Balada a una morenaJaime SabinesMorena como tus ojos y tu cabellera.Tus ojos como tu piel y como tus ojos.Tus manos pequeñas y finas como tus manos.Tu cuello se parece a tu cuello.Tu cuello en el que quiero dejar, por siempre,el collar de mi tiempo a destiempo, a tu tiempo;a tu tiempo que vas trazando con tus piernas,a tu ritmo, a tu tono.A tu ritmo que sólo puede parecerse a tu ritmo.Como tu cadera pequeña tu cintura;tu cintura que quiero levantar para beber tu vida;tu vida simple y delgada como tus brazos,como el perfil de tus uñas,como las líneas de tus pestañas y las de tu mano.Morena.Morena como tus ojos y tu cabelleray tu cabellera alegre como tu voz que canta,que vuela como tus manos y como tu mirada.Tu mirada que mira como mira tu alma;tu alma discreta y escondida como tu cuerpo.Tu rostro igual a la luz de tu rostro,a la luz que gira y rueda como tu risa.Tu risa idéntica a tu risa,a tu alegre cabellera y a tu prisa.Tu frente alta como tu espalda.Tus hombros abismados como tu barbilla;tu barbilla graciosa y noble como tus pestañas,tus pestañas parecidas al recuerdo de cuando eras niña.Y tus labios, ah, tus labios,y el perfume que persigue a tu perfume,y la sombra que persigue a tu presencia.Eres un recuerdo tuyo;un recuerdo parecido a tu ausencia.Me recuerdas a ti cuando te miro,sola, simple,infinita en tu propia belleza.
Balada a una morenaJaime SabinesMorena como tus ojos y tu cabellera.Tus ojos como tu piel y como tus ojos.Tus manos pequeñas y finas como tus manos.Tu cuello se parece a tu cuello.Tu cuello en el que quiero dejar, por siempre,el collar de mi tiempo a destiempo, a tu tiempo;a tu tiempo que vas trazando con tus piernas,a tu ritmo, a tu tono.A tu ritmo que sólo puede parecerse a tu ritmo.Como tu cadera pequeña tu cintura;tu cintura que quiero levantar para beber tu vida;tu vida simple y delgada como tus brazos,como el perfil de tus uñas,como las líneas de tus pestañas y las de tu mano.Morena.Morena como tus ojos y tu cabelleray tu cabellera alegre como tu voz que canta,que vuela como tus manos y como tu mirada.Tu mirada que mira como mira tu alma;tu alma discreta y escondida como tu cuerpo.Tu rostro igual a la luz de tu rostro,a la luz que gira y rueda como tu risa.Tu risa idéntica a tu risa,a tu alegre cabellera y a tu prisa.Tu frente alta como tu espalda.Tus hombros abismados como tu barbilla;tu barbilla graciosa y noble como tus pestañas,tus pestañas parecidas al recuerdo de cuando eras niña.Y tus labios, ah, tus labios,y el perfume que persigue a tu perfume,y la sombra que persigue a tu presencia.Eres un recuerdo tuyo;un recuerdo parecido a tu ausencia.Me recuerdas a ti cuando te miro,sola, simple,infinita en tu propia belleza.
El adiós y sus piedrasJaime SabinesAurora,¿qué sube por tu rostro hasta tus ojos?¿Qué muerte blanda comienza a agitarse en ellos?¿Por qué miras como un río?No dejes que sus ondas tiemblen.No dejes que las piedras lleguen hasta el agua.No dejes que las luces de sal sequen tu rostro.¿Por qué sigues mirando como un río, aurora?No hagamos esto.No dejemos que tiemblen nuestros cuerposa pesar de nosotros mismos.Después la vida es dura, y la llamarada de hielo arde.Adiós se dice sólo por costumbre.Adiós.Me llevaré tus alas, aurora,para poderte amar desde cualquier nube.PosdataSe me olvidó decirte que aún tiemblo.
El mismo nombreJaime Sabines Tanto tiempo buscándola y ella estaba aquí,en mis ojos cerrados,en la noche sola;aquí,detrás de lo visible,en la edad antigua de la niebla.La amé ese día por toda la eternidad. Yo llevaba un ramo de palabras cuando caminé hacia ella.-No las pondré en agua -me dijo-, ni he de secarlas para el recuerdo.Se morirán cuando las toque el aire.Nos vestimos con fuegoy levantamos nuestros cuerpos con el viento.- Te haré un vestido de tierra -le dije-,con la humedad del mar lo zurciré y con la piel de cielo.- Aquí no existen las palabras -insistió-.- ¿Y en dónde sí?-le pregunté-.- Allá, en la mentira.La amé ese día, todo el día,en la niebla, en la nada.Quise hablar,en verdad deseaba curar mi voz en su alma. - Silencio- me dijo-, en mis ojos están todas las cartas de amor que se han escrito sobre la tierra.La amé ese día,y era mía como la vida misma,pero me atreví a preguntarle su nombre.-¿Eres mío, y no sabes que mi nombre es el tuyo?¡Despiértate! No me volverás a ver.
Escuché el temblor de tus uñasJaime Sabines Tú eres la que llega siempre a lugares precisos en horas que no existen.Y yo soy el que acude puntual a esos lugares vacíos.Por eso nos encontramos, aurora,bajo el umbral de aquella puerta que no estaba y que nosotros descubrimos.Recuerdo que al mirarte,un aire lento me borro las grietas de los ojosy sobre mis ojos llegaron dos ventanasen las que amaneció de pronto lo que en ti anochecía.Tú tenías la expresión de la paloma quieta,el carácter de la efigie que aún no se construyey dijiste tu nombre en silencio para que nadie lo supiera.Pero yo escuché el temblor de tus uñas,el quebrar de los cabellos de tu alma,el andar tranquilo del viento y el agua en tus raíces.Tus grandes ojos me lo dijeron todo,como si al mirarme estornudaran secretos, palabrasy todo llegó hasta mí como el origen de una enfermedad curada.Ya te conocía yo.Ya te había vistoen algún lugar de esos en los que dejo mis ojos y sigo caminando. Esto no es casualidad.Alguien sabía de esta fecha.Baja la mirada, aurora, camina.Alguien nos está siguiendo.