Anoche Cuando Dormia.Antonio MachadoAnoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una fontana fluía dentro de mi corazón. Di, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida de donde nunca bebí? Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una colmena tenía dentro de mi corazón; y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas blanca cera y dulce miel.Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que un ardiente sol lucía dentro de mi corazón. Era ardiente porque daba calores de rojo hogar, y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón.
Amada, El Aura DiceAntonio MachadoAmada, el aura dice tu pura veste blanca... No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!El viento me ha traído tu nombre en la mañana; el eco de tus pasos repite la montaña... no te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!En las sombrías torres repican las campanas... No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!Los golpes del martillo dicen la negra caja; y el sitio de la fosa, los golpes de la azada... No te verán mis ojos; ¡Mi corazón te aguarda!
Acaso.Antonio Machado Como atento no más a mi quimera no reparaba en torno mío, un día me sorprendió la fértil primavera que en todo el ancho campo sonreía. Brotaban verdes hojas de las hinchadas yemas del ramaje, y flores amarillas, blancas, rojas, alegraban la mancha del paisaje. Y era una lluvia de saetas de oro, el sol sobre las frondas juveniles; del amplio río en el caudal sonoro se miraban los álamos gentiles. Tras de tanto camino es la primera vez que miro brotar la primavera, dije, y después, declamatoriamente: -¡Cuán tarde ya para la dicha mía!- Y luego, al caminar, como quien siente alas de otra ilusión: -Y todavía ¡yo alcanzaré mi juventud un día!
Poema de Amor IIComo has Estado?Antonio Machado. ¿ Cuánto hace que nunca me dijiste te quiero? ¿ Cuánto hace que nunca regresaste? Me parece que mil años. Pero mil años no puede ser, porque nadie vive mil años. Entonces debe ser un año. No, no. Un año tampoco. Un mes. No, no. Apenas diez días. Dijiste " El próximo viernes vuelvo". Y yo me puse a esperarte en el mismo instante en que pronunciaste esas palabras. Tal vez porque la palabra es para mí tan importante, me aferro a las palabras que me dicen con desesperación de náufrago a un madero en medio del océano. Y tu voz tiene, además, una tonada que hace que todo lo que digas parezca transparente, lavado en un lago celeste, amaneciendo. Me juro que jamás volveré a creerte, que jamás confiaré en ti. Hay un largo silencio entre los dos, una ausencia infinita. No te llamo. No me llamas. No me escribes. No te escribo. No construyes un puente. No tengo como llegar a tu lado, por que no hay puente para cruzar. Y el día menos pensado te apareces, caminando apurado. -¿ Cómo has estado?- preguntas. Y yo me creo, estúpida de mí, que estás interesado en eso que preguntas, que de verdad quieres saber como he estado. Trina un ave azul dentro de mi pecho. El pecho se me vuelve, también un cielo azul. Todos los juramentos que me hice a mí misma se desvanecen: que no te escucharía nunca más, que no te miraría nunca más, que haría como si nunca nos hubiésemos conocido. Sólo tres palabras, y el rencor se acurruca en un rincón. "¿Cómo has estado?" AY... qué te digo. ¿ Te digo que me he llevado a la rastra, que me he obligado a levantarme de la cama, que si los amigos no me insistían imperativamente me quedaba encerrada en mi casa, día tras día, sin ver la calle? ¿ Te digo que cerré los puños con rabia, con ganas de vengarme? ¿ Qué te odié hasta sentir dolor de tripas? ¿ Qué deseé que todo te fuera mal, que fracasaras, que sufrieras, que no pudieras dormir de noche, que la angustia te abrazara con un abrazo de boa constrictora? ¿ Te digo que no pude arrancarte de mi pensamiento, que me he frotado los ojos hasta enrojecerlos para quitarles tu imagen permanente, asediando? ¿ Qué has estado sentado a mi mesa, frente a mí, quitándome las ganas de comer? ¿ Qué has estado sentado en mi cama, junto a mí, dándome insomnio, impasible y quieto? ¿ Qué te has sentado a mi lado e el cine, y no has dejado que yo viera la película, tranquila, concentrada en su trama, en sus actores, en su imagen? ¿ Te digo todo esto? ¿ Qué te amé, te odié, te necesité, te deseé, te extrañé, te imaginé, te maté, te resucité, te destruí, te construí? Me controlo. Miro tus ojos, que reciben mi mirada pero no emiten ninguna señal. Sólo aguardan, alejados en la cercanía y te respondo. -Bien. Y aceptas la respuesta. Y no preguntas, no indagas, no quieres saber, en realidad, nada. Te conforma y te tranquiliza mi -Bien. Entonces empieza tu monólogo de excusas; que has tenido problemas con el trabajo, con la familia, con los proyectos, con esto y con aquello. Que verdaderamente ibas a venir aquí el viernes, pero todo fue adverso. No estás enterado de que al día siguiente de tu partida un conocido de los dos me dijo que ya no regresabas hasta una fecha lejana, que te habías despedido por un largo tiempo. No estás enterado que me mientes y lo sé. Me parece que lo único que pretendes es saberme segura y quietita, aquí nomás, en el encierro que significan las esperas, mientras tú despliegas tus rápidas alas de águila. -¿Cómo has estado? -Bien. Pero juro que es la última vez. Que nunca más me convencerás. Que no rezaré para que se realice el milagro de que me digas que me amas. Que no te esperaré cuando vuelvas a marcharte. Que no te recordaré, ni te extrañaré, ni pensaré en ti. Juro, juro, juro que no habrá otra vez. Pero si esta vez. Esta... Dios mío. ¿ Y si acaso me dijeras TE AMO? ¿ Y si acaso... existieran los milagros?.
Antonio MachadoInventario GalanteTus ojos me recuerdan las noches de verano negras noches sin luna, orilla al mar salado, y el chispear de estrellas del cielo negro y bajo. Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne, los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos.
Tu hermana es clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano... Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano.
De tu morena gracia, de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo negro y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios... De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso.
Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso... Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco.