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    Agradece, en alegoria Continuada

    domingo, noviembre 23, 2008, 12:04 EST [ Francisco Quevedo.]

     
    VII
    Agradece, en alegoria Continuada
    A sus Trabajos su Desengano y su Escarmiento
    Francisco de Quevedo
     
     
     

    Qué bien me parecéis, jarcias y entenas,
    vistiendo de naufragios los altares,
    que son peso glorioso a los pilares
    que esperé ver tras mi destierro apenas!
     

    símbolo sois de ya rotas cadenas
    que impidieron mi vuelta, en largos mares;
    mas bien podéis, santísimos lugares,
    agradecer mis votos en mis penas.
     

    No tanto me alegrárades con hojas
    en los robres antiguos, remos graves,
    como colgados en el templo y rotos.
     

    Premiad con mi escarmiento mis congojas;
    usurpe al mar mi nave muchas naves;
    débanme el desengaño los pilotos.
     
     
     


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    Conoce la Diligencia con que

    domingo, noviembre 23, 2008, 11:59 EST [ Francisco Quevedo.]

     
    VIII
    Conoce la Diligencia con que
    Se acerca la verte y Procura
    Conocer tambien la Conveniencia
    De su venida, y aprovecharse de
    Ese Conocimiento.
    Francisco de Quevedo.
     
     

    Ya formidable y espantoso suena,
    dentro del corazón, el postrer día;
    y la última hora, negra y fría,
    se acerca, de temor y sombras llena.
     
     

    Si agradable descanso, paz serena
    la muerte, en traje de dolor, envía,
    señas da su desdén de cortesía:
    más tiene de caricia que de pena.
     
     

    "Qué pretende el temor desacordado
    de la que a rescatar, piadosa, viene
    espíritu en miserias anudado?
     
     

    Llegue rogada, pues mi bien previene;
    hálleme agradecido, no asustado;
    mi vida acabe, y mi vivir ordene.
     
     
     
     


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    Muestra el Error de lo que se Desea

    domingo, noviembre 23, 2008, 11:52 EST [ Francisco Quevedo.]

     
    IX
    Muestra el Error de lo que se Desea
    Y el Acierto en no Alcanzar felicidades
    Francisco de Quevedo
     
     
     

    Si me hubieran los miedos sucedido
    como me sucedieron los deseos,
    los que son llantos hoy fueran trofeos:
    mirad el ciego error en que he vivido!
     

    Con mis aumentos propios me he perdido;
    las ganancias me fueron devaneos;
    consulté a la Fortuna mis empleos,
    y en ellos adquirí pena y gemido.
     

    Perdí, con el desprecio y la pobreza,
    la paz y el ocio; el sueño, amedrentado,
    se fue en esclavitud de la riqueza.
     

    Quedé en poder del oro y del cuidado,
    sin ver cuán liberal Naturaleza
    da lo que basta al seso no turbado.
     
     
     


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    Contiene una elegante Ensenanza de

    domingo, noviembre 23, 2008, 11:47 EST [ Francisco Quevedo.]

     
    Contiene una elegante Ensenanza de
    Que todo lo criado tiene su Muerte de la
    Enfermedad del Tiempo.
    Francisco de Quevedo
     
     

    Falleció César, afortunado y fuerte;
    ignoran la piedad y el escarmiento
    señas de su glorioso monumento:
    porque también para el sepulcro hay muerte.
     

    Muere la vida, y de la misma suerte
    muere el entierro rico y opulento;
    la hora, con oculto movimiento,
    aun calla el grito que la fama vierte.
     

    Devanan sol y luna, noche y día,
    del mundo la robusta vida, y lloras
    las advertencias que la edad te envía!
     

    Risueña enfermedad son las auroras;
    lima de la salud es su alegría:
    Licas, sepultureros son las horas.
     
     
     


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    Rapandoselo estaba

    sábado, septiembre 20, 2008, 07:17 EST [ Francisco Quevedo.]

     
    Francisco Quevedo.
    Rapandoselo estaba
     
     
     
     
    Rapándoselo estaba cierta hermosa,
    hasta el ombligo toda arremangada,
    las piernas muy abiertas, y asentada
    en una silla ancha y espaciosa.
     
     

    Mirándoselo estaba muy gozosa,
    después que ya quedó muy bien rapada,
    y estándose burlando, descuidada,
    metióse el dedo dentro de la cosa.
     
     

    Y como menease las caderas,
    al usado señuelo respondiendo,
    un cierto saborcillo le dio luego.
     
     

    Mas como conoció no ser de veras,
    dijo: ¡Cuitada yo! ¿Qué estoy haciendo?
    Que no es ésta la leña deste fuego.
     
     
     
     
     
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