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    A Vicent Lourdes Espinola.

    lunes, febrero 25, 2008, 09:35 EST [ Lourdes Espinola.]

     
     
    A Vicent
    Lourdes Espinola.
     
    Comprendes cómo te nombro,
    con mente quieta y silenciosa
    me escucho cuando no me escuchan,
    escribo tu nombre con el borde de
    la lengua, rodando el filo vacío
    de los labios.
     
    Y te extiendes luchando en la
    humedad de mi deseo, en la
    resonancia del silencio.
     
    Te aíslo y separo de los otros
    sucesivamente incierto, tiemblas
    dentro en la garganta, te atrapo
    y fortalezco; como símbolo fresco
    te hago mío.
     
    Envuelvo tu nombre en mi contacto,
    cuerda vocal que busca su instrumento.
     
    Te estanco en el sonido de mi aliento,
    te resistes, te rindes: te he nombrado.
    De repente, te tropiezo, te abres hacia
    mí y desde el desván del alma ese papel,
    esa escritura indócil me avasalla y me
    pierdo a mí misma en el pequeño orbe
    de tu carta.
     
    Suspendida en la hoja, gota a gota
    salto hacia ti, escafandra en mano,
    y me ciño la ropa de los tibios años.
     
    Estoy en todas partes y en ninguna:
    fantasmagórica y real, me seduces
    y ahogas.
     
    En el beso mortal con olor a tus
    manos  me deshaces en caos.
     
    Vuelvo a mi ordenado mundo,
    cierro el sobre.
    Pero cómo recobrar los gestos
    del amor, las olvidadas trampas,
    las miradas que se nutren en los
    ojos del otro.
     
     
    Cómo despertar a mi dormido
    cuerpo, despojado de noches,
    amortajado en sueños, en ardid
    de silencios.
     
     
     
    Cual válvula escondida hará
    correr la sangre para entibiar
    rincones e innombrables nostalgias.
     
     
     
    Mis manos desperezan
    la boca entumecida
    que nutriéndose va de
    tus palabras.
     
     
    Apenas ya recuerdo los ritos,
    los gemidos.Hilvanando memorias
    antiguas, aprendidas, empezará a
    girar mi aliento entre tus manos.
     
     
    Apenas recordando, ensayando
    de nuevo las palabras. Eres nube,
    eres mar, eres olvido.
     
     
    Eres también aquello que has
    perdido Jorge Luis Borges No estás
    al alba, el diamante de la memoria
    sella miradas  y mi silencio acuña tu
    silencio.
     
     
     
    Espejos vienen reflejando
    en mi pupila lo que fue del
    amor atrevido, del callado
    que respirando va en nuestra
    garganta  y súbito y audaz ya
    nos atrapa.
     
     
     
    El vino rojo de memorias
    nos inunda y nos baña este
    silencio, este tímpano sordo
    de tus cartas, esas claves
    secretas  en tus libros, esa
    manzana roja que mordimos,
    esos susurros, esas noches.
     
     
     
    Vamos a considerar
    todas las cosas: tu
    mirada empapada
    de otras noches,
    tus manos de semilla
    ,y sobre todo tu fuego,
    que crea tanto y temo
    me destruya; y también
    la puntual muerte del amor,
    como me hablaste.
     
     
    Pero mejor, no consideremos
    nada y extiende el ramillete
    de nervios de mi tacto, sólo
    para que Dios no me encuentre
    dormida. Insomne en soledades,
    las estaciones de mi cuerpo callan,
    esperando dormidas en los fuegos.
     
     
    Al regresar de conquistadas
    noches, náutica en fábulas y
    abismos, astro demente del amor.
     
    Soy quemante espectro.
     
    Frente a ti, la piel brillante
    al aire, desnuda de los pies
    hasta el alma y tú ni te das
    cuenta, todavía.
     
    Extraño ritual al tacto, reconocer
    el  libro  con tu  nombre:  respiras
    entrelíneas y muerdes, en las marcas
    de los márgenes.
     
     
     
    Las páginas leídas tornadas
    grises por tus dedos son palabras
    con olor a tus poros, amoldados,
    tibios, a tus manos.
     
     
    La azul tapa cosquillea cada
    nervio extendido de mi mano,
    al tropezar luego sorprendida
    con la doblada página elegida,
    la que resume alientos y me habla.
     
     
    A veces en silencio te nombro
    con la urgencia de mi desesperanza.
     
    Mi ropa son mis ansias y están atadas
    a mi piel, con esa falta de todo lo que
    llenas.
     
     
    Respiro en tus papeles, al borde de
    tu cama, cual desnudo invisible que
    la sombra acompaña.
     
