escuchotucorazon
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    Amor, Amor.

    viernes, octubre 30, 2009, 07:20 EST [ Gabriela Mistral.]

     
    Amor, Amor.
    Gabriela Mistral
     
     
     
     
    Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
    late vivo en el sol y se prende al pinar.

    No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
    ¡lo tendrás que escuchar!
     
     
    Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
    ruegos tímidos, imperativos de amar.

    No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
    ¡lo tendrás que hospedar!
     
     
    Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
    Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.

    No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
    ¡lo tendrás que hospedar!
     
     
    Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
    argumentos de sabio, pero en voz de mujer.

    Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
    ¡le tendrás que creer!
     
     
    Te echa venda de lino; tú la venda toleras;
    te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.

    Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
    ¡que eso para en morir!

     

     

     

     

     

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    Apegado a Mi.

    viernes, octubre 30, 2009, 07:19 EST [ Gabriela Mistral.]

     
    Apegado a  Mi.
    Gabriela Mistral
     
     
     
     
    Velloncito de mi carne
    que en mis entrañas tejí,
    velloncito tembloroso,
    ¡duérmete apegado a mí!
     
     
    La perdiz duerme en el trigo
    escuchándola latir.
    No te turbes por aliento,
    ¡duérmete apegado a mí!
     
     
    Yo que todo lo he perdido
    ahora tiemblo hasta al dormir.

    No resbales de mi pecho,
    ¡duérmete apegado a mí!

     

     

     

     

     

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    Balada.

    viernes, octubre 30, 2009, 07:17 EST [ Gabriela Mistral.]

     
    Balada.
    Gabriela Mistral
     
     
     
     
    El pasó con otra;
    yo le vi pasar.

    Siempre dulce el viento
    y el camino en paz.

    ¡Y estos ojos míseros
    le vieron pasar!
     
    Él va amando a otra
    por la tierra en flor.

    Ha abierto el espino;
    pasa una canción.

    ¡Y él va amando a otra
    por la tierra en flor!
     
    El besó a la otra
    a orillas del mar;
    resbaló en las olas
    la luna de azahar.

    ¡Y no untó mi sangre
    la extensión del mar!

    El irá con otra
    por la eternidad.

    Habrá cielos dulces.

    Dios quiere callar.

    Y el irá con otra
    por la eternidad!

     

     

     

     

     

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    Besos.

    viernes, octubre 30, 2009, 07:16 EST [ Gabriela Mistral.]

     
    Besos.
    Gabriela Mistral
     
     
     
     
     
    Hay besos que pronuncian por sí solos
    la sentencia de amor condenatoria,
    hay besos que se dan con la mirada
    hay besos que se dan con la memoria.
     
     
    Hay besos silenciosos, besos nobles
    hay besos enigmáticos, sinceros
    hay besos que se dan sólo las almas
    hay besos por prohibidos, verdaderos.
     
     
    Hay besos que calcinan y que hieren,
    hay besos que arrebatan los sentidos,
    hay besos misteriosos que han dejado
    mil sueños errantes y perdidos.
     
     
    Hay besos problemáticos que encierran
    una clave que nadie ha descifrado,
    hay besos que engendran la tragedia
    cuantas rosas en broche han deshojado.
     
     
    Hay besos perfumados, besos tibios
    que palpitan en íntimos anhelos,
    hay besos que en los labios dejan huellas
    como un campo de sol entre dos hielos.
     
     
    Hay besos que parecen azucenas
    por sublimes, ingenuos y por puros,
    hay besos traicioneros y cobardes,
    hay besos maldecidos y perjuros.
     
     
    Judas besa a Jesús y deja impresa
    en su rostro de Dios, la felonía,
    mientras la Magdalena con sus besos
    fortifica piadosa su agonía.
     
     
    Desde entonces en los besos palpita
    el amor, la traición y los dolores,
    en las bodas humanas se parecen
    a la brisa que juega con las flores.
     
     
    Hay besos que producen desvaríos
    de amorosa pasión ardiente y loca,
    tú los conoces bien son besos míos
    inventados por mí, para tu boca.
     
     
    Besos de llama que en rastro impreso
    llevan los surcos de un amor vedado,
    besos de tempestad, salvajes besos
    que solo nuestros labios han probado.
     
     
    ¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
    cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
    y en los espasmos de emoción terrible,
    llenaron sé de lágrimas tus ojos.
     
     
    ¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
    te vi celoso imaginando agravios,
    te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
    y qué viste después...? Sangre en mis labios.
     
     
    Yo te enseñe a besar: los besos fríos
    son de impasible corazón de roca,
    yo te enseñé a besar con besos míos
    inventados por mí, para tu boca.

     

     

     

     

     

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    Cosas.

    viernes, octubre 30, 2009, 07:13 EST [ Gabriela Mistral.]

     
    Cosas.
    A Max Daircaux
    Gabriela Mistral

     

     

     


    Amo las cosas que nunca tuve
    con las otras que ya no tengo:

     


    Yo toco un agua silenciosa,
    parada en pastos friolentos,
    que sin un viento tiritaba
    en el huerto que era mi huerto.

    La miro como la miraba;
    me da un extraño pensamiento,
    y juego, lenta, con esa agua
    como con pez o con misterio.

     


    Pienso en umbral donde dejé
    pasos alegres que ya no llevo,
    y en el umbral veo una llaga
    llena de musgo y de silencio.

     


    Yo busco un verso que he perdido,
    que a los siete años me dijeron.

     


    Fue una mujer haciendo el pan
    y yo su santa boca veo.

     


    Viene un aroma roto en rá****as;
    soy muy dichosa si lo siento;
    de tan delgado no es aroma,
    siendo el olor de los almendros.

     


    Me vuelve niños los sentidos;
    le busco un nombre y no lo acierto,
    y huelo el aire y los lugares
    buscando almendros que no encuentro.

     


    Un río suena siempre cerca.
    Ha cuarenta años que lo siento.

     


    Es canturía de mi sangre
    o bien un ritmo que me dieron.

     


    o el río Elqui de mi infancia
    que me repecho y me vadeo.

     


    Nunca lo pierdo; pecho a pecho,
    como dos niños nos tenemos.

     


    Cuando sueño la Cordillera,
    camino por desrtladeros,
    y voy oyéndoles, sin tregua
    un silbo casi juramento.

     


    Veo al remate del Pacífico
    amoratado mi archipiélago,
    y de una isla me ha quedado
    un olor acre de alción muerto...

     


    Un dorso, un dorso grave y dulce,
    remata el sueño que yo sueño.

    Es al final de mi camino
    y me descanso cuando llego.

     


    Es tronco muerto o es mi padre,
    el vago dorso ceniciento.

     


    Yo no pregunto, no lo turbo.

     


    Me tiendo junto, callo y duermo.

     


    Amo a una piedra de Oaxaca
    o Guatemala, a que me acerco,
    roja y fija como mi cara
    y cuya grieta da un aliento.

     


    Al dormirme queda desnuda;
    no sé por qué yo la volteo.

     


    Y tal vez nunca la he tenido
    y es mi sepulcro lo que veo.

     

     

     

     

     

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