La verdadera historia no es la que registran los hombres, sino la que registra el Cielo. No obstante, el significado celestial de la historia depende de lo acontecido en la tierra. Por eso está escrito de la apoteosis del Cordero lo siguiente: “Digno eres de tomar el Libro y de abrir sus 7 Sellos, porque Tú fuiste inmolado, y con Tu sangre los redimiste para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y los hiciste para nuestro Dios Reino y sacerdotes, y reinarán sobre la tierra” (Ap.5:9b-10).
Porque fue inmolado en la tierra, entonces es digno en los Cielos de tomar el Libro y abrir sus Sellos. Con la sangre derramada en la tierra, el Cordero hizo para Dios en el Cielo, con gente de toda la tierra, Reino y sacerdotes. Sin esa sangre no hubieran sido hechos tales, sino que se hubieran hundido y desecho en sus pecados. Pero el Cordero, por Su sangre, los hizo Reino y sacerdotes para Dios el Padre; para que vivan en la tierra como se vive en el Cielo, y expresen el Cielo en la tierra.
La historia del Reino de los Cielos, que se escribe en ellos, se gesta, no obstante, en la tierra. Podríamos decir, en otro sentido, que aunque su registro auténtico está en los Cielos, no obstante, se escribe también en la tierra. ¡Cuán importante es este pequeño paso por la tierra! Aquí se juega la eternidad.
Los misterios de Dios están estrechamente relacionados entre sí, y cada uno de ellos es un capítulo necesario a la totalidad. No debemos olvidar ninguno de ellos, a la vez que no debemos considerar a ninguno de ellos aislado de los demás, ni sobredimensionarlo en detrimento de la armonía del cuadro completo. Claro está que no se puede tratar de todo al mismo tiempo, pero debemos prever que al considerar uno de los capítulos, al mismo tiempo se tengan también en cuenta los demás. La razón de este preámbulo es para que podamos considerar el misterio de Israel dentro del amplio contexto de los misterios de Dios. Éstos comienzan y terminan con Dios mismo: el misterio de Dios a consumarse, el misterio de Dios: Cristo, el misterio de la voluntad divina, el misterio de la economía divina, el misterio de la piedad, el misterio del evangelio, el misterio de la fe, el misterio de Cristo: la Iglesia, el misterio del matrimonio, el misterio de las siete estrellas en la diestra del Hijo del Hombre y de los siete candeleros, el misterio de la sabiduría divina oculta predestinada para la Iglesia, el misterio del reino de Dios, el misterio de Israel, el misterio de las naciones, el misterio de la mujer y de la bestia que la trae, el misterio de Babilonia, el misterio de la iniquidad, el misterio de la final trompeta.
En trabajos anteriores hemos dedicado tiempo a todos estos respectos, especialmente en los libros: “La Administración Apostólica de los Misterios de Dios” y “Los Misterios del Reino de los Cielos en las Parábolas del Señor Jesucristo”, además de consideraciones, exhaustivas o no, de varios de los aspectos fundamentales de la economía divina, y del lugar central de Cristo y la Iglesia en ella, que se pueden ver en los escritos exegéticos, teológicos, antropológicos, cristológicos, pneumatológicos, soteriológicos, eclesiológicos, escatológicos, filosóficos y poéticos de este autor. Por eso, al tratar ahora un poco más acerca del necesariamente contemporáneo misterio de Israel, remito a los lectores a la ambientación complementaria de todo lo que ya antes de esto se ha tratado. No consideraremos este misterio in vacuo ni aisladamente, sino como algo que tiene necesariamente un apropiado lugar en la revelación divina y que no debe ser ignorado. El apóstol Pablo, en su sobresaliente epístola a los romanos, después de tratar de asuntos de primera magnitud acerca del evangelio, y un poco antes de considerar aspectos prácticos de la vida del cuerpo de Cristo, se ocupó del misterio de Israel escribiendo: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos:…” (Rom.11:25a). Si, pues, alguno piensa y siente que puede seguir ignorando esto, permítame decirle que yo personalmente, en conciencia y comisión[1], no puedo hacerlo. No quiero dejar de anunciar todo el consejo de Dios que me ha sido encomendado.
Así que pasaré inmediatamente, para esta hora coyuntural presente, a considerar el divino tema revelado de la elección de Israel, de su lugar en la estrategia divina, de su endurecimiento parcial en relación a la primera venida del Mesías en aras de la inclusión de los gentiles en el misterio de Cristo, y entonces, principalmente, por causa de la coyuntura presente, pasaremos a considerar de su restauración tras la trasgresión y defección, de su admisión tras la exclusión, y de su reinserción tras el desgajamiento. Ante el contexto complejo y completo del misterio de Israel en todas las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos, no podemos, basados en una interpretación in vacuo de la parábola mesiánica de los labradores malvados, pretender cerrar definitivamente el caso con una teología del reemplazo absoluto de Israel. Ciertamente el Mesías dijo: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mt.21:43); pero, por el contexto íntegro de las Escrituras, y por la sujeción del Mesías a ellas, debemos comprender también el status transitorio de tal declaración, y su objetivo aleccionador para Israel: para despertarlos a celos. Tal despertamiento es el objetivo de la declaración mesiánica, y no su exclusión definitiva de las irrevocables promesas divinas. Tales promesas es necesario considerar atentamente. Todas ellas eran las que el apóstol Pablo tenía presentes al escribir acerca del misterio de Israel a los gentiles en su carta a los romanos.
Escribía allí (Rom.11) Pablo: “Digo, pues…”, (ya que en el capítulo 10 había hablado de la contradicción parcial y temporal de Israel frente al evangelio); “¿Ha desechado Dios a Su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín”. (Es decir, las iglesias de Judea, Samaria y Galilea, y los convertidos cristianos regenerados de entre los judíos por toda la tierra y la historia, demuestran que el endurecimiento de Israel es apenas parcial y temporal). “No ha desechado Dios a Su pueblo, al cual desde antes conoció”. (Y aquí emplea Pablo la misma expresión que usa en relación a la presciencia divina, a Su conocimiento anticipado, para la elección y predestinación de la Iglesia). “¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado 7000 hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra. ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre”. (Tal pasaje proviene de un Salmo mesiánico, donde se profetiza que pondrían hiel por Su comida y que en Su sed le darían a beber vinagre, como aconteció con Jesucristo, Hijo de David. El Salmo 69:23b decía: “Y haz temblar continuamente sus lomos”; lo que Reina y Valera (1960) en Rom.11:10b traducen inconsecuentemente: “…para siempre”; pero debiera ser, como allá, apenas “continuamente”. Aunque claro está que los rechazadores del Mesías, en cuanto personas, perecen para siempre; mas Israel, como nación, tiene por gracia un remanente constante que desembocará, por fin, en la conversión de la nación). Sigue Pablo: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su trasgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos”. (El tropiezo de la nación de Israel no es para caída definitiva de la nación, pues un remanente suyo ha recibido al Mesías; pero la trasgresión de rechazar al Mesías en Su primera venida, dio lugar a que Dios también los provocara a celos, abriendo la puerta de la salvación a los gentiles, tal como lo había prometido por medio del Cántico de Moisés en Deuteronomio 32:21: “Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos; Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, los provocaré a ira con una nación insensata”; y muchas más cosas dice el Cántico de Moisés al respecto, añadiendo también allí que se retendría de raerlos por completo, para que sus enemigos no se vanagloriaran, y entonces se arrepentiría y haría expiación por ellos y los vengaría de sus enemigos, mandando a las naciones alabar aIsrael). Por eso continúa Pablo enseñando que la trasgresión de Israel resultó en la riqueza del mundo, y su defección en la riqueza de las naciones. Y evangelizaba también para provocar a Israel a celos para salvación. Y entonces exclama: “¿Cuánto más su plena restauración?” Si la trasgresión y la defección de Israel resultaron en riqueza para las naciones insensatas en su idolatría, ¡qué mejor será la plena restauración de Israel! Pablo, pues, espera la plena restauración de Israel, conforme al cuadro profético completo. Y añade: “Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” Y asocia Pablo aquí la admisión de vuelta de Israel con el lenguaje profético de Ezequiel cuando Dios proclamó: “Así ha dicho Yahveh Adonai: He aquí Yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que Yo soy Yahveh, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que Yo Yahveh hablé, y lo hice, dice Yahveh” (Ezq.37:12-14), en el contexto de la Visión del valle de los huesos secos.
