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    Poemas Noventa Poemas Ultimos 27

    lunes, mayo 12, 2008, 10:47 EST [ Fernando de Pessoa .]

     
     
     
    Fernando Pessoa
    Poemas Noventa Poemas Ultimos 27
     
     
     
    Me miro frente a frente
    Y conozco quién soy.
    Estoy loco: evidente

    ¿Pero qué loco estoy?
     
    ¿Porque soy más poeta
    Que persona estoy loco?

    ¿O por tener completa
    La noción de ser poco?
     
    No sé, mas siento muerto
    Mi ser vivo de ahora.

    Nací aborto por cierto,
    Salvo el tamaño y la hora.
     
     
     
     
     
     
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    Los Colones

    lunes, mayo 12, 2008, 10:45 EST [ Fernando de Pessoa .]

     
     
     
    Los Colones
    Fernando Pessoa
     
     
     
     
    Otros habrán de tener
    lo que habremos de perder.

    Otros podrán encontrar
    lo que, en nuestro descubrir,
    fue encontrado o no encontrado
    según el destino dado.
     
     
    Pero lo que no tendrán
    nunca es la Magia que evoca
    lo Lejano y hace historia
    con ello. Y así su gloria
    sólo es la aureola dada
    por una lumbre prestada.
     
     
     
     
     
     
     
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    Magnificat

    lunes, mayo 12, 2008, 10:42 EST [ Fernando de Pessoa .]

     
    Magnificat
    Fernando de Pessoa
     
     
     
    ¿Cuándo pasará esta noche interior, el universo,
    y yo, el alma mía, tendré mi día?

    ¿Cuándo despertaré de estar despierto?

    No sé. El sol brilla alto,
    imposible de mirar.

    Frío pestañean las estrellas,
    imposibles de contar.

    Ajeno pulsa el corazón,
    imposible de escuchar.

    ¿Cuándo pasará este drama sin teatro
    o este teatro sin drama
    y me acogeré a casa?

    ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo?

    Gato que me miras con ojos de vida, ¿qué tienes allá en lo hondo?

    ¡A aquél! ¡A aquél!

    Y aquél mandará como Josué que pare el sol, y yo despertaré;
    y entonces será día.

    Sonríe mientras duermes, alma mía.

    Sonríe, alma mía, ¡será día!
     
     
     
     
     
     
     
     
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    Hora Absurda

    lunes, mayo 12, 2008, 10:33 EST [ Fernando de Pessoa .]

     
     
     
    Hora  Absurda
    Fernando Pessoa
     
     
     
     
    Tu silencio es una nave con todas las velas llenas.
    Blandas, las brisas juegan en las flámulas, tu sonrisa.
    Y tu sonrisa en tu silencio es la escalera y las andas
    con que me finjo más alto y junto a cualquier paraíso.
     
     
    Mi corazón es un ánfora que cae y que se quiebra.
    Tu silencio lo recoge y quebrado lo arrincona.
    Mi idea de ti es un cadáver que el mar trae a la playa. y mientras tanto
    tú eres la tela irreal en la que mi arte yerra el color.
     
     
    Abre todas las puertas y que el viento barra la idea
    que tenemos de que un humo perfuma de ocio los salones.
    Mi alma es una caverna colmada por la marea alta,
    y mi idea de soñarte una caravana de histriones.
     
     
    Llueve oro mate, mas no en lo exterior... Es dentro de mí... Soy la Hora,
    y la Hora es de asombros y toda ella escombros de ella misma.
    En mi atención hay una viuda pobre que nunca llora.
    En mi cielo interior nunca hubo una sola estrella.
     
     
    Hoy el cielo es pesado como la idea de no llegar nunca a un puerto.
    La lluvia menuda está vacía... La Hora sabe a haber sido.
    ¡Y no haber algo como lechos para las naves!.
    Absorta en alienarse de sí, tu mirada es una plaga sin sentido.
     
     
    Todas mis horas están hechas de jaspe negro,
    mis ansias todas talladas en un mármol que no existe,
    no es alegría ni dolor este dolor con el que me alegro,
    y mi bondad inversa no es ni buena ni mala.
     
     
    Los haces de los lictores se abrieron al borde de los caminos.
    Los pendones de las victorias medievales no llegaron ni a las cruzadas.
    Pusieron infolios útiles entre las piedras de las barricadas.
    Y la hierba creció en las vías férreas con lozanía dañina.
     
     
    ¡Ah, qué vieja es esta hora!... ¡Y todas las naves partieron!
    En la playa sólo un cabo muerto y unos restos de vela hablan
    de lo Lejano, de las horas del Sur, de donde nuestros sueños sacan
    aquella angustia de más soñar que hasta callan para sí.
     
     
    El palacio está en ruinas... Duele ver en el parque el abandono
    de la fuente sin surtidor... Nadie levanta la mirada del camino
    y siente saudades de sí ante aquel lugar-otoño...
    Este paisaje es un manuscrito con la frase más bella suprimida.
     
