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    Anoche Cuando Dormia.

    martes, octubre 14, 2008, 05:20 EST [ Antonio Machado.]

     
    Anoche Cuando Dormia.
    Antonio Machado
     
     
     
    Anoche cuando dormía
    soñé, ¡bendita ilusión!,
    que una fontana fluía
    dentro de mi corazón.
     
     

    Di, ¿por qué acequia escondida,
    agua, vienes hasta mí,
    manantial de nueva vida
    de donde nunca bebí?
     
     

    Anoche cuando dormía
    soñé, ¡bendita ilusión!,
    que una colmena tenía
    dentro de mi corazón;
    y las doradas abejas
    iban fabricando en él,
    con las amarguras viejas
    blanca cera y dulce miel.
     
     
    Anoche cuando dormía
    soñé, ¡bendita ilusión!,
    que un ardiente sol lucía
    dentro de mi corazón.
     
     

    Era ardiente porque daba
    calores de rojo hogar,
    y era sol porque alumbraba
    y porque hacía llorar.
     
     

    Anoche cuando dormía
    soñé, ¡bendita ilusión!,
    que era Dios lo que tenía
    dentro de mi corazón.
     
     
     
     
     
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    Amada, El Aura Dice

    martes, octubre 14, 2008, 05:16 EST [ Antonio Machado.]

     
    Amada, El Aura Dice
    Antonio Machado
     
     
     
    Amada, el aura dice
    tu pura veste blanca...
    No te verán mis ojos;
    ¡mi corazón te aguarda!
     
     
    El viento me ha traído
    tu nombre en la mañana;
    el eco de tus pasos
    repite la montaña...
    no te verán mis ojos;
    ¡mi corazón te aguarda!
     
     
    En las sombrías torres
    repican las campanas...
    No te verán mis ojos;
    ¡mi corazón te aguarda!
     
     
    Los golpes del martillo
    dicen la negra caja;
    y el sitio de la fosa,
    los golpes de la azada...
    No te verán mis ojos;
    ¡Mi corazón te aguarda!
     
     
     
     
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    Acaso.

    martes, octubre 14, 2008, 05:08 EST [ Antonio Machado.]

     
    Acaso.
    Antonio Machado
     
     
     

    Como atento no más a mi quimera
    no reparaba en torno mío, un día
    me sorprendió la fértil primavera
    que en todo el ancho campo sonreía.
     
     

    Brotaban verdes hojas
    de las hinchadas yemas del ramaje,
    y flores amarillas, blancas, rojas,
    alegraban la mancha del paisaje.
     
     

    Y era una lluvia de saetas de oro,
    el sol sobre las frondas juveniles;
    del amplio río en el caudal sonoro
    se miraban los álamos gentiles.
     
     

    Tras de tanto camino es la primera
    vez que miro brotar la primavera,
    dije, y después, declamatoriamente:
     
     

    -¡Cuán tarde ya para la dicha mía!-
    Y luego, al caminar, como quien siente
    alas de otra ilusión: -Y todavía
    ¡yo alcanzaré mi juventud un día!
     
     
     
     
     
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    Poema de Amor II

    domingo, septiembre 14, 2008, 10:02 EST [ Antonio Machado.]

     
    Poema de Amor II
    Como has Estado?
    Antonio Machado.

    ¿ Cuánto hace que nunca me dijiste te quiero?

    ¿ Cuánto hace que nunca regresaste?

    Me parece que mil años.

    Pero mil años no puede ser, porque nadie vive mil años.

    Entonces debe ser un año. No, no. Un año tampoco. Un mes. No, no. Apenas diez días.
    Dijiste " El próximo viernes vuelvo".

    Y yo me puse a esperarte en el mismo instante en que pronunciaste esas palabras.
    Tal vez porque la palabra es para mí tan importante, me aferro a las
    palabras que me dicen con desesperación de náufrago a un madero en medio del océano.

    Y tu voz tiene, además, una tonada que hace que todo lo que digas parezca transparente, lavado en un lago celeste, amaneciendo.

    Me juro que jamás volveré a creerte, que jamás confiaré en ti.

    Hay un largo silencio entre los dos, una ausencia infinita.
    No te llamo. No me llamas. No me escribes. No te escribo.
    No construyes un puente. No tengo como llegar a tu lado, por que no hay puente para cruzar.

    Y el día menos pensado te apareces, caminando apurado.
    -¿ Cómo has estado?- preguntas.
    Y yo me creo, estúpida de mí, que estás interesado en eso que preguntas, que
    de verdad
    quieres saber como he estado.

    Trina un ave azul dentro de mi pecho.
    El pecho se me vuelve, también un cielo azul.

