VIIAgradece, en alegoria ContinuadaA sus Trabajos su Desengano y su EscarmientoFrancisco de Quevedo Qué bien me parecéis, jarcias y entenas, vistiendo de naufragios los altares, que son peso glorioso a los pilares que esperé ver tras mi destierro apenas! símbolo sois de ya rotas cadenas que impidieron mi vuelta, en largos mares; mas bien podéis, santísimos lugares, agradecer mis votos en mis penas. No tanto me alegrárades con hojas en los robres antiguos, remos graves, como colgados en el templo y rotos. Premiad con mi escarmiento mis congojas; usurpe al mar mi nave muchas naves; débanme el desengaño los pilotos.
VIIIConoce la Diligencia con queSe acerca la verte y ProcuraConocer tambien la ConvenienciaDe su venida, y aprovecharse deEse Conocimiento.Francisco de Quevedo. Ya formidable y espantoso suena, dentro del corazón, el postrer día; y la última hora, negra y fría, se acerca, de temor y sombras llena. Si agradable descanso, paz serena la muerte, en traje de dolor, envía, señas da su desdén de cortesía: más tiene de caricia que de pena. "Qué pretende el temor desacordado de la que a rescatar, piadosa, viene espíritu en miserias anudado? Llegue rogada, pues mi bien previene; hálleme agradecido, no asustado; mi vida acabe, y mi vivir ordene.
IXMuestra el Error de lo que se DeseaY el Acierto en no Alcanzar felicidadesFrancisco de Quevedo Si me hubieran los miedos sucedido como me sucedieron los deseos, los que son llantos hoy fueran trofeos: mirad el ciego error en que he vivido! Con mis aumentos propios me he perdido; las ganancias me fueron devaneos; consulté a la Fortuna mis empleos, y en ellos adquirí pena y gemido. Perdí, con el desprecio y la pobreza, la paz y el ocio; el sueño, amedrentado, se fue en esclavitud de la riqueza. Quedé en poder del oro y del cuidado, sin ver cuán liberal Naturaleza da lo que basta al seso no turbado.
Contiene una elegante Ensenanza deQue todo lo criado tiene su Muerte de laEnfermedad del Tiempo.Francisco de Quevedo Falleció César, afortunado y fuerte; ignoran la piedad y el escarmiento señas de su glorioso monumento: porque también para el sepulcro hay muerte. Muere la vida, y de la misma suerte muere el entierro rico y opulento; la hora, con oculto movimiento, aun calla el grito que la fama vierte. Devanan sol y luna, noche y día, del mundo la robusta vida, y lloras las advertencias que la edad te envía! Risueña enfermedad son las auroras; lima de la salud es su alegría: Licas, sepultureros son las horas.
Francisco Quevedo. Rapandoselo estabaRapándoselo estaba cierta hermosa, hasta el ombligo toda arremangada, las piernas muy abiertas, y asentada en una silla ancha y espaciosa. Mirándoselo estaba muy gozosa, después que ya quedó muy bien rapada, y estándose burlando, descuidada, metióse el dedo dentro de la cosa. Y como menease las caderas, al usado señuelo respondiendo, un cierto saborcillo le dio luego. Mas como conoció no ser de veras, dijo: ¡Cuitada yo! ¿Qué estoy haciendo? Que no es ésta la leña deste fuego.