     
    La loca partió todos los candelabros glabros,
    ensució de humano el lago con cartas rasgadas, muchas.
    Y mi alma es aquella luz que nunca más tendrán los candelabros.
    ¿Y qué quieren del lago aciago mis ansias, brisas fortuitas?.
     
     
    ¿Por qué me aflijo y me enfermo?... Se acuestan desnudas al claro de luna
    todas las ninfas... Vino el sol y habían ya partido.
    Tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar,
    y la idea de que tu voz suene a lira de un Apolo fingido.
     
     
    Ya no hay colas de pavos todo ojos en los jardines de otrora.
    Las propias sombras están más tristes... Aún
    hay rastros de ropas de ayas (parece) en el suelo, y aún llora
    un como eco de pasos por la alameda que velahí concluida.
     
     
    Todos los ocasos se fundieron en mi alma.
    Las hierbas de todos los prados fueron frescas bajo mis pies fríos.
    Secó en tu mirada la idea de creerte calma,
    y el ver yo eso en ti es como un puerto sin navíos.
     
     
    Se irguieron al tiempo todos los remos... Por el oro de los trigales
    pasó una saudade de no ser mar... Frente
    a mi trono de alienación hay gestos con piedras raras.
    Mi alma es una lámpara que se apagó y aún está caliente.
     
     
    ¡Ah, y tu silencio es un perfil de cúspide al sol!
    Todas las princesas sintieron el seno oprimido.
    De la última ventana del castillo sólo un girasol
    se ve, y el soñar que hay otros pone brumas en nuestro sentido.
     
     
    ¡Ser, y no ser ya más!... ¡Oh leones nacidos en la jaula!...
    Repicar de campanas hacia más allá, en el Otro Valle... ¿Cerca?.
    Arde el colegio y un niño quedó encerrado en el aula...
    ¿Por qué no ha de ser el Norte el Sur?... ¿Qué es lo que está descubierto?.
     
     
    Y yo deliro... De repente hago pausa en lo que pienso... Te miro
    y tu silencio es una ceguera mía... Te miro y sueño.
    Hay cosas rojas y cobrizas en el modo de meditarte,
    y tu idea sabe a recuerdo del sabor de un espanto.
     
     
    ¿Para qué no sentir por ti desprecio? ¿Por qué no perderlo?.
    Ah, deja que te ignore... Tu silencio es un abanico?
    un abanico cerrado, un abanico que abierto sería tan bello, tan bello,
    pero más bello es no abrirlo, para que la Hora no peque.
     
     
    Se helaron todas las manos cruzadas sobre todos los pechos.
    Se ajaron más flores de las que había en el jardín.
    Mi manera de amarte es una catedral de silencios escogidos,
    y mis sueños una escalera sin principio pero con fin.
     
     
    Alguien va a entrar por la puerta... Se siente sonreír el aire.
    Tejedoras viudas gozan las mortajas de vírgenes que tejen.
    Ah, tu tedio es una estatua de una mujer que ha de venir,
    el perfume que los crisantemos tendrían, si lo tuviesen.
     
     
    Es preciso destruir el propósito de todos los puentes,
    vestir de alienación los paisajes de todas las tierras,
    enderezar por fuerza la curva de los horizontes,
    y gemir por tener que vivir, como un ruido brusco de sierras.
     
     
    ¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!.
    Saber que continuará habiendo el mismo mundo mañana?¡cómo nos entristece!.
    Que mi oír tu silencio no sean nubes que contristen
    tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio, aureola negra.
     
     
    Suave, como tener madre y hermanas, la tarde rica desciende.
    No llueve ya, y el vasto cielo es una gran sonrisa imperfecta.
    Mi conciencia de tener conciencia de ti es una prez,
    y mi saberte sonriendo es una flor mustia en mi pecho.
     
     
    ¡Ah, si fuésemos dos figuras en una lejana vidriera!.
    ¡Ah, si fuésemos los dos colores de una bandera de gloria!.
    Estatua acéfala retirada a un lado, polvorienta pila bautismal,
    pendón de vencidos que tuviese escrito en el centro este lema ¡Victoria!
     
     
    ¿Qué es lo que me tortura?... Si hasta tu faz tranquila
    sólo me llena de tedios y de opios de ocios temibles.
    No sé... Yo soy un loco que extraña su propia alma.
    Yo fui amado en efigie en un país más allá de los sueños.
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
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    Las Pompas de Jabon

    lunes, mayo 12, 2008, 10:23 EST [ Fernando de Pessoa .]

     
     
    Las Pompas de Jabon
    Fernando Pessoa
     
     
     
     
    Las pomas de jabón que este chiquillo
    se entretiene en soltar por la pajita
    son, traslúcidamente, toda una filosofía.

    Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza,
    amigas de los ojos como las cosas,
    son lo que son
    con una precisión redondita y aérea,
    y nadie, ni aun el niño que las suelta,
    pretende que sean más que lo que parecen ser.
     
     
    Algunas apenas se ven en el aire lúcido.
    Son como la brisa, que apenas roza las flores al pasar
    y de la que tan sólo sabemos que pasa
    porque algo se aligera en nosotros
    y todo lo acepta más nítidamente.
     
     
     
     
     
     
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