     
    Hoy sientes en la tarde que
    espejos transparentes te
    devuelven mi cara.
     
     
    Mis pupilas cansadas mecidas
    en tus manos te muerden cada
    dedo, vedados como  abismos
    de frutos prohibidos.
     
     
    Cierro la puerta, grito,
    llamando ese rincón poblado
    de tu savia. Manos abriéndose,
    como interrogación no terminada
    en enigma de opaco crucigrama.
     
     
    Mirar el rostro y luego...
    tus pies nudosos y descalzos,
    blancos en la espuma de un
    mar que no nos permitió vernos.
    Transparencia.
     
     
    ¿Cuál pupila reflejará el verde
    o el azul?
     
    El antiguo cuervo de tu pelo
    batirá sus alas, sacudiendo
    mi punto de recuerdo en el
    horizonte de la tarde.
     
     
    Insomnes caminantes, ya caemos,
    distraídos casi,  en transparencias:
    con prodigioso amor y demoliendo
    duras cáscaras viejas, carcomidas.
     
     
    Fulminante resurrección: así
    clavada sencillamente a éste
    tu costado, vuelvo salada de
    naufragios, de fantasmas
    implacables,  tardíos desatinos.
     
     
    (y me deslizo despacio de esta isla,
    alargándome  apenas en tus alas).
     
     
    Desvelado vives en los nervios
    insomnes de mis noches o en el libro
    que guardo con tu nombre.
    (Redondo y suave tacto como alas).
     
     
    Ángel de fuego, tocas y destrozas
    las angustias,  asfixias y temores,
    enloqueciendo mi médula en secreto.
     
     
    Inventaste la creación entera y no
    existía; ángel, arcángel, espuma, alas,
    antes de que tu lengua me tocara.
     
     
    Terciopelo de labios, caracola,
    húmedo, caliente,   tu aliento
    entre mis manos.
     
     
     
    Y cómo contestar esa confidencia,
    de amores enredados, de azoradas
    esquinas, de tardes compartidas.
     
     
    Diciéndote, mi amigo, que antes
    te esperaba, que te espero, que
    quisiera enredarme en tus amores,
    mantenerte  despierto, que me pienses
    al alba.
     
     
    En tu lista de amores, azares, confidencias,
    estoy aquí esperando, respiro entre tus sábanas
    llamándote, mi amigo.
     
     
     
     
     
     
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    In Memoriam de Picasso. Lourdes Espinola.

    lunes, febrero 25, 2008, 07:58 EST [ Lourdes Espinola.]

    In Memoriam de Picasso.
    Lourdes Espinola.
     
     
     
    Las Damas de Avignon
    bailan sobre el puente
    en inquebrantable libertad.
     
     
    (El arte no es verdad, sino
    mentira que nos hace ver
    la verdad).
     
     
    Formas sin peso, espacio
    eternizado, tus mujeres
    tan vivas y brillantes en
    sus  celestes  carnes, 
    mientras Dora Maar   llora,  
    tus  damiselas  con  sus
    vientres verdes hacen así,
    así me gusta   a mí.
     
     
     
    Empire State, ciénaga del tiempo,
    círculo del ponzoñoso eco.
     
     
    Rito penitencial de tal estirpe.
     
    Cronología de quien tuvo
    que morir para crearte.
     
     
    Nos atrapas, despojas de
    bélicas hazañas y eróticos
    torneos y en cambio exhalas
    patriarcas  colosales  en
    invisible   costumbre,   mito 
    de centenarias  estructuras
    procreando fantasmas.
     
     
     
    Morder de las maduras
    frutas de tu mano,  la
    perfecta, rotunda, la
    anhelada.
     
     
     
    Explorando tu voz
    amanecida, tus gemidos:
    tibios deseos despertando,
    dormidos, los corceles
    antiguos,los sedientos.
     
     
     
    Buscar tu brújula, ser copa,
    fruto, receptáculo, sonido
    del amor que se reúne en
    el agua y la tierra.
     
     
     
    Tardías madrugadas
    de tejer tu boca en mi
    almohada.
     
     
    (entre la madeja que
    recuerdo y la que olvido).
     
     
    Tersa despierto, fecunda
    hélice perenne: esta espiral
    acuática que siempre posterga
    tu llamada.
     
     
    Juego de tímpano y sonido
    cargado de humedad y de
    colinas, de lengua de deseo
    o tensa honda.
     
     
     
    Soy la tibia humedad que
    no regresa, soy el deseo
    que callado espera, soy
    la otra que despierta al alba.
     
     
    Extiendo la memoria hasta
    tocar tu lengua, donde otra
    boca borra ya mi tacto.
     
     
    En la soledad que cae
    vertical en esta cama
    espero, en callada
    humedad, esa llamada,
    que fue que no será,
    pero que espero.
     
