Soy la amante que estrenas, la nueva, la eterna, la de muslos trigueños, columnas seguras que se abren perfectamente para dar paso a tu mar ancho y espeso.
Soy la de paralelas montañas, erectas, duras, por donde han caminado pájaros heridos de amor.
Soy la amante nocturna, la de noctámbulos besos, ( mis ojos, túneles profundos donde se pierde la soledad).
Soy la de siempre, la eterna, la que te arranca el hastío de cada costado, la que se tiende plácidamente, la que se para, la que te sorprende, la que se quita las vestiduras y se lava en tu río claro.
Soy la que te crucifica con mis ojos, con mi lengua, la que se pierde en tu mirada lela, la que infatigable recorre tu cuerpo, la que vibra con devoción en tu silencioso mundo.
Soy ella, la eterna, la antigua, la nueva, la de siempre la que se cierra la que se abre la de ambivalentes tardes.
Soy la que renace, la que se abre la que se cierra.
más fresca que el agua azul para tu noche de amor. Cada extremo de mi boca, cada esquina de mis miembros se apresuran como ágiles peces hacia tus tibias aguas.
Amante mío, yo deseo la mordedura de tus dientes y me encamino temblorosa hacia cada uno de tus dedos, me detengo a mirar tu cuerpo a través de oscura cerradura e incontenible deseo se posa en mis húmedos senos.
Por tí se escapa la sequedad de mi boca, mi mirada de brújula perdida en tus rincones, floto voluptuosa en tus profundas aguas y me abro como flor nocturna a tu plácida noche.
Mi cuerpo, fiesta fértil y lasciva. Paséeme solitaria, desnuda ante tu noche, siémbrame semillas olorosas a sal.
Mírame desnuda con la hermosa sospecha que mi vientre será fértil a tu salada lluvia.
Mi caverna, tibia y silenciosa, guarida perfecta de tu solitario cuerpo, Mi boca es suave entre tus dientes, mi lengua, pájaro que anida en tu boca.
Por mi carne fluye sudor de hierro y me prendo como alga marina a tu confuso mar.
Soy la obra inconclusa con infinitas posibilidades para un final. Me entrego fácil a tus brazos, con el misterioso encanto de un ritual.
Se aproximaba. Las pupilas baldías, el cuerpo inhabitado, sin cabellos, sin labios, inasible, vacía; junto a mí a mi lado...
¡Toda hecha de nada! Se sentó. ¿Me esperaba? La miré. Me miraba.
II
Ya estaba entre sus brazos de soledad, y frío, acalladas las manos, las venas detenidas, sin un pliegue en los párpados, en la frente, en las sábanas; más allá de la angustia, desterrado del aire, en soledad callada, en vocación de polvo, de humareda, de olvido.
III
¿Era yo, la voz muerta, los dientes de ceniza, sin brazos, bajo tierra, roído por la calma, entre turbias corrientes, de silencio, de barro?
¿Era yo, por el aire, ya lejos de mis huesos, la frente despoblada, sin memoria, ni perros, sobre tierras ausentes, apartado del tiempo, de la luz, de la sombra; tranquilo, transparente?