Vemos, pues, que Pablo hasta aquí ya ha hablado inspiradamente, y sobre la base de los profetas, de la admisión de Israel y su plena restauración. Por lo tanto, la teoría del reemplazo absoluto de Israel, no es consecuente con el tenor general de las Escrituras inspiradas. Continúa entonces Pablo hablando de la santidad de la masa restante de donde se tomaron las primicias, y de la santidad de las ramas, gracias a la raíz. No todas las ramas fueron desgajadas, pues debemos recordar el remanente constante; por lo tanto, mediante la fe, y por eso hablamos abiertamente delante de Israel, habrá una reinserción nacional, conforme a las promesas y al pacto de Dios para con Israel. El misterio de Israel tiene, pues, en su final, tres partes principales: (1) Por sus pecados, el pueblo escogido, Israel, sería endurecido en parte, y entonces corregido y esparcido; (2) Serían entonces provocados a celos cuando Dios tomase un pueblo para sí de entre los gentiles; (3) Israel sería entonces plenamente restaurado como nación, volviendo de la dispersión, admitido al recibir la vida que viene del Mesías por Su Espíritu, y reinsertado en el reino de Dios. Todo esto debido al llamamiento y don irrevocables de Dios, por causa de la promesa a los patriarcas, y del celo de Dios por Su propio Nombre.
En cuanto al actual retorno de Israel, que es la coyuntura presente, y lo que a esto sigue, debemos recordar varias profecías que atañen a la tercera parte del misterio referido. Por Isaías dice Dios claramente: “En aquel tiempo el renuevo de Yahveh será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes, cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación…/…Acontecerá en aquel tiempo que la Raíz de Isaí, estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y Su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Yahveh alzará otra vez Su mano para recobrar el remanente de Su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra. Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín; sino que volarán sobre los hombros de los palestinos al occidente, saquearán también a los de oriente; Edom y Moab le servirán, y los hijos de Amón los obedecerán. Y secará Yahveh la lengua del mar de Egipto; y levantará Su mano con el poder de Su Espíritu sobre el río, y lo herirá en sus 7 brazos, y hará que pasen por él con sandalias. Y habrá camino para el remanente de Su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto…/… Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto. ¿Acaso ha sido herido como el que lo hirió, o ha sido muerto como los que lo mataron? Con medida lo castigarás en sus vástagos. Él los remueve con Su recio viento en el día del aire solano. De esta manera, pues, será perdonada la iniquidad de Jacob, y este será todo el fruto, la remoción de su pecado; cuando haga todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levanten los símbolos de Asera ni las imágenes del sol. Porque la ciudad fortificada será desolada, la ciudad habitada será abandonada y dejada como un desierto; allí pastará el becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas. Cuando sus ramas se sequen, serán quebradas; mujeres vendrán a encenderlas; porque aquel no es pueblo de entendimiento; por tanto, su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó. Acontecerá en aquel día que trillará Yahveh desde el río Eufrates hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno. Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Yahveh en el monte santo, en Jerusalén…/…Y los redimidos de Yahveh volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido…/…Del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. Diré al norte: Da acá; y al sur: no detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice…/…He aquí éstos vendrán de lejos; y he aquí éstos del norte y del occidente, y éstos de la tierra de Sinim…tus edificadores vendrán aprisa…Alza tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo Yo, dice Yahveh, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia. Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán apartados lejos. Y dirás en tu corazón: ¿Quién me engendró éstos? Porque yo había sido privada de hijos y estaba sola, peregrina y desterrada; ¿quién, pues, crió éstos? He aquí que yo había sido dejada sola; ¿dónde estaban éstos? Así dijo Yahveh Adonai: He aquí, Yo tenderé mis manos a las naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros. Reyes serán tus ayos, y sus reinas sus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que Yo soy Yahveh, que no se avergonzarán los que esperan en Mi…/…Ciertamente volverán los redimidos de Yahveh; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán…/…De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados…/…Dice Yahveh Adonai, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él sus congregados…/…Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos…¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas? Ciertamente a Mi esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Yahveh tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado. Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia…/…Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones…/…Sacarédescendencia de Jacob, y de Judá heredero de mis montes; y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis siervos habitarán allí…/…¿Concebirála tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos. Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? Dijo Yahveh. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? Dice tu Dios…Y pondré entre ellos señal, y enviaré a los escapados de ellos a las naciones, a Tarsis, a Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no oyeron de Mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las naciones. Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Yahveh…” (Is.4:2-4; 11:10-16; 27:6-13; 35:10; 43:5b-7; 49:12,17a,18-23; 51:11; 52:3b; 56:8; 60:4,8-10; 61:4; 65:9; 66:8b,9,19-20a).
La Raíz de Isaí, Jesucristo, el León de la tribu de Judá, Heredero de todas las cosas, ya ha sido puesta por Dios como pendón a todos los gentiles, y por eso Su Iglesia se encuentra en todas las naciones. Una vez castigado Israel por sus pecados e incredulidad, el Mesías, cual pendón a las naciones, envía apóstoles a Occidente, al Norte de África, al Asia Menor, a Siberia, a Grecia, y a las costas lejanas, a publicar la gloria divina, y a portar la señal divina que indique que es la hora para que se recoja a los dispersos de Israel de nuevo a su tierra. Incluso los gobiernos de las naciones, amigos de Israel, han de colaborar en este asunto, para que los israelitas regresen a Israel desde Irak, Egipto, Eritrea, Etiopía, Asia Central, Kuwait, Siria, Líbano y ultramar, etc.. Los entendidos del plan divino deben cooperar para que las legislaciones contemplen el ayudar y apoyar al retorno de los israelitas a su tierra. Y no solo desde los ámbitos gubernamentales, sino también desde la filantropía civil. Entonces vuelven los dispersos de Israel a su tierra desde el Oriente, el Occidente, el Norte y el Sur, desde Sefarad y los principados de Tarsis, y desde la China y sus países vecinos, desde el Aquilón y desde el Austro. Las ciudades de Israel ya han sido reedificadas, y lo seguirán siendo. Palestina estará bajo la sombra de Israel, Jordania cederá, los gentiles ayudarán. La nación ya ha nacido, y no está más dividida en dos reinos, sino que es una sola, y acoge a sus hijos que vuelven desde todas las procedencias, circunstancias y mezclas. Dios corrige entonces a sus enemigos y opresores. Todo esto lo podemos comprobar de Isaías.