    Todos los juramentos que me hice a mí misma se desvanecen: que no te escucharía nunca más, que no te miraría nunca más, que haría como si nunca nos hubiésemos conocido. Sólo tres palabras, y el rencor se acurruca en un rincón.

    "¿Cómo has estado?"
    AY... qué te digo.
    ¿ Te digo que me he llevado a la rastra, que me he obligado a levantarme de la cama, que si los amigos no me insistían imperativamente me quedaba encerrada en mi casa, día tras día, sin ver la calle?

    ¿ Te digo que cerré los puños con rabia, con ganas de vengarme?

    ¿ Qué te odié hasta sentir dolor de tripas?

    ¿ Qué deseé que todo te fuera mal, que fracasaras, que sufrieras, que no pudieras dormir de noche, que la angustia te abrazara con un abrazo de boa constrictora?

    ¿ Te digo que no pude arrancarte de mi pensamiento, que me he frotado los ojos hasta enrojecerlos para quitarles tu imagen permanente, asediando?

    ¿ Qué has estado sentado a mi mesa, frente a mí, quitándome las ganas de comer?

    ¿ Qué has estado sentado en mi cama, junto a mí, dándome insomnio,
    impasible y quieto?

    ¿ Qué te has sentado a mi lado e el cine, y no has dejado que yo viera la película, tranquila, concentrada en su trama, en sus actores, en su imagen?

    ¿ Te digo todo esto?
    ¿ Qué te amé, te odié, te necesité, te deseé, te extrañé, te imaginé, te
    maté, te resucité, te destruí, te construí?
    Me controlo.

    Miro tus ojos, que reciben mi mirada pero no emiten ninguna señal. Sólo
    aguardan, alejados en la cercanía y te respondo.
    -Bien.

    Y aceptas la respuesta.
    Y no preguntas, no indagas, no quieres saber, en realidad, nada. Te
    conforma y te tranquiliza mi -Bien.

    Entonces empieza tu monólogo de excusas; que has tenido problemas con el trabajo, con la familia, con los proyectos, con esto y con aquello. Que verdaderamente ibas a venir aquí el viernes, pero todo fue adverso. No estás enterado de que al día siguiente de tu partida un conocido de los dos me dijo que ya no regresabas hasta una fecha lejana, que te habías despedido por un largo tiempo.

    No estás enterado que me mientes y lo sé.

    Me parece que lo único que pretendes es saberme segura y quietita, aquí nomás, en el encierro que significan las esperas, mientras tú despliegas tus rápidas alas de águila.

    -¿Cómo has estado?
    -Bien.

    Pero juro que es la última vez. Que nunca más me convencerás. Que no rezaré para que se realice el milagro de que me digas que me amas. Que no te esperaré cuando vuelvas a marcharte.

    Que no te recordaré, ni te extrañaré, ni pensaré en ti.

    Juro, juro, juro que no habrá otra vez. Pero si esta vez. Esta... Dios mío.
    ¿ Y si acaso me dijeras TE AMO?
    ¿ Y si acaso... existieran los milagros?.


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    Inventario Galante.

    domingo, abril 20, 2008, 06:25 EST [ Antonio Machado.]

     
     
     
    Antonio Machado
    Inventario Galante
     
    Tus ojos me recuerdan
    las noches de verano
    negras noches sin luna,
    orilla al mar salado,
    y el chispear de estrellas
    del cielo negro y bajo.

    Tus ojos me recuerdan
    las noches de verano.
    Y tu morena carne,
    los trigos requemados,
    y el suspirar de fuego
    de los maduros campos.


    Tu hermana es clara y débil
    como los juncos lánguidos,
    como los sauces tristes,
    como los linos glaucos.
    Tu hermana es un lucero
    en el azul lejano...

    Y es alba y aura fría
    sobre los pobres álamos
    que en las orillas tiemblan
    del río humilde y manso.
    Tu hermana es un lucero
    en el azul lejano.


    De tu morena gracia,
    de tu soñar gitano,
    de tu mirar de sombra
    quiero llenar mi vaso.

    Me embriagaré una noche
    de cielo negro y bajo,
    para cantar contigo,
    orilla al mar salado,
    una canción que deje
    cenizas en los labios...

    De tu mirar de sombra
    quiero llenar mi vaso.


    Para tu linda hermana
    arrancaré los ramos
    de florecillas nuevas
    a los almendros blancos,
    en un tranquilo y triste
    alborear de marzo.

    Los regaré con agua
    de los arroyos claros,
    los ataré con verdes
    junquillos del remanso...

    Para tu linda hermana
    yo haré un ramito blanco.
     
     
     
     
     
     
     
     
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