarda sus nidos,
    tendiendo sus alas enormes al viento,
    los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!
     
     

    Ya pasa el cortejo.
    Señala el abuelo los héroes al niño:
    -Ved cómo la barba del viejo
    los bucles de oro circunda de armiño.-
     
     

    Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
    y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa;
    y la más hermosa
    sonríe al más fiero de los vencedores.
     
     

    ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera;
    honor al herido y honor a los fieles
    soldados que muerte encontraron por mano extranjera!
     
     

    ¡Clarines! ¡Laureles!
    Las nobles espadas de tiempos gloriosos,
    desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:
    -Las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos,
    hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros.-
     
     

    Las trompas guerreras resuenan;
    de voces, los aires se llenan...
    A aquellas antiguas espadas,
    a aquellos ilustres aceros,
    que encarnan las glorias pasadas...
     
     

    Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
    y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros,
    al que ama la insignia del suelo materno,
    al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
    los soles del rojo verano,
    las nieves y vientos del gélido invierno,
    la noche, la escarcha
    y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
    ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra
    que tocan la marcha triunfal...
     
     
     
     
     
     
     
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