Ahora bien, en pleno tiempo de cautiverio y dispersión babilónica, también por Jeremías profetizó Yahveh: "…Yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni serán menoscabadas, dice Yahveh. He aquí que vienen días, dice Yahveh, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En Sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será Su nombre con el cual le llamarán: Yahveh, justicia nuestra. Por tanto, he aquí que vienen días, dice Yahveh, en que no dirán más: Vive Yahveh que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive Yahveh que hizo subir y trajo la descendencia de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde Yo los había echado; y habitarán en su tierra…/…Porque he aquí que vienen días, dice Yahveh, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Yahveh, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán. Estas, pues, son las palabras que habló Yahveh acerca de Israel y de Judá. Porque así ha dicho Yahveh: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! Tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado. En aquel día, dice Yahveh sabaot, Yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, sino que servirán a Yahveh su Dios y a David su Rey, a quien yo les levantaré. Tú, pues, siervo mío Jacob, no temas, dice Yahveh, ni te atemorices, Israel; porque he aquí Yo soy el que te salvo de lejos a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante. Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice Yahveh, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo. Porque así ha dicho Yahveh: incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga. No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces. Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. ¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto. Pero serán confundidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hoyaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. Mas Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Yahveh; porque desechada te llamaron, diciendo; Esta es Sion, de la que nadie se acuerda. Así ha dicho Yahveh: he aquí Yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la ciudad será edificada sobre su colina, y el templo será asentado según su forma. Y saldrá de ellos acción de gracias, y voz de nación que está en regocijo, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los multiplicaré, y no serán menoscabados. Y serán sus hijos como antes, y su congregación delante de Mí será confirmada; y castigaré a todos sus opresores. De allí saldrá su príncipe, y de en medio de ella su señoreador; y le haré llegar delante cerca, y él se acercará a Mi; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a Mi? Dice Yahveh. Y me seréis por pueblo, y Yo seré vuestro Dios. He aquí que la tempestad de Yahveh sale con furor; la tempestad que se prepara, sobre la cabeza de los impíos reposará. No se calmará el ardor de la ira de Yahveh, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de Su corazón; en el fin de los días entenderéis esto. En aquel tiempo, dice Yahveh, Yo seré por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán a Mí por pueblo. Así ha dicho Yahveh: el pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo. Yahveh se manifestó a mi hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas. Aún plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán los que plantan, y disfrutarán de ellas. Porque habrá día en que clamarán los guardas en el Monte de Efraín: Levantaos y subamos a Sion, a Yahveh nuestro Dios. Porque así ha dicho Yahveh: regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oir, alabad, y decid:oh Yahveh, salva a Tu pueblo, el remanente de Israel. He aquí Yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá. Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por Padre, y Efraín es mi primogénito. Oíd palabra de Yahveh, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid:El que esparció a Israel lo reunirá y lo guardará, como el pastor a su rebaño. Porque Yahveh redimió a Jacob, lo redimió de mano del más fuerte que él. Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien de Yahveh, al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor. Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y Mi pueblo será saciado de Mi bien, dice Yahveh. Así ha dicho Yahveh: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron. Así ha dicho Yahveh: reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Yahveh, y volverán de la tierra del enemigo.Esperanza hay también para tu porvenir, dice Yahveh, y los hijos volverán a su propia tierra. Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: - me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque Tú eres Yahveh mi Dios. Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud.- ¿No es Efraín hijo precioso para Mí? ¿No es niño en quien me deleito? Pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso Mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Yahveh.Establécete señales, ponte majanos altos, nota atentamente la calzada; vuélvete por el camino por donde fuiste, virgen de Israel, vuelve a estas tus ciudades. ¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz? Porque Yahveh creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará al varón. Así ha dicho Yahveh sabaot, Dios de Israel: Aún dirán esta palabra en tierra de Judá y en sus ciudades, cuando Yo haga volver sus cautivos: Yahveh te bendiga, oh morada de justicia, oh monte santo. Y habitará allí Judá, y también en todas sus ciudades labradores, y los que van con rebaño. Porque satisfaré el alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida. En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue agradable. He aquí vienen días, dice Yahveh, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Yahveh. En aquellos días no dirán más: los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera. He aquí que viene días, dice Yahveh, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron Mi pacto, aunque Yo fui como un marido para ellos, dice Yahveh. Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Yahveh: Daré Mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y Yo seré a ellos por Dios, y ellos Me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: conoce a Yahveh; porque todos Me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Yahveh; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Así ha dicho Yahveh, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Yahveh sabaot es Su nombre: Si faltaren estas leyes delante de Mi, dice Yahveh, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de Mi eternamente. Así ha dicho Yahveh: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también Yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Yahveh. He aquí que vienen días, dice Yahveh, en que la ciudad será edificada a Yahveh, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Ángulo. Y saldrá más allá el cordel de la medida delante de él sobre el collado de Gareb, y rodeará a Goa. Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza, y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos al oriente, será santo a Yahveh; no será arrancada ni destruida más para siempre…He aquí que Yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los eché con Mi furor, y con Mi enojo e indignación grande; y los haré volver a este lugar, y los haré habitar seguramente; y Me serán por pueblo, y Yo seré a ellos por Dios.Y les daré un corazón, y un camino, para que Me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de Mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo Mi corazón y de toda Mi alma. Porque así ha dicho Yahveh: Como traje sobre este pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo. Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros decís: está desierta, sin hombres y sin animales, es entregada en manos de los caldeos. Heredades comprarán por dinero, y harán escritura y la sellarán y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén, y en las ciudades de Judá; y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de la Sefela, y en las ciudades del Neguev; porque Yo haré regresar sus cautivos, dice Yahveh.
(continuará, Dios mediante)
[1] La segunda noche de la Conferencia de Contagem del año 2007, el Señor Jesús me visitó en sueños y me entregó una caja de herramientas sobre las que sobresalía una llave inglesa, y me dijo: - el retorno de Israel.- Entonces desperté. Pero, además, el ministerio del cuerpo de Cristo no puede ignorar el neotestamentario misterio de Israel (Rom.11:25), sino que debe anunciar todo el consejo de Dios (Hchs.20:27; .Is.66:19,20;Jer.31:7-10).
Yahveh Elohim es el Dios Eterno,[1]Uno
y Trino[i][2],
cuyo Verbo Divino, igual a Sí, el Hijo eterno de Dios, Su propia Imagen y
resplandor de Su gloria, por Quien Dios se revela[3],
es el arquetipo conforme al cual fue creado el hombre. Cuando Elohim dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme
a nuestra semejanza[ii][4], tal imagen y semejanza es el Hijo de Dios[5].
El hombre sería, pues, corporativo[6],
destinado a la relación estrecha con el Hijo de Dios[7],
conteniéndolo como vida para vivir por Èl[8],
y configurándose a Su imagen y semejanza para expresar Su gloria[9].
Adam, el primer hombre[10],
fue, pues, figura del que habrìa de venir[11].
Eva[12], entonces,
figura de su mìstica esposa[13],
tomada de su costado mientras él pasaba por el sueño profundo, para ser su
asistente compañera y coheredera, su ayuda idónea, carne de su carne y hueso de
sus huesos[14]. La
vida del hombre sería la del Árbol de la Vida[15],
corporificación de la vida divina que está con el Padre y es Su Hijo[16].
Al venderse el hombre al pecado y quedar bajo su poder y el de Satanás y el de
la muerte[17], Yahveh
Elohim prometió una Simiente de la Mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente aunque fuese herida en el calcañar[18].
Vencería, pues, al pecado y a la muerte, al mundo y al diablo con su séquito.
También Yahveh Elohim cubrió la desnudez del hombre con las túnicas de pieles
de un sacrificio que prefiguraba el del Cordero de Dios[19].Por eso Abel[20]se
acogió por la fe a este sacrificio para poder ser acepto ante Dios, y lo fue en
lugar de Caín[21] que apenas se confió en el fruto de su propia labor, lo cual es siempre
insuficiente para reparar la ofensa de lesa majestad cometida contra Dios, Su
santidad, justicia y gloria[22].
Desde Adam en el Edén y desde
Abel, los hombres comenzaron a entender y usar el valor protector del
sacrificio propiciatorio[23].
A esta fe se acogió Set [24] y su hijo Enós[25],
comenzando éste último, como frágil mortal, a invocar el hombre de Yahveh. Enós
fue el gran sacerdote antediluviano que enseñó a la humanidad primigenia la
invocación a Yahveh; es, pues, figura del Sumo Sacerdote[26].
Caín, no obstante, salió y huyó de la presencia de Yahveh Elohim, tornándose Nod el errante y edificando con sus
descendientes su propia civilización cainita, enajenada ahora del Único Dios
Verdadero[27]. Aunque
Caín mató a Abel, no pudo evitar que éste fuese sustituido por Set[28].