     
    Me arrepiento del olvidado
    banquete de tu cuerpo
    extendido en esa cama
    blanca que quedó intacta
    a pesar del deseo, a pesar
    de la noche, del beso,
    de tus manos.
     
     
    Más profundo que la roja
    médula, tu nombre grabado.
    El resto, soledad.
     
     
    El polvo masticado
    de los años, clave
    para descifrar la vida,
    oscurece la pupila.
     
     
    Y comprenderme sólo
    rompiendo relojes,
    calendarios.
     
     
    Veo tu azulada voz
    mirándome, esperando.
     
     
    Unas manos certeras
    que detienen el alocado
    jinete de mis senos, y
    en las calladas nupcias
    presenciamos tu cuerpo
    alargándose en el mío.
     
     
     
    Brazaletes y párpados
    te ciernen, quisieran
    gritos   y   gemidos,
    esperando del alocado
    néctar, la cita diferida
    del minuto para poder,
    tal vez, vencer la muerte.
     
     
     
    Qué pena que apenas.
    Los salados huecos de
    tus manos tocaron cuello,
    senos, corazón y alas,
    pero faltaba tanto.
     
     
     
    Cada geografía de
    abandonada isla por
    descubrir, penetrar,
    marcar el territorio,
    apenas.
     
     
     
    Conocer, adivinar tus
    dientes, labios demoradas
    ternuras presentidas.
     
     
     
    La redondez de cada dedo
    hundido en boca melancólica
    y a veces alejada.
     
     
     
    Imaginar apenas los
    murmullos, gemidos,
    el secreto lenguaje del
    momento que no fue,
    que pudo ser.
     
     
     
    de bocas desatadas,
    de pasión taciturna
    de hambre que despacio...
     
     
     
    Para mí ni la noche,
    y menos la mañana:
    sólo tu isla  y mi sediento
     mar citando rompe la tarde.
     
     
     
    La secreta nostalgia
    de la siesta, la complicidad
    de las palabras siempre,
    a media voz cuando avanzan
    las horas.
     
     
     
    Tus manos y tu boca
    pueden navegar húmedas
    cada oculto rincón sin
    ocultar la prisas.
     
     
     
    Y después las palabras:
    qué tal, cómo te sientes
     ¿te acuerdas cuando
    éramos niños, esa tarde?
     
     
    ¿Cómo atrapar este momento?
     
     
    La dulce compañía de tu
    ausencia lánguida se instala
    en mi pasado y a veces se
    revela   en el    presente.
     
     
     
    Cómo absorber la esencia
    del momento en la desnuda
    isla que me aprieta, en esta
    soledad que me acorrala.
     
     
    Por momentos, a veces me
    acostumbro. Sola, salgo de
    mí,  y  a  mí  regreso  en
    multiplicidades de persona.
     
     
     
    No escapo a mi presencia
    en la unidad cerrada del
    silencio.
     
     
    Me absorbo y dulce
    me enveneno, reduciendo
    palabras, pensamientos,
    a esta hora absurda,
    dilatada, crecida de infinito.
     
     
     
    Hoy hablamos.
     
     
    No importan las palabras
    ni los gestos, pero sí los
    espacios de silencio.
     
     
     
    Azorada te escucho,
    extendiendo mis comas
    y adjetivos, acariciándote
    en puntos suspensivos,
    anudándote, con un
    punto final en cada frase.
     
     
     
    Para que no escapes
    cuando espero, tocando
    casi ese silencio tuyo.
    Cada árbol una flauta
    y cada flauta una lanza.
     
     
     
    ruido sinfonía y la sinfonía
    un grito de batalla.
     
     
    (Quien quiera comprender
    que comprenda).
     
     
    En silencio y sola,
    el bosque se enbandera
    de luna, el corazón
    humano se despoja
    de temblores
    y desmesuras.
     
     
     
    En memoria de los
    malos días
    -estoy segura-
    saldré airosa del Juicio Final:
    me lo han prometido
    los antiguos dioses.
     
     
     
     
     
     
     
     
     
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    Como te Nombre.

    jueves, febrero 14, 2008, 06:56 EST [ Lourdes Espinola.]


    Como te nombre.
    lourdes Espinola.

    con mente quieta y silenciosa
    me escucho cuando no me escuchan,
    escribo tu nombre con el borde de la lengua,
    rodando el filo vacío de los labios.

    Y te extiendes luchando en la humedad de mi deseo,
    en la resonancia del silencio.

    Te aíslo y separo de los otros sucesivamente incierto,
    tiemblas dentro en la garganta, te atrapo y fortalezco;
    como símbolo fresco te hago mío.








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