Voy caminando solo...Antonio Machado. Allá, en las tierras altas, por donde traza el Duero su curva de ballesta en torno a Soria, entre plomizos cerros y manchas de raídos encinares, mi corazón está vagando, en sueños... No ves, Leonor, los álamos del río con sus ramajes yertos? Mira el Moncayo azul y blanco; dame tu mano y paseemos. Por estos campos de la tierra mía, bordados de olivares polvorientos, voy caminando solo, triste, cansado, pensativo y viejo.
Me Dijo Una Tarde.Antonio MachadoMe dijo una tarde de la primavera: si buscas caminos en flor en la tierra, mata tus palabras y oye tu alma vieja. Que el mismo albo lino que te vista, sea tu traje de duelo, tu traje de fiesta. Ama tu alegría y ama tu tristeza, si buscas caminos en flor en la tierra. Respondí a la tarde de la primavera: tú has dicho el secreto que en mi alma reza: yo odio la alegría yo odio a la pena, mas antes que pise tu florida senda, quisiera traerte muerta mi alma vieja.
Sone Que Tu me Llevabas.Antonio MachadoSoñé que tú me llevabas por una blanca vereda, en medio del campo verde, hacia el azul de las sierras, hacia los montes azules, una mañana serena.Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera, tu voz de niña en mi oído como una campana nueva, como una campana virgen de un alba de primavera. ¡Eran tu voz y tu mano, en sueño, tan verdaderas!... Vive, esperanza, ¡quién sabe lo que se traga la tierra!
Soneto IAntonio Machado A GuiomarPerdón, Madona del Pilar, si llego al par que nuestro amado florentino, con una mata de serrano espliego, con una rosa de silvestre espino. ¿Qué otra flor para ti de tu poeta si no es la flor de la melancolía? Aquí, sobre los huesos del planeta pule el sol, hiela el viento, diosa mía. ¡Con qué divino acento me llega a mi rincón de sombra y frío tu nombre, al acercarme el tibio aliento de otoño el hondo resonar del río! Adiós: cerrada mi ventana, siento junto a mi un corazón... ¿Oyes el mío?
Rosa de Fuego.Antonio Machado.Tejidos sois de primavera, amantes, de tierra y agua y viento y sol tejidos. La sierra en vuestros pechos jadeantes, en los ojos los campos florecidos, pasead vuestra mutua primavera, y aun bebed sin temor la dulce leche que os brinda hoy la lúbrica pantera, antes que, torva, en el camino aceche. Caminad, cuando el eje del planeta se vence hacia el solsticio del verano, verde el almendro y mustia la violeta, cerca la sed y el hontanar cercano, hacia la tarde del amor, completa, con la rosa de fuego en vuestra mano.