De Enós setita vino luego el séptimo desde Adam, el profeta que anduvo con
Dios, Enoksetita, arrebatado por Elohim[29].
Éste Enok setita profetizó diciendo: “He
aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio
contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías
que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los impíos han hablado
contra Él”[30].Y por este profeta vino luego, por Matusalem[31] y Lamek setita[32], Noé[33],
que construyó inmediatamente antes del Diluvio el arca salvadora que
prefiguraba al Salvador[34].
Este Noé hizo pacto con Dios, el cual fue bendecido como Dios de Sem, hijo de Noé, que acoge en sus
tiendas al engrandecido Jafet[35].
Por los semitas vino Abraham[36] a quien Dios prometió que por su simiente bendeciría a las familias de la
tierra[37].
Isaak, hijo de Abraham, prefiguró a
aquella Simiente de Abraham por quien serían bendecidas las familias de la
Tierra[38].
La Simiente de Abraham sería, pues,
la antigua Simiente de la Mujer, prometida para vencer el imperio de la
serpiente. Isaak y su hijo Jacob I Israel recibieron la confirmación de las
promesas hechas por Dios a Abraham[39].
Sara prefiguró el Nuevo Pacto, e Isaak al nacido por el Espíritu. Agar
prefiguró al viejo pacto en la carne, e Ismael al nacido de ésta[40].
De Israel nació, pues, el pueblo de Israel según la carne, formado por las Doce
Tribus; pero en medio de este Israel, se fue formando el Israel Espiritual, el
verdadero Israel, circuncidado de corazón, con aquellos verdaderos creyentes en
el Dios de Abraham y en su simiente prometida que bendeciría a las naciones,
formado por los fieles y los profetas[41].
Jacob I Israel, antes de morir,
inspirado por el Espíritu de Dios, profetizó a sus doce hijos. Entre ellos
profetizó a Judá que no sería quebrado el cetro de Judá hasta
que vinieraSilo[42], es decir, el Enviado, Aquella Simiente de la Mujer y Simiente de Abraham
prometida, prefigurado en Adam, Cabeza de la Humanidad. Que no sería quitado el
Legislador de entre sus piernas.
Silo, pues, el Enviado, el Ungido, el Mesías, el Cristo, sería el verdadero Legislador,
y vendría del linaje de Judá.
Yhaveh Elohim llamó y envió
entonces a Moisés por medio del cual
realizó con Israel y sus prosélitos, los términos de la Antigua Alianza que
entregaba al hombre mandamientos a la carne, para demostrarle a éste la necesidad
de una mayor liberación. Mas junto a los mandamientos colocó Dios las fiestas,
y los sacrificios que cubrían sus pecados, prefigurando éstos, sacrificios y
fiestas, incluido el sábado, la Gesta del futuro Mesías, el Ungido, el Cristo,
aquella Simiente de la Mujer, y Simiente de Abraham, aquel Silo del Linaje de
Judá[43].
Lo transitorio y pasajero de la Antigua Alianza lo enseñó Moisés al profetizar
que Dios enviaría después de él a Un
Profeta como él, que le salvaría la palabra de Dios, y que quien no oyese a
ese Profeta, las palabras que El nos hablaría de parte de Dios, sería
desarraigado del pueblo[44].
En tiempos de Moisés también profetizó Balaam que saldría Estrella de Jacob y se levantaría Cetro de Israel[45].
La simiente de la mujer que aplastaría al dragón, la Simiente de Abraham por
quien serían bendecidas las familias de la tierra, las naciones, la Estrella de
Jacob, el Enviado, o Silo, del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas,
sería, pues, el Profeta anunciado por Moisés que hablaría las palabras de Dios
que nadie podría desatender sin gravísimo peligro, y quien sería el verdadero
Cetro de Israel.
Antes de que ese Cetro comenzase
a ser más proyectado proféticamente, el Verbo de Dios, en una de sus salidas
desde la eternidad como el Ángel de
Yhaveh que apareció a Moisés en la zarza como el Dios de Abraham, de Isaak
y de Jacob[46], y que
había aparecido a Agar como el Viviente que Ve[47],
y que luchó como Dios con Jacob en forma de varón[48],
Éste, en otra de sus salidas desde la eternidad[49],
así como acompañó a Israel en el desierto cual Angel de Yhaveh y Roca herida
dadora de aguas[50], Éste
apareció a Josué como Príncipe de los Ejército de Yhaveh introduciéndoles en la
Tierra Prometida[51], figura
de la plenitud de Cristo[52].
Josué, como Conquistador, prefiguraba al Mesías; y por eso la semejanza de su
nombre con el de Jesús. Y el Ángel
de Yahveh también apareció al pueblo de Israel Boquim, en el tiempo de los
Jueces, confirmándoles el Pacto[53].
Era el mismo que había hablado a Job desde un torbellino[54],
como hablaba a los patriarcas antes de èl[55].
Fue Aquel que apareció a la madre de Sansón y a su padre Manoa[56].
Habiendo Samuel establecido la monarquía hebrea[57],
y habiendo sido escogido David[58]como rey según el corazón de Dios, prometió
Dios a David que de su descendencia levantaría al Cristo. Que David mismo, por
haber derramado mucha sangre, no le levantaría casa a Dios pero que el Hijo de David, Éste sí le levantaría
Casa a Dios, y Dios le sería a Él por Padre, y Él le sería a Dios por Hijo, y
Su trono seria eternamente[59].
Salomón, pues, en figura tipológica,
como hijo de David, edificó el templo en Jerusalén[60];
pero el verdadero Hijo de David que le edificaría el verdadero templo no hecho
con manos humanas, sería el Mesías, el Cristo, el Ungido, el Enviado, Silo del
Linaje de Judá, Cetro de Israel, Estrella de Jacob, el Profeta, Simiente de
Abraham y Simiente de la Mujer, ahora descendiente del rey David y edificador
de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, verdadera Casa de Dios, formada por
israelitas y gentiles[61],
así como el templo de Salomón fue edificado con madera de Israel y de los
gentiles allegada a Israel por Jope[62],
hoy Tel-Aviv, entrada internacional a Israel de los gentiles, lugar donde el
apóstol Pedro recibió en visión orden de Dios de abrir las puertas de la
Iglesia Cristiana a los gentiles, tal como Jesús de Belem y Nazareth había
ordenado a sus discípulos ir, después de a Jerusalem, a Judea y a Samaria,
también hasta lo último de la Tierra para hacerle discípulos, de modo que la
bendición de Abraham alcanzase a los gentiles según la promesa de Dios[63].
También otros profetas profetizaron acerca de la Bendición a los gentiles por
medio del Mesías de Israel. Y así como cuando Salomón terminó de edificar el
templo e introdujo el Arca del Pacto mientras 120 sacerdotes tocaban sus
trompetas[64], así
también 120 discípulos del Mesías testificaron del descenso del Espíritu Santo
a la Iglesia Cristiana, Casa de Dios, a partir de Jerusalem[65].
Por eso profetizó David por el Espíritu Santo con las
siguientes palabras postreras: “Habrá un
Justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será
como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra”[66].
David, siendo profeta, ya quien Dios le
había prometido que de su descendencia levantaría al Cristo[67],
hablando inspiradamente por Su Espìritu[68],
profetizó que sería traicionado[69],
horadados sus manos y sus pies, escupido, golpeado, mofado, abandonado a la sed
con vinagre, clamando a Dios ante el abandono[70],
pero que en la muerte su cuerpo descansaría sin ver la corrupción pues su alma
no sería dejada en el Seol = Hades[71];
entonces, pues, resucitaría y se sentaría a la diestra del Padre, hasta que
todos sus enemigos le fuesen puestos por estrado de sus pies[72].
También profetizó Job al decir que aún deshecha su piel en la
muerte, aún en su carne vería a su Redentor[73].
Salomón también lo prefiguró en el Amado de la Amada
en el Cantar de los Cantares.
De Éste Simiente de la Mujer, Simiente
de Abraham para bendición de las familias de la Tierra, Estrella de Jacob, Silo
del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas, Profeta anunciado por
Moisés, Hijo de David prefigurado y también por él profetizado, de Éste
profetizaron también los profetas de Israel y de Judá. Isaías profetizó que la virgen daría a luz un niño, cuyo nombre Emanuel significa Dios con nosotros[74];
que tal niño nacería como Hijo que nos era dado y cuyo nombre sería Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz que reinaría eternamente
sin lìmites[75]. Que
saldría una vara del tronco de Isaí,
y un vástago retoñaría de sus raíces. Y reposaría sobre Él el séptuple Espíritu
de Yahveh quien le haría entender diligente en Su temor. No juzgaría según la
vista de sus ojos, ni argüiría por lo que oyeran sus oídos, sino que juzgaría
con justicia a los pobres, y argüiría con equidad por los mansos de la tierra,
hiriéndola con la espada de Su boca. La justicia y fidelidad serían cinto de
Sus lomos; y en Su reino hasta los animales estarían en paz entre sí y con los
hombres. La Raiz de Isaí sería Pendón a los pueblos, y los gentiles lo
buscarían[76].
También profetizó Isaías con estas palabras: “He aquí que para justicia reinará un rey y príncipes presidirán en
juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio
contra el turbión; como arroyos de aguas en tierras de sequedad, como sombra de
gran peñasco en tierra calurosa”[77].Profetizó también que Dios mismo vendría y la
lengua del mudo sería abierta, el ciego vería y el cojo andaría y saltaría de
gozo y el sordo oiría, y que habría Calzada y Camino de Santidad desde Su
venida[78].
Mas sería precursado por una voz del desierto, Juan el Bautista[79],
que le prepararía el camino y le enderezaría las sendas[80].
También profetizó Isaìas: “He aquí mi
siervo; yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he
puesto sobre èl mi Espìritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni
alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni
apagará el pabilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se
cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas
esperarán su ley…. Yo Yahveh te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano;
te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por Luz de las naciones, para que
abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de
casas de prisión a los que moran en tinieblas”[81].
Y más profetizó Isaías diciendo: “He aquí
que mi siervo será prosperad, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy
en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los
hombres su parecer, y su hermosura que la de los hijos de los hombres, así
asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque
verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.
¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿ Y sobre quièn se ha manifestado el brazo
de Yahveh? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no
hay parecer en èl, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le
deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,
experimentado en quebrantos; y como que escondimos de Él el rostro, fue
menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y
sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios
y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros
curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por
su camino, mas Yahveh cargó en Él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él y
afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja
delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por
juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de
la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso
con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca
hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Yahveh quiso
quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en
expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de
Yahveh será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y
quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y
llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, Yo le daré parte con los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la
muerte, y fue contado entre los pecadores, habiendo El llevado el pecado de
muchos, y orado por los transgresores”[82].
También Isaías, prefigurando al Mesías, profetizó con las siguientes palabras:
“El Espíritu de Yahveh está sobre Mi,
porque me ungió Yahveh; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos,
a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a
los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de
Yahveh, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los
enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de
ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu
angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Yahveh, para
gloria suya”[83]. Y
también Isaías, en el capítulo 63 de su libro, habla inspiradamente acerca de
la venida del Señor para pisar el lagar[84].
El profeta Jeremías profetizó diciendo:
“He aquí que vienen días, dice Yahveh, en
que levantaré a David Renuevo Justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso,
y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel
habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: Yahveh
Justicia Nuestra”[85].
Igualmente Jeremías anunció de parte de Dios que El haría un Nuevo Pacto, que
daría Su ley en la mente y la escribirìa en el corazón, y que sería conocido
hasta del más pequeño de los hermanos, y que perdonaría la maldad de su pueblo
sin acordarse ya más de su pecado[86].
Como también el profeta Ezequiel anunció de parte de Dios que El quitaría el
corazón de piedra y daría corazón de carne, y espíritu nuevo, haciendo andar en
Sus estatutos, y colocando Su Espìritu dentro de Su pueblo[87].
Ezequiel vio al Hijo del Hombre en la gloria divina en medio de los querubines[88].
Oseas profetizó que Dios nos daría
vida después de dos días y que al tercer día nos resucitaría y viviríamos
delante de Él[89]. Joel profetizó que quien invocare el
nombre del Señor sería salvo, y que El derramaría de Su Espíritu[90].
Jonás sirvió de señal al volver
prácticamente de la muerte al tercer día[91].
Miqueas profetizó como Isaías acerca
del reino de Yahveh y anunció la venida y sufrimientos del Mesías diciendo: “Con vara herirán en la mejilla al rey de
Israel. Pero tú, Belèn Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá,
de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el
principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que
dé a luz la que ha de dar a luz; y el remanente de sus hermanos se volverá con
los hijos de Israel. Y Él estará, y apacentará con poder de Yahveh, con
grandeza del nombre de Yahveh su Dios; y morarán seguros, porque ahora será
engrandecido hasta los fines de la tierra. Y éste será nuestra paz”[92].
Habacuc vio su venida gloriosa con rayos brillante de
luz[93].
Prácticamente casi todos los profetas hablaron de ese día glorioso final. Hageo profetizó diciendo: “Porque así dice Yahveh Sabaot: De aquí a poco yo haré temblar los
cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las
naciones y vendrá el Deseado de todas las naciones”[94].
El profeta Daniel en Babilonia, Media y
Persia profetizó acerca del Mesías y su reino[95].
Interpretando el sueño de Nabucodonosor[96] vio que una Piedra no cortada con mano de hombre destruía la estatua que
representaba la historia de los imperios mundiales, y crecía cual el Monte del
Reino de los Santos del Altìsimo. También vio Daniel al Hijo del Hombre en una
nube recibiendo del Anciano de Días el reino tras los imperios mundiales. Vio
su sufrimiento a manos de un Vil, y la muerte del Mesìas, no por sí, tras los
69 septenarios contados a partir de la orden de Artajerjes[97] de restaurar y edificar Jerusalem. Vio el reino y la resurrección[98].
Zacarías también profetizó de su primera venida humilde y para
sufrir, y también de su segunda venida gloriosa para juzgar y reinar. Anunció
Zacarías así: “Alègrate mucho, hija de
Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem; he aquí que tu rey vendrá a ti,
justo y salvador, humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de
asna. Y de Efraim destruiré los carros, y los caballos de Jerusalem, y los
arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío
será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la Tierra. Y tú también
por la sangre de tu pacto serás salva; Yo he sacado tus presos de la cisterna
en que no hay agua”[99].
Y también anunció Yahveh por Zacarías diciendo: “Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi
salario treinta piezas de plata… ¡Hermoso precio con que me han apreciado!....”[100].
Y dijo también: “Mirarán a mi, a quien
traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él
como quien se aflige por el primogénito”[101],
Y también: “Se afirmarán sus pies en
aquel día sobre el monte de los olivos, que está enfrente de Jerusalem al
oriente… Y vendrá Yahveh mi Dios, y con él todos los santos… Y Yahveh será rey
sobre toda la tierra”[102].
Malaquìastambién lo anuncia y a su mensajero, así: “He aquí yo envío mi mensajero, el cual
preparará el camino delante de Mi; y vendrá súbitamente a Su templo el Señor a
quien vosotros buscáis, y el Angel del Pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí
viene, ha dicho Yahveh Sabaot”[103].
[10] Adam de Edén, también conocido entre los
antiguos como Atumu, Atum, Tum, Alulim, Aloros, Mula, Tanna-Kumpok, Tiki-ahua,
Kuksu, Ask, Tuglay, Sihai, Unkulunkulu, Pelasgo, Foroneo.
De
manera que siendo el Mesías la Simiente de la Mujer que aplastaría la
cabeza de la serpiente, según prometió Yahveh Elohim delante de Adam y
Eva,[1] Adam engendró a Set en el año 130 de la humanidad,[2] y éste a Enós en el año 235,[3] y éste a Cainán I en el 325,[4] y éste a Mahalaleel en el 395,[5] y éste a Jared en el 460,[6] en cuyo tiempo descendieron los vigilantes a la Tierra y tomaron para
sí mujeres engendrando gigantes y enseñándoles diversas perversiones;[7] Jared engendró en el año 622 desde Adam al profeta Enok setita que caminó con Dios, profetizó y fue tomado por Elohim.[8] Enok setita engendró a Matusalem en el año 687,[9] el hombre que mayor edad ha alcanzado en la Tierra,[10] pues Dios era longánime, pues cuando Matusalem muriera, el Diluvio se
desataría sobre toda la Tierra. Matusalem engendró a Lamek setita en el
874,[11] y Lamek setitaa Noé en el año humano 1056.[12] Noé, con sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet, y sus respectivas esposas: Emzara, Sedacatlebab, Nahlatmehoc y Adatnese,[13] sobrevivieron al Diluvio el 27 de Zif (Iyyar) del año 1657 desde Adam, cuando salieron del arca.[14]
El Bendito Dios de Sem se revelaría a esta descendencia. Sem, pues, engendró a Arfaxad en el año humano 1658,[15] y éste a Cainán II Sala en el 1693,[16] y éste a Sala II en el 1723,[17] y éste a Heber en el 1753,[18] de donde vinieron los hebreos. Heber engendró a Peleg cuando se partió
la Tierra Adama o Pangéa y comenzó la deriva de los continentes en el
año 1787 desde Adam.[19] Peleg engendró a Reu (Ragau) en el año humano 1817,[20] y éste a Serug[21] en el año 1849,[22] y éste a Nacor I en el 1879,[23] y éste, en el año 1908, a Taré, padre de los tarekitas hebreos[24] mencionados en la ugarítica Epopeya de Keret Refaíta,[25]y padre de Abraham,[26] de cuya Simiente prometida llegaría la Bendición a las familias y naciones de la Tierra,[27] y el cual nació en Ur de los Caldeos cerca al año 1978 desde Adam.[28]
La
Simiente de la Mujer sería entonces también la Simiente de Abraham; por
lo cual Abraham engendró a Isaak en el año humano 2078,[29] y éste a Jacob I Israel en el año 2138,[30] y éste a Judá I cerca al año 2192,[31] cuyo cetro no sería quebrado hasta que viniera Silo, el Enviado, el Legislador de entre las piernas de Judá.[32] Por lo cual Judá engendró a Fares en el 2256,[33] y éste a Esrom, y éste a Aram cerca al año 2451,[34] y éste a Aminadab, y éste a Naasón, y éste a Salmón,[35] esposo de Rahab la ramera salvada por fe en los dias de Josué, a la caída de Jericó;[36] y Salmón y Rahab engendran en el tiempo de los Jueces a Booz, esposo de Ruth la moabita,[37] pasadas ya las diez generaciones moabitas que no podrían entrar en
relación con la congregación de Yahveh, según Deuteronomio 23:3.
Las diez generaciones prohibidas a Moab fueron: (1) la de Abraham, en cuyos tiempos,de
Lot y su hija mayor nació Moab; (2) la de Isaak; (3) la de Jacob I
Israel; (4) la de Judá I; (5) la de Fares; (6) la de Esrom; (7) la de
Aram; (8) la de Aminadab; (9) la de Naasón; (10) la de Salmón y Rahab.
La generación (11) fue la de Booz, que sí pudo recibir a Ruth la
moabita, nuera de Noemí, según las Cronicas de Samuel, Natán y Gad.[38] Booz y Ruth engendraron a Obed, y éste a Isaí, mencionado en las
profecías de Isaías acerca del Mesías. Isaí engendró al rey David,
guarda del Cetro de Israel en el año 3200 desde Adam,[39] y éste al rey Salomón y a Natán,[40] según el nombre de su amigo el profeta.
Salomón engendró al rey Roboam en el año humano 3269,[41] y Natán a Matata, y éste a Mainán.[42] Roboam engendró al rey Abiam (Abías), y Mainán a Melea, y éste a Eliaquim.[43] Abías engendró al rey Asa, y Eliaquim meleíta a Jonán, y éste a José I.[44] Asa engendró al rey Josafat, y José jonanita a Judá josita, y éste a Simeón.[45] Josafat engendró al rey Joram de Judá, y Simeón judaíta a Leví I simeonita, y éste a Matat.[46] Joram engendró al rey Ococías de Judá que anduvo en los caminos de Acab y Jezabel, y quien fue muerto por orden de Jehú,[47] y a quien el apóstol Leví Mateo no juzga digno de mencionar en la ascendencia del Mesías.[48] Matat levita de la tribu de Judá engendró a Jorim, y éste a Eliezer.[49] Ococías de Judá engendró al rey Joás de Judá en tiempos del sacerdote
Joiada, y Eliezer jorimita a Josué elezierita, y éste a Elmodam.[50] Joás engendró al rey Amasías de Judá. Tampoco Mateo juzgó digno
mencionar a éstos, Joás y Amasías de Judá, en la genealogía del Mesías.[51] Elmodam engendró a Cosam, y éste a Adi.[52] Amasías engendró al rey Azarías (Uzías) de Judá,[53] y Adi a Melqui I, y éste a Neri.[54] Uzías engendró al rey Jotam de Judá,[55] y éste al rey Acaz de Judá,[56] y éste al rey Ezequías de Judá, gran restaurador,[57] y éste al rey Manasés de Judá, malo, pero luego arrepentido, engendrado
en el tiempo extra de gracia que le concedió Dios a Ezequías por el
profeta Isaías haciendo retroceder la sombra diez grados. En ese tiempo
de gracia nació el rey Manasés de Judá, antepasado del Mesías.[58] Manasés engendró al rey Amón de Judá,[59] y éste al rey Josías de Judá, también gran restaurador del imperio de la Ley;[60] éste engendró al rey Joacaz de Judá, sustituído como rey por su hermano menor el rey Eliaquim (Joacim) de Judá,[61] según maniobra política del Faraón Necao, pero al cual llevó cautivo Nabucodonosor a Babilonia.[62] Joacim engendró al rey Joaquín.[63]
Éste
Joaquín rechazó La Ley. Éste es también Jeconías, y es también Conías;
diferentes nombres del mismo personaje. A éste Joaquín Jeconías Conías
de Judá llevó cautivo a Babilonia Nabucodonosor, y lo sustituyó como
rey de Judá por su tio Matanías Sedequías rey de Judá.[64] Entonces comenzó a profetizar el profeta Ezequiel, el cual, a pesar de
la cautividad, profetizó también la futura Presencia en el Israel
restaurado de Yahveh Presente.[65] Jeremías profetizó que ninguno de los descendientes de Jeconías se
sentaría en el trono de Judá, y que sería un hombre privado de su
descendencia.[66] No obstante, las Sagradas Escrituras declaran que Jeconías tuvo hermanos.[67] Jeconías murió sin hijos, como lo profetizó Jeremías; por lo tanto, según la ley del levirato,[68] uno de sus hermanos debía tomar a su esposa por mujer y levantarle
descendencia. Neri, entonces, su hermano uterino, engendró a Salatiel,
hijo de Neri,[69] como si fuese hijo de Jeconías.[70]
Salatiel engendró a Pedaías, y éste a Zorobabel,[71] gobernador de Judá, por quien fue restaurada la Casa de Dios en Jerusalem al regresar del cautiverio babilónico.[72] Zorobabel engendró a Abiud y a Resa;[73] Abiud a Eliaquim , y Resa a Joana.[74] Eliaquim a Azor, y Resa a Judá II joanaíta.[75] Azor a Sadoc, y Judá II joanaíta a José I Judaíta, y éste a Simei.[76] Sadoc a Aquim, y Simei a Matatías I, y éste a Maat.[77] Aquim a Eliud, y Maat a Nagai, y éste a Esli.[78] Eliud a Eleazar, y Esli a Nahum, y éste a Amós.[79] Eleazar a Matán, y Amós a Matatías II, y éste a José II matatita, y
éste a Jana joseíta, y éste a Melqui II, y éste a Leví I melquita, y
éste a Matat Melqui III, y éste a Elí.[80] Por su parte, Matán eliazarita engendró a Jacob II matanita.[81]
El Talmud, Guemará, Orden 2_ Mo'ed, en Haghigha 77:4, dice que Elí matatita del linaje de David fue
el padre de María la madre del Señor Jesús Cristo. La tradición dice de
María ser hija de Joaquín y Ana.Por su parte, el historiador Julio Africano (200-245), escribió su Carta a Aristídes,
donde se recoge la explicación misma dada por José III, padre ****tivo
de Jesús, y María su esposa, acerca de sus genealogías, a la iglesia
primitiva contemporánea de ellos. José y María explicaron
personalmente a los primeros cristianos que ellos poseían tablas
genealógicas privadas, los Despósinoi en el Libro de los Dias, tomadas de visitas a las aldeas de Nazareth, Locoba y demás.
La
razón por la cual muchos linajes, especialmente los provenientes de
David, tenían tablas genealógicas privadas, era porque el idumeo
Herodes IIllamado el grande, hijo de Antipas
Antipatro, mandó quemar los registros oficiales para ocultar que él no
tenía raíces israelitas; pues a la verdad, su padre Antipas Antipatro
fue herido y raptado del templo de Apolo en Ascalón, Palestina, por
unos bandidos idumeos, que al no poder cobrar el rescate a su padre
Antipas Herodes I, sacerdote de Apolo, lo dejaron entreellos
donde fue criado en sus costumbres; después Antipatro entabló amistad
con Hircano, sacerdote de Judea, y fue su embajador ante Pompeyo. Su
hijo, también Herodes como su abuelo, quiso, pues, ocultar este
trasfondo quemando los registros oficiales cuando fue nombrado rey de
los judíos por Augusto y Antonio. El historiador Nicolás de Damasco, contemporáneo suyo,arregló
la cola de paja de Herodes II, llamado el grande, pretendiendo que
provenía de "una de las principales familias judías que habían venido
de Babilonia".
La Carta a Aristides de Julio Africano pasó a los registros históricos de Eusebio de Cesarea; tambiénBasilio Magno, Jorge Syncellus y Gallandiconservaron
escritos históricos de Julio Africano, al que también se refieren
Orígenes, Dionisio Bar-Salibi, Suídas, Jerónimo y Focio. José y Maria
explicaron a los primeros cristianos que Matán elezierita padre de
Jacob II matanita, murió dejando viuda a su esposa de nombre Estha; entonces Estha fue desposada por Matat Melqui III engendrando a Elí. Por lo tanto Elí y Jacob II matanita son hermanos uterinos, siendo Estha madre de los dos: de
Jacob II matanita del linaje de David por Salomón, y de Elí del linaje
de David por Natán. Elí murió sin dejar hijos varones; entonces Jacob
II matanita, que ya tenía dos hijos con su propia esposa, según la ley
del levirato tomó, en nombre de su hermano uterino Elí,a la esposa de éste y engendró a José III , esposo de María, y padre ****tivo de Jesús de
Belén y Nazareth. Por lo tanto José III, esposo de María, es hijo
legal, según la ley del levirato, de Elí, como aparece en la genealogía
registrada por Lucas en su Primer Tratado; pero también José III,
esposo de María, es hijo, según la carne, de Jacob II matanita, como
aparece en la genealogía registrada por el apóstol Leví Mateo en su
Evangelio.
Siempre,
desde el rey David, estuvo el reino en manos de sus descendientes,
incluso durante la cautividad babilónica, pues Nabucodonosor entregó el
trono de Joaquín a su tío Sedequías.[82] Ciro el Persa[83] apoyó el gobierno de Zorobabel.[84] Lo mismo hizo Darío el Persa.[85] Pero llegado el tiempo de la primera venida del Mesías para sufrir, según la profecía de Daniel acerca de los 70 septenarios,[86] el trono del rey de los judíos fue usurpado por el idumeo Herodes II,
llamado el grande, hijo de Antipas Antipatro, cumpliéndose la profecía
de Jacob I Israel, de que no sería quebrado el cetro de Judá hasta que
viniera Silo.
Para esta sección genealógica mesiánica, hemos usado, pues, La Torá, los Nebiim, Los Ketubim, el Evangelio del apóstol LevíMateo, el Primer Tratado (el Evangelio) de Lucas, las Antigüedades de los Judios, de Josefo, El Talmud: Guemará: Orden 2° Moed: Haghigha 77:4, escrito por el rabino Asi,la Carta a Aristides de Julio Africano, y la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea.
[16]Génesis 11:12 LXX; Lucas 3:36; He restado 100 años de la LXX para adaptarlo al Texto Masorético.
[17]Génesis 11:13 LXX; Lucas 3:35. Ibid. Ver Cronología en Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.
[18]Génesis
11:14. Heber; ver el nombre Ibrium, visir de Irkab-Khalam en los
Archivos de Ebla. Ver también los Textos de Mari, y la Epopeya
ugarítica de Keret refaíta.
Dice el apóstol Pablo en su epístola a las iglesias de Galacia (Gálatas 4:4): "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley." Detengámosnos un poco en lo relativo al cumplimiento del tiempo.
También Pablo escribió a la iglesia en Efeso (Efesios 1:10): "(Dios) se había propuesto en sí mismo reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra." Aquí Pablo, a diferencia de Gálatas, que habla en singular de "tiempo", dice "tiempos" en Efesios.
En
Gálatas es "cronos"; en Efesios es "kairós". En Gálatas se refiere,
pues, al tiempo en su estructura lineal de sucesión cronológica, los
años previstos para la llegada del Mesías en su primera venida, tal
como profetizó Daniel. En Efesios se refiere a las diversas
maduraciones, a las ocasiones oportunas de los eones o edades o
períodos, o como se ha dado en llamar en los últimos siglos:
dispensaciones.
De
hecho, la humanidad, según Dios, ha pasado por diferentes etapas. Vivió
cerca de cien años en estado de inocencia en el jardín del Edén, según
se desprende de la fecha del nacimento de Set. Este fue un primer
"kairós", una ocasión especial de prueba para el hombre frente al Árbolde la Vida, y frente al árbol de la ciencia del bien y del mal.
Pero el hombre quebrantó el pacto, como dice el profeta Oseas ( Oseas 6:7), y entró en un segundo períodoa
partir de su pecado y la subsiguiente expulsión del Edén. Nuevas cosas
designó Dios para ellos a partir de allí, tales como la maldición de la
tierra y sujeción de la creación en manos de Adam a la vanidad, el
comer el pan con el sudor de la frente, los dolores en las preñeces y
partos de la mujer, el volver al polvo tras la muerte, un nuevo régimen
vegetariano más amplio, la cobertura provisional del sacrificio en
espera de la Simiente prometida de la mujer que aplastaría la cabeza de
la serpiente, el nuevo alimento de ésta, el polvo, que es el material
con que está hecho el hombre, la autoridad delegada del hombre sobre la
mujer, la condición caída de la naturaleza humana ahora vendida al
poder del pecado en la carne, el conocimiento del bien y del mal; es
decir, el gobierno de la conciencia, la conciencia de desnudez, la
culpabilidad que se esconde de Dios, etc.. El gobierno de la
conciencia; en este nuevo estado fue ahora un segundo "kairós", una
nueva ocasión en circunstancias diferentes para estar delante de Dios,
pero bajo la misma provisión de gracia de Dios concedida en la promesa
acerca de la Simiente de la Mujer, y ejemplificada en la cobertura de
túnicas de pieles de un sacrificio. La Vida Divina ofrecida al hombre
en el Edén por medio del Árbol de la Vida, es ofrecida en este nuevo
"kairós" al hombre en la Fe de la Simiente de la Mujer, pues ésta
aplastaría la cabeza de la serpiente destruyendo su imperio, que es el
del pecado y la muerte.
Pero
así como el "kairós" de la inocencia terminó con el pecado, el "kairós"
de la conciencia terminó con el Diluvio, pues el hombre llegó a ser
carne estando su corazón de continuo solamente en el mal (Génesis 6:5).
Dios, pues, en su infinita misericordia, no queriendo destruir del todo
al hombre que le hace doler el corazón, reservó a Noé y a su familia
para repoblar la tierra, y con ellos estableció el régimen del gobierno
humano, del hombre sobre el hombre. Este tercer "kairós" está
representado en la vigencia dentro de la humanidad de las siguientes
palabras de Dios a Noé y su familia: "Bendijo Dios a Noé y a sus
hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El
temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y
sobre toda ave de los cielos, en todo lo qe se mueva sobre la tierra, y
en todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y vive, os será para
mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado
todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque
ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de todo animal la
demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré
la vida del hombre. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su
sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas
vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la
tierra, y multiplicaos en ella.../...He aquí que yo establezco mi pacto
con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con
todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia
de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del
arca hasta todo animal de la tierra. Estableceré mi pacto con vosotros,
y no exterminaré ya más toda carne con aguas de Diluvio, ni habrá más
Diluvio para destruir la tierra.../...Esta es la señal del pacto que Yo
establezco entre mi y vosotros y todo ser viviente que está con
vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual
será por señal del pacto entre mi y la tierra. Y sucederá que cuando
haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las
nubes. Y me acordaré del pacto mio, que hay entre mi y vosotros y todo
ser viviente de toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y
me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda
carne que hay sobre la tierra.../...Esta es la señal del pacto que he
establecido entre mi y toda carne que está sobre la tierra." (Génesis 9:1-17).
Vemos,
pues, que ahora en este tercer "kairós" la dieta vegetariana se amplía
a una que incluye a toda carne excepto su sangre. La pena de muerte se
establece sobre el hombre y los anima, para que sea aplicada por el
hombre sobre quien derrame la vida humana. Esto tiene vigencia
universal. Dios hace un pacto, lo señala con el arco iris, y las
promesas anteriores acerca de la Simiente de la mujer se mantienen
incolumnes. Entonces comienzan las primeras civilizaciones
inmediatamente postdiluvianas. Se levanta Nimrod y las ciudades
estados sumerias. También surgen los acadios, asirios, elamitas,
antiguos caldeos y otros. Se levanta la torre de Babel en oposición a
Dios, y el gobierno humano se envilece dando lugar a la tiranía.
Satanás engaña las etnias de la tierra.
Entonces
Dios llama a Abraham y le anuncia acerca de la Bendición que vendrá a
las familias y naciones de la tierra, por medio de su Simiente;y
un nuevo "kairós" se abre para estos elegidos, en función de la
humanidad entera. Las demás naciones, ajenas por lo pronto a la fe y al
conocimiento de la promesa, continúan bajo el régimen noético, si bien
la promesa de la Simiente de la Mujer todavía les cobija; solo que aún
desconocen que vendría por Abraham y su descendencia. La promesa
abrahámica es confirmada a Isaak y a Jacob, y entonces surge la nación
de Israel, entre cuyas tribus, la de Judá recibe una nueva promesa; de
él provendrá Silo y el Cetro de Israel.
Con
Moisés establece Dios el pacto de la Ley con Israel, para que esta
nación sea ejemplo a las demás naciones y sea Su testigo en el mundo.
Dios añadió la Ley, sin anular la promesa, sino para que al estar bajo
el régimen de la Ley, se pudiese conocer la necesidad del Salvador, el
Mesías, profetizado ahora también por Moisés, y tipificado por las
instituciones, fiestas, sacrificios, ritos y jornadas de Israel. Este "kairós" añadido, no invalida aquel anterior de la promersa a Abraham y su simiente, pero prepara el "kairos" de la primera venida del Mesías en el "cronos" respectivo revelado a Daniel.
Despúes
viene el "kairós" de la gracia defintivamente cumplida y manifiesta, el
cual es el de la Iglesia, con la plenitud de los gentiles.
Entonces
Dios se volverá a Israel para la segunda venida del Mesías, y el Reino
de los Cielos Milenial tendrá lugar. Tras el habrá la resurrección de
los demás muertos (pues los justos resucitarán antes y para el Milenio)
y la liberación de Satanás del abismo en el cual será sellado por el
Milenio; y tras la última rebelión de todos los réprobos, establecerá
Dios Su Juicio Final.
Entonces
habrá por la eternidad, con Dios y Su Mesías, Cielo Nuevo, Tierra
Nueva, Nueva Jerusalem y las naciones que hubieren sido salvas. Dios
sujetará a Cristo todas las cosas, y a su vez el Hijo le someterá todo
al Padre, porque lo que es del Padre es del Hijo, y lo que es del Hijo
es del Padre. Todo esto ha sido, es y será el cumplimiento de los
tiempos de que habla Pablo en Efesios. Lo que ha sido y es: los
tiempos, se dirigen a su cumplimiento: lo que será.
Dentro
de esos tiempos está el cumplimento del cronos de la primera venida del
Mesías, a la que se refirió Pablo en su epístola a los Gálatas. También
Jesús se refirió al cumplimiento del kairós específico
de Su primera venida. Kairós específico dentro del cronograma de los
demás tiempos que corren hacia su pleno cumplimiento.
El
profeta Daniel recibió de Dios, por el ángel Gabriel, una profecía
acerca de los setenta septenarios (Daniel 9:20-27). Sesenta y nueve de
ellos se pasarían desde la orden de Artajerjes en el año 20 de su
reinado para restaurar y edificar Jerusalem hasta la visitación del
Mesías. En el dia exacto en que se cumplían esos años, entró Jesús en
un burrito a Jerusalem llorando porque no entendieron el dia de su
visitación. Jesús llamaba la atención de sus contemporáneos a las
señales de los tiempos.
También
había otras profecías acerca del orden de los imperios mundiales.
Babilonia tuvo su tiempo durante el cual Israel fue corregido de su
idolatría. Entonces Persia tuvo su tiempo durante el cual fue
restaurada la Casa y la Ciudad de Dios y el aprecio de la Ley y los
Profetas. Entonces Grecia y sus reinos sucesores tuvieron su tiempo
durante el cual se consolidó el Canon de las Sagradas Escrituras y se
preparó la cultura para la difusión universal del Evangelio del Mesías.
También Roma tuvo su tiempo durante el cual lo anteriormente preparado
encontró realización y se abrió camino hacia toda la humanidad. En los
tiempos de Roma llegó el Mesías, precisamente en el cumplimiento del
tiempo, cuando la profecía, la filosofía, la cultura, la política, la
religión, marcaban la hora del importantísimo "kairós" respectivo en su
"cronos" previa y divinamente señalado.
Por eso podía decir el apóstol Pablo a los atenienses, en el mismo areópago, plataforma mayor de la cultura universal: " Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia ( y le llama ignorancia a la cúpula de la cultura humana en su capital universal),
ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por
cuanto ha establecido un dia en el cual juzgará al mundo con justicia,
por Aquel Varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado
de los muertos." (Hechos 17:30, 31).